16Oct/1528

Ariel Bosio: exponente nacional de la mas extremista charlataneria

Hace unos años, durante unas semanas de pocas noticias, las radios y los diarios argentinos comenzaron a hacer eco a un personaje local con la curiosa idea de crear una feria donde todo era gratis, donde cualquiera podía llevar y llevarse cosas sin pago ni trueque requerido. Esta gratiferia le dio sus 15 minutos de fama a su creador, Ariel Rodriguez Bosio, quién aparecía como un gurú del amor, la paz, la naturaleza y la armonía entre los pueblos.

La respuesta barrió el espectro entre la burla y la ridiculización hasta la apoteosis ciudadana, pasando por los que simplemente pensaban que era una buena idea. Pero es posible que si no fuera por su cuidadosa estrategia de márketing y la superficialidad con las que los medios cubren las noticias, la reacción hubiera sido la de temor, rechazo… y burla y ridiculización. Es que, lejos de ser un inofensivo loco lindo que busca una forma original de mejorar la vida de las personas, Ariel Bosio es un peligroso representante de la fauna de la charlatanería local.

carabosio

Este señor es una auténtica ametralladora de mentiras, retorica new-age, falacias naturalistas, paranoia risible y exageraciones monumentales. Un vistazo a su página es, para cualquier persona mínimamente culta, o un masoquismo intelectual, o una fuente infinita de risas.

La conspiranoia de Bosio es alucinante. En esta magistral charla sobre iluminatis, reptilianos y cine para niños se pueden apreciar alusiones a mensajes subliminales en películas. Por ejemplo, afirma que Superman es un superhéroe satánico de los iluminatis y, entre otras evidencias incuestionables, resalta lo reptiliano de su traje en las nuevas películas. Construye una conspiración, muy creativa debo decir, en base a pasaportes de la película “iluminati” Matrix y de la película “satánica” Lucy (cuyo nombre, según él, proviene del maléfico Lucifer). También afirma que los tatuajes son promovidos por los Iluminati y ni los Minions se salvan de su pensamiento conspirativo, afirmando que son herramientas del nuevo orden mundial por tener un solo ojo.

Pero no todo es tan alegre en las mentiras manipuladoras de Bosio, ya que aunque algunos de sus elocuentes y creativos disparates nos puedan dar risa, otros son bastante más oscuros.

MalÉtica

Entre las cosas que no salieron en las noticias, está que Ariel Bosio fomenta el odio hacia los judíos negando del holocausto y afirmando que se trata de un “montaje judío”. Cree que el zi en nazi proviene de zionism (en realidad proviene del alemán nationalsozialismus) y niega que haya habido una limpieza étnica. Una muestra más que detrás de todo su pseudo-progresismo new-age, se esconde una propaganda ultraconservadora digna del nega-sionismo.

Además de estas posturas repugnantes, acepta y promueve toda pseudociencia habida y por haber. Astrología, Ley de Atracción, numerología, lecturas del aura, predicciones de Nostradamus; pareciera que Bosio se esfuerza en creer cosas falsas. Y, como no podía ser de otra manera, esta política también la aplica a cuestiones de nutrición y salud.

Bosio es un anti-vacunas que le atribuye al trigo casi todas las enfermedades existentes, desde alergias hasta trastornos del comportamiento, pasando por depresión, fobias, y, obviamente, autismo. Su página web promueve la falsa idea que de que los veganos estrictos no tienen que suplementar su dieta con vitamina B12 siempre que coman tierra, cree en las bondades de la dieta alcalina y el consumo de la propia orina, está en contra de los transgénicos y promueve lavajes intestinales innecesarios para librarse de los metales pesados que él cree que aportan los inexistentes chemtrails. Estos enemas caseros diarios, según él, serían esenciales para no enfermarnos. Sus consejos escatológicos también incluyen fertilizar huertas con heces personales; algo riesgoso que puede causar brotes de escherichia coli, como el ocurrido en Alemania en 2011 que costó 22 muertes y más de 2.200 enfermos.

Además promueve la idea de que la diabetes se puede curar con una dieta cruda promoviendo testimonios de pacientes, algo que es falso, falaz, roza el ejercicio ilegal de la medicina y está explícitamente prohibido por la Ley 17.132.

diabetes

Dados estos pésimos consejos basados en mala ciencia, no deja de ser preocupante su promoción de la dieta cruda que tiene varios riesgos para la salud si no se planifica correctamente. Una planificación que debe basada en conocimiento nutricional sólido y no en mitos pseudocientíficos, falacias naturalistas y extrapolaciones sensacionalistas como su “dieta 80³”.

Aunque a cualquier persona inteligente le parezcan ridículas sus recomendaciones sobre salud y nutrición, Bosio va más lejos y realiza cursos-talleres por toda Argentina donde difunde sus fantasías, llegando a cobrar $333 por persona. Es curioso que alguien que reniegue del sistema monetario cobre por sus servicios y que alguien tan obsesionado con la numerología cobre la mitad del número de la bestia. Y si cobrar por sus servicios no fuera suficiente, también ha pedido que le regalaran propiedades.

