20Abr/1326

El engaño de los chemtrails

Todos nos hemos preguntado alguna vez qué son esas nubes blancas que dejan tras de sí los aviones. Muchos nos lo preguntamos de chicos y a otros la curiosidad les llegó más de grandes. Sea como sea, la realidad es bastante sencilla. Estas estelas son el resultado del funcionamiento de sus motores.

Para formar nubes se necesitan básicamente dos ingredientes: agua y polvo. El agua es la materia prima pero el vapor de agua necesita la presencia de pequeñas partículas sólidas para formar gotas y cristales de hielo. El motor de un avión produce ambas en grandes cantidades por lo que, si las condiciones son favorables, es fácil que forme nubes en su trayectoria. Las estelas en realidad están hechas de cristales de hielo, por lo que el nombre de estelas de condensación, (que en inglés se traduce como condensation trails, o contrails) quizás no sea del todo apropiado. En cualquier caso son simplemente eso, nubes.

Contrail Shadow_thumb[3]

No sólo las turbinas de los aviones generan contrails. Al aumentar por unos segundos la presión del aire gracias al empuje del avión, el vapor de agua que hay en el aire se condensa, formándose entonces un par de estelas extras, una en el extremo de cada ala. Es por eso que a veces se puede ver aviones que dejan tras de sí varias estelas, una por cada turbina más otras dos que “nacen” una en cada ala.

Los curiosos también se preguntan por qué algunas de estas estelas duran mucho y son tan largas que parecen tener kilómetros, mientras que otras se desvanecen en seguida, pocos metros detrás del avión que las generó. Esto se debe a las condiciones de humedad y temperatura del aire. Si el avión pasaba por una zona de aire “seco”, sin vapor de agua, no habrá estela. Si se forma una estela, pero el aire es cálido, las moléculas de agua volverán a separarse en poco tiempo y la nube desaparecerá. La altitud también influye, ya que a mayor altura el aire está más frío. En esta página se puede jugar con las condiciones del ambiente y ver cómo se comportaría un contrail.

Ciertas personas (que adoran las teorías de conspiración) aseguran, sin la menor evidencia sólida, que en realidad se trata de productos químicos mezclados con el combustible de los aviones como parte de algún plan para envenenar a la gente o testear productos químicos rociándolos sobre las grandes poblaciones. Como para ellos son estelas químicas, o chemical trails, los llaman chemtrails.

Si bien esta teoría nunca fue demasiado popular –posiblemente por lo fácil que es demostrar su falsedad—, a veces parece resurgir. Hace pocos meses una agrupación preocupada por los efectos nocivos de estos supuestos venenos presentó en Rosario un proyecto para analizar estas estelas en el aeropuerto. La misma gente se dedica a repartir volantes cada tanto en una esquina céntrica de la ciudad, donde montan carteles para difundir su lucha contra esta “amenaza”.

También circulan cadenas de mails o en las redes sociales advirtiendo a la población, y más de uno se hace eco “por las dudas” y la reenvía a sus contactos. Una más o menos reciente muestra un supuesto desfile de pilotos comerciales con carteles con fotografías de estas estelas. El texto de la publicación seguro da a entender que se trata de una protesta contra los chemtrails, o el uso de sus aviones para tirar vaya uno a saber qué sobre la gente. A algunos quizás les llame la atención que las pancartas que llevan los pilotos parecen tener más definición que el resto de la imagen, o que los bordes de las mismas parecen un poco demasiado nítidos. Una simple búsqueda en Google nos revela el engaño: en la fotografía original, los pilotos llevan carteles con mensajes como "¿Cuál es el valor de un piloto?" o “La gerencia está destruyendo nuestra aerolínea”. La realidad es que se trataba de un desfile de pilotos comerciales que protestaban en Wall Street, Nueva York, por la fusión de dos empresas aéreas. Nada que ver con los chemtrails.

La foto real y la falsa

En un sitio con el que me encontré hace poco, nos aseguran que una de esas empresas que “nos fumigan” lo admite públicamente en su página web. Nos muestran fotografías de un avión con unos agujeros en su parte inferior, de los cuales salen unos caños rojos. Fotos con más acercamiento hacen que parezca algo importante que a algún fotógrafo le costó lograr registrar, pero la verdad es que esos caños no parecen estar para nada disimulados, se ven a simple vista y de lejos. El avión resulta ser un Boeing 747 modificado, llamado Supertanker, que está adaptado para apagar incendios. Esos caños que tanto llaman la atención son en realidad las bocas de salida del agua. El sitio pone varias fotos donde se ve lo que ellos intentan hacernos creer que es el avión comercial, con pasajeros, liberando unos vapores densos a su paso. Pero lo que vemos no es más que un avión enorme, lleno de agua, soltándola sobre un incendio o sólo como parte de una demostración.

Otro asunto que preocupa a los conspiracionistas es que la empresa que usa estos aviones también “admite” que pueden ser usados para modificar el tiempo. Esto no es tan terrible como suena, todo lo contrario. La expresión weather modification se refiere básicamente a la técnica de “siembra de nubes”, que consiste en liberar partículas de hielo seco o ioduro de plata en la atmósfera para que sirvan de núcleos de condensación de humedad y así propiciar la formación de nubes y causar precipitaciones. Con esto se logra disminuir las probabilidades de caída de granizo u ocurrencia de nieblas cuando hace falta. Por ejemplo, cerca de los grandes aeropuertos. Sin emabrgo, existe considerable debate dentro de la comunidad científica sobre la efectividad de la siembra de nubes. Si les interesa, aquí hay un video del Supertanker en acción.

El Supertanker

Los creyentes de los chemtrails parecen tener un último as en la manga. Antes, según dicen, no se veían esas estelas y ahora son cada vez más frecuentes. ¿Qué hay de cierto en eso? Si se ven más estelas que antes, es porque cada vez hay más aviones y cada vez vuelan a mayor altitud. Pero resulta que las estelas sí existen desde hace varias décadas. En este álbum y en este artículo de la revista Popular Science de marzo de 1943 se pueden ver algunas pruebas.

Bombarderos B-17, 1943

Las pruebas no suelen convencer a quienes llevan mucho tiempo invertido en una teoría conspirativa, pero ahí están, al menos, para que cuando alguien te hable de los tenebrosos chemtrails sepas cómo responderle.