1Jul/159

Influencias secretas en la investigación científica

Está ampliamente documentado que los ensayos publicados financiados por empresas con fines de lucro suelen ser más favorables que las financiadas por entes estatales o organizaciones sin fines de lucro.

Por ejemplo, en ensayos clínicos sobre enfermedades cardiovasculares, el 65% de los financiados por la industria dieron resultados que favorecían el tratamiento nuevo que querían evaluar, comparado con sólo el 50% de los ensayos financiados por organizaciones sin fines de lucro. Esta diferencia de 15% es significativa e importante. En el ámbito de la nutrición, un estudio encontró una relación similar de 65% vs. 45%.

Hay varias formas de explicar la diferencia. Siendo muy caritativos y dando mucho (¿demasiado?) beneficio a la duda, es posible que la industria financie ensayos para tratamientos para los cuales ya haya más evidencia de efectividad. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU (FDA) exige tres ensayos clínicos para aprobación de nuevas drogas y sólo las aprueba para su uso en enfermedades específicas y, a veces, en poblaciones específicas. Por esto la industria farmacéutica tiene que realizar múltiples ensayos sobre drogas que quizás ya se utilizan, por lo que es lógico pensar que es más posible que éstos den resultados positivos.

Si bien es posible que haya algo de eso, la realidad es que lo que principalmente está pasando es lo que se denomina sesgo de publicación y no es difícil de entender. Para la industria, está más que claro que un resultado nulo no brinda beneficios económicos. Gastar millones en el desarrollo de un nuevo tratamiento para que después no resulte mejor que los tratamientos ya existentes no es negocio. El incentivo para ellos es el de ocultar los resultados nulos o negativos y resaltar los positivos.

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Pero como esto sería desperdiciar el tiempo y dinero que llevó hacer el ensayo en un principio, se pueden usar técnicas más sutiles. Si se miden muchas variables, siempre se puede reportar sólo las que dan resultados favorables; si los sujetos varían en sexo, edad, condición social, o cualquier otra variable, se puede analizar cada subgrupo uno por uno hasta encontrar un resultado positivo. También se puede ir “espiando” los datos mientras son recolectados y decidir sobre cuales quedarte y cuales no, o cuando dejar de tomarlos. Simonsohn denominó a estas técnicas “grados de libertad del investigador” y en su paper demostró que más de la mitad de las veces se podía sacar resultados positivos que no eran más que falsos positivos.

Pero todos estos problemas no son necesariamente fruto de la perversidad de la farmafia, sino que pueden surgir del trabajo honesto de un investigador que no se da cuenta de lo que está haciendo. Como los resultados positivos son más llamativos y "venden" más, los investigadores están siempre incentivados a escribir y mandar a publicar más que nada resultados positivos. Los editores, además, tienen el incentivo de vender subscripciones a su revista y van a tender a rechazar publicaciones negativas.

Tanto sesgo de publicación como los grados de libertad del investigador son problemas muy serios en medicina donde la información puede salvar vidas. Si la información publicada está sesgada, entonces los médicos no pueden hacer bien su trabajo. Y si bien el problema no es exclusivo de la industria, el financiamiento y el rédito económico agregan un grado más de incentivos perversos.

La mejor recomendación para atacar el problema es, en mi opinión, la idea de pre-registrar los métodos de un estudio antes de siquiera ponerse a recolectar datos y obligar a que se publiquen todos los ensayos que se registren. Ben Goldacre hace tiempo lanzó la campaña All Trials que busca precisamente esto.

Ideología mata galán.

Pero si este artículo comenzó con algo que todos debemos reconocer como obvio, va a terminar con algo que quizás no todos saben. El sesgo y los incentivos no siempre tienen su origen en el vil metal; la ideología y las creencias muy aferradas son una fuente importante de distorsión en la literatura científica. Y no hay ejemplo más dramático, en mi opinión, que lo que sucede en la medicina alternativa.

La medicina alternativa también es una industria y también mueve dinero, pero es difícil pensar que el incentivo monetario sea suficiente para explicar que todos (si, todos) los ensayos clínicos sobre acupuntura publicados en China, Japón, Hong Kong o Taiwan hasta 1998 sean favorables, como encontró un estudio. Y esto no es por la efectividad de la acupuntura (que no es efectiva), ya que en el mismo estudio, en EE.UU. sólo el 53% arrojan resultados positivos.

Siguiendo con la temática, los ensayos clínicos sobre Medicina Tradicional China (MTC) en general son de mala calidad. La literatura médica está repleta de artículos evalúandolos y concluyendo unívocamente que sus métodos son malos; incluyendo uno que concluye que:

A pesar de que se publicaron muchas revisiones sistemáticas de MTC, la calidad de las mismas es preocupante. Como una potencial fuente de información para médicos e investigadores, no sólo muchas son incompletas, sino que algunas contenían errores o eran engañosas. Es urgente concentrarse en mejorar la calidad de las mismas en vez de continuar publicándolas en grandes cantidades si se quiere incrementar el valor de estos estudios.

Una situación similar ocurre en India con los ensayos sobre yoga, donde más del 99% arrojó resultados positivos (comparado con 75% en EE.UU.).

La magnitud de este sesgo es extremo, mucho más grande que el presente en la industria farmacéutica y debería hacer temblar a los defensores de la medicina alternativa.

En cualquier área de investigación con una fuerte componente ideológica, siempre hay que tener en cuenta todos los sesgos posibles. Que un estudio esté financiado por la industria es algo que nos tiene que hacer dudar y mirarlo con ojos críticos, pero lo mismo vale (y quizás más aún) cuando los autores tienen otras motivaciones que pueden ser menos tangibles que un fajo de billetes, pero no por eso menos reales.

3Jun/134

¿Por qué el “a mí me funciona” no es suficiente?

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La gente con frecuencia ofrece testimonios de cómo alguna medicina alternativa “realmente a mí me funcionó”. Las personas que afirman esto no consiguen entender que no tienen ninguna base para afirmar que “funcionó”. Lo único que realmente pueden afirmar es que observaron una mejora después del tratamiento. ¿No podría ser una falsa suposición de que la correlación temporal significa causalidad?

Tales observaciones son tan solo un punto de partida: necesitamos hacer ciencia para averiguar lo que significan esas observaciones y descubrir qué funcionó y qué no; de esta manera comprenderemos mejor la naturaleza y a nosotros mismos. La ciencia es el único modo de corregir nuestros errores de percepción y de atribución.

“La ciencia es una forma de tratar de no engañarnos a nosotros mismos. El primer principio es que uno no debe engañarse y que la persona más fácil de engañar es uno mismo.” (Richard Feynmann)

Recibo muchos comentarios del tipo de “A mi tía/hermano/primo/madre/perro le funcionó, lo vi con mis propios ojos.” Pero eso no cumple ni siquiera con el mínimo de evidencia, ¿o acaso alguien espera que le crea simplemente porque él lo dice? ¿Me creerían si les digo que vi un unicornio rosado que defeca arco iris? Creo que no.

Podemos decir que ver algo con tus propios ojos no prueba que es verdad y no excluye la necesidad de comprobación científica, ya que somos máquinas fallidas para percibir la realidad. Sí: no somos perfectos y nos equivocamos.

