29Oct/145

En casa de psicólogo, cuchillo de palo

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Publicado por:Elio Campitelli.

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La historia de la medicina es la historia del placebo. Durante miles de años los galenos de las distintas culturas no usaban los resultados debidamente analizados de experimentos científicos bien diseñados para sus recomendaciones médicas sino que se basaban en los argumentos de autoridad y las analogías con la naturaleza pero, principalmente, sus observaciones clínicas informales.

Los médicos de antaño no dudaban ni por un minuto que los enemas de humo eran un excelente tratamiento para los casos de ahogamiento; o que lo mejor para <inserte cualquier enfermedad> era una profusa sangría (y no de la que te pone en pedo). Todos estas recomendaciones médicas estaban fundadas en el antiguo arte de la observación clínica. En el diario de Gui Patin, por ejemplo, se puede leer, sobre el caso de un noble de siete años “quien cayó enfermo de una grave pleuresía por haberse sobrecalentado en el juego de pelota” que “lo sangraron trece veces, y sanó en quince días”. Ese era el fundamento de la ciencia médica de estos tiempos.

Pero tanto los desastrosos resultados y el lento avance de la medicina antes de la aplicación del método científico como los resultados de la ciencia psicológica nos demuestran que la observación de casos clínicos sólo puede servir como semillas para nuevas hipótesis, nunca como prueba. Nuestras habilidades para llegar a conclusiones correctas a partir de lo que vemos deja mucho que desear.

Uno pensaría que los psicólogos, tan al tanto de la fiabilidad de nuestras inferencias, deberían entonces ser los primeros en pedir a gritos la revolución experimental en su práctica clínica. Por desgracia, este no es el caso. Si un reciente artículo publicado en Perspectives on Psychological Science es indicativo de lo que sucede, todavía hay muchos psicólogos que se quedaron en la era de Freud y creen que pueden determinar su su tratamiento funciona con sólo ver a los pacientes.

Pero los autores detallan una taxonomía de 26 distintos sesgos y problemas metodológicos divididos en tres categorías que plagan a la observación clínica.

Mejoría ilusoria

Para empezar, somos malísimos observadores. Tenemos un “realismo ingenuo” que nos hace creer que todo es como lo vemos y nos urge a ignorar que nuestra percepción y nuestra selección de lo que percibimos está fuertemente marcada por nuestras nociones previas. Nos sentimos perfectamente justificados en opinar que “las pibas se embarazan para cobrar la Asignación Universal por Hijo” por ver lo que pasa en las villas a pesar de que no hay evidencia que indique eso.

Este tipo de error entra en la primera categoría de sesgos: creer que el paciente mejoró cuando en realidad sigue igual o empeoró. Quizás el paciente salga del diván menos estresado por meterle los cuernos a la esposa, sí, pero luego de la terapia igual se va de trampas con los amigos. En cualquier caso, una supuesta mejora en el ánimo observada por el terapeuta no siempre está relacionada con una mejora en las condiciones objetivas del paciente como bien nos ilustra el siguiente testimonio:


(A partir del minuto 4:25)

Mejorías genuinas que nada tienen que ver con la terapia.

Aún estando en lo correcto sobre lo que creemos ver, en la vida diaria somos malísimos como científicos. Por ejemplo, en vez de considerar múltiples hipótesis que expliquen algo que vemos, rápidamente elegimos cuál es nuestra teoría y el resto del mundo puede irse al tacho. Entonces surgen expresiones como “El problema de Argentina son los corruptos” o “El problema de Argentina es la duplicación de registros” (escuchado por mis propios oídos) en vez de “Quizás el problema del país sean los corruptos, quizás la duplicación de registros o quizás alguna otra alternativa; habría que investigarlo a fondo para llegar a una conclusión”.

La razón por la cual esa persona (que, repito, es real) creía que estaríamos viviendo en un nuevo jardín del Edén si tan sólo dejáramos de duplicar los registros también tiene explicación psicológica. El hombre trabaja como consultor para empresas diseñando y pensando qué registros llevar y cómo hacerlo. Esto se llama “heurística de disponibilidad” y es lo que nos empuja a creer que lo que vemos todos los días es lo más relevante para explicar cualquier situación.

Por otro lado, si las cosas nos tocan de cerca, es aún peor. Queremos creer que controlamos la situación y, pese a toda la evidencia al contrario, preferimos pensar que tenemos un mínimo de injerencia en lo sucede a nuestro al rededor. No hace falta pensarlo mucho para reconocer que elegir el número en la lotería es ridículo ya que (siempre que no haya fraude en el medio) el número que sale es completamente aleatorio. Sin embargo, no sólo sujetos experimentales prefieren elegir ellos mismos el número para apostar, sino que incluso en un grupo repleto de escépticos, más de la la mitad prefirieron eso a dejarlo al azar.

