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Los libertarios y la desinformación climática: casos de ejemplo

Climate Change Reconsidered II, reporte del NIPCC para el año 2013.

En el primer artículo de esta serie presentamos el tema de cómo los think tanks conservadores/libertarios de Estados Unidos actúan como financiadores y propaladores de desinformación y mala ciencia sobre el calentamiento global. Vamos a examinar dos casos particulares: el de Patrick Michaels, del Cato Institute, y el del NIPCC, financiado por el Heartland Institute.

Patrick Michaels es director del Centro para Estudio de la Ciencia del Cato Institute, una de las organizaciones “promotoras del libre mercado” más conocidas a nivel mundial. Michaels es el encargado de vender al público, y sobre todo a los políticos, la idea de que el cambio climático es 1) natural, no antropogénico, y 2) no tan grave como para justificar que el malvado gobierno limite la cantidad de gases de invernadero que las industrias emiten a la atmósfera.

Michaels no niega los estudios científicos realizados, pero los relativiza, cuando no los distorsiona. Tiene una tendencia a borrar datos incómodos que viene desde tiempo atrás. Baste con un ejemplo notorio. En 1988 un climatólogo, James Hansen, presentó un estudio con tres escenarios de emisión de gases de invernadero: uno con crecimiento exponencial (A), otro con crecimiento lineal reducido (B), y otro que suponía un decrecimiento rápido (C). Cuando, diez años después, Michaels debió testificar ante el Congreso durante el debate por el Protocolo de Kyoto, presentó el estudio de Hansen borrando los escenarios más moderados (B y C), mostrando a Hansen como un alarmista que había estimado un incremento de la temperatura cuatro veces superior al que se había producido realmente cuando en realidad sus proyecciones fueron sorprendentemente certeras si se compara con el escenario de emisiones correcto. Estados Unidos finalmente se negó a ratificar el Protocolo de Kyoto gracias, en parte, al lobby de Michaels y otros como él.

En 2012 Michaels, a través del Cato Institute, publicó una refutación de un reporte de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) sobre el impacto del cambio climático en el que ignora hallazgos bien documentados sobre la evolución del clima en el siglo XX, argumenta falazmente que si el cambio climático no es antropogénico no hay razón para contrarrestarlo y, entre otras cosas, niega que los problemas de salud pública causados por las olas de calor sean tales porque podemos adaptarnos a ellas.

Las medidas de control del cambio climático afectarían especialmente a las empresas que contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Michaels reconoce que un 40% del dinero que recibe proviene de petroleras, cuyos ingresos dependen de que las empresas sigan consumiendo combustibles fósiles y emitiendo GEI. El conflicto de intereses es clarísimo.

Nuestro siguiente ejemplo es el NIPCC (Nongovernmental International Panel on Climate Change). El NIPCC es la contrapartida “no gubernamental” del IPCC, organización que aúna a miles de climatólogos y otros expertos y que representa el consenso científico sobre la realidad del cambio climático. El NIPCC reúne a “científicos y académicos” que no están afiliados a ningún gobierno y por lo tanto son objetivos e independientes de cualquier presión. Excepto que el NIPCC es financiado por el Heartland Institute, otra organización “independiente”, que produce materiales para consumo de lobbistas y legisladores, además de financiar conferencias negacionistas.

El Heartland Institute, que describe su misión como la de “descubrir, desarrollar y promover soluciones de libre mercado a problemas sociales y económicos”, es a su vez financiado por cuantiosas donaciones de la petrolera ExxonMobil (la mayor de las empresas que contribuyen a la causa negacionista, por lejos) y de fundaciones privadas sin fines de lucro, como la Seid Foundation, la Bradley Foundation y la Walton Family Foundation, todas ellas fundadas por individuos con tendencias libertarias y antiestatistas, y contribuyentes habituales de causas que van desde la eliminación de controles a las emisiones contaminantes de las fábricas hasta la abolición de las escuelas públicas.

Con los aportes de estos donantes, el HI le pagó 11.600 dólares al mes al presidente del NIPCC, Craig Idso, en 2012, y aportó 388.000 dólares al NIPCC para la producción de varias ediciones de sus “hallazgos” contra el calentamiento global. Los otros co-autores del reporte 2011 del NIPCC (Fred Singer y Robert Carter) fueron bien recompensados también.

De hecho, casi todos los nombres importantes del NIPCC perciben dinero del Heartland Institute o de otras organizaciones similares, que se ocupan de canalizar hacia legisladores y formadores de opinión las donaciones de empresas petroleras o mineras de carbón como Peabody Energy, o de grupos como la American Petroleum Association.

El lector dirá que ser financiado por una empresa contaminante o por una fundación de derecha no es relevante y que nos hemos movido fuera del terreno científico, y es cierto. Pero eso no quita relevancia al hecho innegable de que las publicaciones negacionistas sólo alcanzan a un público influyente porque son financiadas por estos actores. De lo contrario deberían buscar lugar en publicaciones respetables, donde no pasarían los filtros. El material producido por el NIPCC no es de gran calidad; es sesgado, selectivo y repite datos erróneos largamente refutados. Considera sólo trabajos de sus propios investigadores (a diferencia de las revisiones, mucho más amplias, del IPCC) y en ocasiones se contradice a sí mismo: una de sus tesis, por ejemplo, es que el Período Cálido Medieval fue más cálido que hoy debido a las emisiones naturales de gases de invernadero, mientras que otra, a la vez, mantiene que las emisiones de hoy no causan calentamiento porque el clima no es tan sensible a dichas emisiones.

El propósito de estos artículos no ha sido más que introducir al lector en la complicada maraña de los redes de desinformación y propaganda anti-calentamiento mantenidas por el dinero de la derecha estadounidense, en la forma que hoy se conoce como “libertaria”. Hemos dado un panorama de la evidencia existente sobre el calentamiento global y sobre su negación. Es imposible resumir una o la otra en pocas páginas; ambas están documentadas ampliamente, aunque no en castellano, y los temas tratados son de gran complejidad. Lo presentado aquí es apenas una muestra. Los animamos a leer nuestras fuentes para saber más.