Con esto quiero decir que no podemos hacer la suposición de que algo funciona y confiar en alguien que aparenta saber o ser importante, porque nos podemos equivocar. Es más, ¡nos hemos equivocado gran parte de la historia! Tratamientos basados en sanguijuelas, tomar tu propia orina, rezar, tratamiento con mercurio y plomo ¡y un larguísimo etcétera de equivocaciones!

Un ejemplo de esto son las sangrías. Durante muchos años los médicos utilizaron sanguijuelas y bisturís para liberar a los pacientes de su sangre “contaminada con toxinas”. Ellos “sabían” que la sangría funcionaba. Todo el mundo lo decía. Cuando tenías fiebre y el doctor te practicaba una sangría, mejorabas. Todo el mundo conocía a algún amigo o familiar que había estado a las puertas de la muerte hasta que la sangría le curó. Los médicos contaban los éxitos por miles. La gente atribuía grandes cosas a estas terapias, cuando en realidad los pacientes se habían curado a pesar de ella y no gracias a ella. Hoy sabemos que la sangría hace más mal que bien.

Otro ejemplo mas reciente, es que los médicos solían realizar una operación para enfermedades cardiovasculares en la que abrían el pecho y anudaban arterias de la caja torácica para desviar más flujo sanguíneo hacia el corazón. Supuestamente tenían una impresionante tasa de éxito del 90%. Un doctor muy listo llamado Leonard Cobb quería asegurarse de que fuera cierto, por lo que realizó un experimento en el que únicamente hizo la incisión en el pecho y lo volvió a cerrar sin haber hecho realmente nada. Sorprendentemente descubrió que ¡la misma cantidad de pacientes mejoraba tras la falsa cirugía! Los médicos dejaron de realizar dicha operación. Así es: nos equivocamos y no somos buenos analizando la realidad.

Pero,  ¿cómo puede tanta gente estar tan equivocada? ¿Cómo podían creer que algo había ayudado cuando realmente había causado más daño que bien? Hay toda una serie de razones por las que la gente puede acabar creyendo que un tratamiento inefectivo funciona.

  1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural. Muchas enfermedades se autolimitan; el proceso de curación natural del cuerpo devuelve la salud a la gente después de un tiempo. Un resfriado normalmente desaparece en una semana. Para averiguar si un remedio para el resfriado funciona, hay que llevar un registro de éxitos y fracasos en un número de pacientes suficientemente grande como para averiguar si realmente se recuperan más rápido con el remedio que sin él.
  2. Muchas enfermedades son cíclicas. Los síntomas de cualquier enfermedad fluctúan a lo largo del tiempo. La gente con artritis tiene días malos y días buenos. El dolor empeora por un tiempo y luego mejora por cierto otro tiempo. Si utilizas homeopatía cuando el dolor está fuerte, probablemente estaba a punto de mejorar de todos modos, así que la homeopatía se lleva un crédito que no merece. Esto es lo que se conoce como regresión a la media.
  3. Todos somos sugestionables. Si nos dicen que algo va a dolernos, es más probable que duela. Si nos dicen que algo nos hará sentir mejor, probablemente lo hará. Todos conocemos esto: por eso besamos los raspones y apapachamos a nuestros hijos. Cualquier cosa que nos distraiga de pensar en nuestros síntomas es probable que ayude. En los estudios científicos que comparan un tratamiento real con pastillas placebo, una media del 35% de la gente dice que se siente mejor después de tomarlas. El verdadero tratamiento debe hacerlo mejor si queremos creer que es realmente efectivo.
  4. Puede haber recibido dos tratamientos y el tratamiento equivocado se llevó el crédito. Si tu médico te da una pastilla y además te tomas un remedio casero, puedes darle el crédito al remedio casero. O quizás ha habido otro cambio en tu vida al mismo tiempo que ha ayudado en el tratamiento de la enfermedad y éste es la verdadera razón por la que has mejorado.
  5. El diagnóstico o el pronóstico original pueden haber sido incorrectos. Mucha gente ha sido supuestamente curada de cáncer cuando en realidad jamás tuvo un cáncer. Los médicos que le dicen a un paciente que sólo tiene 6 meses de vida están sólo estimando y pueden estimar mal. Lo mejor que pueden hacer es decir que el paciente medio con esa enfermedad vive 6 meses – pero la media significa que la mitad de la gente vive más tiempo.
  6. Una mejora de ánimo temporal puede confundirse con una cura. Si un practicante te hace sentir optimista y esperanzado, puedes creer que te sientes mejor cuando la enfermedad realmente no ha cambiado.
  7. Las necesidades psicológicas pueden afectar nuestro comportamiento y percepciones. Cuando alguien quiere creer algo con suficiente ahínco, puede convencerse a sí mismo de que ha sido ayudado. Se sabe de gente que ha negado los hechos – negarse a ver que un tumor sigue aumentando. Si han invertido tiempo y dinero, no quieren admitir que fue desperdiciado. Vemos lo que queremos ver; recordamos las cosas del modo en que queremos que hubieran pasado. Cuando un médico está intentando sinceramente ayudar a un paciente, el paciente siente una especie de obligación social de satisfacer al médico mejorando.
  8. Confundimos correlación con causalidad. Simplemente porque un efecto sigue a una acción, eso no significa necesariamente que la acción causase el efecto. Cuando el gallo canta y a continuación sale el sol, nos damos cuenta de que no es el cacareo lo que ha hecho que el sol aparezca. Pero cuando tomamos una pastilla y entonces nos sentimos mejor, suponemos que fue la pastilla lo que nos hizo sentir mejor. No nos paramos a pensar que podemos habernos sentido mejor por alguna otra razón.

Así que hay un montón de maneras de equivocarnos. Afortunadamente, hay una manera en que podemos finalmente acertar: mediante las pruebas científicas. No hay nada misterioso o complicado sobre la ciencia, es simplemente un juego de herramientas de sentido común para comprobar cosas. (El resultado de usar esas herramientas puede desafiar el sentido común, pero ése es otro asunto.) Si crees que has perdido peso y te subes a una báscula para comprobarlo, eso es ciencia. Si crees que se te ha ocurrido una mejor manera de plantar zanahorias y compruebas tu idea plantando dos filas lado a lado, una con el método viejo y otra con el nuevo, y miras qué fila produce mejores zanahorias, eso es ciencia.
Para comprobar medicinas, podemos organizar un gran número de pacientes en dos grupos iguales y darle a un grupo el tratamiento que queremos comprobar y al otro un placebo, como una pastilla de azúcar. Si el grupo que recibió el tratamiento activo va significativamente mejor, entonces el tratamiento probablemente funciona realmente. Es sencillo... Este método se puede aplicar tanto al estudio de los fármacos convencionales como con disciplinas que se basen en entidades invisibles e indetectables.

Por cierto, ¿donde están los casos negativos de las medicinas alternativas? ¿Alguna vez leíste sobre los casos que no funcionaron, los pacientes que murieron y los fraudes?

