6Ago/139

El aborto y el riesgo de suicidio, o la falsificación de un estudio científico

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Publicado por:PabloDF.

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Hace bastante escribí un dossier en tres partes sobre la pseudociencia y las falacias pretendidamente científicas propagadas por Sexo Seguro, una organización anti-derechos reproductivos que no es más que una fachada de la Iglesia Católica. Sigo sus tuits, que son habitualmente consignas en un loop, sin fuente ni signo alguno de que tengan en cuenta lo que los demás les comentamos, y así llegué a ver esta rara gema:

sexoseguro-tw-alediener

Muy bien argumentada la respuesta de @AleDiener a un inconforme sobre el aborto http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog… … …

La referencia es a una columna escrita por una tal Alejandra Diener en el portal noticioso mexicano Animal Político, en respuesta a alguien que la cuestionó por su postura antiabortista. Diener es Maestra en Ciencia de la Familia por la Universidad Anáhuac y licenciada en Economía por la Universidad Iberoamericana. (Ambas son instituciones católicas. La Anáhuac es regenteada por la Legión de Cristo, orden fundada por el sacerdote y pederasta serial Marcial Maciel. La Iberoamericana es propiedad de la Compañía de Jesús.)

El núcleo empíricamente chequeable de lo que dice Diener contra el aborto se encuentra en el párrafo siguiente:

El aborto está generando un verdadero problema de salud pública, ya que la mujer que aborta padece trastornos mentales que las lleva incluso hasta el suicidio (Association between parity and risk of suicide among parous women. Chun-Yuh Yang PhD MPH www.cmaj.ca), mujeres que no puedan hacerse cargo de sus familias o que ni siquiera puedan continuar con sus vidas a causa del trastorno ocasionado por este drama de la eliminación de un ser humano en su vientre.

Aunque no se habla del síndrome post-aborto, casi se da por sobreentendido. El SPA correspondería a un conjunto de problemas psicológicos que padecerían casi todas las mujeres luego de interrumpir un embarazo. El SPA es una invención, un mito de la academia “pro vida” (puede comprobarse fácilmente que casi las únicas referencias al mismo ocurren en páginas apologéticas católicas y publicaciones de instituciones académicas ligadas a la Iglesia); ninguna organización científica del mundo ha encontrado evidencia de que exista ni lo reconoce como diagnóstico (véase por ejemplo este paper de la Harvard Review of Psychiatry y este reporte de la APA, mencionados en este post de Médico crítico). Pero Diener, en vez de hablar en términos generales, señala específicamente un estudio sobre “la relación entre la paridad y el riesgo de suicidio en mujeres” (paridad es la cantidad de hijos que ha tenido una mujer).1

El estudio, que existió y fue realizado por investigadores independientes, observó registros de 1,3 millones de mujeres taiwanesas a lo largo de casi tres décadas y halló que, corrigiendo por otros factores, el riesgo de suicidio de una mujer disminuye al aumentar su número de hijos. Esto es muy interesante, pero el problema para el argumento de Diener es que el aborto ni se menciona.

Hay varios motivos por los cuales un mayor número de hijos podría correlacionarse con un menor riesgo de suicidio. La depresión se correlaciona tanto con el riesgo de suicidio como con una tendencia a tener menos hijos. Tener una gran familia a su alrededor puede hacer que una mujer se sienta más valorada. Las causalidades no están establecidas y los autores del estudio lo reconocen, así como la imposibilidad de controlar otras variables que posiblemente influyan en la decisión de tener hijos (por ejemplo, el desempleo).

Alejandra Diener, como todos los columnistas “expertos” que publican contenido pseudocientífico al servicio de una ideología o religión, sabe que la inmensa mayoría de sus lectores jamás buscará confirmación independiente de lo que ellos afirman, especialmente si se trata de una publicación con una línea editorial afín a su propia ideología. Lamentablemente el mismo caso se da cuando académicos de esta calaña son llamados a exponer ante quienes hacen las leyes que regulan temas fundamentales, como el derecho al matrimonio, al divorcio, al acceso a la anticoncepción o al aborto.

Si no fuera por esto último, este artículo no pasaría de ser una válvula de escape para mi síndrome de SIWOTI2. Como están las cosas, esto no es simplemente alguien que miente por internet, sino alguien que representa un modelo de académico falaz que puede influir de forma decisiva en las políticas de salud de un país entero. Dejo aquí, entonces, mi granito de arena.

 

1 Association between parity and risk of suicide among parous women. Chun-Yuh Yang, PhD MPH. doi:10.1503/cmaj.090813

2 SIWOTI: Someone Is Wrong On The Internet (“Alguien Está Equivocado En Internet”), aunque en este caso debería más bien ser SILOTI: Someone Is Lying On The Internet (“Alguien Está Mintiendo En Internet”).

