23Ene/127

Visita al Museo Ovni: avistamientos y profecías

Este es el artículo 2 de 5 de la serie Museo OVNI en Victoria

En el artículo anterior les contábamos cómo nos había parecido, a primera vista, el Museo Ovni de Victoria, regenteado por el grupo de himbestigación Visión Ovni. Podemos decir que era una mezcla entre parque de diversiones y repositorio de forteana.* A esa sólida base se le añadieron enseguida ingredientes aún más curiosos.

Apenas llegar fuimos recibidos por el Sr. Pablo Puchet, que nos dio la bienvenida y permiso para tomar fotos y grabar video (cosa que hicimos hasta hartarnos, como se verá). La Sra. Silvia Pérez Simondini, directora del museo, nos cobró la entrada y nos indicó que el documental audiovisual estaba por empezar.

De hecho nos habíamos perdido la primera parte, pero llegamos a tiempo para la segunda, que era una sucesión de videos de avistamientos de ovnis. La mayoría de las imágenes mostraban puntos claros moviéndose en el cielo, algunos de día, otros de noche. En muchos casos seguían trayectorias irregularmente descendentes, desordenadas. En otras parecían flotar y desplazarse juntas hacia adelante, aunque no todas a la misma velocidad. En uno o dos casos se veía una formación en “V” y en otros una formación lineal. Los casos más sorprendentes mostraban un objeto central del cual rápidamente se desprendían muchos otros hacia ambos lados. Algunos tenían indicación de lugar y fecha (de todo el mundo y generalmente recientes); la mayoría no.

OVNIs OVNI con avión

En el video y probablemente entre gran parte de los asistentes se daba por sentado que todos esos puntos borrosos eran naves extraterrestres, o al menos algo tan extraordinario como eso. Al ojo escéptico, sin embargo, era claro que no todos eran necesariamente “objetos voladores”, y en ciertos casos cualquier persona con un poco de sentido común podía arriesgar una identificación (con una bandada de gansos, por ejemplo, como se oyó decir entre el público y no precisamente de parte de un escéptico militante, o con una serie de globos chinos encendidos derivando en el viento, o incluso barriletes con LEDs, como los que ya engañaron al “equipo de investigación” una vez). Sería difícil arriesgar que todos ellos tenían algo en común, salvo el hecho de que todos estaban en el límite de la resolución de las cámaras utilizadas para filmarlos, lo cual explicaba lo de “no identificados”.

Considerando que ya debíamos estar apropiadamente asombrados por la magnitud de la evidencia de los puntitos de luz desenfocados, la Sra. Simondini se acercó a la sala, se presentó y acto seguido dio una charla sobre varios tópicos, cuyo estrafalario contenido hizo difícil a varios de nosotros contenernos de hacer preguntas o emitir comentarios.

Lo primero de lo que nos enteramos es de que este año va a haber un evento de magnitud planetaria. Según indicó Simondini, “lo que se creía que iba a ser el fin del mundo, en realidad va a ser un cambio de era”. A esto agregó que “se suponía que iba a ocurrir el 21 de diciembre de 2012, pero ahí hubo un error, va a ser en mayo. Eso es porque los que hicieron el cálculo usaban el calendario anterior (el juliano) y ahora usamos el calendario gregoriano”. No mencionó quién hizo el cálculo, con qué métodos, y sobre qué datos. Ante la pregunta de qué significaba exactamente el “cambio de era”, no hubo más respuesta que “Dios dirá”. El evento aparentemente llevará tres días. Durante ese período no habrá luz por dos motivos: el Sol se tornará oscuro y la electricidad “pasaría a ser fotónica”. No tendríamos internet ni comunicaciones celulares. Tampoco podríamos usar gas natural.

Tras este anuncio, Simondini instó al público a almacenar agua y comida para pasar ese período de oscuridad. Recomendó con especial énfasis acumular cirios, de los que se usan en las iglesias, no por alguna razón religiosa sino porque al ser tan grandes duran más tiempo.

Según nos contó Simondini, en el Sol hay “explosiones nucleares” cada once mil años y las mismas afectan a todo el Universo, “sobre todo a los planetas de nuestra galaxia”. Remarcó que debíamos acumular comida en paquetes y no en latas porque las latas, ante las explosiones nucleares, explotarían.

Más tarde agregó que la Tierra está entrando en la cuarta dimensión y que luego vendrá la quinta y así sucesivamente.

 

Todo esto nos fue explicado con toda seriedad. Simondini varias veces afirmó que los científicos de todo el mundo están muy preocupados por esto, aunque sin dar nombres ni referirnos a lugares donde pudiéramos verificarlo (salvo el sitio web de la NASA, que efectivamente contiene indicaciones de procedimientos de emergencia para sus empleados). A tal punto están preocupados, afirma, que en Estados Unidos y varios países más se están construyendo ciudades bajo tierra. Para reforzar su argumentación con un detalle telúrico, mencionó que ya los pueblos aborígenes conocían estos ciclos solares y por eso los comechingones, por ejemplo, construían bajo tierra.

