14Ago/172

Somos menos capaces de lo que creemos

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Publicado por:drewjn.

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Muchas personas creen que sus sentidos son infalibles y esto los encamina a conclusiones de lo más inverosímiles, como puede ser la creencia en platillos voladores –¡yo los vi, estoy seguro!-, la idea de que los astros ejercen influencia en nuestros comportamientos o la calidad indudablemente superadora de un producto caro. Las personas estamos dominadas por heurísticas y por reglas generales que suelen funcionar en la mayoría de los casos pero que pueden fallar. Aunque sea más fácil ver los fallos de los otros que los nuestros, es elemental darse cuenta que también tenemos todo tipos de errores que pueden pasar desapercibidos en el día a día.

En los siguientes párrafos se mostrarán algunas pruebas de las fallas de razonamiento, sesgos y falta de rigurosidad en nuestros sentidos para descartar de una vez por toda nuestra creencia infundada de que podemos evaluar objetivamente todo.

En esta ilusión todas las franjas son totalmente rectas, aunque por la variación de los patrones que tienen dentro parezca que están inclinadas, engañar al cerebro puede ser muy sencillo a veces

Lo barato no siempre sale caro

Una heurística muy común es la de asociar el precio de un producto con su calidad. Si algo es caro -razonamos- debe ser porque es bueno. En un estudio realizado en parte para corroborar el efecto de los precios sobre los consumidores, se seleccionó un grupo de estudiantes para que resolviera unos puzles después de beber una bebida energizante; a un grupo, la bebida les costó $1.89 mientras que al otro se les cobró $0.89 bajo la premisa de que habían sido compradas al por mayor. A pesar de que ambas bebidas eran iguales aquellos que pagaron menos por la bebida energizante en promedio resolvieron menos puzles.

La explicación de esto es el efecto placebo que induce el precio más alto, la gente piensa que algo más caro funciona mejor y está predispuesta a actuar consecuentemente. Esto es coherente con la evidencia de que las personas tienden a juzgar los productos de bajo precio como si fueran productos de baja calidad.

En otro estudio similar se suministraba supuestos analgésicos (que no eran más que placebo) a personas que recibían descargas eléctricas, pero a un grupo se les dijo que los analgésicos costaban $2.50 por píldora, mientras que al otro grupo se les dijo que tenían un descuento y que costaban $0.10 por píldora. A esos dos grupos se los expuso a unos shocks eléctricos y se les pidió que indicaran que tan doloroso eran los shocks. Lo que sucedió fue que el grupo al que se les dijo que la píldora costaba $0.10 reportó más dolor tras los shocks eléctricos, siendo que las dos píldoras eran iguales y que no tenían ningún componente activo, eran simplemente placebo.

El efecto placebo (eje vertical) es mayor con las pastillas más caras (puntos negros).

El precio nos deja ciegos pero cuando no estamos expuestos a él podemos evaluar de forma más ‘sincera’ por así decirlo, esta podría ser la razón por la cual no hay correlación entre el precio de vino y mejor sabor entre consumidores no expertos.

Ahora veremos qué sucede entre expertos.

Sobre gustos no hay nada escrito se dice, y muchas veces lo que a uno le gusta a otro no le puede gustar. ¿Acaso los conocidos sommeliers que con gran imaginación utilizan todo tipo de adjetivos para describir el sabor, el aroma y la textura del vino, evalúan correctamente y de forma objetiva los vinos? Parece ser que los ‘expertos’ tienden a sesgarse a base de detalles superficiales. Eso nos muestra un estudio en el cual un mismo vino fue presentado en dos colores diferentes y estudiantes de enología -carrera en la cual se estudia la producción, técnicas y tratamientos del vino- los describieron como si fueran totalmente diferentes (por ejemplo utilizando palabras como cerezas o grosellas para describir el vino blanco pintado de rojo).

En otro estudio que se hizo para saber por qué algunos vinos ganan medallas de oro en ciertas competencias y medallas de bronce en otras. Los hallazgos fueron que sólo aproximadamente el 10% de los jueces podían replicar las puntuaciones dadas anteriormente, y la diferencia típica entre puntajes era de de Bronce+ a Oro- . En el extremo, un 10% de los jueces calificó a un mismo vino con una diferencia tan grande como de bronce a oro. Dado que entendidos en el tema no pueden diferenciar un vino rojo de uno blanco sin ayuda del color estas conclusiones no deben parecer muy controversiales.

