24Feb/147

Los libertarios y la desinformación climática: casos de ejemplo

Climate Change Reconsidered II, reporte del NIPCC para el año 2013.

En el primer artículo de esta serie presentamos el tema de cómo los think tanks conservadores/libertarios de Estados Unidos actúan como financiadores y propaladores de desinformación y mala ciencia sobre el calentamiento global. Vamos a examinar dos casos particulares: el de Patrick Michaels, del Cato Institute, y el del NIPCC, financiado por el Heartland Institute.

Patrick Michaels es director del Centro para Estudio de la Ciencia del Cato Institute, una de las organizaciones “promotoras del libre mercado” más conocidas a nivel mundial. Michaels es el encargado de vender al público, y sobre todo a los políticos, la idea de que el cambio climático es 1) natural, no antropogénico, y 2) no tan grave como para justificar que el malvado gobierno limite la cantidad de gases de invernadero que las industrias emiten a la atmósfera.

Michaels no niega los estudios científicos realizados, pero los relativiza, cuando no los distorsiona. Tiene una tendencia a borrar datos incómodos que viene desde tiempo atrás. Baste con un ejemplo notorio. En 1988 un climatólogo, James Hansen, presentó un estudio con tres escenarios de emisión de gases de invernadero: uno con crecimiento exponencial (A), otro con crecimiento lineal reducido (B), y otro que suponía un decrecimiento rápido (C). Cuando, diez años después, Michaels debió testificar ante el Congreso durante el debate por el Protocolo de Kyoto, presentó el estudio de Hansen borrando los escenarios más moderados (B y C), mostrando a Hansen como un alarmista que había estimado un incremento de la temperatura cuatro veces superior al que se había producido realmente cuando en realidad sus proyecciones fueron sorprendentemente certeras si se compara con el escenario de emisiones correcto. Estados Unidos finalmente se negó a ratificar el Protocolo de Kyoto gracias, en parte, al lobby de Michaels y otros como él.

En 2012 Michaels, a través del Cato Institute, publicó una refutación de un reporte de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) sobre el impacto del cambio climático en el que ignora hallazgos bien documentados sobre la evolución del clima en el siglo XX, argumenta falazmente que si el cambio climático no es antropogénico no hay razón para contrarrestarlo y, entre otras cosas, niega que los problemas de salud pública causados por las olas de calor sean tales porque podemos adaptarnos a ellas.

Las medidas de control del cambio climático afectarían especialmente a las empresas que contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Michaels reconoce que un 40% del dinero que recibe proviene de petroleras, cuyos ingresos dependen de que las empresas sigan consumiendo combustibles fósiles y emitiendo GEI. El conflicto de intereses es clarísimo.

Nuestro siguiente ejemplo es el NIPCC (Nongovernmental International Panel on Climate Change). El NIPCC es la contrapartida “no gubernamental” del IPCC, organización que aúna a miles de climatólogos y otros expertos y que representa el consenso científico sobre la realidad del cambio climático. El NIPCC reúne a “científicos y académicos” que no están afiliados a ningún gobierno y por lo tanto son objetivos e independientes de cualquier presión. Excepto que el NIPCC es financiado por el Heartland Institute, otra organización “independiente”, que produce materiales para consumo de lobbistas y legisladores, además de financiar conferencias negacionistas.

El Heartland Institute, que describe su misión como la de “descubrir, desarrollar y promover soluciones de libre mercado a problemas sociales y económicos”, es a su vez financiado por cuantiosas donaciones de la petrolera ExxonMobil (la mayor de las empresas que contribuyen a la causa negacionista, por lejos) y de fundaciones privadas sin fines de lucro, como la Seid Foundation, la Bradley Foundation y la Walton Family Foundation, todas ellas fundadas por individuos con tendencias libertarias y antiestatistas, y contribuyentes habituales de causas que van desde la eliminación de controles a las emisiones contaminantes de las fábricas hasta la abolición de las escuelas públicas.