Todo esto es muy relevante para el terapeuta que quiere determinar si su terapia da resultado. Aún cuando la depresión de su paciente se mejore porque al fin consiguió trabajo, el psicólogo va a tender a creer que su tratamiento fue la causa de la mejoría. Es la explicación que tiene más a mano y la que le da más sensación de control. Cualquier otra explicación que no le de la razón será sometida a la más ardua crítica y racionalización.

Mejorías genuinas relacionadas con cualquier terapia.

Finalmente, aún cuando un paciente tenga una mejora genuina y ésta esté relacionada con lo que pasa en la terapia, no significa que sea trivial determinar qué parte de la terapia fue la responsable de la mejoría. El sólo hecho de tener a alguien con quien hablar puede ser terapéutico para una persona, sin importar si el terapeuta aplica las técnicas más rigurosamente probadas o es el más chanta de los lacanianos.

Todo esto importa porque su suma hace que cualquier opinión sobre la efectividad de un tratamiento en base únicamente a la observación clínica sea más sospechoso que billete de tres pesos. La práctica clínica simplemente no cumple las buenas condiciones para hacer este tipo de juicios. Pero eso no es malo, el diván está para aplicar las terapias, no para evaluarlas.

Sin embargo, existen muchos psicólogos que se oponen a esta idea. A pesar de que estos problemas ya se conocían en tiempos de Freud y se usaban para desacreditar sus teorías basadas fundamentalmente en las observaciones de sus pacientes, todavía quedan muchos psicólogos que siguen creyendo estar por encima de todos los sesgos mencionados. Pero esto no es más que otro sesgo más y seguramente producto de un Complejo de Edipo mal resuelto.


Lilienfeld, S., Ritschel, L., Lynn, S., Cautin, R., & Latzman, R. (2014). Why Ineffective Psychotherapies Appear to Work: A Taxonomy of Causes of Spurious Therapeutic Effectiveness Perspectives on Psychological Science, 9 (4), 355-387 DOI: 10.1177/1745691614535216

28Jun/135

El síndrome del estudio único

estudio

Uno de los pilares de la ciencia es que todo conocimiento es provisorio y puede ser refutado por investigaciones posteriores. Esto no es un capricho, sino un reconocimiento de que la ciencia es una actividad humana y como tal está sujeta a errores, sesgos y problemas que hacen probables las conclusiones falsas. Además la realidad es compleja y observarla, aún más.

Para entender la naturaleza no basta con mirarla una sola vez. Para distinguir entre una nave extraterrestre y un reflejo de la cámara, por ejemplo, hace falta mirar el mismo evento desde varios ángulos. Con la evidencia científica pasa algo muy similar.

Los escépticos estamos familiarizados con el mantra de “correlación no implica causa”, es decir: que dos eventos A y B se den juntos no significa que A cause B. (Puede ser que B cause A, que ambos sean causados por otro evento C, que la asociación sea puramente accidental o que ni siquiera exista relación alguna entre ellos.) Pero si uno hace varios estudios distintos mirando a la relación entre A y B desde diferentes ángulos y ésta siempre aparece, entonces uno va ganando confianza en que efectivamente hay una relación causal.

Por ejemplo, uno puede ver que muchas personas que tienen una cierta dolencia también tienen una cierta bacteria en la sangre. Eso no significa necesariamente que la bacteria cause la enfermedad; podría ser que la enfermedad afecte el sistema inmune y esa bacteria se aproveche, o que la bacteria esté asociada a una cierta toxina que es la verdadera causa de la enfermedad. Pero si luego vemos que ratas sanas desarrollan la enfermedad luego de ser expuestas a la bacteria, que se curan cuando se les da antibióticos y que ninguna otra bacteria parece enfermarlas, entonces uno ya tiene buenas razones para inferir una relación causal.

En el medio de todo este proceso pueden aparecer resultados contradictorios. Quizás algún laboratorio no logra detectar la bacteria en el tejido de animales enfermos pero luego se descubre que era un error técnico. O quizás se ve que hay otra bacteria distinta que causa la misma enfermedad y se sugiere que en realidad es ésa la verdadera causa.

Muchos medios, incluso los especializados en ciencia, pueden sufrir de “Síndrome de Estudio Único”, una enfermedad particularmente virulenta que hace que cada nuevo estudio publicado sea tomado como definitivo. Publicaciones que apoyan las creencias previas se reportan como “Estudio confirma que…” y los que van en contra reciben títulos como “Refutada la teoría de…”.

Esto da lugar a hilarantes resultados como el que me encontré un día buscando sobre la hipótesis de la higiene:

hipótesis higiene

La hipótesis de la higiene: verdadera y falsa a la vez según el diario ABC

La hipótesis de la higiene es la idea de que la causa del aumento en las alergias y las enfermedades autoinmunes es que nos criamos en ambientes demasiado limpios. La noción básica es que la estimulación temprana por medio de gérmenes patógenos es necesaria para el correcto desarrollo del sistema inmune. Fue propuesta en 1989 por D. P. Strachan en un paper (Hay fever, hygiene, and household size) publicado en el British Journal of Medicine para explicar por qué había una relación inversa entre las enfermedades autoinmunes y la cantidad de hermanos. Las personas con muchos hermanos tienen menos riesgo de tener asma.