¿Oído absoluto o sesgo absoluto?

Los que estén en ámbitos musicales seguramente alguna vez escucharon o dijeron cosas como que los instrumentos viejos eran mejores que los nuevos por todo tipo de razones. Por ejemplo que una guitarra hecha en los 60’ es superior a una hecha hoy en día. Este tipo de fenómeno se investigó en un estudio de 2012, en el cual se invitó a 21 violinistas con mucha experiencia a probar y evaluar a ciegas 6 violines nuevos de alta calidad y 6 violines históricos de Stradivari y de Guarneri ''Del Gesu'' (que tienen la fama de ser superiores a los violines modernos). El resultado fue que prefirieron los nuevos ante los viejos, que hay una escasa relación entre la edad del instrumento y su valor monetario con la calidad percibida y, además, que la mayoría de los violinistas no pudieron decir si el violín que prefirieron era nuevo o viejo.

Obviamente este resultado no se puede extrapolar a todos los instrumentos del mundo, pero al menos es un indicio para desconfiar en aquella heurística de ‘lo viejo es mejor’. Un sitio web en el cual se tratan estos temas es el de Matrix Hi-fi en el cual se hacen tests para comprar tanto equipos de música como lectores de CD para ver si las personas pueden distinguirlos. Si bien no son papers publicados en journals con revisión por pares, son pruebas ciegas y una buena aproximación al problema; más que nada teniendo en cuenta que no hay prácticamente estudios comparando instrumentos o equipos de música.

Dada todas las pruebas que hay para concluir que los detalles superficiales, los pensamientos intuitivos, las heurísticas y los sesgos nos dominan, lo mejor que podemos hacer es conocer estos hechos y por lo tanto conocer nuestros límites tanto para tomar decisiones importantes como para identificar snobs del vino y la música.

4Nov/143

Este post va a hacer que te rasques

piojoIlustración:  Matt Suarez Holze

Muchos de mis compañeros de trabajo creen en la homeopatía y tienen ideas muy elaboradas de cuánto hay que tomar de qué tintura y con cuánta dinamización. El otro día dos de ellos estaban charlando y la mujer (que llamaremos Graciela) dijo algo que me llamó la atención.

Ella comentó que siempre antes de tomar un remedio homeopático pone una cucharadita del remedio en un vaso de agua, “la dinamiza un poco”, agarra una cucharadita de esa dilución y repite el proceso un par de veces antes de tomarlo. Pero luego dijo, asombrada, que la hija de un conocido se pone gotitas del remedio directamente en la boca. Algo que, dice ella, “la haría pelota”. “Es increíble cómo cambia según el cuerpo de cada uno”, terminó.

Lo que es increíble es escuchar una discusión sobre la diferencia entre tomar agua directamente o tomar agua previamente diluía en agua. (Dejemos de lado que según los principios de la homeopatía la dilución extra debería potenciar el preparado haciendo que pegue aún más duro).

Pero más interesante es que yo le creo. Estoy seguro que si ella tomara el remedio homeopático sin diluir le ‘pegaría duro’, por decirlo de alguna forma. Pero no tiene nada que ver con el cuerpo de cada uno o, mejor dicho, sólo tiene que ver con una parte específica del cuerpo: la cabeza.

Así como las personas se pueden emborrachar tomando agua tónica siempre que crean que tiene vodka, no tengo la menor duda de que si Graciela tomara 10 gotitas de agua bajo la lengua creyendo que es un remedio homeopático “puro” sufriría efectos adversos.

Esto es lo que se llama “efecto nocebo”, que vendría a ser el lado oscuro del efecto placebo. Si el efecto placebo es la pluma que le daba confianza a Dumbo para poder volar, el efecto nocebo es el pelotudo que dice que las mujeres son malas en matemática, afectando su rendimiento en esta materia (y sí, tiene espada láser color roja y la cara desfigurada).

