25Sep/139

El lado bizarro: “El Maravilloso Universo de la ¡MAGIA!”

magia

El universo de las pseudociencias es enorme. Supersticiones como la astrología, pseudomedicinas como la homeopatía, diversos negacionismos (evolución, cambio climático, SIDA), conspiranoias que involucran a HAARP, estelas de condensación y terremotos, afirmaciones de visitas alienígenas, y un largo etcétera. La realidad es que no parecería haber fin para su diversidad y originalidad.

Pero si bien es cierto que se podría hacer una taxonomía muy detallada, a primera vista todos esos ejemplos tienen en común que son medianamente inteligibles. Sus defensores proponen afirmaciones factibles de ser analizadas y aunque muchas veces mantengan hipótesis mutuamente excluyentes, dentro de todo uno puede entender de qué se está hablando.

Pero existe otro lado de las pseudociencias -el lado bizarro, si se quiere- en el que toda pretensión de coherencia sale disparada por la ventana. Se dicen palabras pero uno no puede entender qué es lo que se está diciendo y es completamente ininteligible. Quizás más que transmitir información o argumentos, el interlocutor está más interesado en transmitir emociones. Uno de esos casos es el libro “El Maravilloso Universo de la ¡MAGIA!”.

Este librito, escrito por un tal Enrique Barrios apareció en la biblioteca de la casa de mi madre hace varios años. Desconozco quién lo compró ni cuándo, pero es una esas cosas que lo dejan a uno sin palabras por su carencia total de sentido y abundancia de mala redacción.

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Nuestro Guía nos recibe para el inicio de nuestra aventura.

Con 226 páginas y 32.000 palabras (que se pueden contar en su versión digital), logra tener un promedio de 140 palabras por página lo cual es aproximadamente la mitad de las que tiene este artículo hasta este párrafo. Esto se logra gracias a un original uso del espacio en el que cada oración es un punto y aparte y cada párrafo está separado por una línea en blanco. Efectos de sonido de puertas abriéndose también cuentan como oraciones. Además, como no podía ser de otra forma, frases COMPLETAMENTE EN MAYÚSCULAS acompañan al lector en su larga travesía.

Caben decir algunas palabras sobre su autor. Enrique Barrios tiene una página personal y artículos en Wikipedia (probablemente escritos por él mismo) de él mismo y uno de sus libros. Si habemos de creerle, Barrios es el orgulloso poseedor de dos bendiciones de Juan Pablo II por sus libros sobre Ami, el niño de las estrellas, que también fueron, aparentemente, declarados “Material Didáctico para la Educación Nacional por el Ministerio de Educación de Chile”. El libro que nos ocupa ahora, por otro lado, parece haber sido premiado por la Asociación Psicoanalítica Argentina en 1990.

Para ser justos, el libro desde el principio avisa que no va a tener ningún sentido. Antes de el primer capítulo ya nos habla de la koan que “consiste en una propuesta irracional que le es entregada al discípulo para que su intelecto trabaje con ella. Como la propuesta es irracional el intelecto comienza a desestabilizarse, enfrentando a un trabajo para el que no está concebido”. A quién no le gustaría poder escribir eso en la introducción de toda monografía para estar justificado en llenarla de incoherencias. ¡10 felicitado!

Pero lo mejor está por venir. En el primer capítulo nos recibe un “Guardián etéreo” que nos da la bienvenida al Templo. Con una antorcha nos muestra una inscripción escrita en “un antiguo lenguaje que proviene de los Templos de la Atlántida” y que “sólo los Hierofantes, los Sumos Sacerdotes, tienen la clave para interpretarlo…”.

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El sutil lenguaje que sólo los Sumos Sacerdotes pueden comprender.

Por suerte luego el Guardián nos muestra una traducción en nuestro idioma sino seguro que habría sido imposible de entender. El guardián, entonces, procede a abrir la puerta

¡CHIIIIIRRRRRI1IIIUUU !
Estas antiguas bisagras están bastante oxidadas.
Es falta de uso...

