21Abr/1119

¿Más rápido que la luz?

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Publicado por:PabloDF.

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Al final del artículo sobre el aumento de masa relativista decía que, habiendo quedado claros los largos tiempos y las inmensas energías necesarias para el viaje interestelar, me parecía que eso debía desacreditar la hipótesis de los OVNIs como naves extraterrestres. La clase de visitas que postulan los fans de las lucecitas celestiales —visitas frecuentes, repetidas, constantes y sin objeto aparente, de naves relativamente pequeñas y sin medios visibles de producción o emisión de energía, como si fuera tan fácil venir a la Tierra— parecen a priori una idea ridícula.

USS Enterprise (Star Trek)

USS Enterprise

Por lo mismo, lamentablemente, no son realistas los sueños de la ciencia ficción como el Imperio Galáctico de Asimov o los viajes de la USS Enterprise para ir audazmente donde nadie ha ido jamás. Asimov conocía muy bien el problema e intentó esbozar un mecanismo que hiciera posible “saltar” entre los mundos a través de un “hiperespacio” con propiedades geométricas especiales. La gente de Star Trek, por su lado, se valió del recurso del warp, por el cual la nave no va más rápido que la luz sino que se mueve dentro de una burbuja que deforma y acorta el espacio a medida que avanza: un poco más ingenioso, pero igualmente inviable.

En Babylon 5 las naves viajan a través de un hiperespacio que se plantea como un espacio con algunas reglas distintas al espacio normal; se viaja por él con motores convencionales una distancia corta (en términos astronómicos) y se sale a una gran distancia en el espacio “normal”; las naves grandes pueden entrar solas al hiperespacio, pero las otras requieren “puertas de salto” fabricadas por una raza alienígena antigua de la que nada se sabe. En Battlestar Galactica hay también “saltos”, pero éstos son instantáneos (no hay interludios en el hiperespacio) y no requieren de un equipo muy complicado; una nave con capacidad para diez personas puede llevarlo.

Ringworld (Mundo Anillo), por Larry Niven

Mundo Anillo, por Larry Niven

En Deep Space Nine, además de la tecnología warp, se utiliza el recurso de hacer pasar a las naves por un agujero de gusano, entidad teóricamente posible pero cuyo uso requeriría, en el mejor de los casos, de una tecnología absurdamente avanzada y una cantidad de energía prohibitiva. En Contacto, Carl Sagan hace que sus protagonistas construyan (con planos enviados por radio desde la estrella Vega) una máquina que crea algo muy similar a un agujero de gusano aquí en la Tierra, pero el regreso trae consigo ciertas paradojas bien pensadas que lo hacen inútil para el uso habitual.

Al extremo del absurdo velocístico llega Larry Niven en Mundo Anillo: no sólo hay naves convencionales que viajan (en el hiperespacio) a razón de tres días y medio por año-luz (es decir, más de cien veces la velocidad de la luz) sino que los protagonistas utilizan una nave de un diseño secreto que cubre esa distancia en un minuto y cuarto (unas 420 mil veces la velocidad de la luz), todo esto con motores que anulan la inercia y no usan masa de reacción, tecnología que en el mundo de Niven resulta avanzada pero no fantástica. (Niven también saca de la galera, sin justificativo científico alguno, materiales de fábula como el scrith, que tiene una resistencia a la tracción comparable a la fuerza nuclear fuerte, y unos metros del cual son capaces de bloquear el 40% de los neutrinos que choquen con él.)

Por contraste, Ursula K. LeGuin prefirió resignarse a que los protagonistas en su serie del Ekumene viajaran en animación suspendida en naves NAFAL (Nearly As Fast As Light, “casi tan rápidas como la luz”), lo cual le dio de paso algo de material para explorar los conflictos psicológicos y los efectos políticos de la dilatación temporal, de los viajes largos y de la imposibilidad de intercomunicar eficazmente una unión o confederación de mundos apartados. Roger Zelazny escribió un cuento, Este momento de la tormenta, en el que trata incidentalmente este asunto en su protagonista.

La dilatación temporal es también un punto de partida importante de la obra de Arthur C. Clarke, Voces de un mundo distante, en la cual se especula con una “energía del vacío”, extraída de la llamada “espuma cuántica”. Hoy en día esta energía (mal entendida, claro) es una de las preferidas de los pseudocientíficos. Clarke, de todas formas, se mantuvo también dentro de los límites de la ciencia ficción dura: ninguna de sus naves iba más rápido que la luz. Incluso imaginó (y es otro punto clave del argumento de su novela) cómo podía protegerse una nave espacial de la abrasión producida por las partículas con las que se encuentra. (En el espacio hay átomos y iones sueltos de hidrógeno, y da lo mismo si chocan contra una nave o la nave choca contra ellos: el efecto, al acercarse a la velocidad de la luz, es el de un feroz bombardeo de rayos cósmicos.)

Específicamente sobre el tema del incremento de masa relativista escribió Donald Wandrei su cuento Coloso, dándole una vuelta que en su época (1934) quizá no haya parecido tan absurda como hoy sabemos que es: un viajero del espacio acelera su nave hasta cerca de la velocidad de la luz pero ésta, en vez de hacerse más masiva, se expande, hasta que se vuelve más grande que el universo, el cual resulta ser un átomo dentro de un universo más grande (esta idea, derivada de la visión anticuada del átomo como una versión miniatura de un sistema solar, se repite en varias narraciones de ficción de la misma época).

Como se ve en este brevísimo y necesariamente muy parcial repaso, la literatura de ficción ha tratado de buscar formas de viajar plausiblemente a distancias interestelares, siguiendo —a veces— los últimos hallazgos disponibles de la ciencia, pero por el momento todas estas ideas siguen siendo impracticables, cuando no ridículas.

A los escépticos suelen criticarnos por encerrarnos en el empirismo estricto o en la ortodoxia. Se nos pregunta, retóricamente: ¿la teoría de la relatividad es dogma? ¿No puede ser que Einstein estuviera equivocado, que fuera posible acelerar por sobre la velocidad de la luz o hacer que un cuerpo pierda su inercia? ¿Por qué los extraterrestres, adelantados miles o millones de años en tecnología, no podrían haber descubierto una manera?

Estas preguntas son válidas pero están planteadas desde una postura imaginativa, no científica. Sí, es posible que nos equivoquemos (sin más, la relatividad apenas tiene un siglo de existencia). Pero si somos honestos, debemos pensar en términos de lo que ya sabemos. Hay personas que reestructuran su vida en torno a la creencia de que los extraterrestres nos visitan. Hay personas que ganan mucho dinero vendiendo esta creencia. Hay muchas personas dispuestas a hacer el ridículo defendiendo esta creencia… y sólo porque no saben, o no quieren aceptar, que las probabilidades de que estar en lo cierto son pequeñísimas. Uno no puede plantear como cierto algo que sólo es apenas marginalmente posible: quizá ésta sea la mejor definición de la honestidad intelectual del escéptico.