18Mar/1522

Homeópatas reconocen su dudosa evidencia

Hace pocos días, el Consejo de Salud e Investigación Médica de Australia, publicó una revisión de la evidencia científica sobre la homeopatía. Como era de esperar, concluía lo mismo que casi todas las demás revisiones: no hay evidencia de que la homeopatía funcione.

Ya deberíamos estar acostumbrados a esto. La evidencia científica no cambia según quién la lea, y revisión tras revisión se llega a la misma conclusión. La homeopatía —que consiste en tratar de curar un síntoma, tomando elementos que lo produzcan pero diluidos hasta la inexistencia—no sirve para nada ni puede servir para nada, a excepción de engordar las cuentas bancarias de quienes la venden.

No hay nada nuevo ni controversial en esto, a pesar de que el diario Clarín intente sembrar “polémica” con su bajada. Lo que es interesante es la reacción de los homeópatas que, a pesar de que tampoco es sorprendente, no deja de ser instructiva.

La respuesta local

El artículo de Clarín, por ejemplo, cita a varios médicos homeópatas intentando desesperadamente defender su profesión. Es difícil saber si es debido a la edición de la autora o por propia falta de los homeópatas, pero en ningún momento éstos hablan de evidencia o ciencia. De hecho, la nota abre de la manera más inepta posible:

Gustavo Cataldi terminó con honores la carrera de Medicina y fue, durante 17 años, jefe de Terapia intensiva del Hospital Churruca. Un día se contagió sarna de un paciente y un colega, también médico, le sugirió que tomara homeopatía. Cataldi pensó que era una burla pero se terminó curando con esos glóbulos y, poco tiempo después, decidió estudiar y ser, también, médico homeópata. Su historia es sólo una foto de una película mucho más amplia: mientras un nuevo informe internacional sostiene que la homeopatía “no sirve” para curar enfermedades, en Argentina cada vez más médicos la avalan

Es extremadamente notorio que la “conversión” del Sr. Cataldi involucre una experiencia personal. Cataldi comenzó a practicar la homeopatía, no producto de una lectura objetiva de la literatura científica, sino porque a él "le funcionó". Un médico supuestamente es una persona que se entrega a una práctica científica. Como tal, debe valorar la evidencia por sobre todas las cosas. Sin embargo, Cataldi fue engañado por uno de los sesgos más burdos: correlación no implica causa. Yo si fuera su paciente, huiría despavorido a toda velocidad.

Y si bien hay mucho hablar de “paradigmas” y la usual falsedad de que la medicina sólo trata los síntomas, lo que falta por completo en el artículo es hablar de qué es lo que dice la evidencia científica. Y ésta es clara: no hay evidencia de que la homeopatía funcione.

En el ojo de la tormenta

Pero mientras que en Argentina la repercusión de la noticia llegó bien diluida, en el epicentro el debate está más caliente. Tal es así que la Asociación Homeopática Australiana (AHA) emitió una respuesta más que interesante:

… no hay evidencia suficiente en investigación en humanos para establecer si la homeopatía es efectiva o no para tratar la mayoría de las enfermedades consideradas.

Sí. La Asociación Homeopática de Australia admite que no existe buena evidencia para determinar si la homeopatía es efectiva o no.

Su principal problema es que el reporte es “difícil de entender” y proponen cambiar algunas palabras para que, según ellos, sus conclusiones se apeguen más a la evidencia.

Si uno se pregunta cómo es que la AHA continúa promoviendo la homeopatía si no hay buena evidencia de efectividad, puede seguir leyendo su documento. La respuesta es que ellos aceptan la evidencia de baja calidad como suficiente para promover la homeopatía.

A pesar de que seguramente critiquen a las grandes farmacéuticas por sus continuos intentos de distorsionar la ciencia para vender sus productos, la AHA está perfectamente feliz de promover remedios cuya evidencia proviene de pequeñísimos estudios que no fueron replicados. Por ejemplo, toman como válido un meta-análisis (un estudio de estudios) que analiza datos de sólo 3 estudios con menos de 150 participantes cada uno y que fueron realizados por el mismo autor del meta-análisis. Osea, la opinión de un tipo sobre su propio pésimo trabajo.

La revisión del Consejo de Salud desestimó automáticamente estudios de menos de 150 sujetos por ser poco confiables. Sin embargo, en su respuesta, la AHA critica esta este criterio y propone uno que parece sacado del mundo bizarro: desestimar los estudios pequeños negativos pero aceptar los estudios pequeños positivos. Según dicen:

… si se detecta un efecto clínico en un ensayo pequeño con resultados estadísticamente significativos, esto es más impresionante [que un efecto positivo en un estudio grande].

Esto está mal en múltiples niveles. Es falso ya que los estudios pequeños y preliminares en general están sesgados a favor de encontrar un efecto (ver, por ejemplo el decline effect). Además un criterio de este tipo sería advocar explícitamente a favor del sesgo de publicación, del que tanto se aprovechan las grandes farmacéuticas. Publicar los resultados positivos con todas las fanfarrias y ocultar los negativos debajo de la alfombra.

Pero demostrando que continúan con los pies bien firmes sobre un planeta cuadrado, esto es lo que afirman sobre todos estos estudios positivos de mala calidad:

Para algunas enfermedades, algunos estudios reportaron que algunos tratamientos eran más efectivos que el placebo. Éstos deben ser confirmados por otros estudios grandes y bien diseñados antes de considerarse el uso masivo de el tratamiento estudiado.

Nuevamente, la Asociación Homeopatía Australiana está diciendo que no hay evidencia suficiente para recomendar el uso de tratamientos homeopáticos. ¿Por qué entonces los sigue recomendando?

Las propuestas de la Asociación Homeopática Australiana demuestran mejor que nadie el tipo de pseudociencia que es la homeopatía. Su respuesta al informe del Consejo de Salud e Investigación Médica, demuestra más un profundo desinterés por sus pacientes y un intento de aferrarse a una lógica retorcida, más que un verdadero entendimiento de la ciencia.

Recordemos que en nuestro país la homeopatía se vende tranquilamente en farmacias bajo el disfraz de “recetas magistrales”. El organismo que no debería permitir que esto suceda, la ANMAT, voluntáriamente le da rienda suelta esta pseudomedicina. Esperemos que en algún momento se despierte de su sueño y diga las cosas como son.

14Sep/1363

El milagroso magnetismo – Parte 2: ¿Y la evidencia?

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Este artículo es la continuación de El milagroso magnetismo - Parte 1: Un poco de historia.

En la primera parte de este recorrido por las curas magnéticas hablábamos de una larga historia de prácticas sin evidencia. ¿Cómo saber si realmente existe algún tipo de terapia con magnestimo que funcione?