13May/1390

El mito de las dietas ácidas y alcalinas

Alimentación ácida / Alimentación alcalina

Si bien hace tiempo que circulan cadenas de e-mail sobre la temática de las supuestas alternativas para curar el cáncer mediante una dieta alcalinizante, una nueva viralización en las redes sociales me motivó a redactar este artículo. Existen dos puntos a analizar:

  1. La viralización está hecha bajo el nombre de una institución que está a la vanguardia de la investigación del cáncer: el Hospital Johns Hopkins.
  2. El mito de la dieta ácida/alcalina.

Está por toda la web, pero aquí les dejo este artículo para que lo lean ustedes mismos.

El primer punto está aclarado y muy bien argumentado en la página web oficial de la institución, donde se lee claramente:

«La información falsamente atribuida a Johns Hopkins llamada “ACTUALIZACIÓN ACERCA DEL CÁNCER” describe propiedades de las células del cáncer y sugiere maneras de prevenirlo. Johns Hopkins no publicó esta información que viene frecuentemente como un archivo adjunto de un e-mail y tampoco respalda su contenido. El e-mail también tiene el nombre de nuestra institución mal escrito como “John” Hopkins, pero la manera correcta de escribirlo es “Johns” Hopkins. Para más información acerca del cáncer, por favor lea la información en nuestro sitio web o visite la página del Instituto nacional del cáncer (National Cancer Institute) www.cancer.gov. Por favor ayúdenos a combatir la propagación de este engaño divulgando este comunicado.»

Por lo tanto, este artículo está enfocado en el punto 2.

Recuerdo cuando hace unos pocos años creía en esto de la dieta ácida/alcalina... Como estudiante de medicina magufo en ese momento, estaba fascinado con la idea y me dediqué a investigar más. Sin dudas, el resultado fue uno de los “clicks” más importantes que me llevaron a volcarme hacia el escepticismo científico.

Para los que no están al tanto, estamos hablando de la creencia de que ciertos alimentos pueden producir un cambio en el pH de los fluidos corporales como la sangre, causando estados de acidificación o alcalinización que influirían en la producción o curación del cáncer. Pueden ver los detalles en este artículo sobre “La causa primaria del cáncer”, en cuyas conclusiones se puede leer:

  • Las células sanas viven en un entorno alcalino y oxigenado, lo cual permite su normal funcionamiento.
  • Las células cancerosas viven en un ambiente extremadamente ácido y carente de oxígeno.

En ese momento leí varias cosas que me llamaron la atención y recuerdo muy bien lo que pensé, que fue algo así:
1) ¿¿¿Un científico recibió el premio Nobel por descubrir la causa primaria del cáncer??? ¿Cómo nunca me enteré de eso?
2) La acidez expulsa el oxígeno de la célula. Mmm, no tiene sentido, pero será una explicación básica supongo.
3) Privar a una célula de 35% de su oxígeno durante 48 horas puede convertirlas en cancerosas. Sigo sin poder creer que nunca me hayan enseñado esto en la facultad. ¡Qué fantástico! ¡Las “farmafias” siempre haciendo de las suyas!
4) Una vez finalizado el proceso de la digestión, los alimentos de acuerdo a la calidad de proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas que otorgan, generarán una condición de acidez o alcalinidad al organismo. Pero en el estómago todo se vuelve ácido y en el duodeno todo es alcalino...  ¿?
5) Curiosamente todos estos alimentos nombrados, son ANTIFISIOLÓGICOS. Nuestro organismo no está diseñado para digerir todo esto! ¿Diseñado? Esto se está poniendo raro.

Evidentemente, todas las afirmaciones de este artículo van en contra de los conocimientos que nos ha aportado el estudio de la fisiología humana. Esto me llevó a investigar un poco más... Pero vayamos por partes y comencemos con lo que podríamos llamar “la causa primaria de este delirio”.

Aparentemente todo surgió con la manipulación de la información de un premio Nobel de Fisiología o Medicina llamado Otto Heinrich Warburg, galardonado por “el descubrimiento de la naturaleza y modo de acción de la enzima respiratoria”, que significó un hito en la comprensión bioquímica de numerosos procesos orgánicos y que algunos consideran como el más original y productivo del siglo XX. Esta enzima es una parte de la cadena de oxidación que se da en la mitocondria para obtener energía en forma de ATP, la “moneda” energética de la célula, a partir de la glucosa mediante un proceso llamado Ciclo de Krebs. Para que este proceso ocurra se necesita oxígeno. Esta forma de metabolizar la glucosa se denomina glucólisis aeróbica.

Warburg fue un gran científico y los resultados de muchas de sus investigaciones constituyen pilares en la química orgánica y la fisiología humana. Pero sus investigaciones sobre el cáncer fueron menos fructíferas. Observó que las células cancerígenas podían reproducirse sin oxígeno y lanzó la hipótesis de que la privación de oxígeno era la causa de la enfermedad. Según esta teoría, las células corporales que “no utilizan” oxígeno no desarrollarían cáncer, pero hoy sabemos que existen células que tampoco lo hacen y no son células cancerosas: los glóbulos rojos y las células de la córnea, el cristalino y ciertas regiones de la retina.
Warburg también observó que los tejidos cancerosos crecían en medios ácidos, es decir en medios con un pH menor al del organismo (7,4) y que las células normales metabolizaban la glucosa de forma distinta a las células cancerígenas. Lo que lo motivó a escribir “Metabolismo de los tumores” (Stoffwechsel der Tumoren).

Posteriormente, en 1956, redactó un artículo para la revista Science que tituló “El origen de las células cancerosas”, dando indicios de lo que se venía, para luego presentar 10 años más tarde su trabajo “La causa primaria del cáncer y su prevención” en la reunión de premios Nobel en Alemania.

Estas ideas fueron bien recibidas y calaron. Según él había que introducir en la dieta varias enzimas respiratorias, como vitaminas B y hierro, lo que ayudaría a prevenir la aparición del cáncer, anexándose así a los tratamientos mediante megadosis de vitaminas propuestos por otro ganador del premio Nobel (Química), Linus Pauling, que dió nacimiento a la “medicina” ortomolecular. Hoy esta teoría sólo tiene interés histórico.

Fue un muy interesante razonamiento teniendo en cuenta los conocimientos de ese momento. Pero lo que sabemos hoy en día es que la ausencia de oxigeno en las células tumorales se debe a su elevada tasa de crecimiento: unas 200 veces más que las células normales.

Para transformar la glucosa en energía, la célula debe realizar una serie de pasos sistemáticos, en donde si falta un componente, todo falla. Inicialmente la glucosa se transforma en una sustancia llamada ácido pirúvico, o piruvato, el cual puede seguir dos caminos:

  • Cuando hay oxígeno, se realiza la glicólisis aérobica, que es lo que sucede en la gran mayoría de nuestras células con algunas excepciones (como mencionamos más arriba). El piruvato ingresa a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa, donde participan las enzimas que Warburg descubrió.
  • Pero cuando no hay oxígeno nos encontramos en un un estado de hipoxia, por lo que el piruvato no puede ingresar a la mitocondria y es transformado en ácido láctico, o lactato. Este compuesto puede transformarse en piruvato e ingresar a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa si disponemos de oxígeno nuevamente.

