21Dic/1563

MTC, una estafa de aquí a la China

Con la “medicina” alternativa, la paranoia farmacéutica y la occidentofobia orientalista de moda, es muy común oír hablar de los milagros de la “medicina” tradicional china (MTC). Y sí, realmente es artífice de milagros; el milagro consiste en sobrevivir a ella. Lejos de ser muy exagerado, este conjunto de disparatadas pseudoterapias además de no poseer ningún punto a su favor, posee múltiples en contra: desde muertes causadas por acupuntura hasta compuestos tóxicos y cancerígenos. Y por si fuera poco perjudicar a los humanos que recurren a ella, la medicina tradicional china va más lejos y llega a poner en jaque la existencia de una especie animal entera.

Si es viejo, es bueno.

Si le creemos a los artículos que circulan por la web, la MTC es un conjunto de prácticas medicinales desarrolladas en China durante milenios. Incluye remedios herbales, masajes, ejercicios y, por supuesto, acupuntura.  Como tantas otras nociones vitalistas precientíficas, se basa en la existencia de una “energía vital” (el Chi) y en que todas las enfermedades surgen de un “desbalance” entre la “energía negativa” (ying) y la “energía positiva” (yang).

Más allá del hecho de que es una falacia creer que algo al ser antiguo es bueno, en este caso hay que saber que en realidad, la MTC tal como la conocemos hoy, de milenario no tiene nada; más bien sólo tiene algunas décadas. El estudioso de la cultura china Paul Unschuld lo explicó en una entrevista del 2004:

[La MTC es] un sistema artificial de ideas y prácticas de atención de salud generados entre 1950 y 1973 por los comités en la República Popular de China, con el objetivo de reestructurar el vasto y heterogéneo patrimonio de la medicina tradicional china de manera tal que se ajustara al tipo de principios marxistas-maoístas, la democracia y la ciencia y la tecnología modernas sobre las que se iba a construir el futuro de la República Popular China.

En una entrevista más reciente, Unschuld manifestó:

Lo que se ofrece en nuestro país para los pacientes como MTC es una construcción que se ha creado en China en un escritorio de oficina que se ha alterado aún más en su camino hacia Occidente. Ya a principios del siglo 20, los reformadores y revolucionarios instaron a que la medicina tradicional en China debía ser abolida y que la forma occidental de medicina debía introducirse en su lugar. El pensamiento tradicional se veía como atrasado y se le responsabilizaba de la superioridad opresora de Occidente. La introducción de las ciencias naturales, la medicina y la tecnología occidentales también se pensaron más tarde, después de la fundación de la República Popular, como esenciales para hacer que el país fuera competitivo de nuevo. Dado que la medicina tradicional china no podía ser abolida totalmente entonces porque ofrecía el sustento para muchos ciudadanos, esta se redujo a un núcleo, que podía ser llevado casi en línea con la orientación científica de la futura sociedad comunista. En los años 50 y 60, una comisión especialmente designada había estado trabajando en esta tarea. El filtrado que crearon a partir de la tradición médica original, de ahí en adelante se llamaría MTC...

(Gracias a David Osorio de De Avanzada por popularizar dichas entrevistas)

El periodo de surgimiento y establecimiento de la MTC es esencial para comprender su impacto en occidente. En épocas de guerra fría, con el posmodernismo asentándose y el new-age cocinándose  es totalmente entendible el por qué este conjunto de supersticiones irracionales impactó de tal modo. Tanto como a comienzos de la década de los 60 como hoy, la idealización de lo oriental, lo anticientífico y alternativo estaba totalmente de moda.

El remedio peor que la enfermedad.

Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature (Combined DNA, toxicological and heavy metal analyses provides an auditing toolkit to improve pharmacovigilance of traditional Chinese medicine) concluyó que  el 92% de 26 compuestos utilizados en la MTC (siglas de medicina tradicional china) poseen contaminantes. En dicho estudio se realizó la detección de metales pesados, análisis toxicológico y secuenciación de ADN. El 50% de los remedios estudiados contenían medicamentos no declarados como diclofenac o paracetamol, se encontró uno con niveles de arsénico 10 veces superiores a los niveles aceptables y la mitad tenían ADN de animales o plantas no declaradas, incluyendo una especie de pantera en peligro de extinción.

