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Transgénicos: Más, mejor y más barato

Durante miles de años el hombre modificó su entorno. Al igual que cualquier otro ser vivo, nuestra existencia creó presiones que modificaron los animales y plantas que nos rodean. Ya sea por domesticación intencional o por influencias accidentales, los seres vivos de este planeta tienen nuestra marca en su ADN así como nuestro código genético también está influenciado por nuestro hábitat.

Sin embargo, con el tiempo fuimos aprendiendo a controlar esa influencia. Seleccionando las variedades más convenientes de plantas o animales, su evolución quedó en nuestras manos para bien o para mal. ¿Habrá habido movimientos en contra de la selección artificial en ese entonces? Me imagino agrupaciones en contra de que el hombre decidiera qué tipo de maíz plantar, alegando los inherentes peligros de la modificación genética de nuestros alimentos.

Hace algunas décadas, a nuestro armamento dedicado a la modificación genética se le agregaron técnicas que nos permiten intercambiar genes de una especie a otra. Es sólo una nueva herramienta pero, quizás como en épocas anteriores, existen grupos que se oponen a su uso.

Además de los argumentos basados en su supuesta inseguridad y daños a la salud (potenciales o reales), una de las bases del movimiento anti-transgénicos es que los productos de esta tecnología no son ventajosos. Algunos dicen que en realidad no son más productivos, o que incentivan el uso de pesticidas y prácticas dañinas. Incluso algunos argumentan que como las semillas transgénicas son más caras, al final los agricultores no ven aumento en sus ganancias.

Estas afirmaciones pueden ponerse a prueba y un meta-análisis (un estudio de estudios) recientemente publicado en PLoS ONE sintetiza la información disponible. Usando datos de 147 estudios, tanto de la literatura científica (que pasaron por el brutal proceso de revisión por pares) como la “literatura gris” (artículos de conferencias y reportes institucionales) los autores buscaron compilaron el efecto promedio de los organismos genéticamente modificados en términos de producción, uso y costo de pesticidas, costo total de la producción y ganancia para el agricultor.

El resultado es que los OGM, en promedio, dan más producción y más ganancia para los agricultores, al mismo tiempo que disminuye el uso y costo de pesticidas. Harder, better, faster, stronger.

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Esto obviamente es un promedio y cada planta genéticamente modificada debe analizarse caso por caso. Por ejemplo, un gran grupo de organismos están modificados para producir su propio insecticida y, como pueden luchar sus propias batallas, necesitan un 40% menos de pesticida. Por otro lado, las plantas resistentes a los herbicidas (como la soja resistente al glifosato) no requieren menos pesticidas ya que no están diseñadas para eso. Sin embargo, el costo de los pesticidas es menor (un 25%). Esto puede ser que explique por qué algunos estudios no encuentran disminución del uso de pesticidas (o incluso aumento) por los transgénicos.

Es interesante que los (sustantivos) aumentos de las ganancias de los agricultores sean significativamente mayores en países en vías de desarrollo. Y, aunque parezca extraño, según los autores los estudios financiados por la industria no tienden a inflar los resultados.

Esto último es difícil de creer, pero es confirmado en cierta medida por un estudio publicado en 2011 que concluyó que la fuente de financiación no está relacionada con resultados favorables. Sin embargo, lo que sí está asociado con resutlados favorables es la afiliación de los autores con la industria, algo que este metaanálisis en particular no investigó.

De todas formas, aún considerando sólo los estudios sin conflictos de intereses, casi el 80% publicó resultados positivos.

Viendo este tipo de evidencia y dada la completa falta de estudios que demuestren daños a la salud, ¿cómo se puede negar que los transgénicos están en el futuro de la alimentación? La modificación genética está en el pasado, el presente y va a estar en el futuro, pero las técnicas han evolucionado. Podemos seleccionar genes específicos de funcionamiento conocido e insertarlo en las plantas para crear nuevas variedades. Es hora de dejar de irradiar semillas con material radiactivo para generar mutaciones a lo pavote.

Hay que cambiar la piedra filosa por el bisturí.

27Ago/1423

Tres mitos sobre Monsanto.

Yo no soy de esos que disfrutan defendiendo el nombre y honra de empresas multinacionales. No confío en las farmacéuticas, detesto a las empresas de agua embotellada (con saña), miro de reojo a las petroleras y además, me irrita de sobremanera la venta de suplementos vitamínicos y su gran negocio. Pero si hay algo que me irrita más que eso es cuando los críticos a una empresa hacen afirmaciones falsas ya que es doblemente perjudicial: por un lado se agrega desinformación en el mundo y por el otro, se pierde la oportunidad de una crítica honesta.