A pesar de que esta noción simple y en cierto modo intuitiva quedó como cierta en la cultura popular (“Ensuciarse hace bien” es el lema de una empresa de jabón en polvo), incluso siendo citada tácitamente en el videojuego Mass Effect, investigaciones posteriores demostraron que el mecanismo es mucho más complejo. No es de extrañar ya que nuestro sistema inmune es un enorme entramado de células especializadas que desafía la comprensión.

En una revisión sistemática de la literatura publicada por el Foro Científico Internacional sobre Higiene Hogareña se puede leer sobre las distintas líneas de evidencia que avalan la hipótesis de la higiene y las que la contradicen. Actualmente la relación lineal entre infecciones en la infancia y enfermedades autoinmunes es rechazada por la literatura científica, dando preferencia a otras teorías más sofisticadas que tienen en cuenta el tipo de infecciones y la variedad de gérmenes.

Este no el único caso. Otro ejemplo de fallas periodísticas es el infame tabloide británico The Daily Mail, que tiene la reputación de catalogar todo objeto inanimado como cancerígeno o anticancerígeno, encontrándose varios que previenen y causan cáncer al mismo tiempo.

Un uso menos inocente de este síndrome es la distorsión de la ciencia por grupos ideológicos. Se puede tener la certeza de que cada estudio que encuentre algún efecto secundario o ponga en duda la efectividad de alguna vacuna va a ser considerado por los grupos antivacunación como “prueba” de que las vacunas son dañinas. Los negacionistas del cambio climático proclaman a los gritos que se ha clavado “el último clavo en el ataúd del cambio climático” cada vez que sale algún artículo mostrando algún problema con algún aspecto de la climatología actual. En ambos casos se ignora la montaña de literatura científica que los contradice salvo citando algún que otro estudio para criticarlo.

Grupos antiabortistas muestran estudios sobre el inexistente síndrome post-aborto mientras ignoran el grueso de la literatura científica que no lo encuentra por ningún lado. Por su parte, grupos en contra de las uniones homosexuales suelen citar estudios puntuales para mostrar el daño que causa a los chicos el ser criados en una familia homoparental; sin embargo, una revisión de la literatura muestra que las diferencias son mínimas y por cada medida donde hay diferencias, hay 4 o más en las que son idénticas.

Los árboles y el bosque

Tanto en los casos de fallas inocentes como en los de selección deliberada de los datos, lo que está faltando es el contexto en el que se inserta cada nueva publicación. No es lo mismo una gota de arsénico en una taza de té que en el océano Pacífico.

Es por esto que no se puede confiar en los medios generalistas para informarse científicamente. Los medios especializados suelen hacer un mejor trabajo, entrevistando a científicos para que opinen sobre la importancia y relevancia de los nuevos supuestos descubrimientos. Muchas veces éstos responden que es algo nuevo que va en contra de todo lo conocido, por lo que debe ser replicado; lo cual sirve para darse una idea de la probabilidad de que sea verdad.

Pero tampoco se puede confiar en papers individuales. Si quiero saber si la hipótesis de la higiene es cierta y leyera uno o dos papers, podría encontrar sólo los trabajos que apoyan la teoría e ignoraría completamente los estudios que la contradicen. Lo mejor es leer revisiones sistemáticas, que tratan de buscar todas las publicaciones pertinentes a un tema y compararlas, evaluar la calidad de cada una y dar una idea de qué conclusiones se pueden sacar.

3Jun/134

¿Por qué el “a mí me funciona” no es suficiente?

placebo-pill

La gente con frecuencia ofrece testimonios de cómo alguna medicina alternativa “realmente a mí me funcionó”. Las personas que afirman esto no consiguen entender que no tienen ninguna base para afirmar que “funcionó”. Lo único que realmente pueden afirmar es que observaron una mejora después del tratamiento. ¿No podría ser una falsa suposición de que la correlación temporal significa causalidad?

Tales observaciones son tan solo un punto de partida: necesitamos hacer ciencia para averiguar lo que significan esas observaciones y descubrir qué funcionó y qué no; de esta manera comprenderemos mejor la naturaleza y a nosotros mismos. La ciencia es el único modo de corregir nuestros errores de percepción y de atribución.

“La ciencia es una forma de tratar de no engañarnos a nosotros mismos. El primer principio es que uno no debe engañarse y que la persona más fácil de engañar es uno mismo.” (Richard Feynmann)

Recibo muchos comentarios del tipo de “A mi tía/hermano/primo/madre/perro le funcionó, lo vi con mis propios ojos.” Pero eso no cumple ni siquiera con el mínimo de evidencia, ¿o acaso alguien espera que le crea simplemente porque él lo dice? ¿Me creerían si les digo que vi un unicornio rosado que defeca arco iris? Creo que no.