Lo cierto es que en este estudio no hay en definitiva, nada nuevo. Hace tiempo se tienen bien conocidos los peligrosos de la MTC. Por ejemplo, un estudio de 1977 (Lead poisoning from ingestion of Chinese herbal medicine.) ya reportaba el alto contenido de plomo de varios compuestos utilizados por esta.  Y hay más, un estudio publicado en Science Translational Medicine y en el que participaron investigadores de Estados Unidos, Singapur, China y Taiwán llegó a la conclusión de que la Aristolachia, planta frecuentemente utilizada en la MTC para el tratamiento de las heridas mal cicatrizadas, úlceras y supuraciones, produce mutaciones de genes y tumores, llegando a ser más cancerígeno que el mismísimo tabaco. Incluso uno de los investigadores la clasifico como “el mayor agente genotóxico descubierto hasta la fecha”. Merecidamente la Aristolachia fue prohibida en muchos lugares desde comienzos del 2000, incluyendo Estados Unidos y Taiwán.

Para colmo, como  si ingerir plomo o correr el riesgo de remplazar una ulcera por un tumor fuera poca cosa, los defensores acérrimos de la MTC en China se dan el gusto de publicar estudios autocomplacientes de pésima calidad que dificultan o impiden una acción inmediata en la prohibición de estos peligrosos productos.

La acupuntura, sus riesgos  y sus…. ¿beneficios?

Uno de los pilares de la MTC actual es la famosísima acupuntura (sí, la de las agujas clavadas en el cuerpo). La noción es que los desbalances en el ya mencionado Chi pueden revertirse si se clavan pequeñas agujas en la piel en puntos específicos llamados “meridianos”. Originalmente basados en nociones precientíficas, muchos defensores de la acupuntura actualmente intentan relacionar los meridianos con la anatomía del sistema nervioso.

Pero lejos de remitir a filosofías milenarias, fueron reposicionados a principio de los años 30 por el pediatra chino Cheng Dan’an, quien, al proponer que el efecto de las agujas era nervioso y no vascular, decidió acercarlos cerca de los nervios y lejos de las venas. En efecto, es muy posible que la acupuntura antigua fuera una forma de medicina similar a la sangría. De hecho, en palabras de Unschuld, originalmente, “carecía de cualquier elemento espiritual en sus fundamentos teóricos”.  Dan’an también es el responsable del uso de agujas finas y delicadas en vez de gruesos cilindros.

Antiguas agujas de acupuntura

Antiguas agujas de acupuntura

Fue esta acupuntura reformada la que ganó popularidad en la China comunista, luego de haber sido eliminada de la lista de medicinas reconocidas por el Estado en 1822 y prohibida desde 1929 hasta 1949 por ser altísimamente ineficaz y peligrosa.

Por si su dudoso origen fuera poco, la acupuntura erra desde la base. Y cuando una teoría ya parte de sostenerse sobre una “energía” primitivamente supersticiosa e inexistente –en este caso el Chi-, pocas esperanzas quedan de su eficacia. Al igual que con el resto de la MTC, China produjo una montaña de basura compuestas de artículos engañosos que "probaban" su supuesta eficacia. Esto hace pensar en uno de lo más recurridos argumentos de los defensores de las pseudociencias, el alegar que la ciencia “está manipulada por los intereses comerciales”. Todo parece mostrar, que los que más se esfuerzan por falsificar estudios son los mismos pseudocientíficos, que también tienen un millonario negocio que mantener (con la diferencia es que la medicina de verdad al menos cura). Tal vez el mejor ejemplo es el lobby de los homeópatas, que todos los años publican una pila de estudios basura que luego son refutados.

La evaluación empírica de la acupuntura se ve dificultada por la enorme cantidad de variedades existentes, por lo difícil que es desarrollar una intervención placebo, y porque China y Japón inundan la literatura científica con, literalmente, un 100% de estudios favorables.  Pero lo cierto es que la evidencia en su conjunto (incluyendo cientos de estudios sobre problemas específicos y meta-análisis randomizados de correcta metodología y revisados por pares) indica que no es más eficaz que el placebo.

A la falta de eficacia, hay que sumarle los riesgos. La acupuntura está posiblemente asociada con el contagio de infecciones por la mala costumbre de no usar guantes   (por ejemplo, Hepatitis C o Hepatitis B). Estudios de los efectos adversos encontraron casos de neumotórax, daños en la columna vertebral y argiria localizada. En otro estudio  de más de 200.000 pacientes, un 2% tuvo complicaciones que requirieron tratamiento, y en los últimos 45 años existen reportes de 85 muertes relacionadas con la acupuntura.

Ante estos números hay que tener en cuenta que los acupunturistas no reportan las complicaciones que se dan durante el tratamiento, por lo que hay que considerar que los registros son casi con certeza una subestimación de los riesgos de un tratamiento que no tiene ningún beneficio.

Los acupunturistas, además, caen tan bajo que recurren a entrometerse y jugar con la vida y la salud de inocentes animales.