NOCEBO

El efecto nocebo está ampliamente documentado aunque, por desgracia, no tan estudiado como su contraparte del lado luminoso de la fuerza.

Por ejemplo, en ensayos clínicos los sujetos muestran más probabilidad de sufrir efectos secundarios de una medicación si el médico hace mucho hincapié en ellos. Los efectos secundarios afectan incluso a los sujetos en el grupo control que sólo reciben una píldora inocua.; hasta un 10% de los individuos en el grupo control deciden dejar el tratamiento a causa de efectos secundarios. En un ensayo un 80% del grupo control reportó sufrir insomnio, a pesar de no estar recibiendo el tratamiento.

Estúpidos sujetos experimentales, ¿no? No; esto nos pasa a todos y es menos esotérico de lo que parece. Me arriesgo a pensar que cualquiera sentiría náuseas y vómito si le dicen que un delicioso jugo de manzana que acaba de tomar era en realidad pis de elefante aún si fuera mentira (salvo a quién le guste el pis de elefante; en ese caso, las náuseas serán si se le dice que la deliciosa orina en realidad era jugo de manzana).

O sino, ¿te diste cuenta que cuando alguien habla sobre piojos, te empieza a picar la cabeza? ¿Y te diste cuenta que ahora mismo te estás rascando la cabeza?

Otro caso en el que el efecto nocebo aplica y tiene un fuerte efecto negativo sobre las personas es en el caso de la Sensitividad Química Múltiple. Las personas que sufren SQM sienten que son alérgicas a una multitud de químicos aún en muy bajas concentraciones. En algunos casos severos, las personas se desmayan con solo estar cerca una lata (hermética) que contenga un químico al que supuestamente son sensibles. Sin embargo, varios estudios encuentran que la exposición a los químicos no produce reacción alguna mientras la persona no sepa de qué químico se trate.

De la misma forma, tampoco los que sufren de Hipersensibiliad electromagnética. Personas que tienen síntomas que afectan negativamente su vida cuando creen estar expuestos a campos electromagnéticos aún muy por debajo de los límites permitidos. Sin embargo, este también es un caso de efecto nocebo ya que los estudios realizados hasta la fecha encuentran que los pacientes sólo presentan síntomas cuando creen que hay un campo electromagnético y no puede detectar la existencia de uno si no lo saben de antemano.

Pero que el origen de estas (y muchas otras) patologías esté entre las ojeras de quienes la padecen no desmerecen su sufrimiento y la necesidad de tratarlos para reducir su efecto negativo en su vida diaria. Después de todo, aunque uno no esté infestado de piojos, eso no quiere decir que quiera ir por la vida con picazón en la cabeza… ¡Dejá de rascarte!


Assefi, S., & Garry, M. (2003). Absolut(R) Memory Distortions: Alcohol Placebos Influence the Misinformation Effect Psychological Science, 14 (1), 77-80 DOI: 10.1111/1467-9280.01422

Schmader, T. (2002). Gender Identification Moderates Stereotype Threat Effects on Women's Math Performance Journal of Experimental Social Psychology, 38 (2), 194-201 DOI: 10.1006/jesp.2001.1500

Winfried Häuser, Ernil Hansen, Paul Enck (2012). Nocebo Phenomena in Medicine Dtsch Arztebl Int : 10.3238/arztebl.2012.0459

DASMUNSHI, J., RUBIN, G., & WESSELY, S. (2006). Multiple chemical sensitivities: A systematic review of provocation studies Journal of Allergy and Clinical Immunology, 118 (6), 1257-1264 DOI: 10.1016/j.jaci.2006.07.046

Röösli, M. (2008). Radiofrequency electromagnetic field exposure and non-specific symptoms of ill health: A systematic review Environmental Research, 107 (2), 277-287 DOI: 10.1016/j.envres.2008.02.003

29Oct/145

En casa de psicólogo, cuchillo de palo

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Publicado por:Elio Campitelli.

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La historia de la medicina es la historia del placebo. Durante miles de años los galenos de las distintas culturas no usaban los resultados debidamente analizados de experimentos científicos bien diseñados para sus recomendaciones médicas sino que se basaban en los argumentos de autoridad y las analogías con la naturaleza pero, principalmente, sus observaciones clínicas informales.