Monsanto, el gigante agroindustrial productor del tan querido glifosato (aunque la patente ya venció y es vendido por múltiples compañías) es protagonista de muchos de esos mitos y este artículo es para refutar algunos de ellos.

1. Monsanto no causó suicidios masivos en India.

La leyenda cuenta que los agricultores en India vivían idílicamente hasta que el malvado Monsanto llegó y les vendió el algodón BT, una variedad de algodón genéticamente modificado para producir pesticida naturales. Pero como las semillas de Monsanto cuestan el doble que las tradicionales y no pueden usarse para replantar (por la ley de patentes), los agricultores se van a la quiebra y se suicidan en masa por el deshonor.

Esta vil historia, sin embargo, es completamente falsa. Si bien es cierto que el BT es más caro, éste requiere menos pesticidas y, por lo tanto, a la larga cuesta menos. El rotundo éxito comercial del producto es evidencia de que los agricultores lo consideran valioso así como el importante salto en la producción de algodón por hectárea cultivada luego de su introducción en 2001.

Producción de algodón (toneladas por hectárea) en India. Se observa el importante salto luego de la introducción del algodón BT.

Es difícil pensar que si este algodón llevara a la quiebra a la mayoría de los que lo usan haya sido tan ampliamente adoptado; Monsanto debería haberse quedado sin clientes hace rato. De todas formas hay que tener en cuenta que el algodón BT no es una panacea y que no todas las granjas se beneficiaron de igual manera. Hubo problemas de información, por ejemplo, que llevaron a muchos agricultores a rociar cantidades innecesarias de insecticidas en las variedades resistentes, lo cual pudo haber negado gran parte de los posibles beneficios.

Pero más aún, el fenómeno de suicidios entre agricultores en el país asiático existe desde mucho antes de la venta de esta variedad de algodón y su tasa no se vio afectada luego de la introducción del algodón BT a pesar de que la tasa de suicidio total lamentablemente sí viene aumentando.

Suicidios de agricultores en India (línea negra oscura) y miles de hectáreas cultivadas con algodón BT (línea clara con triángulos).

Esto no significa que el algodón BT no haya estado involucrado en el suicidio de algún conjunto de suicidios de agricultores, sino que, en principio, no lo es en mayor medida que el algodón común.

Para un análisis detallado: BT Cotton and Farmer Suicides in India: An Evidence-based Assessment

2. Monsanto no hace juicios contra agricultores cuyos campos fueron contaminados con sus semillas.

Antes comenté que los agricultores indios no pueden resembrar las semillas que compran a Monsanto. Esto es porque éstas tienen genes patentados y cuando las compran tienen que firmar un contrato en el que acuerdan que no van a resembrarlas. El rol de las patentes en la biotecnología (y en los inventos en general) es más que cuestionable, pero esa cuestión va más allá de este humilde artículo.

Pero, ¿qué pasa si las semillas patentadas de un campo son transportadas por el viento y accidentalmente germinan en el terreno de un vecino que no le compró a Monsanto? Si le creemos a los activistas anti-transgénicos, esta malvada empresa va a caer con un ejército de abogados y lo va a llenar de juicios sólo por un accidente. Sin embargo, la idea de que Monsanto levante demandas contra agricultores que sufrieron contaminación accidental de sus semillas es falsa.

andrea-geller-car-lawsuit-chicago-association-of-realtors-ginger-downs-don-battaglia-battaglia-law-bob-flossEn la página del gigante agroindustrial se puede leer que “nunca fue ni nunca será política de Monsanto ejercer sus derechos de patente cuando se encuentren pequeñas cantidades de nuestras semillas patentadas como resultado de medios inadvertidos”. Obviamente, creerle a una multinacional a prima facie sería pecar de inocente, pero por suerte en 2011 una organización que nuclea a productores orgánicos (la Organic Seed Growers and Trade Association - OSGATA) inició una demanda contra Monsanto haciendo estas mismas acusaciones.

En la demanda, representando un gran conjunto de productores tanto orgánicos como no orgánicos que no tenían intención de usar semillas patentadas de Monsanto, la OSGATA exigía que la multinacional firmara una declaración cediendo el derecho a demandarlos por violación de patente. El juez desestimó la demanda y su declaración, que puede leerse libremente en internet, claramente (o con tanta claridad como lo permite un documento legal) reconoce que OSGATA no pudo mostrar ni un solo ejemplo en el cual Monsanto haya demandado a un agricultor por contaminación accidental.