Si la magnetoterapia funcionara, debería tener algún efecto biológico medible en el cuerpo humano. Debería, de alguna manera, influir en el tejido, células, sangre o líquido sobre el que se aplican. Los defensores de la magnetoterapia afirman que puede ser utilizado para el dolor y una gran variedad de patologías, y para ello han propuesto algunas maneras en las cuales funciona en nuestro cuerpo:

    • Flujo sanguíneo: se afirma que la sangre tiene hierro (cosa que es cierta) y que los imanes aumentan el flujo sanguíneo en el tejido que se aplica el campo magnético. El problema radica en que la sangre no contiene iones cargados eléctricamente, es diamagnética. Otro problema es que la superficie de los imanes es muy pequeña para afectar el flujo sanguíneo impulsado por la presión sanguínea normal. Un experimento sencillo de hacer es colocar un imán “terapéutico” en la palma de la mano: si el flujo sanguíneo aumentara, sería de esperar que la piel alrededor del imán se pusiera de color rosa y se calentara (eritema). Bueno, no lo hace. Esto fue demostrado por un estudio bien diseñado que utilizo láser-Doppler para medir el flujo sanguíneo.

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  • Líquidos: también se afirma que la magnetoterapia produce la alineación de las moléculas de agua de nuestro cuerpo, y de esta manera logra disminuir la inflamación y promueve la cicatrización. Sin embargo, ni siquiera los imanes más grandes, como los que se utilizan en los scanners de resonancia magnética, producen alineación de las moléculas de agua. Un imán “terapéutico” tiene una densidad magnética de unos 800 gauss, mientras que un scanner de resonancia magnética genera entre 30 000 y 40 000 gauss y todavía no se ha demostrado que tenga un efecto biológico en los humanos. Si lo hiciera, tendría serias restricciones para su uso.
  • Conducción nerviosa: otros afirman que la magnetoterapia produce alteración en la forma en que los nervios y las células nerviosas conducen la electricidad. Pero se necesitaría un imán de 24 tesla para disminuir la conducción nerviosa en un 10%. Un scanner de resonancia magnética típico utiliza 1–1,5 tesla.

Entonces… ¿Por qué toda la emoción? ¿Es la magnetoterapia un placebo y todo es por el dinero? ¿O a la comunidad científica y escéptica se le está escapando algo?

Porque, seamos sinceros, todos conocemos a más de una persona que ha atribuído fantásticos beneficios de la magnetoterapia. Sin embargo, como ya sabemos, el “a mí me funciona” no es suficiente.

El problema es que tenemos muchos reportes de casos y anécdotas de beneficios terapéuticos con muy poca ciencia para respaldarlos. El de los primeros serios que se hizo, fue el estudio publicado en Archives of Physical Medicine and Rehabilitation en noviembre de 1997 por el Dr. Carlos Vallbona de la Escuela de Medicina de la Universidad Baylor, el cual afirma que “La aplicación de un dispositivo que entregue un campo magnético estático de entre 300 y 500 gauss sobre puntos dolorosos produjeron un alivio inmediato en pacientes postpolio”.

rodillaVallbona estudió 50 pacientes de postpolio con las articulaciones dolorosas. Dividió a los pacientes en dos grupos y les dio al azar imanes activos (grupo experimental) o inactivos (grupo control) para aplicar sobre los puntos gatillo (que despiertan el dolor) durante 45 minutos. Después de ese tiempo, el 76% del grupo experimental informó alivio del dolor, mientras que sólo el 19% del grupo control informó menos dolor. Vallbona no presenta ninguna explicación para este fenómeno, pero anima a seguir investigando utilizando doble ciego.

Pero se ha observado, en general, que los estudios que indican resultados positivos en estos casos están mal diseñados (como suele pasar con las medicinas alternativas) y usan tamaños de muestra demasiado pequeños, lo que dificulta mucho la extracción de datos y elaboración de conclusiones válidas.

Tal y como menciona un artículo de revisión elaborado por Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa, de los Institutos Nacionales de Salud, llamado Magnets for Pain (“Imanes para el dolor”):

“La mayoría de los ensayos rigurosos no han encontrado ningún efecto sobre el dolor”.

Un ejemplo es un meta-análisis y revisión sistemática de estudios aleatorizados sobre el uso de imanes estáticos para reducir el dolor, que concluye que “La evidencia no apoya que el uso de imanes estáticos alivie el dolor, y por lo tanto los imanes no pueden ser recomendados como una terapia efectiva”.

Debido a que el cáncer es una de las condiciones patológicas que supuestamente “curan” los imanes, además de aliviar el dolor por artritis, dolores de cabeza, migraña, estrés, mejorar la circulación y revertir la evolución de las enfermedades degenerativas, la American Cancer Society publicó un artículo llamado Magnetic therapy (“Magnetoterapia”) donde menciona que no se conocen estudios para apoyar la idea de que la magnetoterapia es útil para tratar el cáncer.

Otro artículo de la American Cancer Society llamado Electromagnetic Therapy (“Terapia Electromagnética”) es más determinante en sus declaraciones sobre el tratamiento del cáncer:

“La evidencia científica disponible no apoya las afirmaciones de que los dispositivos electromagnéticos son efectivos en el diagnóstico y tratamiento del cáncer u otra enfermedad.”

Es fácil ser cínico cuando hay gente que está haciendo millones de dólares con dispositivos no probados. Por otro lado, es difícil pasar por alto todos los ejemplos en la historia donde los expertos han estado equivocados. ¿Quién hubiera creído que la aspirina podría ser una de las terapias de primera línea para prevenir enfermedades del corazón y derrame cerebral? Muchos se rieron antes de que se aceptara que una bacteria (Helicobacter pylori) desempeña un papel importante en la úlcera péptica, y muchos científicos han perdido la cabeza por estar adelantados a su tiempo. Pero aquí nos enfrentamos a un ejército empresarial cargado de pretensiones vagas y sin fundamento, pseudociencia y una caracterización errónea de lo que realmente sabemos como un hecho.

Siempre existe la posibilidad de que el magnetismo pueda producir beneficios reales en la salud. Esto no sería nada nuevo en el campo de la medicina. Pero hasta el momento, el mejor uso clínico establecido de un campo magnético pulsante (no estático) es en la curación de fracturas óseas, aunque este efecto es modesto. La evidencia hasta el momento apoya la conclusión de que hay una respuesta biológica relevante, aunque un solo estudio no confirma nada; se necesitan más.