Podemos decir que ver algo con tus propios ojos no prueba que es verdad y no excluye la necesidad de comprobación científica, ya que somos máquinas fallidas para percibir la realidad. Sí: no somos perfectos y nos equivocamos.

Con esto quiero decir que no podemos hacer la suposición de que algo funciona y confiar en alguien que aparenta saber o ser importante, porque nos podemos equivocar. Es más, ¡nos hemos equivocado gran parte de la historia! Tratamientos basados en sanguijuelas, tomar tu propia orina, rezar, tratamiento con mercurio y plomo ¡y un larguísimo etcétera de equivocaciones!

Un ejemplo de esto son las sangrías. Durante muchos años los médicos utilizaron sanguijuelas y bisturís para liberar a los pacientes de su sangre “contaminada con toxinas”. Ellos “sabían” que la sangría funcionaba. Todo el mundo lo decía. Cuando tenías fiebre y el doctor te practicaba una sangría, mejorabas. Todo el mundo conocía a algún amigo o familiar que había estado a las puertas de la muerte hasta que la sangría le curó. Los médicos contaban los éxitos por miles. La gente atribuía grandes cosas a estas terapias, cuando en realidad los pacientes se habían curado a pesar de ella y no gracias a ella. Hoy sabemos que la sangría hace más mal que bien.

Otro ejemplo mas reciente, es que los médicos solían realizar una operación para enfermedades cardiovasculares en la que abrían el pecho y anudaban arterias de la caja torácica para desviar más flujo sanguíneo hacia el corazón. Supuestamente tenían una impresionante tasa de éxito del 90%. Un doctor muy listo llamado Leonard Cobb quería asegurarse de que fuera cierto, por lo que realizó un experimento en el que únicamente hizo la incisión en el pecho y lo volvió a cerrar sin haber hecho realmente nada. Sorprendentemente descubrió que ¡la misma cantidad de pacientes mejoraba tras la falsa cirugía! Los médicos dejaron de realizar dicha operación. Así es: nos equivocamos y no somos buenos analizando la realidad.

Pero,  ¿cómo puede tanta gente estar tan equivocada? ¿Cómo podían creer que algo había ayudado cuando realmente había causado más daño que bien? Hay toda una serie de razones por las que la gente puede acabar creyendo que un tratamiento inefectivo funciona.

  1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural. Muchas enfermedades se autolimitan; el proceso de curación natural del cuerpo devuelve la salud a la gente después de un tiempo. Un resfriado normalmente desaparece en una semana. Para averiguar si un remedio para el resfriado funciona, hay que llevar un registro de éxitos y fracasos en un número de pacientes suficientemente grande como para averiguar si realmente se recuperan más rápido con el remedio que sin él.
  2. Muchas enfermedades son cíclicas. Los síntomas de cualquier enfermedad fluctúan a lo largo del tiempo. La gente con artritis tiene días malos y días buenos. El dolor empeora por un tiempo y luego mejora por cierto otro tiempo. Si utilizas homeopatía cuando el dolor está fuerte, probablemente estaba a punto de mejorar de todos modos, así que la homeopatía se lleva un crédito que no merece. Esto es lo que se conoce como regresión a la media.
  3. Todos somos sugestionables. Si nos dicen que algo va a dolernos, es más probable que duela. Si nos dicen que algo nos hará sentir mejor, probablemente lo hará. Todos conocemos esto: por eso besamos los raspones y apapachamos a nuestros hijos. Cualquier cosa que nos distraiga de pensar en nuestros síntomas es probable que ayude. En los estudios científicos que comparan un tratamiento real con pastillas placebo, una media del 35% de la gente dice que se siente mejor después de tomarlas. El verdadero tratamiento debe hacerlo mejor si queremos creer que es realmente efectivo.
  4. Puede haber recibido dos tratamientos y el tratamiento equivocado se llevó el crédito. Si tu médico te da una pastilla y además te tomas un remedio casero, puedes darle el crédito al remedio casero. O quizás ha habido otro cambio en tu vida al mismo tiempo que ha ayudado en el tratamiento de la enfermedad y éste es la verdadera razón por la que has mejorado.
  5. El diagnóstico o el pronóstico original pueden haber sido incorrectos. Mucha gente ha sido supuestamente curada de cáncer cuando en realidad jamás tuvo un cáncer. Los médicos que le dicen a un paciente que sólo tiene 6 meses de vida están sólo estimando y pueden estimar mal. Lo mejor que pueden hacer es decir que el paciente medio con esa enfermedad vive 6 meses – pero la media significa que la mitad de la gente vive más tiempo.
  6. Una mejora de ánimo temporal puede confundirse con una cura. Si un practicante te hace sentir optimista y esperanzado, puedes creer que te sientes mejor cuando la enfermedad realmente no ha cambiado.
  7. Las necesidades psicológicas pueden afectar nuestro comportamiento y percepciones. Cuando alguien quiere creer algo con suficiente ahínco, puede convencerse a sí mismo de que ha sido ayudado. Se sabe de gente que ha negado los hechos – negarse a ver que un tumor sigue aumentando. Si han invertido tiempo y dinero, no quieren admitir que fue desperdiciado. Vemos lo que queremos ver; recordamos las cosas del modo en que queremos que hubieran pasado. Cuando un médico está intentando sinceramente ayudar a un paciente, el paciente siente una especie de obligación social de satisfacer al médico mejorando.
  8. Confundimos correlación con causalidad. Simplemente porque un efecto sigue a una acción, eso no significa necesariamente que la acción causase el efecto. Cuando el gallo canta y a continuación sale el sol, nos damos cuenta de que no es el cacareo lo que ha hecho que el sol aparezca. Pero cuando tomamos una pastilla y entonces nos sentimos mejor, suponemos que fue la pastilla lo que nos hizo sentir mejor. No nos paramos a pensar que podemos habernos sentido mejor por alguna otra razón.

