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El milagroso magnetismo – Parte 2: ¿Y la evidencia?

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Este artículo es la continuación de El milagroso magnetismo - Parte 1: Un poco de historia.

En la primera parte de este recorrido por las curas magnéticas hablábamos de una larga historia de prácticas sin evidencia. ¿Cómo saber si realmente existe algún tipo de terapia con magnestimo que funcione?

Si la magnetoterapia funcionara, debería tener algún efecto biológico medible en el cuerpo humano. Debería, de alguna manera, influir en el tejido, células, sangre o líquido sobre el que se aplican. Los defensores de la magnetoterapia afirman que puede ser utilizado para el dolor y una gran variedad de patologías, y para ello han propuesto algunas maneras en las cuales funciona en nuestro cuerpo:

    • Flujo sanguíneo: se afirma que la sangre tiene hierro (cosa que es cierta) y que los imanes aumentan el flujo sanguíneo en el tejido que se aplica el campo magnético. El problema radica en que la sangre no contiene iones cargados eléctricamente, es diamagnética. Otro problema es que la superficie de los imanes es muy pequeña para afectar el flujo sanguíneo impulsado por la presión sanguínea normal. Un experimento sencillo de hacer es colocar un imán “terapéutico” en la palma de la mano: si el flujo sanguíneo aumentara, sería de esperar que la piel alrededor del imán se pusiera de color rosa y se calentara (eritema). Bueno, no lo hace. Esto fue demostrado por un estudio bien diseñado que utilizo láser-Doppler para medir el flujo sanguíneo.

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  • Líquidos: también se afirma que la magnetoterapia produce la alineación de las moléculas de agua de nuestro cuerpo, y de esta manera logra disminuir la inflamación y promueve la cicatrización. Sin embargo, ni siquiera los imanes más grandes, como los que se utilizan en los scanners de resonancia magnética, producen alineación de las moléculas de agua. Un imán “terapéutico” tiene una densidad magnética de unos 800 gauss, mientras que un scanner de resonancia magnética genera entre 30 000 y 40 000 gauss y todavía no se ha demostrado que tenga un efecto biológico en los humanos. Si lo hiciera, tendría serias restricciones para su uso.
  • Conducción nerviosa: otros afirman que la magnetoterapia produce alteración en la forma en que los nervios y las células nerviosas conducen la electricidad. Pero se necesitaría un imán de 24 tesla para disminuir la conducción nerviosa en un 10%. Un scanner de resonancia magnética típico utiliza 1–1,5 tesla.

Entonces… ¿Por qué toda la emoción? ¿Es la magnetoterapia un placebo y todo es por el dinero? ¿O a la comunidad científica y escéptica se le está escapando algo?

Porque, seamos sinceros, todos conocemos a más de una persona que ha atribuído fantásticos beneficios de la magnetoterapia. Sin embargo, como ya sabemos, el “a mí me funciona” no es suficiente.

El problema es que tenemos muchos reportes de casos y anécdotas de beneficios terapéuticos con muy poca ciencia para respaldarlos. El de los primeros serios que se hizo, fue el estudio publicado en Archives of Physical Medicine and Rehabilitation en noviembre de 1997 por el Dr. Carlos Vallbona de la Escuela de Medicina de la Universidad Baylor, el cual afirma que “La aplicación de un dispositivo que entregue un campo magnético estático de entre 300 y 500 gauss sobre puntos dolorosos produjeron un alivio inmediato en pacientes postpolio”.

rodillaVallbona estudió 50 pacientes de postpolio con las articulaciones dolorosas. Dividió a los pacientes en dos grupos y les dio al azar imanes activos (grupo experimental) o inactivos (grupo control) para aplicar sobre los puntos gatillo (que despiertan el dolor) durante 45 minutos. Después de ese tiempo, el 76% del grupo experimental informó alivio del dolor, mientras que sólo el 19% del grupo control informó menos dolor. Vallbona no presenta ninguna explicación para este fenómeno, pero anima a seguir investigando utilizando doble ciego.

Pero se ha observado, en general, que los estudios que indican resultados positivos en estos casos están mal diseñados (como suele pasar con las medicinas alternativas) y usan tamaños de muestra demasiado pequeños, lo que dificulta mucho la extracción de datos y elaboración de conclusiones válidas.

Tal y como menciona un artículo de revisión elaborado por Centro Nacional para la Medicina Complementaria y Alternativa, de los Institutos Nacionales de Salud, llamado Magnets for Pain (“Imanes para el dolor”):

“La mayoría de los ensayos rigurosos no han encontrado ningún efecto sobre el dolor”.