Por ahora, de algunas cosas  estamos seguros:

  • La evidencia científica no apoya que el magnetismo tenga efectos sobre la salud.
  • No deberías reemplazar la terapia médica que estés utilizando por imanes.
  • No deberías usar imanes si tenés marcapasos o una bomba de insulina.
  • Tampoco deberías usar imanes si estás embarazada. A pesar de que los campos magnéticos producidos por los scanners de resonancia magnética son inocuos para el feto, aún no sabemos que es lo que hacen los imanes “terapéuticos” en el embarazo.
11Sep/133

El milagroso magnetismo – Parte 1: Un poco de historia

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Como persona deportista y un poco osada, he tenido varias lesiones a lo largo de mis 25 años en varias partes del cuerpo, como tendinitis, distensiones ligamentarias y fracturas. Posterior a la recuperación, se suelen realizar algunas sesiones de kinesiología y fisioterapia para rehabilitar y quedar 10 puntos.

Hielo, masajes, luz infrarroja, ultrasonido, onda corta y ejercicios de fuerza son algunas de las terapias que me han realizado. Pero había una en particular que siempre me llamó la atención por lo fascinante que parecía: la magnetoterapia.

Recuerdo la primera vez que la usé. Estaba rehabilitando una tendinitis de Aquiles. El kinesiólogo me dijo que servía para disminuir la inflamación y aceleraba la recuperación de los tejidos gracias a los campos magnéticos. Obviamente me lo creí y hasta hace muy poco tiempo pensé que era verdad,  hasta que tuve un estímulo para comenzar a investigar.

La magnetoterapia es una práctica que consiste en la aplicación de campos magnéticos para producir (supuestamente) beneficios en la salud. También están los brazaletes magnéticos, collares, plantillas para zapatillas y hasta collares para perros. No es algo nuevo. Pero… ¿existe alguna evidencia que apoye los argumentos y la utilización de estas terapias?

Los efectos del magnetismo y otras “energías” han sido estudiados desde los tiempos de los imperios romanos y griegos. La medicina tradicional china utiliza uno de los sistemas de sanación mas viejos de este tipo, basado en el chi o qi, que no es sino el nombre dado a la energía o fuerza vital que (ellos dicen) circula por el cuerpo. El concepto de fuerza vital también se puede encontrar en la medicina hindú y en la naturopatía (Hipócrates).

Para reencontrarnos con el magnetismo curativo, podemos viajar a Suiza del sigo XVI y encontrarnos con el alquimista Paracelso, que utilizaba un imán “mágico”, un tipo de mineral que atraía al hierro, para sanar todo tipo de enfermedades. Lo molía y colocaba en bálsamos que aplicaba a los enfermos con resultados milagrosos. A pesar de que William Gilbert (médico de la reina Isabel, conocido por sus estudios en magnetismo) advirtiera que moler el imán hacía que éste perdiera su magnetismo y por lo tanto sus supuestas propiedades milagrosas, Paracelso siguió fabricando bálsamos para una gran cantidad de enfermedades.

En los tiempos modernos, el descubrimiento de la electricidad trajo consigo los tratamientos electromagnéticos. El uso de diferentes formas de dispositivos eléctricos y generadores de frecuencia en medicina ha intrigado tanto a pacientes como a sus practicantes durante generaciones.

Alrededor del 1800, un médico austríaco llamado Franz Anton Mesmer, conocido por su uso de la hipnosis y la astrología, experimentó con el magnetismo al hacer que una paciente bebiera un fluido con hierro para luego colocarle imanes en diferentes partes del cuerpo. La paciente refirió una sensación de corriente circulando por su cuerpo y alivio de los síntomas. Mesmer sugirió que se debía al magnetismo animal, también llamado mesmerismo. Como era de suponer, Mesmer abrió una clínica en París y dejó de utilizar los imanes para pasar a usar las manos.

Albert Abrams

Albert Abrams, el Decano de los charlatanes del siglo XX.

A fines del siglo XIX el Dr. Daniel Palmer abrió su Escuela de Curación Magnética. Pronto descubrió que sus pacientes reportaban mejoría sin necesidad de imanes, con sólo una “imposición de manos” (otra vez). Más tarde Palmer creó también la Escuela Palmer de Terapia Quiropráctica.

A principios del siglo XX, el Dr. Albert Abrams afirmaba que cada órgano se ajusta a una longitud de onda electromagnética en particular. Fue demasiado lejos; la Asociación Médica de Estados Unidos lo nombró “Decano de los Charlatanes del Siglo XX”. Eso calmó los ánimos por casi cien años, pero hoy están resurgiendo toda clase de aparatos magnéticos “mágicos”.

Los imanes son generalmente hechos de metales (tales como el hierro) o aleaciones (mezclas de metales, o de un metal y un no metal) y tienen la capacidad de producir una fuerza medible llamada campo magnético. Es importante reconocer que no todos los imanes o campos magnéticos son iguales. La diferencia más significativa es entre los campos magnéticos pulsantes y los campos magnéticos estáticos: los imanes estáticos tienen campos magnéticos que no cambian, a diferencia de los electroimanes, que generan campos magnéticos sólo cuando la corriente eléctrica fluye a través de ellos. Esto se debe a que la electricidad y el magnetismo son en realidad manifestaciones de la misma fuerza fundamental, el electromagnetismo, reconocido por primera vez cuando se descubrió que un campo magnético cambiante puede generar corriente eléctrica y una corriente eléctrica cambiante puede generar un campo magnético.

Los campos magnéticos de los imanes se miden en unidades llamadas gauss (G) o, alternativamente, unidades llamadas tesla (T); 1 T = 10 000 G aproximadamente. Los imanes comercializados para el alivio del dolor por lo general poseen una densidad de campo magnético de 300 a 5 000 G, muchas veces más fuerte que el campo magnético de la Tierra (alrededor de 0,5 G), pero mucho más débil que los imanes usados ​​para máquinas de resonancia magnética (15 000 G o más).

Desde mediados del 1800, gran cantidad de máquinas electrónicas han sido aplicadas a una larga lista de enfermedades. Nunca se ha demostrado la efectividad de la mayoría de estos dispositivos y, en algunos casos, su uso ha resultado en serias lesiones e incluso la muerte. Sin embargo, algunas tecnologías eléctricas y electromagnéticas se han convertido en pilares de las prácticas médicas modernas, como los rayos X, la radioterapia, la resonancia magnética y los marcapasos.

Continuará…

13May/1390

El mito de las dietas ácidas y alcalinas

Alimentación ácida / Alimentación alcalina

Si bien hace tiempo que circulan cadenas de e-mail sobre la temática de las supuestas alternativas para curar el cáncer mediante una dieta alcalinizante, una nueva viralización en las redes sociales me motivó a redactar este artículo. Existen dos puntos a analizar:

  1. La viralización está hecha bajo el nombre de una institución que está a la vanguardia de la investigación del cáncer: el Hospital Johns Hopkins.
  2. El mito de la dieta ácida/alcalina.

