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La ‘sobredosis’ homeopática no es un experimento científico.

1023 con webA propósito del Desafío 10:23 (la “sobredosis homeopática”) encontré un link a una crítica escrita por un tal William Alderson (miembro fundador de una organización defensora de la homeopatía), quien nos acusa de realizar un “diseño experimental estúpido” y de que se trata de un “sinsentido a-científico”.

Parece mentira que haya que aclarar esto pero nadie afirma que la sobredosis homeopática sea un experimento científico. No hay doble ciego , control de placebo, medidas objetivas ni una predicción que se quiere corroborar. Además, nos vemos obligados a usar preparados homeopáticos caseros porque es imposible conseguir los "reales" en grandes cantidades ya que en Argentina  son considerados recetas magistrales y sólo se venden bajo receta.

Como correctamente señala Alderson en su conclusión, “esta payasada de la ‘sobredosis’ es simplemente un ejercicio propagandístico sin ningún fundamento científico”. ¡Precisamente! Se trata de un evento para llamar la atención de la gente e informar sobre qué es la homeopatía. No es más que una performance para atraer oídos y miradas. Quien crea que se trata de un experimento que busca demostrar que la homeopatía no funciona, tiene una idea profundamente distorsionada de cómo se hace ciencia.

Pero eso no quiere decir que el mensaje sea falso o que carezca de fundamento científico. Es una realidad que los preparados homeopáticos (o “sustancias potenciadas” como los llama Alderson) no contienen ni una sola molécula del supuesto compuesto activo, que la homeopatía ha matado personas indirectamente, y que se está enseñando pseudociencia en las universidades y vendiéndose en las farmacias. Su falta de efectividad ya fue demostrada incontables veces en la literatura científica, hasta el punto en que incluso sus defensores se han visto obligados a admitirlo.

Aunque, si bien nosotros tenemos claro qué es lo que caracteriza un buen estudio, esto no ocurre con los investigadores homeopátios (si se me permite llamarlos así). Al parecer, en el ámbito de la ciencia ellos también aplican la ley de los infinitesimales y creen que los estudios son más potentes cuanto más diluida esté su calidad.

El año pasado, por ejemplo, se publicó un paper que los promotores de la homeopatía estaban inflando desde 2007 cuando empezó el protocolo. Se trataba de un ensayo clínico del poder de los homeoprofilácticos (los preservativos más finitos del mundo, supongo) en la prevención de la leptospirosis. Se publicitaba como “el mayor estudio homeopático jamás realizado, basado en los datos de más de 11 millones de personas (toda la población de Cuba)”. Yo leí el paper y publiqué un artículo en mi blog y, para resumir, es difícil creer que alguien haya aprobado un estudio como éste, sin doble ciego ni control de placebo. Definitivamente, un “diseño experimental estúpido”.

Este mismo es el caso de los estudios sobre la eficacia de la homeopatía en el tratamiento del dengue. De los que encontré, los dos que mostraron efecto positivo carecían por completo de controles. Por otro lado, un pequeño estudio de mayor calidad (con doble ciego y control de placebo) no encontró diferencia alguna entre la homeopatía y el placebo. Esto es típico de la homeopatía y de otros tratamientos inefectivos: el efecto disminuye a medida que aumenta la calidad del diseño experimental. Es por eso que muchos defensores de la homeopatía promueven ensayos clínicos “pragmáticos”, es decir, sin controles.

La costumbre de realizar mala ciencia es ilustrada perfectamente por el caso de Jacques Benveniste. Tratando de dar un fundamento científico a la homeopatía, realizó varios experimentos que, según él, demostraban que el agua tiene memoria. Luego de que el paper fuera publicado en Nature, un grupo de investigadores que incluía a James Randi, trató de replicar los resultados con la asistencia de Benveniste. Notaron que no había doble ciego. Luego de que Randi y los otros tomaran precauciones para asegurar el doble ciego, por primera vez en la historia del laboratorio, llegaron a resultados negativos.

Otra gran celebridad es Masaru Emoto, quien supuestamente demostró que los cristales de agua “sienten” y “escuchan” y lucen “feos” si se le proyectan emociones negativas y “lindos” si las emociones son positivas. Esto también es usado por algunos como evidencia de que el agua tiene memoria. Pero no sólo sus críticos advierten, sino que el propio Emoto admite, que en sus trabajos no hay ningún control ni doble ciego.

A juzgar por la calidad de los estudios que los defensores de la homeopatía consideran convincentes, uno esperaría que la sobredosis homeopática convirtiera en detractores a todos los actuales creyentes. Si esta campaña no es más que “un ejercicio propagandístico sin ningún fundamento científico”, ¿qué decir de la investigación en homeopatía?