El primer camino genera mucha energía, mientras que el segundo no. Pero esto no hace a uno mejor que el otro; son simplemente unos fantásticos mecanismos de adaptación a diferentes estados celulares. Por ejemplo, cuando hacemos una actividad física intensa —una carrera de 100 metros llanos o escapar de un león (¿?)—, la demanda de oxígeno para producir energía aumenta tanto que a veces no puede ser satisfecha, por lo que la célula debe valerse de la energía aportada por la glicólisis anaeróbica, por más pequeña que sea. Esta situación hace que aumente la concentración de lactato en la célula, que es expulsado hacia el exterior (este compuesto ácido hace que sintamos esa “quemazón” en los músculos).

En los tumores pasa exactamente lo mismo: las células cancerosas tienen un metabolismo tan alto que necesitan elevadas cantidades de oxígeno para funcionar. Al no poder satisfacer esa necesidad, realizan glicólisis anaeróbica para obtener su energía. Esto es conocido como Efecto Warburg, el cual lleva a una producción enorme de ácido láctico y la creación de un microentorno ácido.
Como podemos ver, esta acidificación no es entonces producto de la dieta, sino del metabolismo del cáncer. Además, la acidificación o alcanilización nunca ocurren en nuestro cuerpo -en situaciones normales-, ya que el pH es celosamente mantenido en un rango muy estrecho de entre 7,35 y 7,45 y salirse del mismo puede resultar en la muerte de la persona.

Recientemente se ha elaborado una hipótesis del origen del cáncer basándose en el Efecto Warburg, según la cual una alteración en la ruta de producción de energía provocaría una acumulación de formas reactivas de oxígeno que causarían a su vez un daño en el material genético de la célula, desembocando en la producción de cáncer.

Así que no crean que es importante si los alimentos son ácidos o alcalinos, ya que el medio interno del estómago es tan ácido que ningún alimento puede cambiar su acidez, y todos los alimentos que salen de ahí son ácidos. Luego entran al duodeno, donde las secreciones del páncreas e hígado neutralizan los ácidos del estómago y convierten los alimentos en alcalinos. La modificación de la dieta no puede cambiar la acidez de cualquier parte del cuerpo, con excepción de la orina.

Los promotores de estos productos dicen que las células cancerosas no pueden vivir en un ambiente alcalino y eso es cierto, pero tampoco puede ninguna de las otras células del cuerpo. Con todo esto no quiero decir que la dieta no sea importante, nada más lejos de la realidad.

Lamentablemente todavía sabemos muy poco sobre el cáncer. El cáncer no es una sola enfermedad ni tiene un origen único, sino que es un grupo de enfermedades multicausales. Muchas cosas en nuestros genes, nuestro estilo de vida y el medio ambiente que nos rodea pueden aumentar o disminuir el riesgo de padecer cáncer. Por lo tanto, en estos momentos podemos tomar medidas preventivas al respecto y así disminuir la probabilidad de contraerlo.

El estudio Alimentación, nutrición, actividad física y la prevención del cáncer: una perspectiva global publicado por la World Cancer Research Fund y el American Institute for Cancer Research, recomienda:

  • Manténgase tan delgado como le sea posible, dentro de los rangos normales de peso.
  • Haga entre 30 y 60 minutos de actividad física moderada diariamente, como caminar.
  • Evite las bebidas endulzadas y la comida chatarra.
  • Si es madre, amamante durante por lo menos 6 meses.
  • No coma más de medio kilo de carne roja por semana y evite las carnes procesadas.
  • Limite la ingesta de bebidas alcohólicas a una medida diaria, en las mujeres, y a dos, en los varones.
  • Coma 5 porciones diarias de frutas y hortalizas.
  • Limite el consumo de sal a 6 gramos diarios; evite ingerirla como conservante.
  • Evite los suplementos dietarios, a excepción del ácido fólico durante el embarazo.
  • Si sobrevive al cáncer, siga recomendaciones nutricionales de un profesional, realice actividad física y mantenga un peso adecuado.

19Sep/1221

El problema con las anécdotas

Imaginen que quieren ir a ver una película y buscando críticas por Internet, encuentran una que dice que es divertida e interesante pero sólo para amantes del género. ¿Pueden concluir que la película no es mala? Claro que no, quizás esa persona en particular es un amante del género, o es una persona que siempre da un buen puntaje. Si uno quiere tener una perspectiva más sólida, lo que va a hacer es mirar más críticas. Mejor aún, buscar algún servicio como Rotten Tomatoes que tome muchísimas críticas distintas y las promedie para generar un consenso. En este caso, podemos ver que Stealth tiene un 13% aun cuando Catalina Dlugi, crítica de cine del grupo Clarín, no la haya calificado como mala.

Ahora supongamos que queremos saber si un tratamiento médico funciona o no, ¿confiaríamos en la opinión de una Catalina o preferiríamos conocer el consenso de toda la crítica? En otras palabras, ¿confiaríamos en el testimonio que leímos en internet o en el peso de la evidencia científica?

El problema con los testimonios es que no sirven para evaluar si una intervención funcionó o no.

Imposible de verificar

Salvo los casos clínicos que están sustentados en documentos, en general no hay forma de evaluar si los testimonios que leemos por internet son verídicos o no. Cualquiera puede escribir una lista enorme de personas ficticias apoyando el tratamiento. ¿Es cierto? ¿Son personas reales?

Aún si fueran personas reales, ¿cómo sabemos que efectivamente estaban enfermas y que efectivamente se curaron? A falta de registros médicos (que son confidenciales) no podemos saber si hubo un diagnóstico o si éste fue correcto. Tampoco sabemos si el paciente se curó o simplemente se siente mejor.

Múltiples factores de confusión

Incluso el testimonio más legítimo va a estar viciado. ¿Cómo sabemos que el tratamiento que nos quieren vender es lo que lo curó? Quizás también realizó cambios en sus hábitos de vida, o tomó otros medicamentos o directamente fue el curso normal de la enfermedad lo que hizo que se mejore. ¿Bajó de peso por tomar pastillas para adelgazar o porque además se inscribió a un gimnasio e hizo dieta? Las anécdotas, a diferencia de los ensayos clínicos, no nos permiten separar la contribución de todos estos factores.

Sesgo de selección

Finalmente, si hiciéramos caso omiso a todos esos problemas, está el sesgo de selección. Por cada anécdota positiva puede que haya 100 negativas. Pero ningún vendedor va a querer dar a conocer los casos en los cuales si producto falló, por lo que nunca vamos a leer un testimonio negativo.

Esto es un problema también en la literatura científica. Hay varios casos de empresas farmacéuticas que no publicaron resultados negativos de sus medicamentos. Una forma de contrarrestarlo es la creación de registros de ensayos clínicos en los que las empresas están obligadas a publicar los resultados. No es perfecto, pero es algo.

Pero si esto sucede en el mundo de los ensayos clínicos lleno de regulaciones, cuánto peor es en el ámbito de una página web que no tiene que responder a nadie.

¿Qué hacer?