Está por toda la web, pero aquí les dejo este artículo para que lo lean ustedes mismos.

El primer punto está aclarado y muy bien argumentado en la página web oficial de la institución, donde se lee claramente:

«La información falsamente atribuida a Johns Hopkins llamada “ACTUALIZACIÓN ACERCA DEL CÁNCER” describe propiedades de las células del cáncer y sugiere maneras de prevenirlo. Johns Hopkins no publicó esta información que viene frecuentemente como un archivo adjunto de un e-mail y tampoco respalda su contenido. El e-mail también tiene el nombre de nuestra institución mal escrito como “John” Hopkins, pero la manera correcta de escribirlo es “Johns” Hopkins. Para más información acerca del cáncer, por favor lea la información en nuestro sitio web o visite la página del Instituto nacional del cáncer (National Cancer Institute) www.cancer.gov. Por favor ayúdenos a combatir la propagación de este engaño divulgando este comunicado.»

Por lo tanto, este artículo está enfocado en el punto 2.

Recuerdo cuando hace unos pocos años creía en esto de la dieta ácida/alcalina... Como estudiante de medicina magufo en ese momento, estaba fascinado con la idea y me dediqué a investigar más. Sin dudas, el resultado fue uno de los “clicks” más importantes que me llevaron a volcarme hacia el escepticismo científico.

Para los que no están al tanto, estamos hablando de la creencia de que ciertos alimentos pueden producir un cambio en el pH de los fluidos corporales como la sangre, causando estados de acidificación o alcalinización que influirían en la producción o curación del cáncer. Pueden ver los detalles en este artículo sobre “La causa primaria del cáncer”, en cuyas conclusiones se puede leer:

  • Las células sanas viven en un entorno alcalino y oxigenado, lo cual permite su normal funcionamiento.
  • Las células cancerosas viven en un ambiente extremadamente ácido y carente de oxígeno.

En ese momento leí varias cosas que me llamaron la atención y recuerdo muy bien lo que pensé, que fue algo así:
1) ¿¿¿Un científico recibió el premio Nobel por descubrir la causa primaria del cáncer??? ¿Cómo nunca me enteré de eso?
2) La acidez expulsa el oxígeno de la célula. Mmm, no tiene sentido, pero será una explicación básica supongo.
3) Privar a una célula de 35% de su oxígeno durante 48 horas puede convertirlas en cancerosas. Sigo sin poder creer que nunca me hayan enseñado esto en la facultad. ¡Qué fantástico! ¡Las “farmafias” siempre haciendo de las suyas!
4) Una vez finalizado el proceso de la digestión, los alimentos de acuerdo a la calidad de proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas que otorgan, generarán una condición de acidez o alcalinidad al organismo. Pero en el estómago todo se vuelve ácido y en el duodeno todo es alcalino...  ¿?
5) Curiosamente todos estos alimentos nombrados, son ANTIFISIOLÓGICOS. Nuestro organismo no está diseñado para digerir todo esto! ¿Diseñado? Esto se está poniendo raro.

Evidentemente, todas las afirmaciones de este artículo van en contra de los conocimientos que nos ha aportado el estudio de la fisiología humana. Esto me llevó a investigar un poco más... Pero vayamos por partes y comencemos con lo que podríamos llamar “la causa primaria de este delirio”.

Aparentemente todo surgió con la manipulación de la información de un premio Nobel de Fisiología o Medicina llamado Otto Heinrich Warburg, galardonado por “el descubrimiento de la naturaleza y modo de acción de la enzima respiratoria”, que significó un hito en la comprensión bioquímica de numerosos procesos orgánicos y que algunos consideran como el más original y productivo del siglo XX. Esta enzima es una parte de la cadena de oxidación que se da en la mitocondria para obtener energía en forma de ATP, la “moneda” energética de la célula, a partir de la glucosa mediante un proceso llamado Ciclo de Krebs. Para que este proceso ocurra se necesita oxígeno. Esta forma de metabolizar la glucosa se denomina glucólisis aeróbica.

Warburg fue un gran científico y los resultados de muchas de sus investigaciones constituyen pilares en la química orgánica y la fisiología humana. Pero sus investigaciones sobre el cáncer fueron menos fructíferas. Observó que las células cancerígenas podían reproducirse sin oxígeno y lanzó la hipótesis de que la privación de oxígeno era la causa de la enfermedad. Según esta teoría, las células corporales que “no utilizan” oxígeno no desarrollarían cáncer, pero hoy sabemos que existen células que tampoco lo hacen y no son células cancerosas: los glóbulos rojos y las células de la córnea, el cristalino y ciertas regiones de la retina.
Warburg también observó que los tejidos cancerosos crecían en medios ácidos, es decir en medios con un pH menor al del organismo (7,4) y que las células normales metabolizaban la glucosa de forma distinta a las células cancerígenas. Lo que lo motivó a escribir “Metabolismo de los tumores” (Stoffwechsel der Tumoren).

Posteriormente, en 1956, redactó un artículo para la revista Science que tituló “El origen de las células cancerosas”, dando indicios de lo que se venía, para luego presentar 10 años más tarde su trabajo “La causa primaria del cáncer y su prevención” en la reunión de premios Nobel en Alemania.

Estas ideas fueron bien recibidas y calaron. Según él había que introducir en la dieta varias enzimas respiratorias, como vitaminas B y hierro, lo que ayudaría a prevenir la aparición del cáncer, anexándose así a los tratamientos mediante megadosis de vitaminas propuestos por otro ganador del premio Nobel (Química), Linus Pauling, que dió nacimiento a la “medicina” ortomolecular. Hoy esta teoría sólo tiene interés histórico.

Fue un muy interesante razonamiento teniendo en cuenta los conocimientos de ese momento. Pero lo que sabemos hoy en día es que la ausencia de oxigeno en las células tumorales se debe a su elevada tasa de crecimiento: unas 200 veces más que las células normales.

Para transformar la glucosa en energía, la célula debe realizar una serie de pasos sistemáticos, en donde si falta un componente, todo falla. Inicialmente la glucosa se transforma en una sustancia llamada ácido pirúvico, o piruvato, el cual puede seguir dos caminos:

  • Cuando hay oxígeno, se realiza la glicólisis aérobica, que es lo que sucede en la gran mayoría de nuestras células con algunas excepciones (como mencionamos más arriba). El piruvato ingresa a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa, donde participan las enzimas que Warburg descubrió.
  • Pero cuando no hay oxígeno nos encontramos en un un estado de hipoxia, por lo que el piruvato no puede ingresar a la mitocondria y es transformado en ácido láctico, o lactato. Este compuesto puede transformarse en piruvato e ingresar a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa si disponemos de oxígeno nuevamente.