Los médicos de antaño no dudaban ni por un minuto que los enemas de humo eran un excelente tratamiento para los casos de ahogamiento; o que lo mejor para <inserte cualquier enfermedad> era una profusa sangría (y no de la que te pone en pedo). Todos estas recomendaciones médicas estaban fundadas en el antiguo arte de la observación clínica. En el diario de Gui Patin, por ejemplo, se puede leer, sobre el caso de un noble de siete años “quien cayó enfermo de una grave pleuresía por haberse sobrecalentado en el juego de pelota” que “lo sangraron trece veces, y sanó en quince días”. Ese era el fundamento de la ciencia médica de estos tiempos.

Pero tanto los desastrosos resultados y el lento avance de la medicina antes de la aplicación del método científico como los resultados de la ciencia psicológica nos demuestran que la observación de casos clínicos sólo puede servir como semillas para nuevas hipótesis, nunca como prueba. Nuestras habilidades para llegar a conclusiones correctas a partir de lo que vemos deja mucho que desear.

Uno pensaría que los psicólogos, tan al tanto de la fiabilidad de nuestras inferencias, deberían entonces ser los primeros en pedir a gritos la revolución experimental en su práctica clínica. Por desgracia, este no es el caso. Si un reciente artículo publicado en Perspectives on Psychological Science es indicativo de lo que sucede, todavía hay muchos psicólogos que se quedaron en la era de Freud y creen que pueden determinar su su tratamiento funciona con sólo ver a los pacientes.

Pero los autores detallan una taxonomía de 26 distintos sesgos y problemas metodológicos divididos en tres categorías que plagan a la observación clínica.

Mejoría ilusoria

Para empezar, somos malísimos observadores. Tenemos un “realismo ingenuo” que nos hace creer que todo es como lo vemos y nos urge a ignorar que nuestra percepción y nuestra selección de lo que percibimos está fuertemente marcada por nuestras nociones previas. Nos sentimos perfectamente justificados en opinar que “las pibas se embarazan para cobrar la Asignación Universal por Hijo” por ver lo que pasa en las villas a pesar de que no hay evidencia que indique eso.

Este tipo de error entra en la primera categoría de sesgos: creer que el paciente mejoró cuando en realidad sigue igual o empeoró. Quizás el paciente salga del diván menos estresado por meterle los cuernos a la esposa, sí, pero luego de la terapia igual se va de trampas con los amigos. En cualquier caso, una supuesta mejora en el ánimo observada por el terapeuta no siempre está relacionada con una mejora en las condiciones objetivas del paciente como bien nos ilustra el siguiente testimonio:


(A partir del minuto 4:25)

Mejorías genuinas que nada tienen que ver con la terapia.

Aún estando en lo correcto sobre lo que creemos ver, en la vida diaria somos malísimos como científicos. Por ejemplo, en vez de considerar múltiples hipótesis que expliquen algo que vemos, rápidamente elegimos cuál es nuestra teoría y el resto del mundo puede irse al tacho. Entonces surgen expresiones como “El problema de Argentina son los corruptos” o “El problema de Argentina es la duplicación de registros” (escuchado por mis propios oídos) en vez de “Quizás el problema del país sean los corruptos, quizás la duplicación de registros o quizás alguna otra alternativa; habría que investigarlo a fondo para llegar a una conclusión”.

La razón por la cual esa persona (que, repito, es real) creía que estaríamos viviendo en un nuevo jardín del Edén si tan sólo dejáramos de duplicar los registros también tiene explicación psicológica. El hombre trabaja como consultor para empresas diseñando y pensando qué registros llevar y cómo hacerlo. Esto se llama “heurística de disponibilidad” y es lo que nos empuja a creer que lo que vemos todos los días es lo más relevante para explicar cualquier situación.

Por otro lado, si las cosas nos tocan de cerca, es aún peor. Queremos creer que controlamos la situación y, pese a toda la evidencia al contrario, preferimos pensar que tenemos un mínimo de injerencia en lo sucede a nuestro al rededor. No hace falta pensarlo mucho para reconocer que elegir el número en la lotería es ridículo ya que (siempre que no haya fraude en el medio) el número que sale es completamente aleatorio. Sin embargo, no sólo sujetos experimentales prefieren elegir ellos mismos el número para apostar, sino que incluso en un grupo repleto de escépticos, más de la la mitad prefirieron eso a dejarlo al azar.