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Ni ética médica, ni de ningún tipo

Como si someter a un perro a múltiples agujas fuera poco, la MTC va muchísimo más allá. En gran parte gracias a la creencia estúpida y completamente infundada de que los cuernos de rinoceronte poseen propiedades curativas para el tratado de fiebre y convulsiones (contrario al mito popular de que se cree que es un afrodisiaco), en Sudáfrica se matan cerca de 400 rinocerontes al año corriendo serios peligros de extinción. Se estima que quedan tan solo cerca de 23.000 ejemplares, y solo en el 2012 se llegaron a matar 455 especímenes.

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Consecuencias de la superstición.

Como modo de salvar a los rinocerontes de esta despreciable horda de magufos millonarios (los cuernos llegan a valer hasta 100.000 dólares), un grupo de biotecnólogos se propuso la genial idea de remplazar en el mercado con productos sintéticos los cuernos de esta amenazada especie.   De todas formas, el efecto placebo seguiría siendo el mismo.

La MTC da material como para completar varios tomos enciclopédicos, ya dentro de la misma la variedad de prácticas es aterradoramente amplia. Finalizaremos el análisis aquí aunque debe saberse que amerita otros varios artículos. La conclusión es clara, la MTC no es más que un copilado de pseudoterapias absurdas sin ningún tipo de evidencia a favor pero con pilas de evidencia en contra. Los estudios que la demuelen son tantos que se podrían usar de ladrillos para otra muralla china.

1Jul/159

Influencias secretas en la investigación científica

Está ampliamente documentado que los ensayos publicados financiados por empresas con fines de lucro suelen ser más favorables que las financiadas por entes estatales o organizaciones sin fines de lucro.

Por ejemplo, en ensayos clínicos sobre enfermedades cardiovasculares, el 65% de los financiados por la industria dieron resultados que favorecían el tratamiento nuevo que querían evaluar, comparado con sólo el 50% de los ensayos financiados por organizaciones sin fines de lucro. Esta diferencia de 15% es significativa e importante. En el ámbito de la nutrición, un estudio encontró una relación similar de 65% vs. 45%.

Hay varias formas de explicar la diferencia. Siendo muy caritativos y dando mucho (¿demasiado?) beneficio a la duda, es posible que la industria financie ensayos para tratamientos para los cuales ya haya más evidencia de efectividad. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU (FDA) exige tres ensayos clínicos para aprobación de nuevas drogas y sólo las aprueba para su uso en enfermedades específicas y, a veces, en poblaciones específicas. Por esto la industria farmacéutica tiene que realizar múltiples ensayos sobre drogas que quizás ya se utilizan, por lo que es lógico pensar que es más posible que éstos den resultados positivos.

Si bien es posible que haya algo de eso, la realidad es que lo que principalmente está pasando es lo que se denomina sesgo de publicación y no es difícil de entender. Para la industria, está más que claro que un resultado nulo no brinda beneficios económicos. Gastar millones en el desarrollo de un nuevo tratamiento para que después no resulte mejor que los tratamientos ya existentes no es negocio. El incentivo para ellos es el de ocultar los resultados nulos o negativos y resaltar los positivos.

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Pero como esto sería desperdiciar el tiempo y dinero que llevó hacer el ensayo en un principio, se pueden usar técnicas más sutiles. Si se miden muchas variables, siempre se puede reportar sólo las que dan resultados favorables; si los sujetos varían en sexo, edad, condición social, o cualquier otra variable, se puede analizar cada subgrupo uno por uno hasta encontrar un resultado positivo. También se puede ir “espiando” los datos mientras son recolectados y decidir sobre cuales quedarte y cuales no, o cuando dejar de tomarlos. Simonsohn denominó a estas técnicas “grados de libertad del investigador” y en su paper demostró que más de la mitad de las veces se podía sacar resultados positivos que no eran más que falsos positivos.

Pero todos estos problemas no son necesariamente fruto de la perversidad de la farmafia, sino que pueden surgir del trabajo honesto de un investigador que no se da cuenta de lo que está haciendo. Como los resultados positivos son más llamativos y "venden" más, los investigadores están siempre incentivados a escribir y mandar a publicar más que nada resultados positivos. Los editores, además, tienen el incentivo de vender subscripciones a su revista y van a tender a rechazar publicaciones negativas.

Tanto sesgo de publicación como los grados de libertad del investigador son problemas muy serios en medicina donde la información puede salvar vidas. Si la información publicada está sesgada, entonces los médicos no pueden hacer bien su trabajo. Y si bien el problema no es exclusivo de la industria, el financiamiento y el rédito económico agregan un grado más de incentivos perversos.