Pablo Flores, miembro del CEA que presenció todo el asunto con la boca ligeramente abierta, quedó tan impactado que comparó su rato sentado frente a la pantalla y a Simondini con haber sido obligado a asistir a misa, tal como escribió en su blog, Alerta Religión: Una ceremonia ufológica. Otro de nuestros miembros, Ezequiel Del Bianco, resumió en un artículo reciente en Proyecto Sandía varias explicaciones posibles de los avistamientos ovnis  (¿Qué son realmente los ovnis?), sin enfocarse específicamente en lo que vimos en el museo, puesto que casi todos son más o menos igualmente sencillos (el post también muestra cómo fabricar una foto de un ovni).

En la próxima entrega les contaremos sobre los objetos expuestos en el museo como evidencia física de los ovnis.

 

The Fortean Wiki define forteana como “fenómenos extraños, eventos inusuales, lo inexplicado o lo meramente absurdo… criptozoología, parapsicología, ufología o cualquiera de las -logías condenadas” (la referencia es a los hallazgos condenados por la “ciencia oficial”, según el coleccionista de extrañezas Charles Hoy Fort, a quien debemos la palabra).

20Ene/1213

Visita al Museo Ovni: la primera impresión

Este es el artículo 1 de 5 de la serie Museo OVNI en Victoria

El sábado 14 de enero de 2012, un grupo de integrantes del CEA, con representantes de la Ciudad de Buenos Aires y de Rosario, visitamos el Museo Ovni. El mismo está ubicado en la ciudad entrerriana de Victoria y es dirigido por su fundadora, Silvia Pérez Simondini, y su hija Andrea. Si bien hasta hace poco tiempo el museo funcionaba en un garaje, actualmente tiene su lugar propio en lo que solía ser un salón de fiestas.

Museo Ovni

En el hall nos recibe, de un lado, un “plato volador” estereotípico en silueta, con un tripulante con un agujero en lugar de cara, para que nos saquemos las obligadas fotos; del otro lado, una escultura de un ser similar al Alien del magistral H. R. Giger, con una calavera humana en una de sus garras.

En un rincón de la sala hay un telescopio, quizá para mostrar al visitante que la observación de ovnis es algo serio que se hace con instrumentos científicos, aunque para observar objetos en movimiento dentro de la atmósfera terrestre un telescopio es casi totalmente inútil (lo más recomendable es un buen par de binoculares).

En una de las paredes, recortes de diarios enmarcados relatan noticias de avistamientos en Victoria y otras ciudades. Una vitrina contiene la famosa “chapa ovni”, la esfera de Casilda (luego daremos detalles) y otros objetos no relacionados, como el pie de una momia de Perú.

Hay cuadros con reproducciones de dibujos hechos por indígenas, que muestran seres humanos con varios ornamentos. Según la inscripción en la base del marco, representan astronautas con cascos y objetos radiactivos. Una nota refiere a la obra del pseudoarqueólogo Erich von Däniken. Otro de estos cuadros muestra una vieja y deslucida fotografía de los famosos moais de la Isla de Pascua, con una inscripción: “Como han sido movidos, colocados erguidos? Visitantes de planetas extraños pudieron anular la ley de gravedad?”.

Moais de la Isla de Pascua El Astronauta de Palenque

Hay muchas fotografías de supuestos avistamientos, cuyo único punto en común es su falta de nitidez. Las tarjetas escritas a máquina y pegadas en la base o los costados de las fotografías nos indican lo que, a falta de evidencias y de detalle de las fotografías, debemos creer. En otra pared, una estantería está repleta de miscelánea: vasijas, estatuitas, montoncitos de azufre, y restos de animales en cajitas o frascos.

El escritorio que hace las veces de recepción está repleto de figuras de juguete o de colección que representan a una amplia variedad de extraterrestres de la ficción del cine, las historietas y la televisión, desde el entrañable E.T. hasta el gran Maestro Yoda, pasando por los sanguinarios invasores de Día de la Independencia.

El salón de al lado funciona como bar, y sus paredes están empapeladas con afiches de películas, series de TV, congresos de ovnilogía e incluso publicidades de desodorantes. También hay una biblioteca, aunque relegada a un rincón del bar. Contiene muchas novelas de ficción sobre el género y algunas carpetas.

La impresión general del museo, desde la fachada misma, es de que estamos entrando en algo más parecido a un pequeño parque de diversiones, en particular la zona del Tren Fantasma o el Laberinto del Terror, que a una institución donde se preserva y expone conocimiento. Pero como dicen, no hay que juzgar al libro por su portada. No nos crean todavía; en los próximos días les contaremos los detalles de los objetos más particulares exhibidos en el museo y los relatos y teorías presentados en video o de viva voz por los “investigadores” de Visión Ovni.

(Entretanto, los impacientes pueden ir leyendo las impresiones de Daneel Olivaw en Legos a Logos: Mi visita a un Museo OVNI. Como dice Daneel, “la atracción principal del museo no son los objetos que en él se exhiben sino las personas que lo organizan”.)