Con los aportes de estos donantes, el HI le pagó 11.600 dólares al mes al presidente del NIPCC, Craig Idso, en 2012, y aportó 388.000 dólares al NIPCC para la producción de varias ediciones de sus “hallazgos” contra el calentamiento global. Los otros co-autores del reporte 2011 del NIPCC (Fred Singer y Robert Carter) fueron bien recompensados también.

De hecho, casi todos los nombres importantes del NIPCC perciben dinero del Heartland Institute o de otras organizaciones similares, que se ocupan de canalizar hacia legisladores y formadores de opinión las donaciones de empresas petroleras o mineras de carbón como Peabody Energy, o de grupos como la American Petroleum Association.

El lector dirá que ser financiado por una empresa contaminante o por una fundación de derecha no es relevante y que nos hemos movido fuera del terreno científico, y es cierto. Pero eso no quita relevancia al hecho innegable de que las publicaciones negacionistas sólo alcanzan a un público influyente porque son financiadas por estos actores. De lo contrario deberían buscar lugar en publicaciones respetables, donde no pasarían los filtros. El material producido por el NIPCC no es de gran calidad; es sesgado, selectivo y repite datos erróneos largamente refutados. Considera sólo trabajos de sus propios investigadores (a diferencia de las revisiones, mucho más amplias, del IPCC) y en ocasiones se contradice a sí mismo: una de sus tesis, por ejemplo, es que el Período Cálido Medieval fue más cálido que hoy debido a las emisiones naturales de gases de invernadero, mientras que otra, a la vez, mantiene que las emisiones de hoy no causan calentamiento porque el clima no es tan sensible a dichas emisiones.

El propósito de estos artículos no ha sido más que introducir al lector en la complicada maraña de los redes de desinformación y propaganda anti-calentamiento mantenidas por el dinero de la derecha estadounidense, en la forma que hoy se conoce como “libertaria”. Hemos dado un panorama de la evidencia existente sobre el calentamiento global y sobre su negación. Es imposible resumir una o la otra en pocas páginas; ambas están documentadas ampliamente, aunque no en castellano, y los temas tratados son de gran complejidad. Lo presentado aquí es apenas una muestra. Los animamos a leer nuestras fuentes para saber más.

12Feb/1415

Los libertarios y la desinformación sobre el calentamiento global

Los días tórridos de un verano caluroso en Argentina quizá no sean el mejor momento para recordarles a nuestros lectores locales que la temperatura media de nuestro planeta está incrementándose, pero no está de más hacerlo cuando tantas voces se empeñan en negar o minimizar ese incremento y sus consecuencias previstas.

En nuestro país el negacionismo del cambio climático es bastante poco conocido. Tenemos otros problemas medioambientales más urgentes y además nuestra contribución a dicho cambio es minúscula comparada con la de los países desarrollados. Es en estos países, y especialmente en Estados Unidos, donde el calentamiento global se ha transformado en un tema de debate político.

(Usamos la palabra “negacionismo” en un sentido amplio, no sólo para referirnos a la negación total de la existencia de un proceso de calentamiento global sino también la negación del rol de la especie humana en el mismo y/o de la gravedad de sus efectos. El consenso científico actual es que el calentamiento existe, que es causado en buena medida por la actividad humana y que tiene y tendrá consecuencias graves si no se modera.)

En Estados Unidos el negacionismo climático es una de las banderas de los conservadores, especialmente de los fundamentalistas religiosos, de los cuales se ha visto a algunos proclamar, por ejemplo, que no hay ninguna posibilidad de que un cambio en el clima dañe gravemente el ecosistema porque según la Biblia, “Mientras la tierra permanezca, la siembra y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche, nunca cesarán” (Génesis 8:22), y que sería “arrogante” que nosotros, pobres mortales, supusiéramos que podemos interferir con el control climático de Dios.

Hay otro actor principal del negacionismo climático que quizá sea aún más importante, ya que cuenta con mucho dinero y con adhesiones políticas/ideológicas más presentables en sociedad: los think tanks libertarios.