Por todo esto, en el CEA decidimos que vamos a moderar los comentarios en el blog que sean testimonios. El artículo sobre el Método Crescenti es uno que tiene varios de esos. Dado que no podemos determinar su validez y que en definitiva son irrelevantes a la cuestión de la efectividad del tratamiento, no vamos a publicar esos comentarios. No sólo los testimonios a favor de los tratamientos, sino también lo que estén en contra.

30May/12125

El tratamiento Inmunomodulador del Dr. Crescenti

Este es el artículo 1 de 2 de la serie Tratamiento Crescenti

Hace más o menos un mes estuvimos charlando con Alejandro Agostinelli sobre este fenómeno new age llamado Claudio María Domínguez. Alejandro, quien coordinó la investigación que culminó en el informe “Por amor al Dinero”, nos decía que lo más peligroso no es tanto lo que él dice sino a quienes promueve. Interesado por quiénes eran, decidí darme una vuelta por la página web de Domínguez y mirar sus anunciantes.

Así es como llegué a la web del Instituto de Inmuno Oncología Dr. Ernesto J. V. Crescenti y su “tratamiento inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti®”. En un sitio web de aspecto muy profesional nos habla de su “tratamiento inmunomodulador” y nos afirma que, basados “en los resultados obtenidos durante mas de 20 años de investigación” pueden afirmar que “que el tratamiento inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti® es lo más cercano al tratamiento ideal”.

Muchas afirmaciones, pocas pruebas

Es difícil saber  exactamente en qué consiste el “método Crescenti®”. El sitio web habla mucho de antioxidantes, activación del sistema inmune, y demás vaguedades que hacen  imposible saber de qué se trata. En su apartado “Quiénes somos” nos cuenta la historia de su descubrimiento (énfasis mío):

Hay que remontarse al año 1986, luego de haber intervenido quirúrgicamente a una paciente de avanzada edad, cuya patología era cáncer de colon con múltiples metástasis hepáticas, y luego de realizarle una hemicoloctomía [sic] derecha, en el acto quirúrgico, el Doctor Ernesto J. V. Crescenti decidió efectuar un tratamiento distinto a los utilizados hasta aquel momento. El tratamiento empleado fue la combinación de elementos homeopáticos, obteniendo una muy buena respuesta terapéutica.

(De hecho lo que Crescenti dice haber hecho fue una hemicolectomía.) Ya sabemos que los remedios homeopáticos carecen por completo de substancias activas así que esto nos haría pensar que el “método Crescenti®” son pastillas de nada (en otro lado nos asegura que se administra por vía oral). Sin embargo, en una animación con mucha jerga médica que más que aclarar, ofusca, se nos dice que el tratamiento consiste en la inyección de Selenio, Manganeso, Zinc y “lachesis muta” (serpiente de cascabel muda). Por “lachesis muta” espero que quisieran decir “veneno de lachesis muta”, porque no creo que esta gente esté inyectando víboras en sus pacientes.

Intrigado por estas inconsistencias, decidí preguntarles directamente mediante su formulario de contacto, expresamente preguntando por el veneno. A las pocas horas recibí una respuesta del Dr. Máximo Croci que reproduzco sin corrección:

De acuerdo a recientes incestigaciones en cultivos de tejidos y modelos animales se ha comprobado que la asosciacionde Zn, Se Y Mn es efectiva en la estimulacion de la respuesta inmune, el efecto antioxidante y la inhibicion del crecimiento tumoral. El tratamiento del Dr Crescenti combina una serie de oligoelementos que separadamente tienen potentes efectos inmunoestimulantes y catalizadores de poderosas reacciones biológicas relacionadas con el control del estado oxidativo celular, es decir en la regulación de los radicales libres de oxígeno como el peróxido de hidrógeno o el anionsuperoxido. Los oligoelementos catalizan la acción de enzimas tales como la catalsa, superoxido dismutasa dependiente de manganeso y glutatión peroxidasa relacionada con el selenio.

La respuesta completa del Dr. Croci también está envuelta en mucha jerga médica que parece diseñada para confundir más que aclarar y no me dijo nada sobre la “muda”. Es curioso que hable de las “incestigaciones” en cultivos de tejidos y modelos de animales, pero no haga referencia a ensayos clínicos con humanos.

En efecto, los supuestos “20 años de investigación” de los cuales alardean en su página aparentemente no alcanzaron para realizar ni siquiera un solo ensayo clínico. En la sección de Trabajos Publicados se nos presenta una larga serie de publicaciones muy poco impresionantes para el ojo que sabe lo que busca. Muchos trabajos in vitro, presentaciones en conferencias, publicaciones sin ninguna relación con el tratamiento y las infaltables publicaciones “fantasma” que sólo existen en su página web.

Un medicamento no aprobado

Ante tal conspicua falta de evidencia, cabe preguntarse cómo el Dr. Crescenti puede afirmar tantos resultados específicos. Dicen: “El tratamiento ha demostrado tener una gran capacidad de modular la actividad antioxidante de las células y tejidos”, “La suma de estos efectos produce un notable incremento en la sobrevida y en la calidad de vida de los pacientes oncológicos, lográndose en algunos casos una remisión completa de la enfermedad" y “es lo mas cercano al tratamiento ideal” ¿Cómo pueden saber esto? ¿Acaso hay alguna publicación que no aparece en su sitio web? No. El Dr. Croci me aclara que no existe ningún ensayo con humanos:

El compuesto en su forma inyectable esta siendo objeto de un estudio clinico en ANMAT que como sabra es muy largo y aun no esta terminado.

Esto es cierto. Si uno va a la página del ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnologías Médicas) y hace una consulta en su listado de ensayos clínicos con el nombre de “crescenti” en el campo de Investigador se encuentra con un ensayo clínico Fase I que está “Autorizado” desde 2008. Pero buscando más sobre Crescenti en la web del ANMAT uno puede encontrarse con la Disposición 3114/10 en la cual la Dirección de Evaluación de Medicamentos informa de irregularidades en ese ensayo clínico y el ANMAT resuelve

… que la participación del doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI como investigador en futuros estudios clínicos, estará supeditada a la suscripción de una carta compromiso cuyo contenido y alcance será determinado para cada caso por la Dirección de Evaluación de Medicamentos.

Además se “instruye sumario a la firma WALNI S.A. y al doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI”. Las irregularidades incluyen:

  • Utilización de una versión del consentimiento informado no aprobada por el Comité de Docencia.
  • Falta de contratación de un servicio de internación eventual ante la posibilidad de efectos adversos.
  • Falta de observación de los pacientes luego de la administración de la droga.
  • El etiquetado de los frascos no incluye la dosis de producto ni su fórmula.
  • Incumplimiento con los criterios de exclusión.
  • Delegación del plan de monitoreo a una persona que es parte del instituto.
  • Un informe de monitoreo en el cual consta que fue una visita no presencial pero que se observan detalles de verificaciones que sólo pueden realizarse en visitas presenciales.
  • Falta de verificación de los requisitos establecidos por el ANMAT previo al inicio del estudio.