 

Nota: Este post es una versión revisada y aumentada de un artículo en mi blog, Alerta Religión, titulado “Aborto y riesgo de suicidio según la católica mentirosa Alejandra Diener”, publicado el día 3 de agosto de 2013.
28Jun/1119

Sexo seguro (parte 2)

Sexo Seguro (www.sexoseguro.mx) dice ser “una organización… que promueve la divulgación de información científica relacionada con el inicio de la vida sexual en la adolescencia y la juventud, la anticoncepción, el aborto…”. En la primera parte de este dossier mostré con algunos ejemplos cómo esta organización, que a todas luces es un brazo de la Iglesia Católica, divulga desinformación apoyándose en estudios científicos irrelevantes o mal interpretados, cuando no simplemente mentiras.

En esta entrega le toca el turno a la información sobre anticoncepción.

Para empezar debemos aclarar los términos. Para la Iglesia Católica el estatus de persona humana existe desde la fecundación (unión del óvulo y el espermatozoide para formar el cigoto), y sus referencias al aborto se hacen dentro de esa visión. Para la medicina, no obstante, el aborto es la interrupción de un embarazo, y el embarazo se define desde la implantación del cigoto en la cavidad uterina (o, en el caso de los embarazos ectópicos, en otro lugar, siendo casi siempre inviables). Para quien comparta la visión de la Iglesia Católica, un método anticonceptivo que impida la implantación es abortivo. El DIU, por ejemplo, entra en esta definición, de ahí la cita [1] en la página de la que hablamos.

El caso de la “píldora del día después”, que en realidad no es una sola sino una colección de drogas diferentes, es más difícil de elucidar, pero parece que la duda sobre si podría evitar implantación del cigoto (cita [2]) es infundada: varios estudios recientes han demostrado que no es así en el caso de las píldoras que utilizan sólo la droga levonorgestrel, por lo cual éstas no son abortivas ni siquiera para la definición ad hoc que utiliza la Iglesia Católica.

Desde el momento en que se utiliza una definición de la palabra “aborto” que no se corresponde con el uso habitual en medicina y en salud pública, sino con la visión doctrinaria de una religión, se engaña a los lectores. Si esto se dejara explicitado, no habría objeciones que hacerle, excepto la observación de que esa falta de rigurosidad en las definiciones no se condice con la pretensión de divulgar “información científica”.

En cuanto a los efectos secundarios de los anticonceptivos hormonales, que la página de Sexo Seguro enumera con detalle estremecedor, no son más que lo que viene impreso en los prospectos. Es debido a estos efectos secundarios que antes de utilizar cualquier droga, especialmente de forma prolongada, se debe consultar al médico, y controlarse periódicamente. La razón por la que se aprueban y se ponen a la venta medicamentos es que se considera que los efectos terapéuticos, positivos, balancean y sobrepasan los riesgos de los efectos adversos.

Hay mujeres que deben evitar quedar embarazadas por razones de salud; hay otras que no desean quedar embarazadas porque temen por la salud de su potencial bebé (en el caso de mujeres de edad próxima a la menopausia, por ejemplo, o mujeres que portan un desorden genético heredable). Muchas otras mujeres desean retrasar o evitar el embarazo simplemente porque no podrían sostener económicamente a un hijo. En todos los casos, si las repercusiones de quedar embarazadas son importantes, la mujer puede decidir que los riesgos asociados a los anticonceptivos valen la pena. (También puede recurrir a la abstinencia, por supuesto, pero habiendo alternativas no es ético presentárselo como la única opción.) Hay que decir también que los anticonceptivos hormonales actuales causan muchos menos trastornos que aquellos que se empleaban hace unas décadas.

De poco sirve arrojar ante el usuario potencial de un medicamento una lista de terribles riesgos, salvo que se desee asustarlo en vez de informarlo.

De la larga lista de efectos adversos podemos quizá tomar, por su relevancia, el cáncer de mama. El estudio citado en este caso [14] es un metaanálisis, es decir, su calidad depende de la calidad de los estudios fuente, que no conocemos, y además se restringe a algunas mujeres. Otros estudios han dado resultados opuestos (según el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos): los anticonceptivos orales no incrementan el riesgo de cáncer de mama, o bien lo incrementan muy levemente y dejan de producir este efecto al tiempo de ser abandonados. Los anticonceptivos orales también incrementan el riesgo de cáncer de cérvix, pero de hecho el factor de riesgo importante en este caso es la infección por virus del papiloma humano (HPV). Como para complicar más la cosa, resulta que los anticonceptivos hormonales reducen significativamente el riesgo de cáncer de ovario y de cáncer de endometrio.

