Re: Política descarriada

#32010
Uhura
Miembro

Creo que es muy pertinente la pregunta por la salud mental de los políticos y las implicancias que algún eventual trastorno de personalidad podría tener sobre sus decisiones, una vez electos. En el caso de Lilita Carrió (a quien en la Revista Barcelona llaman, cariñosamente,»líder psiquiátrico-conservadora») algunas manifestaciones de su religiosidad hacen conjeturar, como mínimo, un pensamiento fabulatorio y apocalíptico que atenta contra la construcción de cualquier proyecto y que podría tener consecuencias muy nefastas sobre la gestión. De todos modos creo que, siendo éste un rasgo tan notorio, no pasa inadvertido para los votantes y los asesores de campaña de la Coalición Cívica están haciendo muchos esfuerzos para maquillar esta característica. Muchos habrán visto un afiche de campaña de María Eugenia Estenssoro en la que aparece su foto junto a la de Carrió con el siguiente slogan: «Nos tildan de locas porque queremos gobernar sin corrupción. OK, somos locas». La pretensión desesperada de convertir un defecto inocultable en una virtud –recurso ya usado en elecciones anteriores- parece un poco ingenua pero la realidad es que es la única alternativa que tiene Lilita para intentar revertir el 60 % de imagen negativa que tiene según las últimas mediciones de CEOP.

De todos modos, creo que el caso de Carrió es el menos preocupante justamente por lo evidente de su patología; hay muchos otros políticos que se presentan simpáticos y seductores ante la gente, fachada que encubre fantasías megalómanas de poder y otras linduras y que logran manipular a la opinión pública para lograr sus objetivos. Normalmente, cuando uno se da cuenta, ya es demasiado tarde.