El primer camino genera mucha energía, mientras que el segundo no. Pero esto no hace a uno mejor que el otro; son simplemente unos fantásticos mecanismos de adaptación a diferentes estados celulares. Por ejemplo, cuando hacemos una actividad física intensa —una carrera de 100 metros llanos o escapar de un león (¿?)—, la demanda de oxígeno para producir energía aumenta tanto que a veces no puede ser satisfecha, por lo que la célula debe valerse de la energía aportada por la glicólisis anaeróbica, por más pequeña que sea. Esta situación hace que aumente la concentración de lactato en la célula, que es expulsado hacia el exterior (este compuesto ácido hace que sintamos esa “quemazón” en los músculos).

En los tumores pasa exactamente lo mismo: las células cancerosas tienen un metabolismo tan alto que necesitan elevadas cantidades de oxígeno para funcionar. Al no poder satisfacer esa necesidad, realizan glicólisis anaeróbica para obtener su energía. Esto es conocido como Efecto Warburg, el cual lleva a una producción enorme de ácido láctico y la creación de un microentorno ácido.
Como podemos ver, esta acidificación no es entonces producto de la dieta, sino del metabolismo del cáncer. Además, la acidificación o alcanilización nunca ocurren en nuestro cuerpo -en situaciones normales-, ya que el pH es celosamente mantenido en un rango muy estrecho de entre 7,35 y 7,45 y salirse del mismo puede resultar en la muerte de la persona.

Recientemente se ha elaborado una hipótesis del origen del cáncer basándose en el Efecto Warburg, según la cual una alteración en la ruta de producción de energía provocaría una acumulación de formas reactivas de oxígeno que causarían a su vez un daño en el material genético de la célula, desembocando en la producción de cáncer.

Así que no crean que es importante si los alimentos son ácidos o alcalinos, ya que el medio interno del estómago es tan ácido que ningún alimento puede cambiar su acidez, y todos los alimentos que salen de ahí son ácidos. Luego entran al duodeno, donde las secreciones del páncreas e hígado neutralizan los ácidos del estómago y convierten los alimentos en alcalinos. La modificación de la dieta no puede cambiar la acidez de cualquier parte del cuerpo, con excepción de la orina.

Los promotores de estos productos dicen que las células cancerosas no pueden vivir en un ambiente alcalino y eso es cierto, pero tampoco puede ninguna de las otras células del cuerpo. Con todo esto no quiero decir que la dieta no sea importante, nada más lejos de la realidad.

Lamentablemente todavía sabemos muy poco sobre el cáncer. El cáncer no es una sola enfermedad ni tiene un origen único, sino que es un grupo de enfermedades multicausales. Muchas cosas en nuestros genes, nuestro estilo de vida y el medio ambiente que nos rodea pueden aumentar o disminuir el riesgo de padecer cáncer. Por lo tanto, en estos momentos podemos tomar medidas preventivas al respecto y así disminuir la probabilidad de contraerlo.

El estudio Alimentación, nutrición, actividad física y la prevención del cáncer: una perspectiva global publicado por la World Cancer Research Fund y el American Institute for Cancer Research, recomienda:

  • Manténgase tan delgado como le sea posible, dentro de los rangos normales de peso.
  • Haga entre 30 y 60 minutos de actividad física moderada diariamente, como caminar.
  • Evite las bebidas endulzadas y la comida chatarra.
  • Si es madre, amamante durante por lo menos 6 meses.
  • No coma más de medio kilo de carne roja por semana y evite las carnes procesadas.
  • Limite la ingesta de bebidas alcohólicas a una medida diaria, en las mujeres, y a dos, en los varones.
  • Coma 5 porciones diarias de frutas y hortalizas.
  • Limite el consumo de sal a 6 gramos diarios; evite ingerirla como conservante.
  • Evite los suplementos dietarios, a excepción del ácido fólico durante el embarazo.
  • Si sobrevive al cáncer, siga recomendaciones nutricionales de un profesional, realice actividad física y mantenga un peso adecuado.

30May/12125

El tratamiento Inmunomodulador del Dr. Crescenti

Este es el artículo 1 de 2 de la serie Tratamiento Crescenti

Hace más o menos un mes estuvimos charlando con Alejandro Agostinelli sobre este fenómeno new age llamado Claudio María Domínguez. Alejandro, quien coordinó la investigación que culminó en el informe “Por amor al Dinero”, nos decía que lo más peligroso no es tanto lo que él dice sino a quienes promueve. Interesado por quiénes eran, decidí darme una vuelta por la página web de Domínguez y mirar sus anunciantes.

Así es como llegué a la web del Instituto de Inmuno Oncología Dr. Ernesto J. V. Crescenti y su “tratamiento inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti®”. En un sitio web de aspecto muy profesional nos habla de su “tratamiento inmunomodulador” y nos afirma que, basados “en los resultados obtenidos durante mas de 20 años de investigación” pueden afirmar que “que el tratamiento inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti® es lo más cercano al tratamiento ideal”.

Muchas afirmaciones, pocas pruebas

Es difícil saber  exactamente en qué consiste el “método Crescenti®”. El sitio web habla mucho de antioxidantes, activación del sistema inmune, y demás vaguedades que hacen  imposible saber de qué se trata. En su apartado “Quiénes somos” nos cuenta la historia de su descubrimiento (énfasis mío):

Hay que remontarse al año 1986, luego de haber intervenido quirúrgicamente a una paciente de avanzada edad, cuya patología era cáncer de colon con múltiples metástasis hepáticas, y luego de realizarle una hemicoloctomía [sic] derecha, en el acto quirúrgico, el Doctor Ernesto J. V. Crescenti decidió efectuar un tratamiento distinto a los utilizados hasta aquel momento. El tratamiento empleado fue la combinación de elementos homeopáticos, obteniendo una muy buena respuesta terapéutica.

(De hecho lo que Crescenti dice haber hecho fue una hemicolectomía.) Ya sabemos que los remedios homeopáticos carecen por completo de substancias activas así que esto nos haría pensar que el “método Crescenti®” son pastillas de nada (en otro lado nos asegura que se administra por vía oral). Sin embargo, en una animación con mucha jerga médica que más que aclarar, ofusca, se nos dice que el tratamiento consiste en la inyección de Selenio, Manganeso, Zinc y “lachesis muta” (serpiente de cascabel muda). Por “lachesis muta” espero que quisieran decir “veneno de lachesis muta”, porque no creo que esta gente esté inyectando víboras en sus pacientes.