Hasta aquí hay omisión de datos y simplificación exagerada. Pero la frutilla del postre es la frase final:

Varios estudios han demostrado que el consumo de anticonceptivos orales se asocia con aumento en la infección del VIH.

El lector no advertido supondrá que tomar anticonceptivos hace más probable que uno se enferme de SIDA. Ésa, obviamente, es la intención de estos vendedores de miedo. Pero ¿qué dicen esos “varios estudios” (dos)?

El primer estudio citado [16] es un metaanálisis de estudios sobre mujeres en riesgo de contraer HIV-1 y encontró una asociación significativa entre el uso de anticonceptivos orales y el contagio (técnicamente, seroincidencia) de HIV-1. No hay indicación de vínculo causal entre una cosa y la otra. Es posible que algunas mujeres, sin información sobre el tema, estén usando anticonceptivos como si fuesen un medio universal de protección contra todas las consecuencias de tener relaciones sexuales. La recomendación de los autores no es muy sorprendente: “Para mujeres en riesgo de infección de HIV-1, el uso de anticonceptivos orales para la prevención del embarazo debe ser acompañado por el uso de condones para la prevención de la infección por HIV-1”.

La otra referencia [17]  es un estudio sobre HIV-1 y virus del herpes simplex 2 (HSV-2) que encontró un vínculo significativo (aunque no una explicación causal) entre el uso de anticonceptivos orales y la incidencia de HIV-1, sin tener en cuenta el uso de preservativos. El único pequeño detalle es que dicho estudio se realizó sobre prostitutas africanas, un grupo de altísimo riesgo que difícilmente represente al común de las mujeres. Otro estudio, de gran calidad, no encontró tal correlación. Se han propuesto mecanismos por el cual el uso de anticonceptivos hormonales, al alterar el revestimiento uterino, podrían hacer de éste un medio más favorable para la infección por HIV, pero no se ha demostrado que esto ocurra realmente.

Los terroristas discursivos de Sexo Seguro parecen considerar que las personas utilizan anticonceptivos sólo a causa de una propaganda comercial incesante y de una cultura que alienta la promiscuidad. La promoción del uso de anticonceptivos (y su provisión gratuita por parte de los gobiernos) siempre debe venir acompañada de campañas de educación sexual honestas, que incluyan el aliento del uso del preservativo y la adopción de conductas de prevención y reducción de riesgos. Si a veces estas premisas no se respetan, se trata de una falla de las campañas, no de los métodos promocionados. La Iglesia Católica, sin embargo, se opone siempre por principio a estas campañas y a la educación sexual a nivel escolar, ya que la mera difusión de la existencia de alternativas a su doctrina se considera inmoral. (Otras iglesias cristianas también hacen su parte, pero notablemente, la mayoría de las iglesias evangélicas no consideran pecaminoso el uso de mecanismos de anticoncepción, en tanto no tengan efectos abortivos.)

En la siguiente entrega hablaremos de las falacias de Sexo Seguro sobre la homosexualidad.

14Jun/1123

Sexo seguro (parte 1)

www.SexoSeguro.mxRecientemente me topé con el sitio web de una asociación bautizada Sexo Seguro (www.sexoseguro.mx), que se promociona como

una organización de la sociedad civil sin fines de lucro, conformada por médicos especialistas en sexualidad y bioética, que promueve la divulgación de información científica relacionada con el inicio de la vida sexual en la adolescencia y la juventud, la anticoncepción, el aborto y otros temas vinculados con la sexualidad.

Su visión tiene como eje “el fortalecimiento de la dignidad de la persona humana desde la concepción y hasta la muerte natural”. Esta frase es signo prácticamente inequívoco de que esta “sociedad civil” es una fachada de la Iglesia Católica; eso en sí no tiene nada de malo, excepto por lo solapado de la estrategia: en todo el sitio web de Sexo Seguro no hay ni una sola mención de las palabras “iglesia” o “católica”, y por el contrario, las afirmaciones allí vertidas están profusamente documentadas por papers científicos.

El problema es que, cuando uno se toma el trabajo de leer los estudios citados, encuentra que Sexo Seguro recurre a casi todas las formas de distorsión conocidas: verdades a medias, comparaciones sacadas de contexto, valores extremos tomados como habituales, confusiones intencionales de correlación y causación, y en general una mezcla tan abrumadora de fuentes de calidad y cobertura dispares que a quien desee corroborar los datos y refutar sus conclusiones lo asalta el cansancio muy pronto —lo cual es sin duda lo que se busca. (Es casi un Galope de Gish, aunque al estar por escrito no nos deja tan indefensos.)