Todo esto es muy relevante para el terapeuta que quiere determinar si su terapia da resultado. Aún cuando la depresión de su paciente se mejore porque al fin consiguió trabajo, el psicólogo va a tender a creer que su tratamiento fue la causa de la mejoría. Es la explicación que tiene más a mano y la que le da más sensación de control. Cualquier otra explicación que no le de la razón será sometida a la más ardua crítica y racionalización.

Mejorías genuinas relacionadas con cualquier terapia.

Finalmente, aún cuando un paciente tenga una mejora genuina y ésta esté relacionada con lo que pasa en la terapia, no significa que sea trivial determinar qué parte de la terapia fue la responsable de la mejoría. El sólo hecho de tener a alguien con quien hablar puede ser terapéutico para una persona, sin importar si el terapeuta aplica las técnicas más rigurosamente probadas o es el más chanta de los lacanianos.

Todo esto importa porque su suma hace que cualquier opinión sobre la efectividad de un tratamiento en base únicamente a la observación clínica sea más sospechoso que billete de tres pesos. La práctica clínica simplemente no cumple las buenas condiciones para hacer este tipo de juicios. Pero eso no es malo, el diván está para aplicar las terapias, no para evaluarlas.

Sin embargo, existen muchos psicólogos que se oponen a esta idea. A pesar de que estos problemas ya se conocían en tiempos de Freud y se usaban para desacreditar sus teorías basadas fundamentalmente en las observaciones de sus pacientes, todavía quedan muchos psicólogos que siguen creyendo estar por encima de todos los sesgos mencionados. Pero esto no es más que otro sesgo más y seguramente producto de un Complejo de Edipo mal resuelto.


Lilienfeld, S., Ritschel, L., Lynn, S., Cautin, R., & Latzman, R. (2014). Why Ineffective Psychotherapies Appear to Work: A Taxonomy of Causes of Spurious Therapeutic Effectiveness Perspectives on Psychological Science, 9 (4), 355-387 DOI: 10.1177/1745691614535216

3Jun/134

¿Por qué el “a mí me funciona” no es suficiente?

La gente con frecuencia ofrece testimonios de cómo alguna medicina alternativa “realmente a mí me funcionó”. Las personas que afirman esto no consiguen entender que no tienen ninguna base para afirmar que “funcionó”. Lo único que realmente pueden afirmar es que observaron una mejora después del tratamiento. ¿No podría ser una falsa suposición de que la correlación temporal significa causalidad?

Tales observaciones son tan solo un punto de partida: necesitamos hacer ciencia para averiguar lo que significan esas observaciones y descubrir qué funcionó y qué no; de esta manera comprenderemos mejor la naturaleza y a nosotros mismos. La ciencia es el único modo de corregir nuestros errores de percepción y de atribución.

“La ciencia es una forma de tratar de no engañarnos a nosotros mismos. El primer principio es que uno no debe engañarse y que la persona más fácil de engañar es uno mismo.” (Richard Feynmann)

Recibo muchos comentarios del tipo de “A mi tía/hermano/primo/madre/perro le funcionó, lo vi con mis propios ojos.” Pero eso no cumple ni siquiera con el mínimo de evidencia, ¿o acaso alguien espera que le crea simplemente porque él lo dice? ¿Me creerían si les digo que vi un unicornio rosado que defeca arco iris? Creo que no.

Podemos decir que ver algo con tus propios ojos no prueba que es verdad y no excluye la necesidad de comprobación científica, ya que somos máquinas fallidas para percibir la realidad. Sí: no somos perfectos y nos equivocamos.

Con esto quiero decir que no podemos hacer la suposición de que algo funciona y confiar en alguien que aparenta saber o ser importante, porque nos podemos equivocar. Es más, ¡nos hemos equivocado gran parte de la historia! Tratamientos basados en sanguijuelas, tomar tu propia orina, rezar, tratamiento con mercurio y plomo ¡y un larguísimo etcétera de equivocaciones!

