28Sep/1327

Los mitos de la paleodieta

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Uno puede pensar que las personas son cada vez más consciente de la necesidad de cuidar su salud, las publicidades y los productos que son vendidos nos dan algún que otro indicio de ello. Otra señal son la gran cantidad de dietas que hay, un abanico enorme de opciones que se ajustan a tus necesidades basándose en nada. Como profesional de la salud, me alegra que esto ocurra, aunque parece ser que la principal motivación de seguir estas dietas es mas superficial y estético que un interés por mantener un organismo saludable.

Hace unos días el diario online Infobae publico una nota llamada "Dieta Paleolítica, una tendencia mundial que cada vez suma más adeptos entre los argentinos", donde comenta un poco sobre esta dieta, su historia, la apertura de un restaurante en Recoleta y, obviamente, los famosos que la siguen.

La-epoca-paleoliticaLa dieta paleolítica, del hombre de las cavernas o de la edad de piedra, es un régimen nutricional basado en los alimentos que fueron consumidos por los humanos del período Paleolítico (período que duró 2,5 millones de años y que terminó con el desarrollo de la agricultura hace unos 10.000 años). La dieta se centra en el uso de los alimentos disponibles en esa época y se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces, así mismo excluye cereales, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados. Básicamente rechaza todo lo derivado de la revolución agrícola

Su argumento es que la anatomofisiología y la genética del humano moderno no ha cambiado prácticamente nada desde el período Paleolítico, por lo que existe un conflicto entre nuestro organismo y la dieta que consumimos ahora, motivo de la obesidad, infarto de miocardio, diabetes, cáncer y otras enfermedades "modernas". Así lo afirma el Dr. Loren Cordain, especialista en fisiología del deporte y líder del movimiento paleo en sus artículos "Potenciales biológicos y clínicos de la dieta paleolítica" y "Orígenes y evolución de la dieta occidental: implicancias sanitarias para el siglo 21"

Esta dieta parecería intentar tener base científica, pero la lógica detrás de la paleodieta falla en varios puntos: diviniza un período de nuestra historia evolutiva, insiste que somos biológicamente iguales a los humanos de la edad de piedra, niega los beneficios de algunos métodos de alimentación moderno e incurre en la falacia naturalista de "volver a los orígenes" o "lo natural es mejor". Por lo que me animo a decir que es solo una dieta más de las que están de moda y que podríamos incluirla en la lista de pseudociencias.

Veamos porque.

No existe tal cosa como LA dieta paleolítica.

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Este cuadro muestra las variaciones en la alimentación de 4 sociedades de acuerdo a la región.

Lo primero que se me vino a la mente fue, ¿realmente comían así nuestros antepasados durante el período paleolítico?

Esta afirmación es un poco problemática y ya de por sí causa muchas sospechas. Lo cierto es que poco se sabe sobre la alimentación de nuestros ancestros y lo que sabemos es por inferencias a partir de cambios en la morfología del cráneo, desgastes dentarios, herramientas, pictografías y paleobiogeografía. Lo que podemos decir con certeza es que la dieta humana variaba enormemente de acuerdo a la geografía, la estación, el clima y el oportunismo; es evidente que las fuentes de comida que hay en el Ártico no son las mismas que podemos hallar en la Selva. El antropólogo William Leonard de la Universidad de Northwestern menciona en un artículo del 2002 en Scientific American

Ahora sabemos que los humanos han evolucionado no por una única dieta paleolítica, sino por ser flexibles comedores, esto tiene importantes implicancias en el debate actual sobre lo que la gente debe comer para estar saludable...

En la conclusión de una revisión llamada "Una breve revisión de la evidencia arqueológica de la subsitencia en el Paleolítico y Neolítico" publicada en Nature se puede leer:

Para concluir, es difícil determinar con precisión la naturaleza de las dietas de los últimos homínidos o definir la dieta 'Paleolítica', debido a las limitaciones de los registros arqueológicos, un problema que se amplifica en el Paleolítico donde la supervivencia de los materiales orgánicos es muy rara.

No somos nuestros ancestros.

Lo segundo que me pregunte fue, ¿realmente somos biológicamente iguales a los homínidos del Paleolítico?

La evidencia dice que no. La idea de que no hemos cambiado genéticamente no tiene en cuenta las teorías modernas de la evolución ni los nuevos estudios en genética. Existen varios ejemplos de la evolución humana reciente que se produjeron de manera relativamente rápida. Un ejemplo de esto es la tolerancia a la lactosa; normalmente el gen que codifica una enzima llamada lactasa (que descompone los azúcares de la leche) se "apaga" una vez pasada la infancia cuando la lactancia materna cede, causando en los adultos un cuadro llamado intolerancia a la lactosa cuando consumen productos lácteos. Pero algunos han desarrollado una mutación que mantuvo al gen de la lactasa encendido toda la vida, especialmente en las personas descendientes de pueblos europeos, fenómeno llamado persistencia de la lactasa.
Otro ejemplo es el la mutación del gen de los ojos azules, que pudo haberse originado entre 6000 y 10000 años atrás. Así también el sistema inmunológico y los glóbulos rojos de las personas que habitan en zonas de malaria endémica se han modificado de una manera que ayudan al organismo a combatir la enfermedad transmitida por los mosquitos, algunas de estas mutaciones se han originado hace unos 5000 o 10000 años.