La mejor recomendación para atacar el problema es, en mi opinión, la idea de pre-registrar los métodos de un estudio antes de siquiera ponerse a recolectar datos y obligar a que se publiquen todos los ensayos que se registren. Ben Goldacre hace tiempo lanzó la campaña All Trials que busca precisamente esto.

Ideología mata galán.

Pero si este artículo comenzó con algo que todos debemos reconocer como obvio, va a terminar con algo que quizás no todos saben. El sesgo y los incentivos no siempre tienen su origen en el vil metal; la ideología y las creencias muy aferradas son una fuente importante de distorsión en la literatura científica. Y no hay ejemplo más dramático, en mi opinión, que lo que sucede en la medicina alternativa.

La medicina alternativa también es una industria y también mueve dinero, pero es difícil pensar que el incentivo monetario sea suficiente para explicar que todos (si, todos) los ensayos clínicos sobre acupuntura publicados en China, Japón, Hong Kong o Taiwan hasta 1998 sean favorables, como encontró un estudio. Y esto no es por la efectividad de la acupuntura (que no es efectiva), ya que en el mismo estudio, en EE.UU. sólo el 53% arrojan resultados positivos.

Siguiendo con la temática, los ensayos clínicos sobre Medicina Tradicional China (MTC) en general son de mala calidad. La literatura médica está repleta de artículos evalúandolos y concluyendo unívocamente que sus métodos son malos; incluyendo uno que concluye que:

A pesar de que se publicaron muchas revisiones sistemáticas de MTC, la calidad de las mismas es preocupante. Como una potencial fuente de información para médicos e investigadores, no sólo muchas son incompletas, sino que algunas contenían errores o eran engañosas. Es urgente concentrarse en mejorar la calidad de las mismas en vez de continuar publicándolas en grandes cantidades si se quiere incrementar el valor de estos estudios.

Una situación similar ocurre en India con los ensayos sobre yoga, donde más del 99% arrojó resultados positivos (comparado con 75% en EE.UU.).

La magnitud de este sesgo es extremo, mucho más grande que el presente en la industria farmacéutica y debería hacer temblar a los defensores de la medicina alternativa.

En cualquier área de investigación con una fuerte componente ideológica, siempre hay que tener en cuenta todos los sesgos posibles. Que un estudio esté financiado por la industria es algo que nos tiene que hacer dudar y mirarlo con ojos críticos, pero lo mismo vale (y quizás más aún) cuando los autores tienen otras motivaciones que pueden ser menos tangibles que un fajo de billetes, pero no por eso menos reales.

22Jul/1312

Tratamiento Crescenti: $200.000 de multa por irregularidades en ensayo clínico

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Este es el artículo 2 de 2 de la serie Tratamiento Crescenti

El “Tratamiento Inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti®” es un supuesto medicamento para el cáncer que se vende por lo menos desde 2005, sin que exista evidencia de efectividad o seguridad. Se basa en oligoelementos y veneno de víbora de cascabel muda (Lachesis muta) y el sitio web que lo promociona afirma que tiene “excelentes resultados” en pacientes con cáncer y enfermedades relacionadas con el sistema inmune. También vincula a una página en Facebook que publica agradecimientos de pacientes, en violación (sino en letra, al menos en espíritu) del artículo 20 inciso 14 de la Ley 17.132 y del Código de Ética Médica.

Como documenté en un artículo anterior, el tratamiento de Crescenti carece de estudios clínicos que avalen su efectividad o su seguridad. Sólo existe un ensayo clínico de fase I (con pacientes saludables para determinar que el medicamento es seguro) que se está realizando desde 2008.

Este único ensayo clínico, además, le valió a Crescenti en 2010 una advertencia de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) por irregularidades, como consta en la Disposición Nº 3114/10. La disposición “instruye sumario” al Dr. Crescenti y la firma WALNI S.A. y resuelve

… que la participación del doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI como investigador en futuros estudios clínicos estará supeditada a la suscripción de una carta compromiso cuyo contenido y alcance será determinado para cada caso por la Dirección de Evaluación de Medicamentos.

Las irregularidades incluyen el uso de un consentimiento informado distinto al aprobado, no contratar un servicio de internación ante eventuales reacciones adversas, mal etiquetado de los frascos, incumplimiento de los criterios de exclusión y problemas con el monitoreo.

Pasos para aprobar un medicamento. Al método Crescenti le falta mucho pero igual lo vende.