Más allá de esto, la droga en su versión inyectable no está aprobada por el ANMAT mientras que la versión oral se comercializa como un “suplemento dietario” aprobado por el INAL (que regula alimentos, no medicamentos). Mandé dos mails y llamé dos veces al ANMAT para pedir más información pero no recibí respuesta alguna.

La historia de un medicamento

¿Qué significa que el “método Crescenti®” sólo tenga estudios en animales y placas de Petri para argumentar efectividad? Echemos un vistazo a qué nos dice la Fundación de Estudios Farmacológicos y de Medicamentos, cuyo Comité Independiente de Ética aprobó el ensayo clínico del “método Crescenti®”. En su revista “Mientras Espero” tiene una sección en la que nos explica cómo un medicamento llega a ser aprobado para su uso.

Primero se realizan estudios preclínicos con animales y cultivos de tejidos. Este tipo de estudios dan información sobre la toxicidad y el potencial efecto terapéutico además de dar pistas sobre su absorción en el cuerpo. Luego, si estos experimentos sugieren que el medicamento puede ser efectivo, empieza la fase clínica. Se empiezan con ensayos Fase I, con pequeñas cantidades de voluntarios sanos para evaluar tolerancia. Los ensayos Fase II son similares pero se comienza a administrar a pacientes enfermos. Esta fase sirve para determinar las dosis seguras y potencialmente efectivas; esto es muy importante ya que un medicamento administrado en dosis sub-óptimas puede resultar inefectivo o peligroso. Recién luego de que el medicamento salga victorioso de todas estas investigaciones se puede pasar a la Fase III. Los ensayos Fase III se realizan en grandes cantidades de personas, comparando el efecto con el placebo y asegurándose de que los investigadores no sepan quién recibe el medicamento y quién recibe el placebo (para evitar sutiles sesgos). Al  finalizar todo el proceso, los resultados son presentados a las autoridades sanitarias que deciden si autorizar el medicamento o no.

De todos estos pasos, el “método Crescenti®” sólo llegó a la fase preclínica. El Instituto Inmuno Oncológico del Dr. Crescenti está comercializando un tratamiento que no fue evaluado en humanos. Está vendiendo como efectivo y seguro un tratamiento que, en el mejor de los casos, es experimental. El Dr. Crescenti afirma que su tratamiento puede curar el cáncer (“remisión completa de la enfermedad”) cuando lo único que puede saber es su efecto en ratas de laboratorio y cultivos de células.

¿Es posible?

Dada esta completa falta de evidencia, en principio podríamos dejarlo ahí. Dejando de lado si el mecanismo propuesto por el “método Crescenti®” es razonable o no, actualmente no hay evidencia que justifique su comercialización. Sin embargo, no deja de ser interesante preguntarse si algo así podría funcionar. Para esto me comuniqué con Juan Ángel Bisceglia (farmacéutico y becario del CONICET, aunque no especialista en oncología) sobre su opinión profesional.

Según él, los oligoelementos que mencionan efectivamente participan de los procesos de protección oxidativa, pero no “catalizan la acción de enzimas” sino que forman parte de las mismas. “Las enzimas son los catalizadores y los metales son necesarios para su funcionamiento, así como la casi totalidad de las vitaminas que incorporamos en la dieta o mediante suplementos”, corrige Bisceglia .

Hay que tener en cuenta que el Selenio, Zinc y Manganeso no son más que micronutrientes, elemenos que el organismo necesita en pequeñas cantidades y que son parte de una dieta saludabe. En este sentido, el “método Crescenti®” no sería muy diferente que un suplemento vitamínico. A menos que haya una deficiencia particular de estos micronutrientes particulares, no está claro que suplementarlos haría alguna diferencia.

La American Cancer Society, un excelente recurso para informarse sobre el cáncer, tiene un documento con guías para mantener una buena nutrición durante el tratamiento contra el cáncer. Distintos síntomas (falta de apetito, dolores en la boca, vómitos, etc...) pueden dificultar la buena nutrición de la persona con cáncer por lo que no resultaría improbable que estén bajo mayor riesgo de deficiencias dietarias. En mi opinión, esto debería evaluarse en cada caso particular y suplementar los nutrientes que sean necesarios para cada caso.

En cuanto a la acción del veneno de lachesis muta, la cosa es más interesante. Una de las características de las células cancerosas es su habilidad para escapar del sistema inmune. Según Bisceglia,

El veneno de Lachesis, al que el Dr. no hace referencia, seguramente generará una fuerte respuesta inmune (esencialmente dirigida hacia el propio veneno) y no es ilógico pensar que pueda modificar el status inmune del paciente (de hecho hay un antecedente interesante: el bacilo tuberculoso atenuado vivo -BCG- se utiliza en el tratamiento del cáncer de vesícula -posteriormente a la cirugía- con mejores resultados que otros tratamientos tradicionales debido a su capacidad de estimular al sistema inmune contra las células de tumores vesiculares), pero esto también debe ser rigurosamente probado por medio de experimentos controlados.

Cabe recordar que la única versión aprobada (aunque como alimento) es la administrada por vía oral.

El veneno de Lachesis es de naturaleza proteica, y sería MUY raro (no digo imposible) que posea algún efecto por vía oral, ya que la mayoría de las proteínas se degradan en el estómago. Una combinación proteica que sea igualmente efectiva por vía oral e inyectable sería más bien una excepción que la regla.

Es una distinción para la cual el Español no ayuda pero hay una diferencia entre la ponzoña (en inglés, venom) y el veneno (en inglés, poison). Mientras que un animal venenoso es aquel que es nociva cuando se la ingiere, se habla de animal ponzoñoso cuando para causar daño, éste tiene que inyectar sus toxinas. Las serpientes pertenecen a esta segunda categoría. De hecho, tomar veneno de serpiente es, en general, inocuo a menos que se tengan lastimaduras en la boca o el estómago (¡no prueben esto en casa!) ya que, como dice Bisceglia, las proteínas que forman el veneno pueden degradarse como cualquier otra.

Para resumir, le dejo la palabra a Bisceglia:

El "mecanismo de acción" que proponen es, al menos, PLAUSIBLE. Que sirva para todo tipo de cáncer es, desde un punto de vista escéptico, al menos IMPROBABLE, ya que la relación con el sistema inmune no es igual para todos los tumores. Tampoco son iguales todas las drogas usadas en quimioterapia, por lo que la cosa hace ruido. En general hay que desconfiar de lo que sirve para todo, sobre todo en sistemas biológicos.
(...)
La relación entre oxidación celular, fallas del sistema inmune y cáncer es totalmente general. Es como si te dijera "hay un tratamiento maravilloso que mata a todos los microorganismos y que sirve para curar todas las enfermedades infecciosas" o, más exagerado, "tengo un chaleco anti-balas que detiene CUALQUIER proyectil". Quiero decir que aunque la explicación suene lógica, no puede ser considerada válida hasta que se hagan los estudios correspondientes...
(...)
Un animal o tejido es un modelo y la extrapolación directa a seres humanos sin una evidencia firme de que sea válida es un acto irresponsable. También es ilegal llamar medicamento a aquello que no sea aprobado por ANMAT (hay una serie de figuras legales para eso).

