2Nov/123

Escapando de la disonancia cognitiva.

Hace un tiempo nos llegó un mail de una mujer (que llamaré María) que me hizo acordar un principio básico del escepticismo. En ella comenzaba manifestando su interés por nuestra página luego de haber encontrado el artículo sobre el Tratamiento Inmunomodulador del Dr. Crescenti (un médico que comercializa un tratamiento para el cáncer sin pruebas de efectividad ni aprobación estatal) pero luego se lamentaba de que tratáramos al psicoanálisis “con los mismos criterios que al médico de las terapias ilusorias”. Esta diferencia de opiniones hizo que perdiera el interés en el Círculo Escéptico.

María, al parecer, no tiene problema con que analicemos críticamente a algunas ideas pero rechaza que se aplique el mismo tratamiento a otras. Eso no es pensamiento crítico. Éste no sólo nos exige aplicar los mismos estándares de evidencia para todas las afirmaciones sino que también implica no aferrarse a las conclusiones sino al proceso.

El sesgo de confirmación es un fenómeno harto estudiado en la literatura científica y experimentado por todos. Ya en el siglo V AEC, Tulcídes escribía que “es un hábito de la humanidad (…) usar la razón para desestimar lo que no les gusta”. Cuando razonamos, el camino de menor resistencia es el de buscar la información que apoya nuestras creencias. Esto es algo que todos hacemos inconscientemente y no hay caso en negarlo; leer cosas que chocan contra nuestras ideas nos produce disonancia cognitiva y nos es aversivo. Reorganizar las opiniones es más trabajoso que simplemente evitar que sean puestas en duda.

Una forma de luchar contra este fenómeno es justamente lo que María no parece apreciar. Lo que nos tiene que importar, lo que tiene que formar el núcleo de nuestras ideas no son las conclusiones a las que llegamos, sino el proceso que usamos para llegar a ellas. Si ponemos el valor en el proceso, entonces lo que nos va a producir disonancia cognitiva no va a ser encontrar evidencia contradictoria sino, por el contrario, el no buscarla.

Probablemente uno nunca pueda hacer este cambio de forma absoluta. No puedo negar que tengo cierto apego por las conclusiones a las que llegué en mi artículo sobre el Dr. Crescenti, por ejemplo, pero la idea es apegarse más a cómo se llegó a ellas. Buscar en la literatura científica, pedir evidencias, ir a las fuentes. Si mañana Crescenti viniera con 10 ensayos clínicos mostrando la eficacia de su producto, me tendría que ser más doloroso negarlos que cambiar de opinión.

Enfocarse en el proceso también significa que puede racionalizar un cambio de opinión de forma que uno siempre tuvo la razón. Quizás no en el sentido de llegar a la conclusión correcta, pero al menos en el sentido de haber razonado correctamente.  Si tu método es válido, entonces tu único pecado sería haber tenido premisas falsas, y eso es algo que pasa hasta en las mejores familias.