11Ago/1543

Carrasco: un estudio más tóxico que el glifosato

carrasco smallIlustración:  Matt Suarez Holze

Hay dos cosas inevitables en la vida: la muerte y que en una discusión sobre transgénicos o glifosato, alguien cite Paganelli et al 2010; también conocido como el estudio de Carrasco. Se trata de, quizás, uno de los estudios más populares dentro de los círculos anti-transgénicos.

Promocionado como “la persona que demostró la toxicidad del glifosato”, Andrés Carrasco fue un investigador del CONICET que luchó contra los transgénicos y el glifosato. Su estudio tiene un carácter casi mitológico; ampliamente citado pero poco leído y casi nunca críticamente. En contra de su reputación, Paganeli et al tiene serias fallas y, aún sin ellas, no “demuestra” nada sobre la exposición de los humanos al glifosato.

El estudio en cuestión fue publciado en 2010 y consistió en un grupo de embriones de Xenopus laevis incubados en una solución con Roundup (un herbicida basado en glifosato) y otro al que se le inyectó glifosato directamente. Como era de esperar, las ranas que se desarrollaron flotando en herbicida mostraron defectos del desarrollo en comparación al grupo control y lo mismo sucedió con las que tuvieron la mala suerte de recibir las inyecciones de glifosato (aunque en este caso no hubo grupo control).

El principal aporte del estudio es que el efecto del herbicida parece estar mediado por el incremento en el ácido retinoico; un resultado potencialmente interesante desde el punto de vista de la ciencia básica, pero que poco tiene que aportar a sus efectos en los humanos.

Primer Round (up)

Lo primero que hay que notar es que se trata de un estudio hecho en animales, no en humanos. Dado que los estudios epidemiológicos no encuentran relación entre el uso de glifosato y básicamente ninguna enfermedad específica, hay que tener muchísimo cuidado en extrapolar en humanos los efectos encontrados en animales.

Además, estudios en animales hay de sobra. En 2004 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitían un documento conjunto que analizaba la evidencia disponible en el momento sobre toxicidad de distintos pesticidas. Sobre el glifosato, la conclusión basada en cientos de estudios en ratas y otros mamíferos fue que no existía evidencia de carcinogenidad, genotoxicidad ni neurotoxicidad. La ciencia, por supuesto, siguió en estos 10 años, pero Paganelli et al, lejos de ser parte de ese avance, fue sólo una piedra en el camino.

Ya las primeras secciones del paper dan razones para preocuparse. En el tercer párrafo, Paganelli et al afirma que

Existe evidencia creciente que genera preocupacion sobre los efectos del glifosato en personas viviendo en áreas con extensivo uso de herbicidas. Mujeres expuestas a herbicidas durante el embarazo tienen hijos con malformaciones congénitas, incluyendo microcefalia, anacefalia y malformaciones craniales (3).

Ese “(3)”, que supuestamente es la referencia que justifica tal afirmación, nos lleva a un estudio con pocos casos que, crucialmente, no menciona al glifosato en ningún momento. Esta cita totalmente deficiente y una “comunicación personal” son las únicas referencias para justificar la idea de efectos negativos en la salud humana. Esto es a pesar de que existen múltiples estudios epidemiológicos publicados antes que Paganelli et al. Por ejemplo, un estudio publicado en 1998 concluyó que había un posible vínculo entre las malformaciones congénitas y la exposición de los padres a algunos agroquímicos pero no para los organofosforados – la clase de herbicidas a la que pertenece el glifosato. Es notable que esta conclusión no aparezca reflejada en el estudio de Carrasco.

El segundo punto crítico es que la ruta de exposición no es realista ni aplicable a humanos. Los embriones humanos se desarrollan en el vientre materno protegidos por la placenta, y no es esperable que queden flotando en una solución de herbicidas. Aún menos probable es encontrar una mujer que decida inyectarle glifosato a su hijo.

Peor aún, las dosis involucradas son extremadamente altas. En una de las tres cartas al editor criticando el artículo original, los autores calcularon que los embriones de rana incubados en la solución de glifosato habían sido expuestos a concentraciones de entre 70 y 120 mg/L de glifosato, lo que es entre 9 y 15 veces mayor a la concentración que mata al 50% de los animales expuestos (LC50).

Una década antes ya se había publciado un estudio realizado con la misma especie de rana expuesta al glifosato que concluía que

No se obsevó ningún incremento significativo en la incidencia de malformaciones para ninguna concentración de glifosato o surfactante que no fuese letal para los embriones luego de 96 horas.

En otras palabras, lo sorprendente no es que los embriones mostraran malformaciones, sino que no hubieran muerto.