Intrigado por estas inconsistencias, decidí preguntarles directamente mediante su formulario de contacto, expresamente preguntando por el veneno. A las pocas horas recibí una respuesta del Dr. Máximo Croci que reproduzco sin corrección:

De acuerdo a recientes incestigaciones en cultivos de tejidos y modelos animales se ha comprobado que la asosciacionde Zn, Se Y Mn es efectiva en la estimulacion de la respuesta inmune, el efecto antioxidante y la inhibicion del crecimiento tumoral. El tratamiento del Dr Crescenti combina una serie de oligoelementos que separadamente tienen potentes efectos inmunoestimulantes y catalizadores de poderosas reacciones biológicas relacionadas con el control del estado oxidativo celular, es decir en la regulación de los radicales libres de oxígeno como el peróxido de hidrógeno o el anionsuperoxido. Los oligoelementos catalizan la acción de enzimas tales como la catalsa, superoxido dismutasa dependiente de manganeso y glutatión peroxidasa relacionada con el selenio.

La respuesta completa del Dr. Croci también está envuelta en mucha jerga médica que parece diseñada para confundir más que aclarar y no me dijo nada sobre la “muda”. Es curioso que hable de las “incestigaciones” en cultivos de tejidos y modelos de animales, pero no haga referencia a ensayos clínicos con humanos.

En efecto, los supuestos “20 años de investigación” de los cuales alardean en su página aparentemente no alcanzaron para realizar ni siquiera un solo ensayo clínico. En la sección de Trabajos Publicados se nos presenta una larga serie de publicaciones muy poco impresionantes para el ojo que sabe lo que busca. Muchos trabajos in vitro, presentaciones en conferencias, publicaciones sin ninguna relación con el tratamiento y las infaltables publicaciones “fantasma” que sólo existen en su página web.

Un medicamento no aprobado

Ante tal conspicua falta de evidencia, cabe preguntarse cómo el Dr. Crescenti puede afirmar tantos resultados específicos. Dicen: “El tratamiento ha demostrado tener una gran capacidad de modular la actividad antioxidante de las células y tejidos”, “La suma de estos efectos produce un notable incremento en la sobrevida y en la calidad de vida de los pacientes oncológicos, lográndose en algunos casos una remisión completa de la enfermedad" y “es lo mas cercano al tratamiento ideal” ¿Cómo pueden saber esto? ¿Acaso hay alguna publicación que no aparece en su sitio web? No. El Dr. Croci me aclara que no existe ningún ensayo con humanos:

El compuesto en su forma inyectable esta siendo objeto de un estudio clinico en ANMAT que como sabra es muy largo y aun no esta terminado.

Esto es cierto. Si uno va a la página del ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnologías Médicas) y hace una consulta en su listado de ensayos clínicos con el nombre de “crescenti” en el campo de Investigador se encuentra con un ensayo clínico Fase I que está “Autorizado” desde 2008. Pero buscando más sobre Crescenti en la web del ANMAT uno puede encontrarse con la Disposición 3114/10 en la cual la Dirección de Evaluación de Medicamentos informa de irregularidades en ese ensayo clínico y el ANMAT resuelve

… que la participación del doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI como investigador en futuros estudios clínicos, estará supeditada a la suscripción de una carta compromiso cuyo contenido y alcance será determinado para cada caso por la Dirección de Evaluación de Medicamentos.

Además se “instruye sumario a la firma WALNI S.A. y al doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI”. Las irregularidades incluyen:

  • Utilización de una versión del consentimiento informado no aprobada por el Comité de Docencia.
  • Falta de contratación de un servicio de internación eventual ante la posibilidad de efectos adversos.
  • Falta de observación de los pacientes luego de la administración de la droga.
  • El etiquetado de los frascos no incluye la dosis de producto ni su fórmula.
  • Incumplimiento con los criterios de exclusión.
  • Delegación del plan de monitoreo a una persona que es parte del instituto.
  • Un informe de monitoreo en el cual consta que fue una visita no presencial pero que se observan detalles de verificaciones que sólo pueden realizarse en visitas presenciales.
  • Falta de verificación de los requisitos establecidos por el ANMAT previo al inicio del estudio.

Más allá de esto, la droga en su versión inyectable no está aprobada por el ANMAT mientras que la versión oral se comercializa como un “suplemento dietario” aprobado por el INAL (que regula alimentos, no medicamentos). Mandé dos mails y llamé dos veces al ANMAT para pedir más información pero no recibí respuesta alguna.

La historia de un medicamento

¿Qué significa que el “método Crescenti®” sólo tenga estudios en animales y placas de Petri para argumentar efectividad? Echemos un vistazo a qué nos dice la Fundación de Estudios Farmacológicos y de Medicamentos, cuyo Comité Independiente de Ética aprobó el ensayo clínico del “método Crescenti®”. En su revista “Mientras Espero” tiene una sección en la que nos explica cómo un medicamento llega a ser aprobado para su uso.

Primero se realizan estudios preclínicos con animales y cultivos de tejidos. Este tipo de estudios dan información sobre la toxicidad y el potencial efecto terapéutico además de dar pistas sobre su absorción en el cuerpo. Luego, si estos experimentos sugieren que el medicamento puede ser efectivo, empieza la fase clínica. Se empiezan con ensayos Fase I, con pequeñas cantidades de voluntarios sanos para evaluar tolerancia. Los ensayos Fase II son similares pero se comienza a administrar a pacientes enfermos. Esta fase sirve para determinar las dosis seguras y potencialmente efectivas; esto es muy importante ya que un medicamento administrado en dosis sub-óptimas puede resultar inefectivo o peligroso. Recién luego de que el medicamento salga victorioso de todas estas investigaciones se puede pasar a la Fase III. Los ensayos Fase III se realizan en grandes cantidades de personas, comparando el efecto con el placebo y asegurándose de que los investigadores no sepan quién recibe el medicamento y quién recibe el placebo (para evitar sutiles sesgos). Al  finalizar todo el proceso, los resultados son presentados a las autoridades sanitarias que deciden si autorizar el medicamento o no.

De todos estos pasos, el “método Crescenti®” sólo llegó a la fase preclínica. El Instituto Inmuno Oncológico del Dr. Crescenti está comercializando un tratamiento que no fue evaluado en humanos. Está vendiendo como efectivo y seguro un tratamiento que, en el mejor de los casos, es experimental. El Dr. Crescenti afirma que su tratamiento puede curar el cáncer (“remisión completa de la enfermedad”) cuando lo único que puede saber es su efecto en ratas de laboratorio y cultivos de células.

¿Es posible?

Dada esta completa falta de evidencia, en principio podríamos dejarlo ahí. Dejando de lado si el mecanismo propuesto por el “método Crescenti®” es razonable o no, actualmente no hay evidencia que justifique su comercialización. Sin embargo, no deja de ser interesante preguntarse si algo así podría funcionar. Para esto me comuniqué con Juan Ángel Bisceglia (farmacéutico y becario del CONICET, aunque no especialista en oncología) sobre su opinión profesional.