Así que hay un montón de maneras de equivocarnos. Afortunadamente, hay una manera en que podemos finalmente acertar: mediante las pruebas científicas. No hay nada misterioso o complicado sobre la ciencia, es simplemente un juego de herramientas de sentido común para comprobar cosas. (El resultado de usar esas herramientas puede desafiar el sentido común, pero ése es otro asunto.) Si crees que has perdido peso y te subes a una báscula para comprobarlo, eso es ciencia. Si crees que se te ha ocurrido una mejor manera de plantar zanahorias y compruebas tu idea plantando dos filas lado a lado, una con el método viejo y otra con el nuevo, y miras qué fila produce mejores zanahorias, eso es ciencia.
Para comprobar medicinas, podemos organizar un gran número de pacientes en dos grupos iguales y darle a un grupo el tratamiento que queremos comprobar y al otro un placebo, como una pastilla de azúcar. Si el grupo que recibió el tratamiento activo va significativamente mejor, entonces el tratamiento probablemente funciona realmente. Es sencillo... Este método se puede aplicar tanto al estudio de los fármacos convencionales como con disciplinas que se basen en entidades invisibles e indetectables.

Por cierto, ¿donde están los casos negativos de las medicinas alternativas? ¿Alguna vez leíste sobre los casos que no funcionaron, los pacientes que murieron y los fraudes?

28Nov/123

Mass Effect y la quiralidad (3)

Este es el artículo 3 de 3 de la serie Mass Effect y la quiralidad

Los aminoácidos son los ladrillos moleculares que se apilan para producir las proteínas que forman nuestro cuerpo. Éstos existen en dos variantes (L-aminoácidos y D-aminoácidos) que son iguales en composición química pero organizados de forma simétrica (más detalles: Mass Effect y la quiralidad (1)). La biología en la Tierra utiliza casi exclusivamente L-aminoácidos, y las razones son todavía cuestión de debate (Mass effect y la quiralidad (2)).

En el juego Mass Effect existen dos especies extraterrestres cuya biología utiliza D-aminoácidos en vez de L-aminoácidos como nosotros: los quarians y los turians.

En varios momentos del Mass Effect se hace referencia a que los quarians y turians no pueden comer la misma comida del resto de las especies. Según el Codex del Mass Effect, si uno de ellos comiera comida con L-aminoácidos, lo mejor que podría pasar es que pasara sin digerirse ni proveer nutrición alguna y, en el peor de los casos, le daría una “reacción alérgica” posiblemente fatal. En la Citadel, una enorme estación espacial que funciona como la capital de la civilización intergaláctica, se mantienen estrictas normas de higiene para que estas especies no entren en contacto con comida con L-aminoácidos.

¿Pero qué pasa si una forma de vida basada en D-aminoácidos comiera L-aminoácidos?

Comiendo la D-manzana prohibida.

Para empezar, es probable que el quarian le sienta un sabor raro a la comida. En nuestro planeta, los mamíferos tenemos receptores en la lengua que reacciona con los aminoácidos. Este interesante paper por Nelson et. al publicado en Nature exploró el rol de la familia de receptores T1R. En células donde se expresan los receptores T1R1 y T1R3, éstas reaccionaban ante la presencia de casi todos los L-aminoácidos, cosa que no sucede con los receptores individuales. Lo que es curioso es que este receptor T1R1+3 no es sensible a ningún D-aminoácido. Por otro lado con otro tipo de receptores (T1R2+3) pasa lo contrario. Éstos son sensibles a una variedad de D-aminoácidos que son dulces para los humanos pero a ningún L-aminoácido.