Un ejemplo de esto son las sangrías. Durante muchos años los médicos utilizaron sanguijuelas y bisturís para liberar a los pacientes de su sangre “contaminada con toxinas”. Ellos “sabían” que la sangría funcionaba. Todo el mundo lo decía. Cuando tenías fiebre y el doctor te practicaba una sangría, mejorabas. Todo el mundo conocía a algún amigo o familiar que había estado a las puertas de la muerte hasta que la sangría le curó. Los médicos contaban los éxitos por miles. La gente atribuía grandes cosas a estas terapias, cuando en realidad los pacientes se habían curado a pesar de ella y no gracias a ella. Hoy sabemos que la sangría hace más mal que bien.

Otro ejemplo mas reciente, es que los médicos solían realizar una operación para enfermedades cardiovasculares en la que abrían el pecho y anudaban arterias de la caja torácica para desviar más flujo sanguíneo hacia el corazón. Supuestamente tenían una impresionante tasa de éxito del 90%. Un doctor muy listo llamado Leonard Cobb quería asegurarse de que fuera cierto, por lo que realizó un experimento en el que únicamente hizo la incisión en el pecho y lo volvió a cerrar sin haber hecho realmente nada. Sorprendentemente descubrió que ¡la misma cantidad de pacientes mejoraba tras la falsa cirugía! Los médicos dejaron de realizar dicha operación. Así es: nos equivocamos y no somos buenos analizando la realidad.

Pero,  ¿cómo puede tanta gente estar tan equivocada? ¿Cómo podían creer que algo había ayudado cuando realmente había causado más daño que bien? Hay toda una serie de razones por las que la gente puede acabar creyendo que un tratamiento inefectivo funciona.

  1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural. Muchas enfermedades se autolimitan; el proceso de curación natural del cuerpo devuelve la salud a la gente después de un tiempo. Un resfriado normalmente desaparece en una semana. Para averiguar si un remedio para el resfriado funciona, hay que llevar un registro de éxitos y fracasos en un número de pacientes suficientemente grande como para averiguar si realmente se recuperan más rápido con el remedio que sin él.
  2. Muchas enfermedades son cíclicas. Los síntomas de cualquier enfermedad fluctúan a lo largo del tiempo. La gente con artritis tiene días malos y días buenos. El dolor empeora por un tiempo y luego mejora por cierto otro tiempo. Si utilizas homeopatía cuando el dolor está fuerte, probablemente estaba a punto de mejorar de todos modos, así que la homeopatía se lleva un crédito que no merece. Esto es lo que se conoce como regresión a la media.
  3. Todos somos sugestionables. Si nos dicen que algo va a dolernos, es más probable que duela. Si nos dicen que algo nos hará sentir mejor, probablemente lo hará. Todos conocemos esto: por eso besamos los raspones y apapachamos a nuestros hijos. Cualquier cosa que nos distraiga de pensar en nuestros síntomas es probable que ayude. En los estudios científicos que comparan un tratamiento real con pastillas placebo, una media del 35% de la gente dice que se siente mejor después de tomarlas. El verdadero tratamiento debe hacerlo mejor si queremos creer que es realmente efectivo.
  4. Puede haber recibido dos tratamientos y el tratamiento equivocado se llevó el crédito. Si tu médico te da una pastilla y además te tomas un remedio casero, puedes darle el crédito al remedio casero. O quizás ha habido otro cambio en tu vida al mismo tiempo que ha ayudado en el tratamiento de la enfermedad y éste es la verdadera razón por la que has mejorado.
  5. El diagnóstico o el pronóstico original pueden haber sido incorrectos. Mucha gente ha sido supuestamente curada de cáncer cuando en realidad jamás tuvo un cáncer. Los médicos que le dicen a un paciente que sólo tiene 6 meses de vida están sólo estimando y pueden estimar mal. Lo mejor que pueden hacer es decir que el paciente medio con esa enfermedad vive 6 meses – pero la media significa que la mitad de la gente vive más tiempo.
  6. Una mejora de ánimo temporal puede confundirse con una cura. Si un practicante te hace sentir optimista y esperanzado, puedes creer que te sientes mejor cuando la enfermedad realmente no ha cambiado.
  7. Las necesidades psicológicas pueden afectar nuestro comportamiento y percepciones. Cuando alguien quiere creer algo con suficiente ahínco, puede convencerse a sí mismo de que ha sido ayudado. Se sabe de gente que ha negado los hechos – negarse a ver que un tumor sigue aumentando. Si han invertido tiempo y dinero, no quieren admitir que fue desperdiciado. Vemos lo que queremos ver; recordamos las cosas del modo en que queremos que hubieran pasado. Cuando un médico está intentando sinceramente ayudar a un paciente, el paciente siente una especie de obligación social de satisfacer al médico mejorando.
  8. Confundimos correlación con causalidad. Simplemente porque un efecto sigue a una acción, eso no significa necesariamente que la acción causase el efecto. Cuando el gallo canta y a continuación sale el sol, nos damos cuenta de que no es el cacareo lo que ha hecho que el sol aparezca. Pero cuando tomamos una pastilla y entonces nos sentimos mejor, suponemos que fue la pastilla lo que nos hizo sentir mejor. No nos paramos a pensar que podemos habernos sentido mejor por alguna otra razón.

