24Jun/137

¿Qué es la telepatía?

Profesor Xavier

La telepatía es uno de los hipotéticos “fenómenos paranormales” de mayor popularidad entre los creyentes. Aunque etimológicamente la palabra significa algo así como “enviar sentimientos a distancia” (de tele- “lejos” y pathos “experiencia, sentimiento”), casi todas las personas piensan en la telepatía como la transmisión de pensamientos estructurados en palabras de manera similar a lo que ocurre en una línea telefónica, y como en ese caso, teniendo en cuenta que la comunicación puede cortarse, que las palabras pueden no oírse claramente, etc.

En esta visión, el cerebro humano actúa como una antena capaz de emitir y recibir pensamientos. El descubrimiento de que las neuronas se comunican y procesan señales por medio de impulsos eléctricos y de que la actividad eléctrica cerebral puede ser visualizada como ondas no hizo más que reforzar la idea de este mecanismo. El cerebro humano sería entonces como un generador de pensamientos en forma de electricidad acoplado a una antena transmisora/receptora. Según quién plantee la idea, se dirá que todos los seres humanos tenemos esta capacidad o bien que sólo algunos la tenemos, y específicamente que sólo algunos podemos “emitir” y que quizá no todos podamos “recibir” (lo cual surge intuitivamente y por nuestro conocimiento básico de cómo funcionan cosas como las emisoras de radio y televisión). Uno de los problemas de esta visión pseudocientífica de la telepatía es que, más allá de que el cerebro manifiestamente no tiene capacidad para emitir ondas a larga distancia, el supuesto campo telepático asociado a esas ondas debería seguir las mismas reglas que cualquier otro campo de fuerzas eléctricas, en particular, la que dictamina que su intensidad debe disminuir en proporción al cuadrado de la distancia desde la fuente; por el contrario, la mayor parte de quienes apoyan la creencia en la telepatía se refieren a ella implícita o explícitamente como una comunicación que no depende de la distancia.

Dejando de lado la barrera de la distancia, algunas personas creen que la telepatía puede ser impedida por otros factores, o que podemos despertar nuestra capacidad telepática haciendo o dejando de hacer ciertas cosas; por ejemplo, no hace mucho la cantante argentina Patricia Sosa explicó en una entrevista que había logrado comunicarse telepáticamente con extraterrestres luego de volverse vegetariana y que una guía espiritual le había advertido que comer carne bloqueaba la capacidad telepática. La meditación, la tranquilidad, la ausencia de distracciones también se citan como necesarias en los cientos o miles de instructivos para despertar la telepatía que circulan por la web. Notablemente, también se postula como necesario que tanto el emisor como el receptor crean en la telepatía o al menos tengan una mente abierta: «Si eres un escéptico y las puertas de tu mente están cerradas obtendrás muy pobres resultados.»

La fantasía y la ciencia ficción han recurrido a la telepatía, en todas estas variantes y otras, con frecuencia. Hasta el boom de la parapsicología en los años 1970 todavía era bastante posible incluir la telepatía entre las hipotéticas facultades ocultas de la mente humana que algún día la ciencia demostraría como reales. A partir de allí el concepto de la telepatía en la literatura se ha desplazado cada vez más hacia el campo de la ciencia ficción blanda y la fantasía.

La discusión sobre la transmisión de pensamientos permanece, sin embargo, alentada por los últimos desarrollos en el campo de las neurociencias experimentales. Somos capaces de detectar ciertos estados mentales usando electrodos adosados al cráneo; podemos incluso leer la mente de un individuo e identificar imágenes que está viendo, con un nivel de precisión escaso pero que probablemente aumente en el futuro cercano. Estas hazañas dependen de una tecnología de punta, cara y molesta (hablamos en ocasiones de literalmente taladrar el cráneo para pinchar el córtex cerebral con electrodos) y por lo tanto, aunque pueden servir como punto de partida para un relato de ciencia ficción sobre el futuro, quedan enteramente en el terreno de la fantasía si hablamos de telepatía hoy.

Sea como fuere, la conversión de pensamientos en ondas de radio por parte de un implante cerebral, seguida por su transmisión y finalmente su decodificación en el cerebro de otra persona por medio de un implante receptor, no es lo que habitualmente se llama telepatía entre la gente que hoy cree en esta supuesta capacidad paranormal. Los creyentes buscan algo se pueda lograr sin intervenciones quirúrgicas: quizá, a lo sumo, algo como la apertura quirúrgica del Tercer Ojo según la narra el fraudulento “lama tibetano” Lobsang Rampa en su libro homónimo; algo simpático, que permita a los humanos hablar con sus gatos (como proclamaba ser capaz el susodicho); algo que no esté limitado por la distancia ni mediado por una de las cuatro fuerzas de la naturaleza, que tan enemigas de lo imposible resultan ser. Algo, especialmente, que no pueda medirse con facilidad en el laboratorio por requerir estados mentales particulares y la ausencia de molestos escépticos en las proximidades, o meramente por ser siempre espontáneo; algo que esté definido con suficiente vaguedad que incluya coincidencias como recibir una llamada telefónica de una persona justo después (o el día después, o dos días después) de pensar en ella o de soñar con ella o con un amigo de un amigo de ella.

Algo, en fin, que nos permita seguir soñando con esa comunicación pura y abierta que las palabras nos niegan.