Tres años después, como se puede leer en la Disposición Nº 1002/13 (emitida en febrero de este año), se impone una multa de $50.000 al Dr. Crescenti y de $150.000 a la firma WALNI S.A.

La disposición resulta una lectura entretenida ya que enumera las irregularidades y luego el descargo de Crescenti. Esto nos permite esencialmente escuchar sus argumentos y, más allá de que la Dirección de Evaluación de Medicamentos (DEM) “informó que de los descargos no surgen nuevos elementos técnicos ni información adicional que permitan modificar las observaciones realizadas”, cada uno puede evaluar su defensa.

Como es común, algunas fallas son casi administrativas y no tan relevantes. Por ejemplo, ante la falta de constancia de que el medicamento haya sido administrado por un médico entrenado y los pacientes hayan quedado bajo observación luego de recibir la dosis, Crescenti argumenta que “en el acto de la infusión participó una enfermera matriculada, estando presente en todos los casos él mismo, controlando que cada voluntario permaneciera dos horas en el centro”. Yo no dudo que el medicamento haya sido administrado por una enfermera y puedo creer que él estuvo presente; sin embargo, sigue siendo cierto que no hay constancia de ello.

Otras fallas son más serias. La falta de un servicio de internación en el caso de que el medicamento produjera alguna reacción adversa sería una violación ética bastante importante, en mi opinión, ya que significaría que la salud de los participantes podía correr riesgo. El descargo de Crescenti, en este caso, consiste en argumentar que no estaba obligado a proveer el servicio y que “caso de haberse producido una emergencia, había un compromiso de responsabilidad” por su parte.

Esto, en mi opinión, es porque Crescenti sabe que su preparación no produce efectos adversos agudos por haber estado durante años vendiendo este producto sin estar autorizado.

Claro que eso es evidencia anecdótica. Pero también lo es lo que le pasó a una amiga que le diagnosticaron cáncer de hígado a su abuelo. La tía parece que desde hace rato que estaba al tanto del Método Crescenti y a pesar de las reticencias de resto de la familia, decidió sacar un turno.

En el Instituto la atendió un oncólogo empleado del Instituto que, sin siquiera haber visto al paciente ni haber ordenado ningún estudio, le recetó un medicamento que fue vendido en el lugar. Esto sería una violación del artículo 20 inciso 15 de la Ley 17.132 si no fuera porque el preparado de Crescenti no está registrado como “medicamento” sino como “alimento”.

Crescenti vende dos versiones de su “medicamento”: una versión oral y otra inyectable. Es esta última la protagonista de la multa, mientras que la versión oral es la que le fue recetada al abuelo de esta chica y que está registrada como alimento.

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"Complejo antioxidante" del Dr. Crescenti.

El frasco contiene, según dice en la folletería, un “complejo antioxidante” con selenio, manganeso y zinc. No hay mención alguna del veneno de víbora. Lo preocupante es que la dosis recomendada (5 cucharadas de té de 25 ml cada una) contiene 100µg de selenio, lo que representa casi un 300% de la Ingesta Diaria Recomendada, aunque está por debajo del límite tolerable de unos 400µg.

¿Sirve de algo tanto selenio? Una revisión de la literatura científica concluye que no: “A la fecha la literatura médica no provee bases para ninguna recomendación a favor o en contra de la suplementación de selenio en pacientes con cáncer. Hay que tener en cuenta los peligros potenciales de suplementar un mineral traza.” Estos riesgos no son nada despreciables.

Tomar altas dosis de selenio en un corto tiempo causa fuertes síntomas gastrointestinales y neurológicos, síndrome de distrés respiratorio agudo, infarto de miocardio, falla renal, falla cardíaca, e incluso la muerte en algunos casos.

Y esto es probablemente lo que experimentó el abuelo de mi amiga. Creyendo que que era algo “natural” y “homeopático”, tomó el doble de la dosis recomendada y se descompuso. Sentía asco por la comida, vomitaba, se encontraba muy débil. Llamaron a un médico y cuando llegó, mi amiga le comentó lo que estaba tomando y, en palabras de ella, “un poco más y me tira el frasco por la cabeza”, le dijo que era “veneno” y que tenía que dejar de tomarlo inmediatamente.

Esta anécdota no la sirve para demostrar que el tratamiento es dañino, sino para mostrar que las anécdotas no sirven como evidencia. Este caso no va a ser publicado en la página de agradecimientos a Crescenti y con seguridad hay muchos otros similares.