Segundo Round (up)

A las tres cartas al editor que refutaron los métodos y conclusiones del estudio, les siguió una respuesta de parte de Carrasco y su equipo. Lamentablemente ésta, lejos de responder a las críticas siguiendo el espíritu científico, decanta en ataques ad hominem y pensamiento conspirativo; una lamentable indicación de que más que ciencia, lo que fundamenta la posición de Carrasco es la ideología – una motivación muchas veces más importante que el dinero.

El hecho de que una de las respuestas haya sido firmada por científicos asociados a la industria es lamentable, ya que queda abierta a las críticas de conflicto de intereses. Sin embargo, no sólo la evidencia que presentan y sus argumentos son correctos, sino que Carrasco y su equipo no lograron siquiera acercarse a refutarlos.

Knockout

En resumen, se trata de un estudio en animales que utiliza una ruta de exposición irrealista, concentraciones altísimas y que contradice el grueso de la literatura científica. Como tal no puede extrapolarse inocentemente y sus resultados no demuestran que el glifosato cause efectos negativos en las personas; especialmente cuando la epidemiología disponible dice lo contrario. Sin embargo, los grupos ideológicos no lo consideraron así y decidieron forjar el mito de El estudio de Carrasco.


Ni el artículo original ni las cartas al editor son de acceso gratuito, pero en este link pueden descargarlas

8Abr/1523

El Glifosato contra la OMS

Hace unas semanas la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), una agencia parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tiró una bomba al anunciar que el glifosato entra en la Categoría 2A de su sistema de clasificación. Esto significa que el glifosato sería “probablemente cancerígeno”.

Glyphosate-2D-skeletal

Este anuncio obviamente fue celebrado y malinterpretado en igual medida por grupos anti-transgénicos, quienes vinculan al herbicida con el uso de Organismos Genéticamente Modificados. Estos grupos hace tiempo que tratan de vincular al glifosato con todo tipo de enfermedades y, a pesar de que el informe de la IARC sólo menciona que hay “evidencia limitada” que lo relaciona con el linfoma no-Hodgkin, fue recibido como la confirmación de todos sus miedos.

Por ahora no tenemos el documento con los detalles de la decisión de la IARC. Lo único que hay publicado es un brevísimo artículo en The Lancet que brinda poca o nada información. En particular, las citas a la literatura primaria brillan por su ausencia.

El artículo, por ejemplo, menciona los resultados de varios estudios en animales pero no cita a ninguno. Esto es altamente problemático porque no permite que uno evalúe si la evidencia presentada es suficiente para sustentar la afirmación. Las pocas citas que sí hay, por desgracia, no son prometedoras. En el texto del artículo se lee:

Un estudio reportó una tendencia positiva de hemangiosarcoma en ratones machos

Sin embargo, la literatura científica que citan es un documento de 2004 emitido en conjunto por la FAO y la OMS que era en sí mismo una revisión de la literatura. Sobre hemangiosarcoma y otras enfermedades, dice que:

Dada la falta de relación dosis-respuesta, la falta de significancia estadística y el hecho de que las incidencias registradas en este estudio están en el rango normal, no se considera que estos cambios hayan sido causados por la administración de glifosato. En conclusión, la administración de glifosato a ratones CD-1 durante 104 semanas no produjeron signos de potencial carginogénico a ninguna dosis.

En otras palabras, la IARC cita un reporte de la OMS que contradice la afirmación que quiere sustentar. Más aún, el reporte también concluye que

El potencial genotóxico del glifosato ha sido extensamente estudiado tanto in vitro como in vivo (...). En vista de la ausencia de potencial carcinogénico en animales y la falta de genotoxicidad en tests estandarizados, esta Reunión concluye que el es poco probable que el glifosato represente un riesgo carcinogénico a los humanos.

Sobre la exposición en humanos, el informe cita un estudio que supuestamente “reportó incrementos en los marcadores de daño cromosómico en residentes en muchas comunidades luego de rociar formulaciones con glifosato”. Sin embargo, el trabajo citado concluye:

Los datos sugieren que el daño genotóxico asociado con rociar glifosato para el control de plantas ilícitas es pequeño y parece ser transitorio.

Muchas de las otras afirmaciones sobre estudios en animales son imposibles de corroborar o analizar ya que no se dan referencias. Según Sí, Quiero Transgénicos y otras fuentes, hay rumores de que la IARC tuvo en consideración favorable el infame estudio de Seralini, que fue retractado por su mala ciencia y luego republicado por razones ideológicas sin cambio alguno. Esto es difícil de chequear sin un reporte completo y bien citado pero sería, en mi opinión, un golpe de gracia al violar la Regla Seralini: “Si citas el estudio de 2012 sobre las ratas alimentadas con maíz Roundup Ready, simplemente pierdes el debate”.