Si esto se puede generalizar a los quarians y turians del Mass Effect, al comer comida con L-aminoácidos sus papilas gustativas (o estructuras análogas) activarían distintos receptores, haciendo que experimenten un gusto distinto al que normalmente están acostumbrados.

Habrán notado que más arriba dije que ciertos D-aminoácidos son dulces para los humanos, ¿pero no es que eran tóxicos? En realidad, al contrario de lo que dice el Mass Effect, la ingesta de D-aminoácidos no es necesariamente moral o carente de nutrición. De hecho, si bien se dice que la vida en la Tierra utiliza sólo los L-aminoácidos, esto no es estrictamente cierto. Existe una variedad de D-aminoácidos con función biológica en plantas, bacterias e incluso en humanos.

La dieta humana contiene cantidades medibles, y a veces significativas de D-aminoácidos. La fuente natural más importante probablemente sean las bacterias. Estas no sólo pueden usarlos sino que, en algunos casos, les son indispensables. La D-Alanina, por ejemplo, es un aminoácido presente en la pared celular de casi todas las bacterias y también está involucrada en la resistencia a los antibióticos. Quienes disfruten de la comida marina tienen que estar atentos ya que varias especies de bivalvos tienen cantidades irrisorias de D-aminoácidos. La Solemya reidi, por ejemplo, tiene prácticamente la misma cantidad de L- y D-Aspartato.

El procesado de la comida también es una gran fuente de D-aminoácidos. El calor combinado con un pH muy alto tienden a convertir L-aminoácidos en D-aminoácidos. Un análisis, por ejemplo, encontró que el un 17% del aspartato en café y el mate es D-Aspartato. El café que tomamos todas las mañanas contiene unos 20mg de D-aminoácidos por cada 100ml. El pan, los lácteos, el vinagre, las salsas, las frutas y verduras, los huevos, la carne; en todos estos productos –y más– se puede encontrar cantidades detectables de D-aminoácidos. Algunas especias pueden tener hasta 600mg de D-aminoácidos por cada 100ml.

Eso quiere decir que en nuestra vida cotidiana ingerimos cantidades importantes de D-aminoácidos y no nos morimos ni tenemos “reacciones alérgicas a ellos”. Es que nuestro cuerpo tiene mecanismos para lidiar con los D-aminoácidos. Las D-aminoácidos oxidasas son enzimas que los convierten en L-aminoácidos. Sin embargo este proceso no es 100% eficiente y los D-aminoácidos, aunque no sean tóxicos, suelen ser menos nutritivos, aunque la variación es grande.

Tabla de valor nutritivo de algunos D-aminácidos (fuente: Origin, Microbiology, Nutrition, and Pharmacology of d-Amino Acids)

En realidad el efecto de los D-aminoácidos es, como todo en este mundo, más complicado que eso. Con 20 aminoácidos esenciales y cientos de derivados, es de esperar que haya una gran variabilidad en sus efectos. Algunos son dañinos, otros pasan directamente por nuestro organismo sin pena ni gloria, algunos incluso tienen efectos beneficiosos. Por ejemplo, la D-arginina (en ratas) protege contra el daño producido por radicales libres, inhibe el crecimiento de tumores y (en humanos) muestra actividad anticonvulsiva. La D-fenilalanina, por su parte, tiene actividad como analgésico. Esta excelente revisión de la literatura tiene mucha información al respecto.

Cabe aclarar que todo esto es válido sólo para los aminoácidos libres y que todavía no está claro su efecto cuando son parte de una proteína.

En resumen, podemos especular que si un quarian comiera una manzana terrestre no le pasaría nada tan dramático como una “reacción alérgica” mortal. A lo sumo le sentiría un gusto raro, pero podría alimentarse de comida humana por períodos cortos de tiempo. Los efectos a largo plazo probablemente no sean buenos pero quizás sí sean evitables con el uso de suplementos dietarios.

Posibilidades inimaginadas.

Aunque podría estar equivocado, no creo que los desarrolladores del Mass Effect hayan pensado todo esto. Lo más probable es que alguno de los escritores conociera un poco del concepto de moléculas quirales y considerada interesante agregarlo al juego. Pero opino que el guión se podría haber beneficiado enormemente de un análisis como este (o más profundo todavía). Quizás hubiera sido imposible por cuestiones de tiempo y recursos pero el potencial argumental de esto es enorme.

Sólo pensándolo por 5 minutos y no siendo escritor, ¿cómo se reflejaría en la situación social de una especie con esta extraña biología? En un universo cuyas leyes prefieren los L-aminoácidos (asumiendo que esa es la solución al problema de la homoquiralidad), sería interesante ver cómo viven individuos cuya biología es tan “anti-natural”. En el universo del Mass Effect ya existe un duro prejuicio en contra de los quarians, ¿cómo sería si para colmo se los tratara como una ofensa a las leyes del universo? Como mínimo sería algo para agregar al arsenal de insultos.

