13May/1390

El mito de las dietas ácidas y alcalinas

Alimentación ácida / Alimentación alcalina

Si bien hace tiempo que circulan cadenas de e-mail sobre la temática de las supuestas alternativas para curar el cáncer mediante una dieta alcalinizante, una nueva viralización en las redes sociales me motivó a redactar este artículo. Existen dos puntos a analizar:

  1. La viralización está hecha bajo el nombre de una institución que está a la vanguardia de la investigación del cáncer: el Hospital Johns Hopkins.
  2. El mito de la dieta ácida/alcalina.

Está por toda la web, pero aquí les dejo este artículo para que lo lean ustedes mismos.

El primer punto está aclarado y muy bien argumentado en la página web oficial de la institución, donde se lee claramente:

«La información falsamente atribuida a Johns Hopkins llamada “ACTUALIZACIÓN ACERCA DEL CÁNCER” describe propiedades de las células del cáncer y sugiere maneras de prevenirlo. Johns Hopkins no publicó esta información que viene frecuentemente como un archivo adjunto de un e-mail y tampoco respalda su contenido. El e-mail también tiene el nombre de nuestra institución mal escrito como “John” Hopkins, pero la manera correcta de escribirlo es “Johns” Hopkins. Para más información acerca del cáncer, por favor lea la información en nuestro sitio web o visite la página del Instituto nacional del cáncer (National Cancer Institute) www.cancer.gov. Por favor ayúdenos a combatir la propagación de este engaño divulgando este comunicado.»

Por lo tanto, este artículo está enfocado en el punto 2.

Recuerdo cuando hace unos pocos años creía en esto de la dieta ácida/alcalina... Como estudiante de medicina magufo en ese momento, estaba fascinado con la idea y me dediqué a investigar más. Sin dudas, el resultado fue uno de los “clicks” más importantes que me llevaron a volcarme hacia el escepticismo científico.

Para los que no están al tanto, estamos hablando de la creencia de que ciertos alimentos pueden producir un cambio en el pH de los fluidos corporales como la sangre, causando estados de acidificación o alcalinización que influirían en la producción o curación del cáncer. Pueden ver los detalles en este artículo sobre “La causa primaria del cáncer”, en cuyas conclusiones se puede leer:

  • Las células sanas viven en un entorno alcalino y oxigenado, lo cual permite su normal funcionamiento.
  • Las células cancerosas viven en un ambiente extremadamente ácido y carente de oxígeno.

En ese momento leí varias cosas que me llamaron la atención y recuerdo muy bien lo que pensé, que fue algo así:
1) ¿¿¿Un científico recibió el premio Nobel por descubrir la causa primaria del cáncer??? ¿Cómo nunca me enteré de eso?
2) La acidez expulsa el oxígeno de la célula. Mmm, no tiene sentido, pero será una explicación básica supongo.
3) Privar a una célula de 35% de su oxígeno durante 48 horas puede convertirlas en cancerosas. Sigo sin poder creer que nunca me hayan enseñado esto en la facultad. ¡Qué fantástico! ¡Las “farmafias” siempre haciendo de las suyas!
4) Una vez finalizado el proceso de la digestión, los alimentos de acuerdo a la calidad de proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas que otorgan, generarán una condición de acidez o alcalinidad al organismo. Pero en el estómago todo se vuelve ácido y en el duodeno todo es alcalino...  ¿?
5) Curiosamente todos estos alimentos nombrados, son ANTIFISIOLÓGICOS. Nuestro organismo no está diseñado para digerir todo esto! ¿Diseñado? Esto se está poniendo raro.

Evidentemente, todas las afirmaciones de este artículo van en contra de los conocimientos que nos ha aportado el estudio de la fisiología humana. Esto me llevó a investigar un poco más... Pero vayamos por partes y comencemos con lo que podríamos llamar “la causa primaria de este delirio”.

Aparentemente todo surgió con la manipulación de la información de un premio Nobel de Fisiología o Medicina llamado Otto Heinrich Warburg, galardonado por “el descubrimiento de la naturaleza y modo de acción de la enzima respiratoria”, que significó un hito en la comprensión bioquímica de numerosos procesos orgánicos y que algunos consideran como el más original y productivo del siglo XX. Esta enzima es una parte de la cadena de oxidación que se da en la mitocondria para obtener energía en forma de ATP, la “moneda” energética de la célula, a partir de la glucosa mediante un proceso llamado Ciclo de Krebs. Para que este proceso ocurra se necesita oxígeno. Esta forma de metabolizar la glucosa se denomina glucólisis aeróbica.

Warburg fue un gran científico y los resultados de muchas de sus investigaciones constituyen pilares en la química orgánica y la fisiología humana. Pero sus investigaciones sobre el cáncer fueron menos fructíferas. Observó que las células cancerígenas podían reproducirse sin oxígeno y lanzó la hipótesis de que la privación de oxígeno era la causa de la enfermedad. Según esta teoría, las células corporales que “no utilizan” oxígeno no desarrollarían cáncer, pero hoy sabemos que existen células que tampoco lo hacen y no son células cancerosas: los glóbulos rojos y las células de la córnea, el cristalino y ciertas regiones de la retina.
Warburg también observó que los tejidos cancerosos crecían en medios ácidos, es decir en medios con un pH menor al del organismo (7,4) y que las células normales metabolizaban la glucosa de forma distinta a las células cancerígenas. Lo que lo motivó a escribir “Metabolismo de los tumores” (Stoffwechsel der Tumoren).

Posteriormente, en 1956, redactó un artículo para la revista Science que tituló “El origen de las células cancerosas”, dando indicios de lo que se venía, para luego presentar 10 años más tarde su trabajo “La causa primaria del cáncer y su prevención” en la reunión de premios Nobel en Alemania.