Según él, los oligoelementos que mencionan efectivamente participan de los procesos de protección oxidativa, pero no “catalizan la acción de enzimas” sino que forman parte de las mismas. “Las enzimas son los catalizadores y los metales son necesarios para su funcionamiento, así como la casi totalidad de las vitaminas que incorporamos en la dieta o mediante suplementos”, corrige Bisceglia .

Hay que tener en cuenta que el Selenio, Zinc y Manganeso no son más que micronutrientes, elemenos que el organismo necesita en pequeñas cantidades y que son parte de una dieta saludabe. En este sentido, el “método Crescenti®” no sería muy diferente que un suplemento vitamínico. A menos que haya una deficiencia particular de estos micronutrientes particulares, no está claro que suplementarlos haría alguna diferencia.

La American Cancer Society, un excelente recurso para informarse sobre el cáncer, tiene un documento con guías para mantener una buena nutrición durante el tratamiento contra el cáncer. Distintos síntomas (falta de apetito, dolores en la boca, vómitos, etc...) pueden dificultar la buena nutrición de la persona con cáncer por lo que no resultaría improbable que estén bajo mayor riesgo de deficiencias dietarias. En mi opinión, esto debería evaluarse en cada caso particular y suplementar los nutrientes que sean necesarios para cada caso.

En cuanto a la acción del veneno de lachesis muta, la cosa es más interesante. Una de las características de las células cancerosas es su habilidad para escapar del sistema inmune. Según Bisceglia,

El veneno de Lachesis, al que el Dr. no hace referencia, seguramente generará una fuerte respuesta inmune (esencialmente dirigida hacia el propio veneno) y no es ilógico pensar que pueda modificar el status inmune del paciente (de hecho hay un antecedente interesante: el bacilo tuberculoso atenuado vivo -BCG- se utiliza en el tratamiento del cáncer de vesícula -posteriormente a la cirugía- con mejores resultados que otros tratamientos tradicionales debido a su capacidad de estimular al sistema inmune contra las células de tumores vesiculares), pero esto también debe ser rigurosamente probado por medio de experimentos controlados.

Cabe recordar que la única versión aprobada (aunque como alimento) es la administrada por vía oral.

El veneno de Lachesis es de naturaleza proteica, y sería MUY raro (no digo imposible) que posea algún efecto por vía oral, ya que la mayoría de las proteínas se degradan en el estómago. Una combinación proteica que sea igualmente efectiva por vía oral e inyectable sería más bien una excepción que la regla.

Es una distinción para la cual el Español no ayuda pero hay una diferencia entre la ponzoña (en inglés, venom) y el veneno (en inglés, poison). Mientras que un animal venenoso es aquel que es nociva cuando se la ingiere, se habla de animal ponzoñoso cuando para causar daño, éste tiene que inyectar sus toxinas. Las serpientes pertenecen a esta segunda categoría. De hecho, tomar veneno de serpiente es, en general, inocuo a menos que se tengan lastimaduras en la boca o el estómago (¡no prueben esto en casa!) ya que, como dice Bisceglia, las proteínas que forman el veneno pueden degradarse como cualquier otra.

Para resumir, le dejo la palabra a Bisceglia:

El "mecanismo de acción" que proponen es, al menos, PLAUSIBLE. Que sirva para todo tipo de cáncer es, desde un punto de vista escéptico, al menos IMPROBABLE, ya que la relación con el sistema inmune no es igual para todos los tumores. Tampoco son iguales todas las drogas usadas en quimioterapia, por lo que la cosa hace ruido. En general hay que desconfiar de lo que sirve para todo, sobre todo en sistemas biológicos.
(...)
La relación entre oxidación celular, fallas del sistema inmune y cáncer es totalmente general. Es como si te dijera "hay un tratamiento maravilloso que mata a todos los microorganismos y que sirve para curar todas las enfermedades infecciosas" o, más exagerado, "tengo un chaleco anti-balas que detiene CUALQUIER proyectil". Quiero decir que aunque la explicación suene lógica, no puede ser considerada válida hasta que se hagan los estudios correspondientes...
(...)
Un animal o tejido es un modelo y la extrapolación directa a seres humanos sin una evidencia firme de que sea válida es un acto irresponsable. También es ilegal llamar medicamento a aquello que no sea aprobado por ANMAT (hay una serie de figuras legales para eso).

(Agradezco a Juan Bisceglia por su colaboración. Aprovecho para aclarar que cualquiera puede comunicarse con nosotros mediante nuestro formulario de contacto para ser contactado si necesitamos alguna opinión profesional)

Una larga trayectoria

Crescenti está comercializando este producto al menos desde el 2005, como atestigua una publicación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires de ese año en la cual el Dr. Carlos Gherardi (Jefe de la División Terapia Intensiva del Hospital de Clínicas de Buenos Aires) se lamenta de la situación y critica a los organismos reguladores por no tomar cartas en el asunto en dos artículos. Dice (énfasis mío):

Hace años que vemos en televisión por cable propaganda sobre un producto para tratar el cáncer que del doctor Crescenti, que no está aprobado por ANMAT. En ella se habla de inmunopatologías, en un lenguaje supuestamente médico que induce abiertamente a la mentira, y ningún organismo regulador ha tomado cartas en el asunto.
Parece una obviedad decir que no se puede autorizar o permitir la publicidad de un producto farmacológico no aprobado por el organismo competente del Ministerio de Salud. Pero ello no lo es en nuestro país, donde desde hace años se asiste a la difusión diaria, en más de una banda horaria y en distintos canales de cable, de un tratamiento oncológico basado en un producto constituido por un extracto de veneno de serpiente (lachesis muta) y oligoelementos. Este artículo, que se presenta como resultado de una investigación científica inmunooncológica, clínica y experimental, no está aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Sin embargo, ningún organismo regulador oficial ha procedido a prohibir que continúe publicitándose.

Envié un mail a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires para más información pero por desgracia no recibí respuesta alguna.

Pero tampoco este es el primer tratamiento contra el cáncer más que cuestionable que promueve el Dr. Crescenti. A pesar de que el Dr. Croci me asegurara que “el tratamiento Hansi no tiene nada que ver con el nuestro”, el mismo Crescenti fue uno de sus creadores junto a Juan José Hirschmann. El HANSI (Homeopático Activador Natural del Sistema Inmune) es una supuesta cura del cáncer que usa elementos homeopáticos para activar el sistema inmune. ¿Suena conocido?