Si los desarrolladores hubieran sabido sobre las sutilezas de los efectos nutritivos de los D-aminoácidos en humanos, los quarians y turians, en vez de tener que evitar la comida de otras especies, podrían sentirse atraídos sus exóticos sabores. Podría ser una especie de exquisitez que sólo algunos pueden probar y que sólo se puede comer en contadas ocasiones por sus efectos negativos a largo plazo.

Como en tantas otras veces estamos ante un caso en el que la ciencia puede informar al escritor para brindarle posibilidades inimaginadas. La ciencia no es enemiga del arte.


Mass effect y la quiralidad
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19Sep/1221

El problema con las anécdotas

Imaginen que quieren ir a ver una película y buscando críticas por Internet, encuentran una que dice que es divertida e interesante pero sólo para amantes del género. ¿Pueden concluir que la película no es mala? Claro que no, quizás esa persona en particular es un amante del género, o es una persona que siempre da un buen puntaje. Si uno quiere tener una perspectiva más sólida, lo que va a hacer es mirar más críticas. Mejor aún, buscar algún servicio como Rotten Tomatoes que tome muchísimas críticas distintas y las promedie para generar un consenso. En este caso, podemos ver que Stealth tiene un 13% aun cuando Catalina Dlugi, crítica de cine del grupo Clarín, no la haya calificado como mala.

Ahora supongamos que queremos saber si un tratamiento médico funciona o no, ¿confiaríamos en la opinión de una Catalina o preferiríamos conocer el consenso de toda la crítica? En otras palabras, ¿confiaríamos en el testimonio que leímos en internet o en el peso de la evidencia científica?

El problema con los testimonios es que no sirven para evaluar si una intervención funcionó o no.

Imposible de verificar

Salvo los casos clínicos que están sustentados en documentos, en general no hay forma de evaluar si los testimonios que leemos por internet son verídicos o no. Cualquiera puede escribir una lista enorme de personas ficticias apoyando el tratamiento. ¿Es cierto? ¿Son personas reales?

Aún si fueran personas reales, ¿cómo sabemos que efectivamente estaban enfermas y que efectivamente se curaron? A falta de registros médicos (que son confidenciales) no podemos saber si hubo un diagnóstico o si éste fue correcto. Tampoco sabemos si el paciente se curó o simplemente se siente mejor.

Múltiples factores de confusión

Incluso el testimonio más legítimo va a estar viciado. ¿Cómo sabemos que el tratamiento que nos quieren vender es lo que lo curó? Quizás también realizó cambios en sus hábitos de vida, o tomó otros medicamentos o directamente fue el curso normal de la enfermedad lo que hizo que se mejore. ¿Bajó de peso por tomar pastillas para adelgazar o porque además se inscribió a un gimnasio e hizo dieta? Las anécdotas, a diferencia de los ensayos clínicos, no nos permiten separar la contribución de todos estos factores.

Sesgo de selección

Finalmente, si hiciéramos caso omiso a todos esos problemas, está el sesgo de selección. Por cada anécdota positiva puede que haya 100 negativas. Pero ningún vendedor va a querer dar a conocer los casos en los cuales si producto falló, por lo que nunca vamos a leer un testimonio negativo.

Esto es un problema también en la literatura científica. Hay varios casos de empresas farmacéuticas que no publicaron resultados negativos de sus medicamentos. Una forma de contrarrestarlo es la creación de registros de ensayos clínicos en los que las empresas están obligadas a publicar los resultados. No es perfecto, pero es algo.

Pero si esto sucede en el mundo de los ensayos clínicos lleno de regulaciones, cuánto peor es en el ámbito de una página web que no tiene que responder a nadie.

¿Qué hacer?

Por todo esto, en el CEA decidimos que vamos a moderar los comentarios en el blog que sean testimonios. El artículo sobre el Método Crescenti es uno que tiene varios de esos. Dado que no podemos determinar su validez y que en definitiva son irrelevantes a la cuestión de la efectividad del tratamiento, no vamos a publicar esos comentarios. No sólo los testimonios a favor de los tratamientos, sino también lo que estén en contra.

19Feb/112

Qué es la tropopausa

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Publicado por:Elio Campitelli.

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cúmlulo

Cumulonimbus fotografiado desde el espacio. Gracias NASA (click para ver el original)

Muchos deben haber visto imágenes como esta y se preguntaron, ¿por qué los cumulonimbus muchas veces tienen esa forma de yunque? Bueno, quizás no sean tantos, pero es una pregunta tan válida como cualquier otra. Es que si nos parece que estas nubes se topan con una pared invisible, no estamos tan lejos de la verdad.