Pero en general, a menos que se tome mucho más de la dosis recomendada, el preparado de Crescenti probablemente sea relativamente seguro. Sin embargo, se trata de un medicamento recetado para enfermos con cáncer, una dolencia cuyo tratamiento puede ser muy largo y además Crescenti recomienda empezar a tomarlo incluso antes de la radioterapia. Según el National Institute of Health, el consumo a largo plazo de suplementos de selenio aumenta la probabilidad de contraer diabetes tipo 2 y la recurrencia del cáncer de piel. Además tener mucho selenio en el cuerpo podría, irónicamente, aumentar el riesgo de muerte por cáncer.

Para peor, el registro de eventos adversos probablemente se vea dificultado por la similitud de los síntomas del envenenamiento por selenio con los efectos secundarios de la quimioterapia, como náuseas, falta de apetito, pérdida de cabello y debilidad.

La familia de mi amiga decidió que dejara de tomar el “compuesto antioxidante” y eventualmente los síntomas desaparecieron. Esto sucedió alrededor de marzo de este año. Sólo unos meses después de que la ANMAT multara a Crescenti en parte por no contar con un servicio de internación en caso de presentarse reacciones adversas, una persona sufría una intoxicación causada por su medicamento.

Da para pensar.

3Jun/134

¿Por qué el “a mí me funciona” no es suficiente?

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La gente con frecuencia ofrece testimonios de cómo alguna medicina alternativa “realmente a mí me funcionó”. Las personas que afirman esto no consiguen entender que no tienen ninguna base para afirmar que “funcionó”. Lo único que realmente pueden afirmar es que observaron una mejora después del tratamiento. ¿No podría ser una falsa suposición de que la correlación temporal significa causalidad?

Tales observaciones son tan solo un punto de partida: necesitamos hacer ciencia para averiguar lo que significan esas observaciones y descubrir qué funcionó y qué no; de esta manera comprenderemos mejor la naturaleza y a nosotros mismos. La ciencia es el único modo de corregir nuestros errores de percepción y de atribución.

“La ciencia es una forma de tratar de no engañarnos a nosotros mismos. El primer principio es que uno no debe engañarse y que la persona más fácil de engañar es uno mismo.” (Richard Feynmann)

Recibo muchos comentarios del tipo de “A mi tía/hermano/primo/madre/perro le funcionó, lo vi con mis propios ojos.” Pero eso no cumple ni siquiera con el mínimo de evidencia, ¿o acaso alguien espera que le crea simplemente porque él lo dice? ¿Me creerían si les digo que vi un unicornio rosado que defeca arco iris? Creo que no.

Podemos decir que ver algo con tus propios ojos no prueba que es verdad y no excluye la necesidad de comprobación científica, ya que somos máquinas fallidas para percibir la realidad. Sí: no somos perfectos y nos equivocamos.

Con esto quiero decir que no podemos hacer la suposición de que algo funciona y confiar en alguien que aparenta saber o ser importante, porque nos podemos equivocar. Es más, ¡nos hemos equivocado gran parte de la historia! Tratamientos basados en sanguijuelas, tomar tu propia orina, rezar, tratamiento con mercurio y plomo ¡y un larguísimo etcétera de equivocaciones!

Un ejemplo de esto son las sangrías. Durante muchos años los médicos utilizaron sanguijuelas y bisturís para liberar a los pacientes de su sangre “contaminada con toxinas”. Ellos “sabían” que la sangría funcionaba. Todo el mundo lo decía. Cuando tenías fiebre y el doctor te practicaba una sangría, mejorabas. Todo el mundo conocía a algún amigo o familiar que había estado a las puertas de la muerte hasta que la sangría le curó. Los médicos contaban los éxitos por miles. La gente atribuía grandes cosas a estas terapias, cuando en realidad los pacientes se habían curado a pesar de ella y no gracias a ella. Hoy sabemos que la sangría hace más mal que bien.

Otro ejemplo mas reciente, es que los médicos solían realizar una operación para enfermedades cardiovasculares en la que abrían el pecho y anudaban arterias de la caja torácica para desviar más flujo sanguíneo hacia el corazón. Supuestamente tenían una impresionante tasa de éxito del 90%. Un doctor muy listo llamado Leonard Cobb quería asegurarse de que fuera cierto, por lo que realizó un experimento en el que únicamente hizo la incisión en el pecho y lo volvió a cerrar sin haber hecho realmente nada. Sorprendentemente descubrió que ¡la misma cantidad de pacientes mejoraba tras la falsa cirugía! Los médicos dejaron de realizar dicha operación. Así es: nos equivocamos y no somos buenos analizando la realidad.

Pero,  ¿cómo puede tanta gente estar tan equivocada? ¿Cómo podían creer que algo había ayudado cuando realmente había causado más daño que bien? Hay toda una serie de razones por las que la gente puede acabar creyendo que un tratamiento inefectivo funciona.