Un ejemplo es un meta-análisis y revisión sistemática de estudios aleatorizados sobre el uso de imanes estáticos para reducir el dolor, que concluye que “La evidencia no apoya que el uso de imanes estáticos alivie el dolor, y por lo tanto los imanes no pueden ser recomendados como una terapia efectiva”.

Debido a que el cáncer es una de las condiciones patológicas que supuestamente “curan” los imanes, además de aliviar el dolor por artritis, dolores de cabeza, migraña, estrés, mejorar la circulación y revertir la evolución de las enfermedades degenerativas, la American Cancer Society publicó un artículo llamado Magnetic therapy (“Magnetoterapia”) donde menciona que no se conocen estudios para apoyar la idea de que la magnetoterapia es útil para tratar el cáncer.

Otro artículo de la American Cancer Society llamado Electromagnetic Therapy (“Terapia Electromagnética”) es más determinante en sus declaraciones sobre el tratamiento del cáncer:

“La evidencia científica disponible no apoya las afirmaciones de que los dispositivos electromagnéticos son efectivos en el diagnóstico y tratamiento del cáncer u otra enfermedad.”

Es fácil ser cínico cuando hay gente que está haciendo millones de dólares con dispositivos no probados. Por otro lado, es difícil pasar por alto todos los ejemplos en la historia donde los expertos han estado equivocados. ¿Quién hubiera creído que la aspirina podría ser una de las terapias de primera línea para prevenir enfermedades del corazón y derrame cerebral? Muchos se rieron antes de que se aceptara que una bacteria (Helicobacter pylori) desempeña un papel importante en la úlcera péptica, y muchos científicos han perdido la cabeza por estar adelantados a su tiempo. Pero aquí nos enfrentamos a un ejército empresarial cargado de pretensiones vagas y sin fundamento, pseudociencia y una caracterización errónea de lo que realmente sabemos como un hecho.

Siempre existe la posibilidad de que el magnetismo pueda producir beneficios reales en la salud. Esto no sería nada nuevo en el campo de la medicina. Pero hasta el momento, el mejor uso clínico establecido de un campo magnético pulsante (no estático) es en la curación de fracturas óseas, aunque este efecto es modesto. La evidencia hasta el momento apoya la conclusión de que hay una respuesta biológica relevante, aunque un solo estudio no confirma nada; se necesitan más.

Por ahora, de algunas cosas  estamos seguros:

  • La evidencia científica no apoya que el magnetismo tenga efectos sobre la salud.
  • No deberías reemplazar la terapia médica que estés utilizando por imanes.
  • No deberías usar imanes si tenés marcapasos o una bomba de insulina.
  • Tampoco deberías usar imanes si estás embarazada. A pesar de que los campos magnéticos producidos por los scanners de resonancia magnética son inocuos para el feto, aún no sabemos que es lo que hacen los imanes “terapéuticos” en el embarazo.
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El milagroso magnetismo – Parte 1: Un poco de historia

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Como persona deportista y un poco osada, he tenido varias lesiones a lo largo de mis 25 años en varias partes del cuerpo, como tendinitis, distensiones ligamentarias y fracturas. Posterior a la recuperación, se suelen realizar algunas sesiones de kinesiología y fisioterapia para rehabilitar y quedar 10 puntos.

Hielo, masajes, luz infrarroja, ultrasonido, onda corta y ejercicios de fuerza son algunas de las terapias que me han realizado. Pero había una en particular que siempre me llamó la atención por lo fascinante que parecía: la magnetoterapia.

Recuerdo la primera vez que la usé. Estaba rehabilitando una tendinitis de Aquiles. El kinesiólogo me dijo que servía para disminuir la inflamación y aceleraba la recuperación de los tejidos gracias a los campos magnéticos. Obviamente me lo creí y hasta hace muy poco tiempo pensé que era verdad,  hasta que tuve un estímulo para comenzar a investigar.

La magnetoterapia es una práctica que consiste en la aplicación de campos magnéticos para producir (supuestamente) beneficios en la salud. También están los brazaletes magnéticos, collares, plantillas para zapatillas y hasta collares para perros. No es algo nuevo. Pero… ¿existe alguna evidencia que apoye los argumentos y la utilización de estas terapias?