Los cumulonimbos se producen cuando el aire se calentado por el suelo y se eleva como un globo aerostático. A medida que sube, va disminuyendo su temperatura y el vapor de agua se va condensando en forma de gotitas. Así como cuando transpiramos y la evaporación del sudor nos enfría, cuando las humedad se condensa calienta el aire, lo que le permite seguir elevándose aún más. Así se generan las llamadas nubes de convección. Desde los pequeños y simpáticos cúmulus en sus variedades humilis (más anchos que altos) y mediocris (igual de anchos que altos) que evolucionan en los cúmulos congestus (más altos que anchos) y los temidos cumulonimbus; ambos portadores de precipitación.

nubefuckyou

Este cúmulus congestus me parece que se enojó.

Como el lector agudo habrá podido notar, este proceso de convección depende de que la temperatura del aire descienda con la altura. ¿Cómo podría no ser así? Después de todo, cuanto más alto está el aire, está más lejos de la radiación del suelo, por lo que debe estar más frío. Y mientras estemos en la tropósfera (la capa más baja de la atmósfera) esto sucede sin problemas. Sin embargo, las cosas cambian cuando se llega a la estratósfera. La composición química del aire también varía según la altura y entre los 15 y 32 km (dependiendo de la latitud) se encuentra una concentración de ozono llamada Ozonosfera. Es ahí donde la famosa capa de ozono nos protege de la radiación ultravioleta en un proceso que libera radiación infrarroja calentando el aire circundante.

Esto quiere decir que entre los 11 y los 17 km (también dependiendo de la latitud), el aire deja de enfriarse con la altura. Ahí comienza la tropopausa. En esta zona, la temperatura del aire no varía con la altitud y se mantiene a unos cómodos –56 °C. Esto significa que nuestra nube ya no puede crecer en vertical. Una vez que llega a la tropopausa las corrientes de convección que la alimentaban dejan de subir y se topan con una pared de cristal. Ya no pueden seguir ‘flotando’ hacia arriba porque tiene la misma densidad que el aire circundante. Pero por debajo de la tropopausa, el aire sigue teniendo flotabilidad y sigue empujando la columna hacia arriba. Sólo la nube de tormenta más poderosa asoma su cabeza por encima de la tropopausa. La gran mayoría no puede seguir su desarrollo vertical y debe empezar a ocupar espacio horizontalmente lo que produce la apariencia de yunque o, en la jerga meteorológica, cumulonimbus incus.

incus

Acá debe ser donde Thor fabrica sus espadas.

La tropopausa se encuentra a menor altura en los polos que en el ecuador. Es simple ver por qué: Al tener temperaturas más altas, el aire a menor latitud se expande y ocupa más espacio. Todas las capas de la atmósfera se encuentran más altas a menores latitudes que en los polos. También existen variaciones estacionales relacionadas con la producción de ozono. Finalmente, se observa una variación a mayor largo plazo. Al aumentar las concentraciones de CO2 tiene dos efectos relacionados con la tropopausa.

hornycloud

Una nube en un "estado inestable de excitación".

Por un lado, al colisionar con otras moléculas (Nitrógeno, por ejemplo), el CO2 absorbe parte de la energía cinética y queda en un estado inestable de excitación. Al pasar del éste a un estado de menor energía, libera radiación infrarroja (calor). Si esto sucede en la tropósfera, el calor se transfiere fácilmente a otras moléculas, aumentando la temperatura. En la estratósfera, en cambio, la baja densidad del aire significa que la radiación tiene más posibilidad de escapar al espacio, dando como resultado, un enfriamiento neto de las capas altas de la atmósfera.

Por otro lado, el CO2 absorbe la radiación infrarroja proveniente del suelo calentándose y también aumentando la temperatura de la baja atmósfera y permitiendo que menos radiación llegue a las capas altas, dando un resultado neto negativo.

Ambos procesos resultan en un enfriamiento de la estratósfera y un calentamiento de la tropósfera, lo que tiene, como consecuencia que la primera se contraiga y la segunda se expanda, elevando la altura de la tropopausa.

El comportamiento de las nubes es algo fascinante. Están ahí y muy pocas veces reparamos en ellas, con ojos mirando hacia el suelo (al contrario de los laputanos que miraban siempre hacia arriba), pero tienen muchas cosas que contar. Y como no podía ser de otra manera, cuando más uno aprende sobre ellas, más bellas son. No puedo dejar de recomendar la Guía del Observador de Nubes; un libro excelente donde aprendí no sólo muchas de las cosas escritas acá, sino también el amor y la fascinación por las nubes.

11Ene/116

Pienso, luego dudo – Capítulo 2

6 Comentarios    

Publicado por:Elio Campitelli.

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La mayor causa de los problemas del mundo de hoy es que los estúpidos estén tan seguros de las cosas, y los inteligentes tan llenos de dudas.
Bertrand Russell (1872–1970)

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6Ene/115

Pienso, luego dudo – Capítulo 1

No sólo como científicos, sino también como ciudadanos, es nuestro deber crear una sociedad en la cual todos tengan un kit de detección de tonterías en la cabeza.
Ann Druyan (1949–)

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