Estas ideas fueron bien recibidas y calaron. Según él había que introducir en la dieta varias enzimas respiratorias, como vitaminas B y hierro, lo que ayudaría a prevenir la aparición del cáncer, anexándose así a los tratamientos mediante megadosis de vitaminas propuestos por otro ganador del premio Nobel (Química), Linus Pauling, que dió nacimiento a la “medicina” ortomolecular. Hoy esta teoría sólo tiene interés histórico.

Fue un muy interesante razonamiento teniendo en cuenta los conocimientos de ese momento. Pero lo que sabemos hoy en día es que la ausencia de oxigeno en las células tumorales se debe a su elevada tasa de crecimiento: unas 200 veces más que las células normales.

Para transformar la glucosa en energía, la célula debe realizar una serie de pasos sistemáticos, en donde si falta un componente, todo falla. Inicialmente la glucosa se transforma en una sustancia llamada ácido pirúvico, o piruvato, el cual puede seguir dos caminos:

  • Cuando hay oxígeno, se realiza la glicólisis aérobica, que es lo que sucede en la gran mayoría de nuestras células con algunas excepciones (como mencionamos más arriba). El piruvato ingresa a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa, donde participan las enzimas que Warburg descubrió.
  • Pero cuando no hay oxígeno nos encontramos en un un estado de hipoxia, por lo que el piruvato no puede ingresar a la mitocondria y es transformado en ácido láctico, o lactato. Este compuesto puede transformarse en piruvato e ingresar a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa si disponemos de oxígeno nuevamente.

El primer camino genera mucha energía, mientras que el segundo no. Pero esto no hace a uno mejor que el otro; son simplemente unos fantásticos mecanismos de adaptación a diferentes estados celulares. Por ejemplo, cuando hacemos una actividad física intensa —una carrera de 100 metros llanos o escapar de un león (¿?)—, la demanda de oxígeno para producir energía aumenta tanto que a veces no puede ser satisfecha, por lo que la célula debe valerse de la energía aportada por la glicólisis anaeróbica, por más pequeña que sea. Esta situación hace que aumente la concentración de lactato en la célula, que es expulsado hacia el exterior (este compuesto ácido hace que sintamos esa “quemazón” en los músculos).

En los tumores pasa exactamente lo mismo: las células cancerosas tienen un metabolismo tan alto que necesitan elevadas cantidades de oxígeno para funcionar. Al no poder satisfacer esa necesidad, realizan glicólisis anaeróbica para obtener su energía. Esto es conocido como Efecto Warburg, el cual lleva a una producción enorme de ácido láctico y la creación de un microentorno ácido.
Como podemos ver, esta acidificación no es entonces producto de la dieta, sino del metabolismo del cáncer. Además, la acidificación o alcanilización nunca ocurren en nuestro cuerpo -en situaciones normales-, ya que el pH es celosamente mantenido en un rango muy estrecho de entre 7,35 y 7,45 y salirse del mismo puede resultar en la muerte de la persona.

Recientemente se ha elaborado una hipótesis del origen del cáncer basándose en el Efecto Warburg, según la cual una alteración en la ruta de producción de energía provocaría una acumulación de formas reactivas de oxígeno que causarían a su vez un daño en el material genético de la célula, desembocando en la producción de cáncer.

Así que no crean que es importante si los alimentos son ácidos o alcalinos, ya que el medio interno del estómago es tan ácido que ningún alimento puede cambiar su acidez, y todos los alimentos que salen de ahí son ácidos. Luego entran al duodeno, donde las secreciones del páncreas e hígado neutralizan los ácidos del estómago y convierten los alimentos en alcalinos. La modificación de la dieta no puede cambiar la acidez de cualquier parte del cuerpo, con excepción de la orina.

Los promotores de estos productos dicen que las células cancerosas no pueden vivir en un ambiente alcalino y eso es cierto, pero tampoco puede ninguna de las otras células del cuerpo. Con todo esto no quiero decir que la dieta no sea importante, nada más lejos de la realidad.

Lamentablemente todavía sabemos muy poco sobre el cáncer. El cáncer no es una sola enfermedad ni tiene un origen único, sino que es un grupo de enfermedades multicausales. Muchas cosas en nuestros genes, nuestro estilo de vida y el medio ambiente que nos rodea pueden aumentar o disminuir el riesgo de padecer cáncer. Por lo tanto, en estos momentos podemos tomar medidas preventivas al respecto y así disminuir la probabilidad de contraerlo.

El estudio Alimentación, nutrición, actividad física y la prevención del cáncer: una perspectiva global publicado por la World Cancer Research Fund y el American Institute for Cancer Research, recomienda:

  • Manténgase tan delgado como le sea posible, dentro de los rangos normales de peso.
  • Haga entre 30 y 60 minutos de actividad física moderada diariamente, como caminar.
  • Evite las bebidas endulzadas y la comida chatarra.
  • Si es madre, amamante durante por lo menos 6 meses.
  • No coma más de medio kilo de carne roja por semana y evite las carnes procesadas.
  • Limite la ingesta de bebidas alcohólicas a una medida diaria, en las mujeres, y a dos, en los varones.
  • Coma 5 porciones diarias de frutas y hortalizas.
  • Limite el consumo de sal a 6 gramos diarios; evite ingerirla como conservante.
  • Evite los suplementos dietarios, a excepción del ácido fólico durante el embarazo.
  • Si sobrevive al cáncer, siga recomendaciones nutricionales de un profesional, realice actividad física y mantenga un peso adecuado.