En el informe presente también brillan por su ausencia múltiples estudios que concluyen que el glifosato es seguro. En 2012 una revisión sistemática de la literatura había concluido que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Este año, se publicó una revisión de estudios en animales que concluyó que “no hay evidencia de un efecto carcinogénico relacionado con el glifosato”.

Múltiples agencias reguladoras también contradicen las conclusiones del IARC. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE.UU. clasifica al glifosato en el Grupo E, que significa que no es carcinogénico en humanos. El Instituto Federal de Evaluación de Riesgo (BfR) de Alemania, por su parte, recientemente terminó el borrador de la re-evaluación del glifosato que concluye que “los datos disponibles no muestran propiedades carcinogénicas o mutagénicas del glifosato”.

El BfR emitió un comunicado sobre el anuncio de la OMS en donde afirman que “para la evaluación toxicológica de una sustancia se deben tener en cuenta todos los datos y no sólo una selección más o menos arbitraria de estudios”. Además reitera que el informe del Instituto, basado en más de 30 estudios epidemiológicos y miles de estudios en animales, concluye que no hay una relación significativa entre glifosato y cáncer.

Pero aún si tomáramos el anuncio de la IARC como válido, la realidad está lejos de los titulares tremebundos y los anuncios de validación por parte de grupos anti-transgénicos.

La IARC concluye que existe evidencia limitada en humanos que coloca el uso del glifosato como un factor de riesgo para el Linfoma No-Hodgkins. “Evidencia limitada” no es una caracterización muy impactante ni algo que parezca tan definitivo.

Y es que poner al glifosato en la categoría A2 no dice que realmente sea peligroso. La lista de cosas en la A2 es larga e incluye al mate caliente, las emisiones de frituras a alta temperatura, el trabajo por turnos y ser peluquero. Que sea “probable” sea cancerígeno no dice nada sobre en qué dosis o forma utilización. La evidencia en humanos evaluada por la IARC es de trabajadores del campo, que son quienes tienen mayor contacto y, por lo tanto, mayores riesgos. En palabras de Kate Guyton, de la IARC, “es su uso en agricultura el que tiene el mayor impacto; por el momento, es sólo algo de lo que que las personas deberían estar conscientes”.

En resumen, el informe de la IARC es casi imposible de evaluar y habrá que esperar a la reacción de la comunidad científica. Por el momento, sus conclusiones se contradicen con las de otras agencias reguladoras y no indican que el herbicida sea particularmente peligroso o sea responsable de malformaciones y otras vejaciones.

Finalmente, es interesante recordar la posición de la OMS sobre el uso y consumo de alimentos transgénicos:

No es probable que los alimentos genéticamente modificados actualmente disponibles en el mercado internacional presenten un riesgo para la salud humana. No se observó ningún efecto en la salud humana como resultado del consumo de estos alimentos por la población general en países donde fueron aprobados.

Si la OMS lo dice, debe ser verdad, ¿no?

16Ene/1533

No duermo… el glifosato me come

piojoIlustración:  Matt Suarez Holze

Parece imposible tener una discusión sobre los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) sin que surja el tema del glifosato. A pesar de que el uso o no de plantas transgénicas es independiente del uso o no de pesticidas, la retórica anti-transgénica suele unirlo todo. De esta forma, aún cuando queda establecido que los OGM no son dañinos y que no hay razón para tenerles más miedo que a cualquier otra variedad tradicional, se puede mover el poste y cambiar el eje de la discusión.

En particular, el hombre de la bolsa de los movimientos anti-transgénicos es el glifosato, quizás porque encaja en su narrativa que pone a Monsanto en el centro del eje del mal. Como tantas otras campañas anti-ciencia, el movimiento anti-transgénicos se aferra a un relato claro y conciso, con un villano bien pero bien malo al estilo película de Disney. Demonizar a una persona u organización es muy tentador porque nos hace creer que las cosas son más simples de lo que son en realidad; permite que nos veamos como como héroes de luz dentro de nuestra propia historia.

Pero el globo se pincha apenas uno empieza a indagar un poco. No sólo son falsos muchos mitos alrededor de Monsanto sino que tampoco las creencias populares sobre el glifosato resisten un análisis crítico. Para empezar, la patente del glifosato expiró hace unos 15 años y hace rato que no es monopolio de El Malvado. El malo de la película apenas tiene control sobre el producto.

También hay un problema histórico: el glifosato apareció en el mercado en 1974, mientras que las primeras variedades resistentes se comenzaron a vender recién luego de 1996. El glifosato fue usado durante 20 años antes de la aparición de los transgénicos con resistencia.