(Agradezco a Juan Bisceglia por su colaboración. Aprovecho para aclarar que cualquiera puede comunicarse con nosotros mediante nuestro formulario de contacto para ser contactado si necesitamos alguna opinión profesional)

Una larga trayectoria

Crescenti está comercializando este producto al menos desde el 2005, como atestigua una publicación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires de ese año en la cual el Dr. Carlos Gherardi (Jefe de la División Terapia Intensiva del Hospital de Clínicas de Buenos Aires) se lamenta de la situación y critica a los organismos reguladores por no tomar cartas en el asunto en dos artículos. Dice (énfasis mío):

Hace años que vemos en televisión por cable propaganda sobre un producto para tratar el cáncer que del doctor Crescenti, que no está aprobado por ANMAT. En ella se habla de inmunopatologías, en un lenguaje supuestamente médico que induce abiertamente a la mentira, y ningún organismo regulador ha tomado cartas en el asunto.
Parece una obviedad decir que no se puede autorizar o permitir la publicidad de un producto farmacológico no aprobado por el organismo competente del Ministerio de Salud. Pero ello no lo es en nuestro país, donde desde hace años se asiste a la difusión diaria, en más de una banda horaria y en distintos canales de cable, de un tratamiento oncológico basado en un producto constituido por un extracto de veneno de serpiente (lachesis muta) y oligoelementos. Este artículo, que se presenta como resultado de una investigación científica inmunooncológica, clínica y experimental, no está aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Sin embargo, ningún organismo regulador oficial ha procedido a prohibir que continúe publicitándose.

Envié un mail a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires para más información pero por desgracia no recibí respuesta alguna.

Pero tampoco este es el primer tratamiento contra el cáncer más que cuestionable que promueve el Dr. Crescenti. A pesar de que el Dr. Croci me asegurara que “el tratamiento Hansi no tiene nada que ver con el nuestro”, el mismo Crescenti fue uno de sus creadores junto a Juan José Hirschmann. El HANSI (Homeopático Activador Natural del Sistema Inmune) es una supuesta cura del cáncer que usa elementos homeopáticos para activar el sistema inmune. ¿Suena conocido?

El HANSI además parece deber su origen al “método Canovas®”. Otro tratamiento “inmunomodulador” que, como el de Crescenti, utiliza lachesis muta. Un artículo publicado en la difunta revista “El Ojo Escéptico” por el Dr. Ernesto Gil Deza nos dice que:

En 1993 el laboratorio Canovas afirma que el Hansi en realidad está fundado en un producto homeopático para tratamientos veterinarios: CANOVAS 200, el cual le fue provisto al Sr. Hirschmann quien a su vez lo solicitó para un “amigo con cáncer”.

También hay sitios de medicina “naturista” que directamente no hacen distinción y hablan del “método Crescenti®”, “hasta hace un tiempo llamado HANSI, a su vez derivado de investigaciones del Dr. Canovas”. Y es que el veneno de cascabel muda no es extraño en la homeopatía y nos da a sospechar de que el “método Crescenti®” no está tan alejado del HANSI como se nos quiere hacer creer.

El Hansi surgió a la notoriedad en 1990, cuando el médico Ernesto Crescenti aseguró haber logrado resultados en una paciente con cáncer gracias a una medicación obtenida de los cactus por el botánico Juan Hirschmann. El supuesto remedio fue primero prohibido por la Secretaría de Salud nacional y sus impulsores fueron enjuiciados, y después sobreseídos provisionalmente, por infracción a normas de salud pública.

Esto nos dice un artículo de Página/12 de 1999 a propósito del descubrimiento de frascos contaminados tanto del “método HANSI” como del “método del doctor Crescenti”. En las ampollas inyectables se encontraron hongos y bacterias que podían ser mortales para personas que, como los pacientes de quimioterapia, se encuentran inmunosuprimidos.

¿Cuál es el peligro?

Considerando estos problemas con contaminación, no se puede decir que el “método Crescenti®” sea inocuo y esté libre de riesgos. A los riesgos asociados con la administración de cualquier medicamento (no existe tal cosa como una intervención 100% segura) hay que sumarle los de una inyección mensual. Si efectivamente están inyectando veneno de cascabel en sus pacientes tampoco se podría descartar el peligro en personas con alergias. Además si Crescenti sigue tan descuidado como en 1999, también habría que preocuparse por la posibilidad de infecciones. El tema es que, al no existir ensayo alguno en humanos, es imposible evaluar los riesgos de esta intervención.

Y eso es sin contar los daños indirectos. El Dr. Crescenti le afirma a pacientes con cáncer que su tratamiento puede curarlos. En comunicación con el Dr. Croci, me aseguró que el tratamiento “sería más efectivo aún, si se comienza a tratar antes de la quimioterapia”. Esto es peligrosísimo. ¿Qué pasa si un paciente comienza con el “método Crescenti®” y comienza a sentirse mejor sólo por sugestión o casualidad y decide que no necesita empezar con el tratamiento convencional?

Ante todo esto, en mi opinión el accionar de las autoridades es deplorable. Ya desde 2005 que hay personas reclamando sobre este tratamiento en particular y no pasa nada. Además el acceso desigual a la información es vergonzoso. Mientras los promotores de tratamientos de efectividad incierta responden en pocas horas, ni el ANMAT ni la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires respondieron mis correos enviados hace semanas. Mientras el Dr. Crescenti anda por ahí diciendo que puede curar el cáncer, la agencia que se supone que debe servir de información a la población no puede responderme ni siquiera si este medicamento está aprobado. El sitio del Dr. Crescenti tiene videos y links a testimoniales en Facebook, pero el formulario del ANMAT que supuestamente sirve para buscar productos aprobados, directamente no funciona.

¿Qué pasaría si yo fuera un paciente con cáncer en vez de un blogger interesado en hacer una investigación? ¿Cómo haría para obtener información confiable y adecuada? ¿Qué conclusión podría sacar alguien que no sabe sobre las etapas de la evaluación de medicamentos?

Conclusión

Resumiendo, el Instituto de Inmuno Oncología Dr. Ernesto J. V. Crescenti está vendiendo un tratamiento que no está aprobado por el ANMAT y que no fue evaluado en ensayos clínicos con humanos. Está diciendo esencialmente que puede curar el cáncer basándose en experimentos en ratas y cultivos celulares, un acto irresponsable y potencialmente peligroso.

10Feb/115

Pienso, luego Dudo – Capítulo 04

Tiene que que haber un límite; no puede seguir hasta el infinito.

Samuel Hahnemann (1755 - 1843)

Pienso, luego dudo es el podcast oficial del Círculo Escéptico Argentino. Es una dosis quincenal (o casi) de escepticismo y ciencia en donde conversamos sobre nuevos descubrimientos y desarrollos científicos; nuevos inventos y fraudes pseudocientíficos; y cualquier cosa que encontremos interesante.

En este capítulo algo atrasado (mi culpa!) hablamos principalmente sobre la homeopatía, qué es y cómo funciona. También hablamos de Betelgeuse, ya que estamos.

