7Dic/1117

La magia de la apitoxina

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Publicado por:PabloDF.

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Dr. Roberto Grand

Dr. Roberto Grand (nota en diario El Ciudadano)

Leo hace pocos días una nota sobre un médico rosarino, el Dr. Roberto Grand, que practica la apiterapia, es decir, terapia basada en productos derivados de las abejas. De hecho en la nota habla casi exclusivamente de apitoxinoterapia, el uso medicinal de la toxina del veneno de abeja. El profesional en cuestión parece bastante serio, no un charlatán, y no vende sin más una panacea, pero en lo que cuenta hay varios puntos oscuros y saltan varias alarmas. Esto me motivó a examinar con atención sus afirmaciones sobre los efectos de la apitoxina. (En el podcast nº 22, grabado poco después, charlé de esto un buen rato con mi compañero escéptico Daneel Olivaw.)

Dice el buen doctor que en un estudio hecho sobre apicultores en Alemania (no hay referencia) se descubrió que casi ninguno había padecido jamás de ciertas enfermedades (cinco en total, la última siendo el cáncer) porque el hecho de ser picados por abejas con frecuencia mayor a lo habitual los protegió. Si tal estudio existe, si estuvo bien hecho, si dio esos resultados (nótense los condicionales acumulados), todavía nos queda la duda de si se descubrió un vínculo causal entre picaduras de abeja y protección contra enfermedades. ¿Hubo un grupo control (personas no picadas por abejas habitualmente)? ¿Se contabilizaron las picaduras de abeja? ¿Se les dijo a los apicultores que se los estaba estudiando, y para qué? ¿Cuánto tiempo duró el estudio?

El Dr. Grand también afirma que en Estados Unidos “están usando apitoxina para tratar la esclerosis múltiple”. Efectivamente la están usando, lo que no quiere decir que esté funcionando. La cosa continúa, probablemente, por la misma razón que otros tratamientos pseudomedicinales que no son mejores que un placebo pueden ser seguidos y defendidos por terapeutas y pacientes durante años. Los estudios científicos pertinentes, por lo menos, no han mostrado que tengan eficacia.

El asunto empieza a desbarrancarse cuando Grand saca a colación la “medicina alopática” (en el artículo escriben “halopática”), diciendo que él no pretende ponerse en contra de ella ni mucho menos, sino complementarla. Ahora bien, lo contrario de alopático es homeopático, pero de hecho esta distinción sólo la hacen los que practican o al menos dan crédito a la homeopatía y a otras “medicinas” alternativas, complementarias, o como se llamen (esa ambigüedad sería tema para otro artículo). La homeopatía es magia simpática, no medicina, y lo que comúnmente se denomina “medicina alternativa” es la que no funciona, así que si lo demás es alopático, entonces alopático significa “que funciona”. Ocurre que más allá de la definición formal,  “medicina alopática” equivale retóricamente a otras expresiones del tipo de “medicina oficial”, con la cual se aparta y descalifica discretamente a la medicina basada en evidencia como algo cerrado y dogmático: vale decir, la expresión es un hombre de paja.*

Sea como fuere, el uso de la apitoxina según lo describe el Dr. Grand es definitivamente “alopático” (por ejemplo, se ataca una inflamación con una sustancia que estimula la producción de corticoesteroides, los cuales actúan como antiinflamatorio).

Asociación Argentina de Apiterapia

Logo de la Asociación Argentina de Apiterapia

Pero no hay mucho misterio aquí: Grand es presidente de la Asociación Argentina de Apiterapia (AAAT), la cual en su sitio web promueve el uso de los productos apiterápicos en homeopatía, con lo cual su vinculación con la pseudociencia es clara. El doctor además afirma practicar la “apipuntura” (que es exactamente lo que parece: inyectar toxina de abeja en los puntos tradicionales de acupuntura). El sincretismo y el eclecticismo no son malas prácticas en sí, pero sólo si se amalgaman disciplinas del mismo valor. La apiterapia es a priori una incógnita. De la apipuntura podemos suponer que no dará mejores ni peores resultados que la apiterapia convencional, si acaso; para la apiterapia homeopática, en cambio, no hay esperanza alguna, como no la hay para ninguna sustancia en la cual no haya componente medicinal activo.

La AAAT recomienda el uso de apitoxina para tratar la insuficiencia arterial y las neuropatías en pacientes diabéticos insulinodependientes, en los cuales, según se afirma, la apitoxina también protege “los órganos que habitualmente se dañan en los diabéticos como riñones y retinas”, además de mejorar el sueño y el estado de ánimo y controlar la hipertensión. En las transcripciones de charlas dadas por médicos apiterapeutas figura también la supuesta utilidad de la apitoxina en el tratamiento del SIDA, el cáncer (cualquier cáncer, aparentemente), el lupus, el reuma… No he podido encontrar ni una sola referencia académica a estas variadísimas propiedades, aunque todas ellas, y muchas más, figuran prominentemente en decenas de sitios web que promocionan tratamientos apiterápicos.

No voy a extenderme más (aunque el tema da para mucho). La apitoxina es claramente una sustancia natural muy interesante, y no parece prudente descartarla como útil para la medicina, pero lo que está ocurriendo aquí es claramente que un grupito de entusiastas, sin medios para realizar estudios clínicos controlados (seamos generosos y supongamos que los harían si tuvieran recursos), se han montado sobre un negocio fabuloso de “medicina alternativa” que podría funcionar en algunos casos puntuales pero de ninguna manera debería ser considerado una panacea. Si por ellos fuera, sólo faltaría que la “medicina oficial” dejara el camino libre a la maravillosa apitoxina para curarlo todo. ¡Ojalá fuera tan fácil!

 

* Este párrafo fue editado y corregido. El autor cayó inadvertidamente en la trampa de los pseudocientíficos que dividen falazmente la medicina en categorías que no tienen sentido. Sólo hay un tipo de medicina: la que funciona, con mayor o menor eficacia, curando o aliviando las dolencias humanas. Mis disculpas al lector y gracias por su comprensión.