Los mata bien muertos

Pero estamos bailando alrededor de la cuestión principal. La objeción más importante sobre el glifosato es que es perjudicial para la salud. Y lejos de ser mentira, es completamente cierto.

El glifosato es un producto tóxico que se usa para matar plantas y no es raro que sea tóxico. Según la clasificación de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA), el glifosato está en la categoría 3 de una escala que va del 1 (más tóxico) al 4 (menos tóxico).

En ratas, la LD50 (la dosis que mata a la mitad de los individuos que la consumen) es de unos 5,6 g/kg, mientras que en cabras, conejos y ratones es mayor a 10 g/kg. En comparación, la cafeína tiene una LD50 de sólo 0,2 g/kg. Hay que tomar 30 veces más glifosato que cafeína para tener la misma probabilidad de morir. El insecticida hogareño tiene una toxicidad similar. Irónicamente, los agricultores orgánicos tienen permitido usar nicotina, cuya LD50 es de 0.001 g/kg, lo que significa que es 10.000 veces más tóxica que el glifosato.

Estudios sobre ingesta de grandes cantidades de glifosato (mayormente intentos de suicidio) muestran que la tasa de mortalidad es algo menor que un 10%. En un estudio observacional, un cuarto de los que ingirieron glifosato no presentaron síntomas y dos sextos sólo tuvieron síntomas leves. Y en otro estudio similar que comparó pesticidas muy diversos, se puede ver que el glifosato está lejos de ser el pesticida más tóxico en la actualidad.

journal.pmed.1000357.g001

En resumen, es cierto que el glifosato es tóxico y puede matar, pero esto no es raro ya que esa es su función. Es un herbicida y, como tal, debe ser tratado con los recaudos necesarios. Particular cuidado deben tener los técnicos y aplicadores, quienes mantienen un contacto cotidiano con el producto en estado puro, sin diluir.

Pero, crucialmente, el glifosato está lejos de ser el pesticida más tóxico utilizado actualmente. ¿Por qué hay tanto revuelo en contra del glifosato y poco se dice, por ejemplo, sobre el paraquat que, como se ve en la tabla mata casi a la mitad de las personas que se intoxican?

Crónica de glifosato

Esto es relevante para la ingesta aguda, pero ¿qué hay de la exposición crónica? A pesar del mito popular, la evidencia hasta ahora indica que el glifosato no produce cáncer. Una revisión de la literatura científica de 2012 concluyó que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Por su parte, la EPA clasifica al glifosato dentro del grupo E, que significa que hay evidencia de que no produce cáncer en base a estudios con animales.

Y antes de que alguien salga a decir que la evidencia no es válida porque el estudio fue financiado por la malvada Monsanto, los datos originales provienen, en gran parte, de un estudio enorme denominado Estudio de Salud Agrícola (ESA) realizado por organizaciones estatales como la EPA o el Instituto Nacional del Cáncer. Un estudio publicado específicamente sobre cáncer y glifosato sólo encontró una débil asociación con mieloma múltiple.

Una revisión de las publicaciones usando esa base de datos no encontró ninguna asociación entre la exposición al glifosato y el cáncer aunque sí encontró asociación en 12 de los 32 pesticidas analizados. Todas las publicaciones relacionadas con la misma están listadas en la página del ESA.

De forma similar, otra revisión concluyó que no había un patrón consistente de enfermedades no cancerosas asociadas con el glifosato. Irónicamente, un estudio usando los datos del ESA encontró que tanto el paraquat como el glifosato estaban relacionados con menores síntomas de asma (que los autores hipotetizan que se debe a que quienes sufren de asma reducen su exposición a esos pesticidas).

Eso quiere decir que no hay base científica para vincular el uso de glifosato a supuestos aumentos de cáncer y otras enfermedades en distintos pueblos del país. Si los aumentos son reales, entonces es debido hacer investigaciones serias y rigurosas para identificar la causa (o causas). Culpar inmediatamente al glifosato es anti-científico y potencialmente muy peligroso, ya que puede significar gastar tiempo y recursos en atacar una supuesta causa que al final no es tal.

¿Significa esto que el glifosato es completamente seguro y sin efectos a largo plazo? No, por supuesto que no. Sus efectos deben ser monitoreados constantemente. Tampoco significa que deba ser rociado indiscriminadamente en cualquier contexto y sin tener precauciones para reducir la exposición de la población. En todo esto no es distinto que cualquier pesticida (sintético u orgánico) ni ningún otro producto químico tóxico.

Habiendo tantos pesticidas más tóxicos y con más problemas, ¿por qué el glifosato es el hombre de la bolsa de nuestra sociedad?