Para escuchar online, hacer click en PLAY:

Descargar este capítulo en MP3

Algunas cosas de las que hablamos:

  • Aritmética de los cuatro cuatros en El Hombre que Calculaba
  • Explosión de Betelgeuse
  • Homeopatía
    • Suicidio homeopático, en el CEA
    • Campaña 10:23
    • Buen artículo en Wikipedia (al menos por ahora)
    • Breve Introducción a la Homeopatía, vía De Legos a Logos
    • Qué es la Homeopatía y sus principios básicos, vía DrGEN.com.ar
    • Aclaración: El sistema CH (Diluciones Centesimales Hahnemannianias) es el que se expone en este video en el cual se usan varios vasos. En el sistema CK (Diluciones Centesimales Korsakovianas) se utiliza el mismo vaso una y otra vez vaciándolo hasta que quede 1 sola gota de la substancia y luego agregando 99 gotas del diluyente.
    • Este sitio (sección “Remedios”) recomienda diluciones de hasta 100.000 C es decir 1 parte en 10^200.000, un 1 seguido de 200.000 ceros.
    • Meta-análisis sobre homeopatía en The Lancet: “Estas conclusiones son compatibles con la noción de que los efectos clínicos de la homeopatía se deben al efecto placebo”.
    • Sobre Luc Montagnier, en De Legos a Logos
    • La ‘sobredosis’ homeopática no es un experimento científico, en el CEA

Música que se escucha:

Ozzy Osbourne – Suicide Solution

Para comentarios, críticas, opiniones, sugerencias sobre este capítulo, o recomendar temas y compartir noticias para el próximo capítulo, pueden ir al foro o utilizar el formulario de contacto.

Pienso, luego dudo – Capítulo 04 (link de descarga)

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1Feb/1137

La ‘sobredosis’ homeopática no es un experimento científico.

1023 con webA propósito del Desafío 10:23 (la “sobredosis homeopática”) encontré un link a una crítica escrita por un tal William Alderson (miembro fundador de una organización defensora de la homeopatía), quien nos acusa de realizar un “diseño experimental estúpido” y de que se trata de un “sinsentido a-científico”.

Parece mentira que haya que aclarar esto pero nadie afirma que la sobredosis homeopática sea un experimento científico. No hay doble ciego , control de placebo, medidas objetivas ni una predicción que se quiere corroborar. Además, nos vemos obligados a usar preparados homeopáticos caseros porque es imposible conseguir los "reales" en grandes cantidades ya que en Argentina  son considerados recetas magistrales y sólo se venden bajo receta.

Como correctamente señala Alderson en su conclusión, “esta payasada de la ‘sobredosis’ es simplemente un ejercicio propagandístico sin ningún fundamento científico”. ¡Precisamente! Se trata de un evento para llamar la atención de la gente e informar sobre qué es la homeopatía. No es más que una performance para atraer oídos y miradas. Quien crea que se trata de un experimento que busca demostrar que la homeopatía no funciona, tiene una idea profundamente distorsionada de cómo se hace ciencia.

Pero eso no quiere decir que el mensaje sea falso o que carezca de fundamento científico. Es una realidad que los preparados homeopáticos (o “sustancias potenciadas” como los llama Alderson) no contienen ni una sola molécula del supuesto compuesto activo, que la homeopatía ha matado personas indirectamente, y que se está enseñando pseudociencia en las universidades y vendiéndose en las farmacias. Su falta de efectividad ya fue demostrada incontables veces en la literatura científica, hasta el punto en que incluso sus defensores se han visto obligados a admitirlo.

Aunque, si bien nosotros tenemos claro qué es lo que caracteriza un buen estudio, esto no ocurre con los investigadores homeopátios (si se me permite llamarlos así). Al parecer, en el ámbito de la ciencia ellos también aplican la ley de los infinitesimales y creen que los estudios son más potentes cuanto más diluida esté su calidad.

El año pasado, por ejemplo, se publicó un paper que los promotores de la homeopatía estaban inflando desde 2007 cuando empezó el protocolo. Se trataba de un ensayo clínico del poder de los homeoprofilácticos (los preservativos más finitos del mundo, supongo) en la prevención de la leptospirosis. Se publicitaba como “el mayor estudio homeopático jamás realizado, basado en los datos de más de 11 millones de personas (toda la población de Cuba)”. Yo leí el paper y publiqué un artículo en mi blog y, para resumir, es difícil creer que alguien haya aprobado un estudio como éste, sin doble ciego ni control de placebo. Definitivamente, un “diseño experimental estúpido”.

Este mismo es el caso de los estudios sobre la eficacia de la homeopatía en el tratamiento del dengue. De los que encontré, los dos que mostraron efecto positivo carecían por completo de controles. Por otro lado, un pequeño estudio de mayor calidad (con doble ciego y control de placebo) no encontró diferencia alguna entre la homeopatía y el placebo. Esto es típico de la homeopatía y de otros tratamientos inefectivos: el efecto disminuye a medida que aumenta la calidad del diseño experimental. Es por eso que muchos defensores de la homeopatía promueven ensayos clínicos “pragmáticos”, es decir, sin controles.

La costumbre de realizar mala ciencia es ilustrada perfectamente por el caso de Jacques Benveniste. Tratando de dar un fundamento científico a la homeopatía, realizó varios experimentos que, según él, demostraban que el agua tiene memoria. Luego de que el paper fuera publicado en Nature, un grupo de investigadores que incluía a James Randi, trató de replicar los resultados con la asistencia de Benveniste. Notaron que no había doble ciego. Luego de que Randi y los otros tomaran precauciones para asegurar el doble ciego, por primera vez en la historia del laboratorio, llegaron a resultados negativos.

Otra gran celebridad es Masaru Emoto, quien supuestamente demostró que los cristales de agua “sienten” y “escuchan” y lucen “feos” si se le proyectan emociones negativas y “lindos” si las emociones son positivas. Esto también es usado por algunos como evidencia de que el agua tiene memoria. Pero no sólo sus críticos advierten, sino que el propio Emoto admite, que en sus trabajos no hay ningún control ni doble ciego.

A juzgar por la calidad de los estudios que los defensores de la homeopatía consideran convincentes, uno esperaría que la sobredosis homeopática convirtiera en detractores a todos los actuales creyentes. Si esta campaña no es más que “un ejercicio propagandístico sin ningún fundamento científico”, ¿qué decir de la investigación en homeopatía?

11Ene/116

Pienso, luego dudo – Capítulo 2

6 Comentarios    

Publicado por:Elio Campitelli.

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La mayor causa de los problemas del mundo de hoy es que los estúpidos estén tan seguros de las cosas, y los inteligentes tan llenos de dudas.
Bertrand Russell (1872–1970)

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Hellkistador – La Danse du Diable

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18Dic/106

Pienso, luego dudo – Capítulo 0

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Publicado por:Elio Campitelli.

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La verdad surge de la discusión entre amigos.
David Hume (1711 – 1776)

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Este es el capítulo 0. A diferencia de otros capítulos en el futuro, éste no quedó muy estructurado. Los participantes son Pablo Flores, Bruno Bianchi, Lisandro Carnielli y Daneel Olivaw.

Algunas cosas de las que hablamos:

La música que se ecucha:

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