  1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural. Muchas enfermedades se autolimitan; el proceso de curación natural del cuerpo devuelve la salud a la gente después de un tiempo. Un resfriado normalmente desaparece en una semana. Para averiguar si un remedio para el resfriado funciona, hay que llevar un registro de éxitos y fracasos en un número de pacientes suficientemente grande como para averiguar si realmente se recuperan más rápido con el remedio que sin él.
  2. Muchas enfermedades son cíclicas. Los síntomas de cualquier enfermedad fluctúan a lo largo del tiempo. La gente con artritis tiene días malos y días buenos. El dolor empeora por un tiempo y luego mejora por cierto otro tiempo. Si utilizas homeopatía cuando el dolor está fuerte, probablemente estaba a punto de mejorar de todos modos, así que la homeopatía se lleva un crédito que no merece. Esto es lo que se conoce como regresión a la media.
  3. Todos somos sugestionables. Si nos dicen que algo va a dolernos, es más probable que duela. Si nos dicen que algo nos hará sentir mejor, probablemente lo hará. Todos conocemos esto: por eso besamos los raspones y apapachamos a nuestros hijos. Cualquier cosa que nos distraiga de pensar en nuestros síntomas es probable que ayude. En los estudios científicos que comparan un tratamiento real con pastillas placebo, una media del 35% de la gente dice que se siente mejor después de tomarlas. El verdadero tratamiento debe hacerlo mejor si queremos creer que es realmente efectivo.
  4. Puede haber recibido dos tratamientos y el tratamiento equivocado se llevó el crédito. Si tu médico te da una pastilla y además te tomas un remedio casero, puedes darle el crédito al remedio casero. O quizás ha habido otro cambio en tu vida al mismo tiempo que ha ayudado en el tratamiento de la enfermedad y éste es la verdadera razón por la que has mejorado.
  5. El diagnóstico o el pronóstico original pueden haber sido incorrectos. Mucha gente ha sido supuestamente curada de cáncer cuando en realidad jamás tuvo un cáncer. Los médicos que le dicen a un paciente que sólo tiene 6 meses de vida están sólo estimando y pueden estimar mal. Lo mejor que pueden hacer es decir que el paciente medio con esa enfermedad vive 6 meses – pero la media significa que la mitad de la gente vive más tiempo.
  6. Una mejora de ánimo temporal puede confundirse con una cura. Si un practicante te hace sentir optimista y esperanzado, puedes creer que te sientes mejor cuando la enfermedad realmente no ha cambiado.
  7. Las necesidades psicológicas pueden afectar nuestro comportamiento y percepciones. Cuando alguien quiere creer algo con suficiente ahínco, puede convencerse a sí mismo de que ha sido ayudado. Se sabe de gente que ha negado los hechos – negarse a ver que un tumor sigue aumentando. Si han invertido tiempo y dinero, no quieren admitir que fue desperdiciado. Vemos lo que queremos ver; recordamos las cosas del modo en que queremos que hubieran pasado. Cuando un médico está intentando sinceramente ayudar a un paciente, el paciente siente una especie de obligación social de satisfacer al médico mejorando.
  8. Confundimos correlación con causalidad. Simplemente porque un efecto sigue a una acción, eso no significa necesariamente que la acción causase el efecto. Cuando el gallo canta y a continuación sale el sol, nos damos cuenta de que no es el cacareo lo que ha hecho que el sol aparezca. Pero cuando tomamos una pastilla y entonces nos sentimos mejor, suponemos que fue la pastilla lo que nos hizo sentir mejor. No nos paramos a pensar que podemos habernos sentido mejor por alguna otra razón.

Así que hay un montón de maneras de equivocarnos. Afortunadamente, hay una manera en que podemos finalmente acertar: mediante las pruebas científicas. No hay nada misterioso o complicado sobre la ciencia, es simplemente un juego de herramientas de sentido común para comprobar cosas. (El resultado de usar esas herramientas puede desafiar el sentido común, pero ése es otro asunto.) Si crees que has perdido peso y te subes a una báscula para comprobarlo, eso es ciencia. Si crees que se te ha ocurrido una mejor manera de plantar zanahorias y compruebas tu idea plantando dos filas lado a lado, una con el método viejo y otra con el nuevo, y miras qué fila produce mejores zanahorias, eso es ciencia.
Para comprobar medicinas, podemos organizar un gran número de pacientes en dos grupos iguales y darle a un grupo el tratamiento que queremos comprobar y al otro un placebo, como una pastilla de azúcar. Si el grupo que recibió el tratamiento activo va significativamente mejor, entonces el tratamiento probablemente funciona realmente. Es sencillo... Este método se puede aplicar tanto al estudio de los fármacos convencionales como con disciplinas que se basen en entidades invisibles e indetectables.