En esencia, no hay ningún vínculo directo entre la ideología libertaria y el negacionismo climático, pero la necesidad de involucramiento estatal en la coordinación de las medidas destinadas a combatir el calentamiento global (regulaciones, impuestos, etc.), choca con los ideales anti-intervencionistas de los libertarios. En la práctica, el discurso libertario ha sido cooptado por lobbistas de la industria que paradójicamente se ven más aliados con los sectores políticamente conservadores (y opuestos a las libertades individuales) que con los progresistas (o “liberales” como se los llama en Estados Unidos). Estos lobbistas no tienen ningún empacho en diseminar desinformación o distorsionar estudios con el objetivo de mostrar que existen grandes dudas sobre el calentamiento global en la comunidad científica.

Koch and front groupsLos propagandistas libertarios del negacionismo son bien conocidos; entre ellos sobresalen la Heritage Foundation, el Cato Institute, el Competitive Enterprise Institute y el Heartland Institute.

¿Cuánto apoyo encuentran las ideas negacionistas entre el público? Una encuesta de marzo de 2013 muestra que dos de cada tres estadounidenses creen que el planeta se está calentando; otra, de septiembre de 2012, encuentra que sólo 12% descree de este hecho. Un 54% cree que el calentamiento es antropogénico y unos cuantos más consideran que es una amenaza a su país; sin embargo, son una minoría los que creen que el asunto es una prioridad nacional.

Las organizaciones libertarias han dividido sus esfuerzos para atacar tanto la idea del origen humano del calentamiento (calentamiento global antropogénico o CGA para abreviar) y la de la gravedad del mismo (lo llamaremos cambio climático catastrófico o CCC). Aunque ambos temas están relacionados, pertenecen a distintos órdenes. Tanto si el calentamiento es antropogénico o no, podemos intentar contrarrestarlo; pero sólo nos interesará hacerlo si la alternativa es una catástrofe ambiental, ya que implica grandes costos. Uno de los objetivos de los think tanks libertarios es mostrar que el CGA es dudoso y que el proyectado CCC no es tal, lo cual le quitaría al gobierno argumentos para imponer regulaciones ambientales a las empresas. Esta situación es políticamente nueva, como explica Dana Nucitelli en Skeptical Science:

En los años 1980, los políticamente liberales [N. del T.: progresistas] tendían a favorecer la regulación gubernamental como solución a los problemas ambientales, mientras que los conservadores de las administraciones Reagan y Bush crearon el concepto de los sistemas de tope e intercambio para utilizar el libre mercado como solución.

Un sistema de tope e intercambio (cap and trade) establece límites a las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de las empresas, que son controlados por una autoridad nacional o internacional. Cuando una empresa llega a su tope, debe dejar de emitir o bien comprarle a otra empresa (que todavía tiene un resto) sus derechos de emisión.

Se debe reconocerles a los conservadores que los sistemas de tope e intercambio han funcionado notablemente bien (…). Ahora tope e intercambio es la solución a las emisiones de gases de invernadero preferida por los liberales en Estados Unidos, mientras que los conservadores que dieron nacimiento al concepto en general se oponen a él y eligen en cambio rechazar la ciencia del clima y negar que el problema existe.

Como los conservadores no han permitido al gobierno implementar un sistema de tope e intercambio (que deja cierta libertad a las empresas), sólo ha quedado recurrir a la regulación estatal forzada. Estas regulaciones son anatema para los libertarios. Su “solución” ha sido publicar datos distorsionados o falseados por distintos medios para quitar credibilidad a los informes oficiales sobre la gravedad del calentamiento global, y así presionar para desmantelar toda regulación.

En nuestro siguiente artículo resumiremos las principales evidencias en apoyo a la existencia del calentamiento global antropogénico que son objeto de ofuscación o negación por parte, especialmente, de los grupos de la derecha política. En la tercera y última parte, mencionaremos a algunos de los actores principales de esta farsa y las tácticas que emplean.

9Mar/1329

Hugo Chávez, ¿inoculado de cáncer?

Nicolás Maduro

En una muestra más de por qué es importante la lucha contra las pseudociencias, el vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, pronunció un discurso en el que retomó la sospecha del recientemente difunto Hugo Chávez de que, con la tecnología suficiente, puede enfermarse a una persona específica con cáncer. Yendo más allá de aquellas declaraciones de Chávez —y de lo recomendable— Maduro lanzó la denuncia de que el cáncer que terminó costando la vida al presidente pudo haber sido inoculado.