Así que hay un montón de maneras de equivocarnos. Afortunadamente, hay una manera en que podemos finalmente acertar: mediante las pruebas científicas. No hay nada misterioso o complicado sobre la ciencia, es simplemente un juego de herramientas de sentido común para comprobar cosas. (El resultado de usar esas herramientas puede desafiar el sentido común, pero ése es otro asunto.) Si crees que has perdido peso y te subes a una báscula para comprobarlo, eso es ciencia. Si crees que se te ha ocurrido una mejor manera de plantar zanahorias y compruebas tu idea plantando dos filas lado a lado, una con el método viejo y otra con el nuevo, y miras qué fila produce mejores zanahorias, eso es ciencia.
Para comprobar medicinas, podemos organizar un gran número de pacientes en dos grupos iguales y darle a un grupo el tratamiento que queremos comprobar y al otro un placebo, como una pastilla de azúcar. Si el grupo que recibió el tratamiento activo va significativamente mejor, entonces el tratamiento probablemente funciona realmente. Es sencillo... Este método se puede aplicar tanto al estudio de los fármacos convencionales como con disciplinas que se basen en entidades invisibles e indetectables.

Por cierto, ¿donde están los casos negativos de las medicinas alternativas? ¿Alguna vez leíste sobre los casos que no funcionaron, los pacientes que murieron y los fraudes?

11Ene/116

Pienso, luego dudo – Capítulo 2

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Publicado por:Elio Campitelli.

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La mayor causa de los problemas del mundo de hoy es que los estúpidos estén tan seguros de las cosas, y los inteligentes tan llenos de dudas.
Bertrand Russell (1872–1970)

Pienso, luego dudo es el podcast oficial del Círculo Escéptico Argentino. Es una dosis quincenal de escepticismo y ciencia en donde conversamos sobre nuevos descubrimientos y desarrollos científicos; nuevos inventos y fraudes pseudocientíficos; y cualquier cosa que encontremos interesante.

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Algunas cosas de las que hablamos:

Música que se escucha:

Hellkistador – La Danse du Diable

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Pienso, luego dudo – Capítulo 2 (link de descarga)
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18Dic/106

Pienso, luego dudo – Capítulo 0

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Publicado por:Elio Campitelli.

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La verdad surge de la discusión entre amigos.
David Hume (1711 – 1776)

Pienso, luego dudo,  es el podcast oficial del Círculo Escéptico Argentino. Es una dosis quincenal (por ahora) de escepticismo y ciencia en donde conversamos sobre nuevos descubrimientos y desarrollos científicos; nuevos inventos y fraudes pseudocientificos; y cualquier cosa que encontremos interesante. Si nuestros oyentes encuentran alguna noticia o un tema que les interese para discutir en el programa, pueden pasar por el foro o usar el formulario de contacto.

Este es el capítulo 0. A diferencia de otros capítulos en el futuro, éste no quedó muy estructurado. Los participantes son Pablo Flores, Bruno Bianchi, Lisandro Carnielli y Daneel Olivaw.

Algunas cosas de las que hablamos:

La música que se ecucha:

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