Por cierto, ¿donde están los casos negativos de las medicinas alternativas? ¿Alguna vez leíste sobre los casos que no funcionaron, los pacientes que murieron y los fraudes?

29Nov/11Off

La Clínica Burzynski y su falso tratamiento contra el cáncer

Stanisław Burzyński es un polaco nacionalizado estadounidense. Es médico y tiene una clínica en Texas. Hace décadas descubrió unas sustancias producidas por el propio cuerpo y que, según afirma, tienen propiedades anticancerígenas. Las llamó antineoplastones y desde entonces ha estado aplicándolas a pacientes en estado grave, a los que cobra sumas considerables para hacer lo que él llama “ensayos clínicos”, ya que la FDA (organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos) no le otorga permiso para ofrecer su terapia con antineoplastones al mercado. En 34 años no ha conseguido publicar ni un solo trabajo que respalde los poderes curativos de esta terapia en ninguna revista científica. Muchos pacientes que se han curado gracias a él lo defienden en testimonios públicos, contra aquellos representantes del establishment médico y de las farmacéuticas que buscan descalificarlo. ¿Quién es realmente el Dr. Burzyński? ¡Un genio incomprendido, obviamente!

Clínica Burzynski

De más está decir que mi última frase es sarcástica. Burzyński es un vendehumo, un charlatán peligroso y un criminal, que ofrece una pseudoterapia alternativa sin respaldo científico a gente aquejada de una enfermedad mortal, sabiendo (porque a estas alturas ya es imposible que ignore lo que quizá podría disculpársele hace tres décadas) que no sirve y que incluso puede hacer más daño que la mera inacción (el tratamiento produce hipernatremia, exceso de sodio en sangre).

Fuera de algunas advertencias de la FDA, hasta hace poco la clínica de Burzyński seguía recaudando cientos de miles de dólares por cada paciente que caía en sus manos, sin ser expuesta como el fraude que es. Cuando Rhys Morgan, un blogger escéptico de apenas 17 años, decidió escribir un artículo sobre este tema, recibió al poco tiempo una serie de e-mails, de una agresividad in crescendo, de un tal Marc Stephens, conminándolo a retirar el post o prepararse para ser demandado, e incluyendo amenazas veladas a su familia. Stephens escribe de a ratos como un abogado, pero todo indica que no lo es, sino apenas un miembro del equipo de prensa o relaciones públicas de Burzyński.

El joven Morgan no se amilanó y pidió ayuda. La comunidad escéptica angloparlante respondió enseguida y se está encargando en estos mismos instantes de explicarle por demostración al Dr. Burzyński y a su desagradable esbirro lo que significa el Efecto Streisand. Tendremos que esperar a ver si el revuelo trasciende, como debería, de la blogósfera antipseudocientífica a los grandes medios, que son los que con frecuencia alimentan, con su nulo análisis crítico, a monstruos como la Clínica Burzyński.

Este caso no es de ninguna manera único. Hace pocos meses la multinacional de pseudo-medicamentos homeopáticos Boiron amenazó con demandar a Samuele Riva, un blogger italiano, por haberse burlado de la falta de ingredientes activos del Oscillococcinum (y de todos los preparados homeopáticos, por supuesto). Más serio aún fue el caso de Simon Singh, que fue de hecho demandado judicialmente por la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) porque osó hacer público lo que muchos practicantes de esta pseudoterapia afirman sólo ante los pacientes más crédulos. Boiron no llegó a cumplir su amenaza; la BCA lo hizo pero al poco tiempo tuvo que retirar la demanda. En ambos casos el Efecto Streisand (cuanto más intentes ocultar algo, más hablará la Internet sobre ello), gracias a la solidaridad de los escépticos, fue la  principal arma de aquellos a quienes los charlatanes trataron de amedrentar.

El post original de Rhys Morgan, The Burzynski Clinic, sigue ahí. Su continuación, donde detalla las amenazas (Threats from The Burzynski Clinic), también. La única cobertura en castellano que he leído hasta ahora (fuera de ésta) es de Angela, de Escéptica (Las amenazas de la Clínica Burzynski). La cantidad de posts en inglés dedicados al tema (y en solidaridad) crece a cada minuto. El tema pasó a Twitter bajo el hashtag #burzynski. El buen doctor tiene su propio artículo (y bastante detallado) en la Wikipedia en español, al igual que sus fabulosos antineoplastones.