En el Primer Claustro nos recibirá un Gran Maestro que tiene enseñanzas muy profundas y, sobre todo, originales. “Dios es amor”, “Dios está en vos” y demás. La originalidad continúa con una descripción cosmológica:

El universo no tiene tres dimensiones, sino muchas más, pero nuestra conciencia nos permite percibir sólo tres.
Si nuestra conciencia subiera de nivel, percibiríamos otras dimensiones.
A la capacidad de percibir sólo tres dimensiones le llamaremos tercera dimensión de conciencia.
Esta Enseñanza está destinada a hacerte alcanzar la cuarta dimensión de conciencia.

En los siguientes claustros el gran maestro nos dice que, como Dios está en nosotros, nosotros somos magos y podemos hacer lo que queramos. Pero claro, como siempre pensamos en tener lo que era posible, obtuvimos lo que era posible.

Tu Mago Interior ha estado siempre obedeciendo tu voluntad.
Pero jamás le has ordenado, por ejemplo, "consígueme el trabajo, la situación o la pareja que necesito".
Naturalmente que no, porque, de acuerdo a tu condicionamiento mental, eso "no se puede"...
Jamás le has ordenado que obtenga lo que tú anhelas, porque crees que eso es "imposible".
Pero le ordenaste en cambio realizar todo aquello que tú creías que sí era posible, como enfermedades, miseria, soledad y accidentes...

Traduciendo: vos tenés la culpa de tus problemas. El Gran Maestro no lo dice así, pero esa parecería ser la conclusión inevitable. Si cada uno crea su propia realidad, entonces lo que le pasa es por completo responsabilidad suya, incluso “enfermedades, miseria, soledad y accidentes”. Más adelante el Gran Maestro será más directo:

Creas tu realidad de acuerdo a como crees que es Dios.
Si tu Dios es cruel, tu realidad no será muy agradable, pero no es culpa de Dios, sino tuya.
El te deja actuar como prefieras.
Con tu Poder creador, en base a tus creencias o condicionamientos mentales vas creando tu realidad.
Es por eso que la búsqueda de "culpables" es un sueño muy profundo.
Pero se utiliza a menudo para no descubrir al real causante: tú.
Todo está en tu mente. Tu situación actual es una elección tuya, una opción elegida por tu mente.
Cambia tu mente y cambiará tu mundo, tu destino, todo.

“Pero, Barrios, yo ya creo que soy un Mago pero sigo sin poder curar el cáncer de mi hijo”, podría argumentar alguien. Ah, pero el gran maestro ya tiene su “alegato especial” debajo de su manga:

Puede que "en teoría" aceptes ser un Mago, en el consciente, pero, ¿y en tu subconsciente?
Es allí donde debemos trabajar. Debemos hacer que nuestro subconsciente "escuche", conozca nuestros verdaderos deseos.

Leyendo estas cosas un puede entender por qué la APA premiaría un libro como este, ¿no?. Y es que además de usar el argumento de la negación y el inconsciente, la incoherencia de este libro poco tiene que envidiarle a Lacán:

Los físicos modernos no dejan de sorprenderse al observar la materia.
Ahora resulta que las cosas son y no son a la vez; que el tiempo y el espacio no tienen realidad absoluta y cosas por el estilo.
Por el estilo de esta Enseñanza...
Aquí, el tiempo y el espacio son sólo una forma de movimiento de tu conciencia.

¿Hay mucha más sabiduría en el resto de los Siete Claustros y demás enseñanzas? Honestamente no. Esencialmente el libro radica en repetir una y otra vez lo mismo pero de distintas maneras. Creamos nuestra realidad, pero estamos en la tercera dimensión de consciencia que no nos permite verlo. Ah, y Dios es amor. ¡Corte; Se imprime!

¿Qué se le puede decir a esto? Se trata de una noción tan transparentemente absurda y sin sentido que parecería ser inmune a la crítica. “El ridículo es la única arma que puede ser usada en contra de las posiciones ininteligibles. Las ideas tienen que ser distinguibles antes de que la razón pueda actuar sobre ellas” decía Thomas Jefferson.