Y a pesar de que los demandantes afirmaron que Monsanto realiza amenazas de litigación en ese sentido, ninguno de los agricultores había sido víctima de intimidación ni se pudo demostrar que esto haya pasado.

Todos los ejemplos de juicios iniciados por Monsanto (sólo 144 iniciados y poco más de una decena llevados a término en un período de 13 años) eran casos en los que se violó la ley de propiedad intelectual de forma intencional. Por ejemplo, en el caso de Percy Schmeiser, un agricultor canadiense demandado por Monsanto en 2001 y cuya sentencia también es de libre acceso, el demandado había sufrido contaminación accidental con canola resistente al glifosato y luego intencionalmente seleccionó las plantas resistentes (rociándolas con Roundup y usando las que sobrevivían) para resembrar usando sus semillas. Esto es una clara violación de la patente a sabiendas.

Lo que debería haber hecho Schmeiser es lo que testificaron dos agricultores en el juicio: avisar a Monsanto para que remueva las plantas sin costo alguno.

Otro caso interesante es el de Moe Parr, un estadounidense que se dedica a limpiar semillas para resembrar y que tenía la política de incentivar a los agricultores para que resiembren semillas patentadas y engañarlos diciéndoles que era legal. De hecho, como evidencia la sentencia del caso, sus facturas tenían una nota que afirmaba que reusar semillas patentadas era legal y varios agricultores declararon que Parr los convenció de que era seguro hacerlo.

Lejos de ser casos de violación accidental de la ley de patente, se trató de casos donde había clara intencionalidad y, como dije, en juicio contra Monsanto, los agricultores orgánicos no pudieron presentar ni un solo caso en el cual la multinacional haya demandado por contaminación accidental.

3. Monsanto no vende semillas “terminator”.

Considerando lo extendido que está el mito anterior, es sorprendente que los mismos anti-transgénicos que demonizan a Monsanto por el problema de la contaminación accidental estén en contra de la existencia de semillas que lo evitan.

La idea de las semillas “terminator” es que germinan en plantas estériles que no pueden usarse para reproducirse. Esto, para mí, sería una excelente forma de aplacar cualquier miedo de que haya contaminación de genes transgénicos en el ambiente. No sólo sería una forma de evitar potenciales problemas ecológicos sino que ¡justamente impediría los falsos problemas del mito anterior! Ningún agricultor tendría que temer una violación accidental de la ley de patentes porque ninguna semilla transgénica que contamine su campo podría germinar.

gmoSin embargo, los movimientos anti-transgénicos suelen acusar a Monsanto de usar esta tecnología para controlar el mercado de las semillas y que nadie pueda sembrar sin comprarles a ellos. Pero a pesar de las acusaciones, la realidad es que Monsanto no vende ni planea vender este tipo de semillas. Seguramente por una cuestión de publicidad más que otra cosa, en 1999 hizo ese compromiso. Nadie puede comprarle semillas estériles ni aunque lo desee.

Entonces, ¿salvador de la humanidad o villano de caricatura?

Los mitos en torno a Monsanto y la tecnología de los Organismos Genéticamente Modificados los hace quedar como una empresa que tiene la mano derecha del propio Satanás a su disposición. Una organización dirigida por psicópatas despiadados que se acarician su bigote a lo Dalí mientras observan cómo el mundo es destruido bajo sus comandos.

Pero esta idea es tan ridícula y sin fundamento como pensar que es una inmaculada empresa que está revolucionando la agricultura para acabar con el hambre mundial y cuyos altos mandos son almas desinteresadas que hacen todo por el bien de la humanidad.

Como siempre, la realidad es más compleja. Como toda empresa, el interés de Monsanto está en sus propias ganancias y por eso usa (y seguramente abusa) de la ley de patentes, va a tender a no publicar estudios con resultados negativos para sus productos (igual que las farmacéuticas) y, en general, va a tratar de usar las reglas del juego en ventaja propia. Eso en muchos casos va estar lejos de ser óptimo, pero no significa que Monsanto sea peor que cualquier otra empresa.

Por ejemplo, no es peor que la maquinaria detrás de la agricultura orgánica, que hace lo posible por maximizar la exposición de los estudios que encuentran mejoras nutricionales de sus productos pero ignoran los que no encuentran diferencias significativas con la agricultura tradicional. Es toda una batalla de industrias y en este caso los movimientos anti-transgénicos quieren mostrarse como opuestos a las grandes multinacionales pero en realidad se están oponiendo a unas en favor de otras.