Inclusive, los microorganismos con los que compartimos nuestros cuerpos han evolucionado más rápido aún, sobre todo las bacterias que habitan nuestros intestinos y que nos ayudan a digerir los alimentos, cuya disponibilidad y variedad hacen que cada microbioma sea diferente. Aunque no disponemos de evidencia directa de cuales son las especies bacterianas que habitaban nuestros intestinos en el Paleolítico, podemos estar bastante seguros que eran diferentes a las actuales.

Dieta paleolítica con productos modernos.

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La evolución del maíz de izquierda a derecha, desde la hierba teosinte hasta el maíz que conocemos hoy en día.

Y no solo eso, las plantas y los animales de los cuales nos alimentamos también han evolucionado, las fuentes de alimentos del Paleolítco son muy diferentes a las actuales. La mayoría modificadas por selección natural: el maíz era una hierba llamada teosinte, los tomates evolucionaron de simples bayas, las vacas fueron domesticadas y modificadasa partir de los uros salvajes hace unos 9000 años y el repollo, brócoli, coliflor, coles de Bruselas y la col rizada son todas diferentes variedades de una misma especie, la Brassica oleracea.

Nuestros ancestros no eran más saludables.

Los defensores de la dieta paleolítica no solo no entienden como nuestra propia especie, los microorganismos que nos habitan y las fuentes de comida han evolucionado en los últimos 10000 años, sino que también ignoran la evidencia sobre la salud de nuestros ancestros durante su breve vida. Los practicantes de esta dieta asumen que la aterosclerosis es un problema de salud ligado al estilo de vida moderno y que si los seres humanos emuláramos los estilos de vida preindustriales o incluso preagrícola, la aterosclerosis, o por lo menos sus manifestaciones clínicas, se evitarían. Sin embargo, un estudio reciente publicado en la revista The Lancet buscó signos de aterosclerosis y obstrucción de las arterias por colesterol y grasa en más de un centenar de momias de antiguas sociedades de agricultores, recolectores y cazadores-recolectores de todo el mundo, entre ellos Egipto, Perú, el suroeste de los EE.UU. y de la Islas Aleutianas; y encontraron pruebas de presencia de aterosclerosis en 47 de 137 momias de cada una de las diferentes regiones geográficas.

En 1990 se publicó un estudio sobre la dieta de la tribu Hiwi que habita la sabanas neotropical del río Orinoco (Venezuela). Los Hiwi recogen y cazan un grupo diverso de plantas y animales que les provee la sabana, la selva, el pantano y los ríos. Sus principales fuentes de carne son carpinchos, pecaríes de collar, ciervos, osos hormigueros, armadillos, numerosas especies de peces, y al menos algunas especies de tortugas; consumen raíces (amargas y dulces), nueces de palma y palmito, varias clases de frutas, una leguminosa silvestre llamado Campsiandra comosa y miel producida por varias especies de abejas. Los autores calcularon que aproximadamente el 95% de las calorías provenían de la caza y recolección. El punto es que los Hiwi no eran particularmente saludables, solo el 50% de los niños vivía más allá de los 15 años y la mayoría de las personas de la tribu estaba infectada por parásitos.

Afirmaciones sin fundamento.

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El Dr. Loren Cordain, especialista en fisiología del ejercicio, conocimiento tangente al campo en el cual se lo aclama como experto mundial.

Pero personalmente, la parte que más me interesa porque esto es lo que le pone el cartel de pseudociencia, son algunas de sus afirmaciones sobre el funcionamiento del organismo que podemos encontrar en la página web oficial del movimiento PaleoEl punto 6 es el más interesante y que la términa de calificar como pseudociencia, dice "Carga neta de alcalis de la dieta y equilibrio de ácidos". Ellos asumen que ciertos tipos de alimentos producen acidificación del organismo y que los alimentos que recomiendan los alcalinizan, lo que lo hace más saludable. Además la acidificación del organismo lleva a perder calcio por orina y predispone a los cálculos renales. Ambas son falsas, son temas que ya hemos tratados en los artículos "El mito de las dietas ácidas y alcalinas" y "Las dietas ácidas, la leche y la osteoporosis".

Lo que me gustaría que quede claro, es que no estoy criticando a la dieta per se, ya que faltan estudios para sacar conclusiones sobre sus efectos. Lo que crítico y quise explayar en este artículo, es el marco teórico en la cual esta basada. Sus pilares no están apoyados por la evidencia y algunos de ellos son pseudocientíficos. Quizás algunos digan que funciona y que les va bien, pero de nuevo, no estoy criticando los resultados, ya que este régimen tiene varias cosas buenas como eliminar el consumo de alimentos procesados y refinados, aumentar el consumos de frutas y vegetales e inclusive las dietas ricas en proteínas y bajas en hidratos de carbono están demostrando ser alternativas válidas en algunos casos particulares, siempre y cuando la fuente de proteínas no sea exclusivamente de origen animal ya que los alimentos de donde provienen pueden producir un aumento en la mortalidad por enfermedad cardiovascular.