Si toleramos en silencio que los diarios, revistas y programas de TV anuncien y publiciten terapias milagrosas, medicinas alternativas y curas sanadores, entonces no nos podremos sorprender de que un político diga semejante barrabasada, dando una clara muestra de que no sabe lo que es el cáncer, cómo se origina o lo que significa inocular.

El cáncer no es una sola enfermedad, sino un un conjunto de enfermedades cuyo factor común más saliente es la aparición de células malignas de crecimiento anormal, que puede afectar a los distintos órganos o tejidos del cuerpo, pudiendo formarse o no tumores. Pueden contraer cáncer personas de ambos sexos y de cualquier edad (aunque la incidencia es mayor en adultos). Casi todos los tipos de cáncer tienen tratamiento y muchos tienen cura.

El cáncer no es algo nuevo ni un producto de la modernidad, ya que se encontraron registros de cáncer en momias egipcias y peruanas de más de 5000 años de antigüedad y el papiro de Edwin Smith también describe varios casos. Hipócrates, hace más de 2000 años, fue el primero en usar la palabra carcinoma para describir a los tumores.

El cáncer suele comenzar en una sola célula, que en un momento dado se torna tumoral. Esto es causado por la interacción entre factores genéticos del paciente (oncogenes) y agentes carcinógenos externos, que pueden ser:

  • Físicos: como las radiaciones ultravioleta e ionizantes;
  • Químicos: como los asbestos (prohibidos pero todavía presentes en materiales de construcción), algunos componentes del humo de tabaco, las aflatoxinas (contaminantes de los alimentos) o el arsénico (contaminante del agua);
  • Biológicos: como las infecciones causadas por determinados virus, bacterias o parásitos.

Son muchas las formas en que una persona puede contraer cáncer, sin necesidad de que venga la CIA a inoculárselo. Y de todas formas, ¿es esto posible?

Inocular es transmitir una enfermedad a una persona sana usando tejido externo enfermo. Por ejemplo, cuando nos vacunamos, nos estamos inoculando con una cepa debilitada de una enfermedad para obligar a nuestro organismo a generar anticuerpos y así quedar inmunizados. Esto es muy improbable para el cáncer: nuestro sistema inmune reconocería de inmediato los agentes extraños y los atacaría. (Esto sólo dejaría de ocurrir si la persona estuviera inmunodeprimida. Por eso, en pacientes sometidos a trasplantes hay que tener cuidado que el dador no tenga cáncer, ya que al estar el receptor inmunodeprimido, se han documentado casos de inóculos de cáncer. Chávez no estaba, que sepamos, recibiendo ningún trasplante antes de enfermarse.)

¿Cuál es la diferencia entre Maduro diciendo que a Chávez lo mató la CIA usando cáncer inoculable y los charlatanes de siempre asegurándonos que podemos librarnos de un tumor comiendo guanábana o tomando bicarbonato? Sólo la significación política, que incluye el uso político que se le pueda dar a esta mentira. Un charlatán común no suele tener una audiencia de millones ni una investidura comparable a la de un vicepresidente.

No existe el más mínimo indicio de que el cáncer de Chávez haya sido causado por algo distinto a alguno de los factores habituales. El gobierno venezolano ocultó celosamente la información sobre la enfermedad, alimentando las especulaciones, pero nada hay de raro en que una persona contraiga cáncer, como tampoco es extraño que se produzca una recaída, ni que esa recaída termine siendo fatal si el paciente, en vez de descansar, se dedica nada menos que a llevar adelante una campaña presidencial.

Sabemos que el gobierno de Estados Unidos ha intentado muchas veces asesinar a líderes extranjeros. Jamás hemos sabido que lo hiciera “inoculando” un cáncer o que esté involucrado en la muerte de Chávez. Ante afirmaciones como las de Maduro deberíamos oponer un mínimo de escepticismo, para no caer en especulaciones montadas sobre la nada.