El HANSI además parece deber su origen al “método Canovas®”. Otro tratamiento “inmunomodulador” que, como el de Crescenti, utiliza lachesis muta. Un artículo publicado en la difunta revista “El Ojo Escéptico” por el Dr. Ernesto Gil Deza nos dice que:

En 1993 el laboratorio Canovas afirma que el Hansi en realidad está fundado en un producto homeopático para tratamientos veterinarios: CANOVAS 200, el cual le fue provisto al Sr. Hirschmann quien a su vez lo solicitó para un “amigo con cáncer”.

También hay sitios de medicina “naturista” que directamente no hacen distinción y hablan del “método Crescenti®”, “hasta hace un tiempo llamado HANSI, a su vez derivado de investigaciones del Dr. Canovas”. Y es que el veneno de cascabel muda no es extraño en la homeopatía y nos da a sospechar de que el “método Crescenti®” no está tan alejado del HANSI como se nos quiere hacer creer.

El Hansi surgió a la notoriedad en 1990, cuando el médico Ernesto Crescenti aseguró haber logrado resultados en una paciente con cáncer gracias a una medicación obtenida de los cactus por el botánico Juan Hirschmann. El supuesto remedio fue primero prohibido por la Secretaría de Salud nacional y sus impulsores fueron enjuiciados, y después sobreseídos provisionalmente, por infracción a normas de salud pública.

Esto nos dice un artículo de Página/12 de 1999 a propósito del descubrimiento de frascos contaminados tanto del “método HANSI” como del “método del doctor Crescenti”. En las ampollas inyectables se encontraron hongos y bacterias que podían ser mortales para personas que, como los pacientes de quimioterapia, se encuentran inmunosuprimidos.

¿Cuál es el peligro?

Considerando estos problemas con contaminación, no se puede decir que el “método Crescenti®” sea inocuo y esté libre de riesgos. A los riesgos asociados con la administración de cualquier medicamento (no existe tal cosa como una intervención 100% segura) hay que sumarle los de una inyección mensual. Si efectivamente están inyectando veneno de cascabel en sus pacientes tampoco se podría descartar el peligro en personas con alergias. Además si Crescenti sigue tan descuidado como en 1999, también habría que preocuparse por la posibilidad de infecciones. El tema es que, al no existir ensayo alguno en humanos, es imposible evaluar los riesgos de esta intervención.

Y eso es sin contar los daños indirectos. El Dr. Crescenti le afirma a pacientes con cáncer que su tratamiento puede curarlos. En comunicación con el Dr. Croci, me aseguró que el tratamiento “sería más efectivo aún, si se comienza a tratar antes de la quimioterapia”. Esto es peligrosísimo. ¿Qué pasa si un paciente comienza con el “método Crescenti®” y comienza a sentirse mejor sólo por sugestión o casualidad y decide que no necesita empezar con el tratamiento convencional?

Ante todo esto, en mi opinión el accionar de las autoridades es deplorable. Ya desde 2005 que hay personas reclamando sobre este tratamiento en particular y no pasa nada. Además el acceso desigual a la información es vergonzoso. Mientras los promotores de tratamientos de efectividad incierta responden en pocas horas, ni el ANMAT ni la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires respondieron mis correos enviados hace semanas. Mientras el Dr. Crescenti anda por ahí diciendo que puede curar el cáncer, la agencia que se supone que debe servir de información a la población no puede responderme ni siquiera si este medicamento está aprobado. El sitio del Dr. Crescenti tiene videos y links a testimoniales en Facebook, pero el formulario del ANMAT que supuestamente sirve para buscar productos aprobados, directamente no funciona.

¿Qué pasaría si yo fuera un paciente con cáncer en vez de un blogger interesado en hacer una investigación? ¿Cómo haría para obtener información confiable y adecuada? ¿Qué conclusión podría sacar alguien que no sabe sobre las etapas de la evaluación de medicamentos?

Conclusión

Resumiendo, el Instituto de Inmuno Oncología Dr. Ernesto J. V. Crescenti está vendiendo un tratamiento que no está aprobado por el ANMAT y que no fue evaluado en ensayos clínicos con humanos. Está diciendo esencialmente que puede curar el cáncer basándose en experimentos en ratas y cultivos celulares, un acto irresponsable y potencialmente peligroso.

10Feb/115

Pienso, luego Dudo – Capítulo 04

Tiene que que haber un límite; no puede seguir hasta el infinito.

Samuel Hahnemann (1755 - 1843)

Pienso, luego dudo es el podcast oficial del Círculo Escéptico Argentino. Es una dosis quincenal (o casi) de escepticismo y ciencia en donde conversamos sobre nuevos descubrimientos y desarrollos científicos; nuevos inventos y fraudes pseudocientíficos; y cualquier cosa que encontremos interesante.

En este capítulo algo atrasado (mi culpa!) hablamos principalmente sobre la homeopatía, qué es y cómo funciona. También hablamos de Betelgeuse, ya que estamos.

Para escuchar online, hacer click en PLAY:

Descargar este capítulo en MP3

Algunas cosas de las que hablamos:

  • Aritmética de los cuatro cuatros en El Hombre que Calculaba
  • Explosión de Betelgeuse
  • Homeopatía
    • Suicidio homeopático, en el CEA
    • Campaña 10:23
    • Buen artículo en Wikipedia (al menos por ahora)
    • Breve Introducción a la Homeopatía, vía De Legos a Logos
    • Qué es la Homeopatía y sus principios básicos, vía DrGEN.com.ar
    • Aclaración: El sistema CH (Diluciones Centesimales Hahnemannianias) es el que se expone en este video en el cual se usan varios vasos. En el sistema CK (Diluciones Centesimales Korsakovianas) se utiliza el mismo vaso una y otra vez vaciándolo hasta que quede 1 sola gota de la substancia y luego agregando 99 gotas del diluyente.
    • Este sitio (sección “Remedios”) recomienda diluciones de hasta 100.000 C es decir 1 parte en 10^200.000, un 1 seguido de 200.000 ceros.
    • Meta-análisis sobre homeopatía en The Lancet: “Estas conclusiones son compatibles con la noción de que los efectos clínicos de la homeopatía se deben al efecto placebo”.
    • Sobre Luc Montagnier, en De Legos a Logos
    • La ‘sobredosis’ homeopática no es un experimento científico, en el CEA

Música que se escucha:

Ozzy Osbourne – Suicide Solution

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6Ene/115

Pienso, luego dudo – Capítulo 1

No sólo como científicos, sino también como ciudadanos, es nuestro deber crear una sociedad en la cual todos tengan un kit de detección de tonterías en la cabeza.
Ann Druyan (1949–)

Pienso, luego dudo es el podcast oficial del Círculo Escéptico Argentino. Es una dosis quincenal de escepticismo y ciencia en donde conversamos sobre nuevos descubrimientos y desarrollos científicos; nuevos inventos y fraudes pseudocientíficos; y cualquier cosa que encontremos interesante.

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