Para no agotarme ni agotar al lector, expondré solamente algunas de las falacias que encontré en las páginas de Sexo Seguro. En la página sobre el preservativo masculino o condón, comenzamos con el siguiente y tremebundo párrafo:

El condón nunca es 100% seguro para prevenir las infecciones de transmisión sexual (ITS). Su efectividad varía según la consistencia en su uso; y únicamente protege del algunas ITS entre el 60 y 80%,[1],[2],[3] es decir que en cada 1de cada 3 relaciones te infectas.[4]

Preservativos o condones masculinosLa cita [1] es un estudio publicado en 2003 sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) en adolescentes afroamericanas. El estudio mostró que 17,8% de las adolescentes que tuvieron relaciones sexuales durante seis meses, con uso consistente de preservativo, contrajeron al menos una ITS de las tres estudiadas. Las que no usaron preservativo se contagiaron casi el doble que las que sí lo hacían. Los investigadores hacen notar que la protección encontrada a causa del uso de preservativo puede estar subestimada por tres factores: el preservativo puede no haber sido colocado correctamente, puede haber sido usado sólo durante parte de la relación sexual, y las participantes del estudio pueden haber mentido si creían que el investigador esperaba escuchar que habían usado el preservativo siempre. La recomendación del estudio: los preservativos no son 100% seguros pero sirven y mucho.

La cita [2] corresponde a una guía de prevención y tratamiento de ITS y recomienda todos los métodos que cabe razonablemente esperar. La abstinencia sexual sólo es recomendada para personas que están siendo tratadas por una ITS y para aquellas “que deseen evitar cualquier consecuencia indeseada del sexo”. Los preservativos masculinos de látex son recomendados para una variedad de ITS, siempre con la advertencia de que deben ser usados correcta y consistentemente. (Por contraste, la posición oficial de la Iglesia Católica es que el preservativo no debe usarse jamás, ni siquiera para evitar el contagio de HIV; el recurso a la doctrina del mal menor fue desautorizado por el Vaticano en este caso, luego de que algunos interpretaran que el Papa Benedicto XVI lo había utilizado.) El valor de 80% de protección se refiere indudablemente al de transmisión de HIV, pero no es el porcentaje de fiabilidad del preservativo para evitar la infección en una relación sexual. El estudio en cuestión encontró que en las parejas serodiscordantes (uno infectado, el otro no) que tienen sexo regularmente usando preservativo, se produce contagio en un 80% menos que en las parejas que no usan regularmente preservativo.

La cita [3] es de otro estudio de transmisión de HIV y encontró que el preservativo reduce el riesgo de contagio (en parejas serodiscordantes regulares) entre un 73 y un 83%, si se usa consistentemente. Como en los otros casos, las cifras están probablemente subestimadas. No es sencillo, tampoco, estudiar estas cuestiones, ya que por razones éticas no se puede contar con un grupo control (parejas a las que se les diga que no usen nunca preservativo).

La cita [4] refiere a un estudio de transmisión del virus del papiloma humano (HPV) en mujeres jóvenes, y encontró una incidencia de 37,8 por 100 años-paciente en pacientes cuyas parejas usaban el preservativo en todas las relaciones sexuales, contra 89,3 entre aquellas cuyas parejas lo usaban menos del 5% de las veces. Por supuesto, el estudio recomienda el uso de preservativo, al menos para mujeres jóvenes que inician su actividad sexual. En ningún punto se encuentra sustento a la frase terrorista “en 1 de cada 3 relaciones te infectas”. De todas formas el estudio sólo incluyó 82 mujeres, todas ellas universitarias, por lo cual no es muy significativo a favor o en contra.

Dejo como tarea para el lector seguir descubriendo mentiras y distorsiones en la página de Sexo Seguro sobre los condones (¡al menos no dicen que tienen poros que dejan pasar el HIV, como otros sitios de su misma persuasión siguen repitiendo!). En la próxima entrega paso a la que trata sobre los anticonceptivos.

 

P.D.: Es bueno saber que nuestros lectores son verdaderos escépticos. Me aclara huyi23590, que no creyó todo lo escrito aquí sólo porque yo lo dijera, que en el sitio habla de los infames poros del látex que dejan pasar el HIV. Está en la página detallada sobre los condones. El estudio referenciado es antiguo (de 1992), utiliza una muestra bastante pequeña (89 preservativos) y no utiliza virus reales sino microesferas de poliestireno del tamaño aproximado del HIV, en condiciones simuladas. (Éste es uno de los casos en que Sexo Seguro no recurre a la distorsión maliciosa, sino que directamente miente.) El resultado es que 29 de los 89 preservativos dejaron pasar una cantidad pequeñísima de estas microesferas, y que la protección que brindan —en el peor de los casos— es cuatro órdenes de magnitud superior a la que se obtiene sin usar ninguna barrera. La recomendación (como siempre): usarlo, sabiendo que no es 100% infalible.