En resumen, podemos decir que cada uno de los fundamentos de la dieta paleolítica es falso. No somos como nuestros ancestros ni éstos eran más saludables. No existe una única dieta paleolítica sino que nos caracterizamos por nuestra flexibilidad al comer y para colmo ni siquiera podríamos emularla ya que las plantas y animales cambiaron completamente.

24Oct/11108

Chlorella, el superalimento

Chlorella

Chlorella bajo el microscopio.

Es sorprendente cuánto de regresión y de nostalgia hay en lo que se llama la Nueva Era. Hasta ahora lo había notado en su insistencia en volver a las “sabidurías ancestrales” o al estado de comunión con lo “natural” que supuestamente disfrutaban los pueblos antiguos. Pero también puede encontrarse un retorno a utopías científicas. De un caso de ésos quiero hablar: el de la Chlorella.

Chlorella (no los aburriré con los detalles) es un alga unicelular que contiene una variedad de nutrientes y que en ambientes apropiados crece con cierta facilidad por división asexual. Basándose en datos de laboratorio y en un optimismo exagerado, los investigadores de los años 1940–1950 la elevaron a un status de “superalimento”, proponiéndola como solución al hambre mundial. Como Chlorella era prácticamente pond scum (la porquería verde que crece los estanques), se dijo que una siembra bien organizada del océano sería baratísima y podría dar de comer al planeta, retrasando —al menos— la catástrofe malthusiana por unas cuantas décadas. Pero la ilusión se derrumbó. Chlorella tiene una membrana de celulosa dura e indigerible. El altísimo rendimiento fotosintético que se le atribuía resultó ser mucho menor fuera del laboratorio. Cosecharla tampoco era tan sencillo. Chlorella no sería jamás la panacea para el hambre de la humanidad.

Entra en escena la Nueva Era. Todos sabemos que hace falta demanda para poder llenarla con una oferta; para que la oferta nuevaeriana de salud y bienestar sea aceptada, hay que crear una necesidad por vía del miedo. Estamos mal nutridos. Hay toxinas y “químicos” en los alimentos que compramos en el supermercado. Nos faltan vitaminas porque no comemos alimentos “naturales”. En las paredes de nuestros intestinos se acumulan desechos que nos envenenan lentamente. Porque no estamos en armonía, porque estamos desbalanceados, por culpa del estrés, nos acechan enfermedades terribles. Algunas religiones plantean que somos defectuosos y necesitamos ser reparados; la Nueva Era nos dice que seremos perfectos si corregimos nuestros desequilibrios: a fin de cuentas casi lo mismo. Y Chlorella, como otros suplementos dietarios, es la corrección que nos ofrecen.

Chlorella - Fuente de salud

“Fuente de salud” (La Capital, suplemento Mujer, 09/oct/2011)

Si uno busca información sobre esta notable alga, se ve inundado por propaganda. Cientos o miles de empresas venden Chlorella como producto milagroso que nutre, aporta vitaminas, refuerza el sistema inmunológico, previene el cáncer y remueve del cuerpo metales pesados (quelación). Las legislaciones de los distintos países varían, pero hasta donde se ve, casi cualquier cosa puede venderse como suplemento dietario en tanto no se utilice la palabra “curar” o algún otro indicador de que se está ejerciendo la medicina en forma ilegal o por fuera de la regulación.

Los estudios científicos que se han hecho sobre Chlorella no aportan mucho a este entusiasmo. Chlorella no rebosa de vitaminas. Un par de estudios demuestran que podría disminuir la incidencia de un par de tipos de tumores oncológicos en cierto tipo de ratones. Es cierto que contiene nutrientes, y también es cierto que uno puede obtenerlos comiendo otras cosas, más sabrosas y muchísimo más baratas. No hay ni un indicio de que sea buena para el sistema inmunológico humano ni de que sea un agente quelante eficaz. El “factor de crecimiento de la Chlorella” no parece existir fuera de los sitios web que lo venden. (Y desde luego la clorofila no es igual a la hemoglobina cambiando hierro por magnesio —cosa que aunque fuera cierta tampoco significa nada.)

La propaganda que esta “asesora nutricional holística” hace de la Chlorella omite las pretensiones de transformarla en alimento para la humanidad, pero parte del mito original y lo embellece con pretensiones comunes a muchos otros suplementos dietarios de dudosas virtudes (como la espirulina). Exceptuando estas cuestiones específicas, parece que sus fuentes de información dataran, como muy tarde, de los años ’60. En este caso la intención es obviamente comercial y no cabe duda de que toda la página del diario es un aviso pago, pero detrás de eso hay un mercado de consumidores ignorantes que se tragan entera esta extraña mezcla de nostalgia por la armonía pasada y de exaltación de los métodos modernos de refinación de alimentos.