Los efectos del magnetismo y otras “energías” han sido estudiados desde los tiempos de los imperios romanos y griegos. La medicina tradicional china utiliza uno de los sistemas de sanación mas viejos de este tipo, basado en el chi o qi, que no es sino el nombre dado a la energía o fuerza vital que (ellos dicen) circula por el cuerpo. El concepto de fuerza vital también se puede encontrar en la medicina hindú y en la naturopatía (Hipócrates).

Para reencontrarnos con el magnetismo curativo, podemos viajar a Suiza del sigo XVI y encontrarnos con el alquimista Paracelso, que utilizaba un imán “mágico”, un tipo de mineral que atraía al hierro, para sanar todo tipo de enfermedades. Lo molía y colocaba en bálsamos que aplicaba a los enfermos con resultados milagrosos. A pesar de que William Gilbert (médico de la reina Isabel, conocido por sus estudios en magnetismo) advirtiera que moler el imán hacía que éste perdiera su magnetismo y por lo tanto sus supuestas propiedades milagrosas, Paracelso siguió fabricando bálsamos para una gran cantidad de enfermedades.

En los tiempos modernos, el descubrimiento de la electricidad trajo consigo los tratamientos electromagnéticos. El uso de diferentes formas de dispositivos eléctricos y generadores de frecuencia en medicina ha intrigado tanto a pacientes como a sus practicantes durante generaciones.

Alrededor del 1800, un médico austríaco llamado Franz Anton Mesmer, conocido por su uso de la hipnosis y la astrología, experimentó con el magnetismo al hacer que una paciente bebiera un fluido con hierro para luego colocarle imanes en diferentes partes del cuerpo. La paciente refirió una sensación de corriente circulando por su cuerpo y alivio de los síntomas. Mesmer sugirió que se debía al magnetismo animal, también llamado mesmerismo. Como era de suponer, Mesmer abrió una clínica en París y dejó de utilizar los imanes para pasar a usar las manos.

Albert Abrams

Albert Abrams, el Decano de los charlatanes del siglo XX.

A fines del siglo XIX el Dr. Daniel Palmer abrió su Escuela de Curación Magnética. Pronto descubrió que sus pacientes reportaban mejoría sin necesidad de imanes, con sólo una “imposición de manos” (otra vez). Más tarde Palmer creó también la Escuela Palmer de Terapia Quiropráctica.

A principios del siglo XX, el Dr. Albert Abrams afirmaba que cada órgano se ajusta a una longitud de onda electromagnética en particular. Fue demasiado lejos; la Asociación Médica de Estados Unidos lo nombró “Decano de los Charlatanes del Siglo XX”. Eso calmó los ánimos por casi cien años, pero hoy están resurgiendo toda clase de aparatos magnéticos “mágicos”.

Los imanes son generalmente hechos de metales (tales como el hierro) o aleaciones (mezclas de metales, o de un metal y un no metal) y tienen la capacidad de producir una fuerza medible llamada campo magnético. Es importante reconocer que no todos los imanes o campos magnéticos son iguales. La diferencia más significativa es entre los campos magnéticos pulsantes y los campos magnéticos estáticos: los imanes estáticos tienen campos magnéticos que no cambian, a diferencia de los electroimanes, que generan campos magnéticos sólo cuando la corriente eléctrica fluye a través de ellos. Esto se debe a que la electricidad y el magnetismo son en realidad manifestaciones de la misma fuerza fundamental, el electromagnetismo, reconocido por primera vez cuando se descubrió que un campo magnético cambiante puede generar corriente eléctrica y una corriente eléctrica cambiante puede generar un campo magnético.

Los campos magnéticos de los imanes se miden en unidades llamadas gauss (G) o, alternativamente, unidades llamadas tesla (T); 1 T = 10 000 G aproximadamente. Los imanes comercializados para el alivio del dolor por lo general poseen una densidad de campo magnético de 300 a 5 000 G, muchas veces más fuerte que el campo magnético de la Tierra (alrededor de 0,5 G), pero mucho más débil que los imanes usados ​​para máquinas de resonancia magnética (15 000 G o más).

Desde mediados del 1800, gran cantidad de máquinas electrónicas han sido aplicadas a una larga lista de enfermedades. Nunca se ha demostrado la efectividad de la mayoría de estos dispositivos y, en algunos casos, su uso ha resultado en serias lesiones e incluso la muerte. Sin embargo, algunas tecnologías eléctricas y electromagnéticas se han convertido en pilares de las prácticas médicas modernas, como los rayos X, la radioterapia, la resonancia magnética y los marcapasos.

Continuará…