Todo esto me hace pensar que Bosio es un charlatán muy peligroso y digno de atención por parte del movimiento escéptico, los grupos anti-sectas y las escuelas serias de salud y nutrición.


Gracias a Mauro Lirussi, Araceli Tartarczuk y Juan Drewjn por ayudar con algunos links.

24Oct/11108

Chlorella, el superalimento

Chlorella

Chlorella bajo el microscopio.

Es sorprendente cuánto de regresión y de nostalgia hay en lo que se llama la Nueva Era. Hasta ahora lo había notado en su insistencia en volver a las “sabidurías ancestrales” o al estado de comunión con lo “natural” que supuestamente disfrutaban los pueblos antiguos. Pero también puede encontrarse un retorno a utopías científicas. De un caso de ésos quiero hablar: el de la Chlorella.

Chlorella (no los aburriré con los detalles) es un alga unicelular que contiene una variedad de nutrientes y que en ambientes apropiados crece con cierta facilidad por división asexual. Basándose en datos de laboratorio y en un optimismo exagerado, los investigadores de los años 1940–1950 la elevaron a un status de “superalimento”, proponiéndola como solución al hambre mundial. Como Chlorella era prácticamente pond scum (la porquería verde que crece los estanques), se dijo que una siembra bien organizada del océano sería baratísima y podría dar de comer al planeta, retrasando —al menos— la catástrofe malthusiana por unas cuantas décadas. Pero la ilusión se derrumbó. Chlorella tiene una membrana de celulosa dura e indigerible. El altísimo rendimiento fotosintético que se le atribuía resultó ser mucho menor fuera del laboratorio. Cosecharla tampoco era tan sencillo. Chlorella no sería jamás la panacea para el hambre de la humanidad.

Entra en escena la Nueva Era. Todos sabemos que hace falta demanda para poder llenarla con una oferta; para que la oferta nuevaeriana de salud y bienestar sea aceptada, hay que crear una necesidad por vía del miedo. Estamos mal nutridos. Hay toxinas y “químicos” en los alimentos que compramos en el supermercado. Nos faltan vitaminas porque no comemos alimentos “naturales”. En las paredes de nuestros intestinos se acumulan desechos que nos envenenan lentamente. Porque no estamos en armonía, porque estamos desbalanceados, por culpa del estrés, nos acechan enfermedades terribles. Algunas religiones plantean que somos defectuosos y necesitamos ser reparados; la Nueva Era nos dice que seremos perfectos si corregimos nuestros desequilibrios: a fin de cuentas casi lo mismo. Y Chlorella, como otros suplementos dietarios, es la corrección que nos ofrecen.

Chlorella - Fuente de salud

“Fuente de salud” (La Capital, suplemento Mujer, 09/oct/2011)

Si uno busca información sobre esta notable alga, se ve inundado por propaganda. Cientos o miles de empresas venden Chlorella como producto milagroso que nutre, aporta vitaminas, refuerza el sistema inmunológico, previene el cáncer y remueve del cuerpo metales pesados (quelación). Las legislaciones de los distintos países varían, pero hasta donde se ve, casi cualquier cosa puede venderse como suplemento dietario en tanto no se utilice la palabra “curar” o algún otro indicador de que se está ejerciendo la medicina en forma ilegal o por fuera de la regulación.

Los estudios científicos que se han hecho sobre Chlorella no aportan mucho a este entusiasmo. Chlorella no rebosa de vitaminas. Un par de estudios demuestran que podría disminuir la incidencia de un par de tipos de tumores oncológicos en cierto tipo de ratones. Es cierto que contiene nutrientes, y también es cierto que uno puede obtenerlos comiendo otras cosas, más sabrosas y muchísimo más baratas. No hay ni un indicio de que sea buena para el sistema inmunológico humano ni de que sea un agente quelante eficaz. El “factor de crecimiento de la Chlorella” no parece existir fuera de los sitios web que lo venden. (Y desde luego la clorofila no es igual a la hemoglobina cambiando hierro por magnesio —cosa que aunque fuera cierta tampoco significa nada.)

La propaganda que esta “asesora nutricional holística” hace de la Chlorella omite las pretensiones de transformarla en alimento para la humanidad, pero parte del mito original y lo embellece con pretensiones comunes a muchos otros suplementos dietarios de dudosas virtudes (como la espirulina). Exceptuando estas cuestiones específicas, parece que sus fuentes de información dataran, como muy tarde, de los años ’60. En este caso la intención es obviamente comercial y no cabe duda de que toda la página del diario es un aviso pago, pero detrás de eso hay un mercado de consumidores ignorantes que se tragan entera esta extraña mezcla de nostalgia por la armonía pasada y de exaltación de los métodos modernos de refinación de alimentos.