8Jun/132

Una introducción a la parapsicología

Karl Zener inventó un juego de cinco cartas estandarizadas para experimentar con el fenómeno hipotético de la visión remota.

Lo que se conoce como parapsicología es un campo amplísimo y con una larga historia. Aquí sólo daremos un breve pantallazo sobre el origen de la moderna parapsicología y su creador; el resto lo iremos desarrollando en otros artículos.

El término “parapsicología” no es demasiado nuevo. Lo acercó al público durante los años 1930 el botánico y luego estudiante de psicología Joseph Banks Rhine (más conocido simplemente como J. B. Rhine), pero el inventor de la palabra (Parapsychologie) fue el filósofo alemán Max Dessoir, en 1889.

Rhine publicó en 1934 un libro sobre lo que hoy conocemos como “paranormal”, cuyo título era, sí, un término acuñado por él: Extrasensory Perception (“percepción extrasensorial”, en inglés designado habitualmente por las siglas ESP). Junto con su compañero Karl Zener, Rhine creó la primera metodología estándar para la investigación de los fenómenos paranormales.

[Zener es hoy recordado por las cartas que inventó para testear los supuestos poderes de telepatía o visión a distancia. Se trata de cartas de gran tamaño que tienen en uno de sus lados un dibujo de un círculo, un cuadrado, una cruz (+), una estrella de cinco puntas o tres líneas ondeadas, que el sujeto debe adivinar sin ver (algunos lectores quizá recuerden la escena del comienzo de Cazafantasmas en la que el libidinoso parapsicólogo Peter Venkman emplea estas cartas en un test algo heterodoxo, castigando los —supuestos— errores de adivinación del sujeto masculino con choques eléctricos).]

Con Rhine a la cabeza, la parapsicología pretendía estudiar científicamente fenómenos como la telepatía, la precognición y la telequinesis. Para esto fundó, en 1957, la Asociación Parapsicológica, que vino a tomar la posta de antiguas organizaciones como la Sociedad Americana para la Investigación Psíquica (fundada en 1884) y su inspiración británica, la Sociedad para la Investigación Psíquica (Londres, 1882). Si a fines del siglo XIX el interés estaba en el hipnotismo, la fuerza vital, las materializaciones y los eventos que ocurrían en las sesiones de espiritismo, a mediados del siglo XX se buscaba no sólo estudiar otros tipos de supuestos eventos o poderes psíquicos, sino hacerlo en un ambiente controlado y con procedimientos investigativos específicos.

La parapsicología terminó dándole cabida también a la reencarnación, las “experiencias cercanas a la muerte” y las apariciones, pero siempre —al menos en principio— desligándose de la visión espiritualista de los mismos.

En general, la cantidad de hallazgos positivos de la parapsicología ha ido en relación inversa al rigor de los procedimientos. Rhine era, probablemente, un investigador honesto, pero cuando los escépticos comenzaron a revisar sus experimentos se dieron cuenta rápidamente de que había múltiples maneras en que los sujetos podían engañarse y/o engañar al investigador. Esto resulta bastante sencillo de detectar cuando se tiene el entrenamiento adecuado, como observaba James Randi (escéptico y mago de profesión), entrenamiento que los científicos generalmente no tienen. Rhine mismo descubrió a veces a sus ayudantes falseando los resultados (¿para complacerlo a él, para ganarse el reconocimiento?), pero —según Martin Gardner, autor de Modas y falacias en el nombre de la ciencia, obra seminal del movimiento escéptico contemporáneo— nunca aceptó dar sus nombres. Los numerosos hallazgos reportados en la obra de Rhine nunca fueron duplicados.

La parapsicología tuvo sus días de gloria en los años 1970 y ’80, con múltiples institutos de investigación, journals y cátedras en prestigiosas universidades. Increíblemente, la Asociación Parapsicológica consiguió incluso un lugar dentro de la AAAS (Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia), que retiene. En los últimos tiempos algunas de esas cátedras notables han ido quedando vacantes y varios de esos journals han dejado de publicar, esencialmente porque no hay nada que reportar sino más experimentos con efectos nulos, poco significativos y de mala calidad. Eso no ha significado el fin de la parapsicología, claro está, que sigue vergonzosamente congregando a “profesionales” en colegios y asociaciones, además de absorber fondos de investigación en universidades de unos cuantos países desarrollados. Tampoco ha extinguido la creencia popular en fenómenos paranormales, ni ha impedido que “investigadores” autodidactas continúen buscando sus llaves perdidas en el rincón iluminado donde ya saben que no están, ni que charlatanes de todo pelaje tomen el campo, ya sin pretensiones de rigor científico, para vender esas creencias al público ávido de misterios.