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Visita al Museo Ovni: donde hacemos funcionar la navaja

Este es el artículo 5 de 5 de la serie Museo OVNI en Victoria

Museo OvniHasta acá hemos anotado en detalle lo que vimos y oímos en el Museo Ovni. A muchos lectores quizá les haya bastado; otros pueden estar preguntándose por qué no refutamos con datos sólidos lo que el Museo presenta como cierto. La respuesta es que —salvo por algunas notas al margen— nos lo estábamos guardando.

En el primer post de la serie decíamos que nuestra primera impresión del Museo Ovni había sido la de un lugar poco serio. Los objetos heterogéneos que allí se exponen no parecen unidos por ningún marco teórico explícito. Uno de nosotros comentó en su blog que el museo es una colección de impresiones

que no tienen nada que ver entre sí a priori pero que los iniciados unifican bajo el misterio. Y esto aunque los mismos iniciados se apresuran a develar el misterio con absoluta confianza luego de un par de gestos formulaicos de escéptica prudencia.

La primera crítica que puede hacerse, entonces, es que la hipótesis ovnis = naves extraterrestres no está expresada con honestidad, a pesar de que es obvio que los himbestigadores de Visión Ovni creen sin dudar en ella. Un investigador puede partir de una hipótesis sin demasiados datos, pero si los datos no encajan, o encajan en una hipótesis distinta, después de un tiempo debería renunciar a la idea original. Y la hipótesis, aunque sea amplia al principio, debería irse estructurando y detallando. La hipótesis ovni, en cambio, es totalmente abierta: cualquier luz voladora, captada a ojo desnudo o con una cámara en el límite de su alcance, le viene bien. Como magistralmente lo resumiera Karl Popper, un argumento que lo explica todo en realidad no explica nada, y esta idea de que cualquier cosa que no podamos explicar viene de otro planeta es un ejemplo clarísimo.

Los astronautas antiguos. No tuvimos ocasión de preguntarles a la Sra. Simondini, directora del Museo, si las referencias a los “astronautas antiguos” que vimos allí son parte de su visión. Es posible creer que extraterrestres vinieron a la Tierra en el pasado y construyeron las pirámides de Egipto o de Mesoamérica, pero hace falta ser totalmente ignorante de arqueología e historia para eso. Las alocadas ideas de Erich von Däniken y sus seguidores tienen en común un desprecio por la capacidad intelectual y técnica de los pueblos antiguos (y más precisamente, de los pueblos antiguos que no sean blancos y europeos).

La chapa ovni. En su momento ya comentamos que el asunto de la “chapa ovni” era una historia imposible de verificar. De hecho hay más que eso. La chapa es famosa porque desde hace años la gente venía visitando el museo y sacándose fotos con ella para presenciar el efecto de translucidez. Las fotos que vimos eran tomadas en el interior del museo y con flash. En su libro Invasores, el periodista Alejandro Agostinelli cuenta que Simondini le dijo (en 2007) que a veces “no se ve nada” y que el efecto “sólo parece funcionar cuando se usa el flash”. Esto es exactamente lo contrario a lo que afirmó Pablo Puchet, de Visión Ovni, al hablar de la chapa: según él la misma sólo se ve translúcida en fotos sacadas sin flash y con luz natural. Con permiso de Simondini, algunos de nosotros intentamos ver si realmente la chapa dejaba pasar luz a través, utilizando una linterna de gran potencia y un puntero láser. La chapa, probablemente cohibida por nuestro escepticismo o creyendo que éramos científicos que venían a estudiarla, se rehusó a mostrarse como algo diferente a lo que parece.

La chapa ovni (parte 2). A Agostinelli le dijeron que la chapa era de una aleación de plomo con molibdeno. De Victoria se llevó un pedazo pequeño de metal, legado por el mecánico que conservó la otra parte de la chapa luego del supuesto impacto de la nave extraterrestre; el análisis determinó que era acero común. El análisis citado por Puchet mencionaba nueve elementos (sin contar el hierro) que son comunes en la composición de ciertos tipos de acero aleado inoxidable. A Tamara, miembro del CEA, Simondini le dijo que tenía varios informes científicos coincidentes sobre la composición de la chapa pero aseguró que no podía mostrarlos por ser “confidenciales”. Tampoco quiso darnos el nombre de alguien a quien pudiéramos entrevistar para corroborar los análisis. Nuestra impresión es que la chapa es de acero inoxidable de origen terrestre (humano, para más datos) y, si de hecho provino del impacto de una nave espacial, se trató de la Salyut 7, la misma de donde proviene el tanque de hidracina también expuesto en el museo.

La esfera. No hay mucho que agregar sobre la susodicha esfera. Se trata de una parte identificada de una nave espacial identificada, sin ningún misterio asociado, y dado que el museo se trata de ovnis, no se entiende por qué está allí expuesta con tanta reverencia. La misma directora del museo afirma aceptar que se trata de un tanque de combustible de la Salyut 7. Sin embargo, la presencia del cuadro renacentista donde aparece un orbe papal justo al lado de la esfera en exposición sugiere que los curadores del museo creen algo más. Nos quedamos sin saber exactamente qué es ese algo, aunque podemos imaginar varias posibilidades, a cual más disparatada.

Los avistamientos de ovnis. Pasando por alto el hecho de que no se le puede llamar “investigación” a la búsqueda de videos en YouTube tomados por aficionados con cámaras de teléfonos celulares de poca calidad y en condiciones de baja visibilidad, los avistamientos que se muestran en el audiovisual proyectado en el museo no resultan para nada sorprendentes. Todos salvo uno o dos resultan trivialmente identificables. Incluso los que son más difíciles de desentrañar pueden resultar de fallas o efectos ópticos de la cámara o del ojo humano (y la falsificación o distorsión deliberada tampoco pueden descartarse: hay gente que haría cualquier cosa por lograr un record de visitas en YouTube). Los entusiastas de los ovnis jamás aplican la navaja de Occam, quizá por que intuyen que su filo sin control es demasiado peligroso, quizá porque les falta imaginación y conocimientos al mismo tiempo: conocimientos para entender los formidables obstáculos al viaje interestelar (en cantidades masivas y constantes, para colmo, como ellos plantean que ocurre si todos esos puntitos voladores son naves extraterrestres), e imaginación para idear explicaciones terrenales más plausibles.

Y eso es todo lo que podemos decir, o al menos, todo lo que nos sale. Desde ya que invitamos a todos a visitar el Museo Ovni. El trato es amable, la entrada no es cara, y se llega sin dificultad. Si uno quiere entender y experimentar de primera mano el mundo bizarro en el que se mueven los ufólogos y los creyentes en extraterrestres, es un lugar sin par, hasta donde sabemos, en Argentina.