11Ago/1543

Carrasco: un estudio más tóxico que el glifosato

carrasco smallIlustración:  Matt Suarez Holze

Hay dos cosas inevitables en la vida: la muerte y que en una discusión sobre transgénicos o glifosato, alguien cite Paganelli et al 2010; también conocido como el estudio de Carrasco. Se trata de, quizás, uno de los estudios más populares dentro de los círculos anti-transgénicos.

Promocionado como “la persona que demostró la toxicidad del glifosato”, Andrés Carrasco fue un investigador del CONICET que luchó contra los transgénicos y el glifosato. Su estudio tiene un carácter casi mitológico; ampliamente citado pero poco leído y casi nunca críticamente. En contra de su reputación, Paganeli et al tiene serias fallas y, aún sin ellas, no “demuestra” nada sobre la exposición de los humanos al glifosato.

El estudio en cuestión fue publciado en 2010 y consistió en un grupo de embriones de Xenopus laevis incubados en una solución con Roundup (un herbicida basado en glifosato) y otro al que se le inyectó glifosato directamente. Como era de esperar, las ranas que se desarrollaron flotando en herbicida mostraron defectos del desarrollo en comparación al grupo control y lo mismo sucedió con las que tuvieron la mala suerte de recibir las inyecciones de glifosato (aunque en este caso no hubo grupo control).

El principal aporte del estudio es que el efecto del herbicida parece estar mediado por el incremento en el ácido retinoico; un resultado potencialmente interesante desde el punto de vista de la ciencia básica, pero que poco tiene que aportar a sus efectos en los humanos.

Primer Round (up)

Lo primero que hay que notar es que se trata de un estudio hecho en animales, no en humanos. Dado que los estudios epidemiológicos no encuentran relación entre el uso de glifosato y básicamente ninguna enfermedad específica, hay que tener muchísimo cuidado en extrapolar en humanos los efectos encontrados en animales.

Además, estudios en animales hay de sobra. En 2004 la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) emitían un documento conjunto que analizaba la evidencia disponible en el momento sobre toxicidad de distintos pesticidas. Sobre el glifosato, la conclusión basada en cientos de estudios en ratas y otros mamíferos fue que no existía evidencia de carcinogenidad, genotoxicidad ni neurotoxicidad. La ciencia, por supuesto, siguió en estos 10 años, pero Paganelli et al, lejos de ser parte de ese avance, fue sólo una piedra en el camino.

Ya las primeras secciones del paper dan razones para preocuparse. En el tercer párrafo, Paganelli et al afirma que

Existe evidencia creciente que genera preocupacion sobre los efectos del glifosato en personas viviendo en áreas con extensivo uso de herbicidas. Mujeres expuestas a herbicidas durante el embarazo tienen hijos con malformaciones congénitas, incluyendo microcefalia, anacefalia y malformaciones craniales (3).

Ese “(3)”, que supuestamente es la referencia que justifica tal afirmación, nos lleva a un estudio con pocos casos que, crucialmente, no menciona al glifosato en ningún momento. Esta cita totalmente deficiente y una “comunicación personal” son las únicas referencias para justificar la idea de efectos negativos en la salud humana. Esto es a pesar de que existen múltiples estudios epidemiológicos publicados antes que Paganelli et al. Por ejemplo, un estudio publicado en 1998 concluyó que había un posible vínculo entre las malformaciones congénitas y la exposición de los padres a algunos agroquímicos pero no para los organofosforados – la clase de herbicidas a la que pertenece el glifosato. Es notable que esta conclusión no aparezca reflejada en el estudio de Carrasco.

El segundo punto crítico es que la ruta de exposición no es realista ni aplicable a humanos. Los embriones humanos se desarrollan en el vientre materno protegidos por la placenta, y no es esperable que queden flotando en una solución de herbicidas. Aún menos probable es encontrar una mujer que decida inyectarle glifosato a su hijo.

Peor aún, las dosis involucradas son extremadamente altas. En una de las tres cartas al editor criticando el artículo original, los autores calcularon que los embriones de rana incubados en la solución de glifosato habían sido expuestos a concentraciones de entre 70 y 120 mg/L de glifosato, lo que es entre 9 y 15 veces mayor a la concentración que mata al 50% de los animales expuestos (LC50).

Una década antes ya se había publciado un estudio realizado con la misma especie de rana expuesta al glifosato que concluía que

No se obsevó ningún incremento significativo en la incidencia de malformaciones para ninguna concentración de glifosato o surfactante que no fuese letal para los embriones luego de 96 horas.

En otras palabras, lo sorprendente no es que los embriones mostraran malformaciones, sino que no hubieran muerto.

Segundo Round (up)

A las tres cartas al editor que refutaron los métodos y conclusiones del estudio, les siguió una respuesta de parte de Carrasco y su equipo. Lamentablemente ésta, lejos de responder a las críticas siguiendo el espíritu científico, decanta en ataques ad hominem y pensamiento conspirativo; una lamentable indicación de que más que ciencia, lo que fundamenta la posición de Carrasco es la ideología – una motivación muchas veces más importante que el dinero.

El hecho de que una de las respuestas haya sido firmada por científicos asociados a la industria es lamentable, ya que queda abierta a las críticas de conflicto de intereses. Sin embargo, no sólo la evidencia que presentan y sus argumentos son correctos, sino que Carrasco y su equipo no lograron siquiera acercarse a refutarlos.

Knockout

En resumen, se trata de un estudio en animales que utiliza una ruta de exposición irrealista, concentraciones altísimas y que contradice el grueso de la literatura científica. Como tal no puede extrapolarse inocentemente y sus resultados no demuestran que el glifosato cause efectos negativos en las personas; especialmente cuando la epidemiología disponible dice lo contrario. Sin embargo, los grupos ideológicos no lo consideraron así y decidieron forjar el mito de El estudio de Carrasco.


Ni el artículo original ni las cartas al editor son de acceso gratuito, pero en este link pueden descargarlas

8Abr/1523

El Glifosato contra la OMS

Hace unas semanas la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), una agencia parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tiró una bomba al anunciar que el glifosato entra en la Categoría 2A de su sistema de clasificación. Esto significa que el glifosato sería “probablemente cancerígeno”.

Glyphosate-2D-skeletal

Este anuncio obviamente fue celebrado y malinterpretado en igual medida por grupos anti-transgénicos, quienes vinculan al herbicida con el uso de Organismos Genéticamente Modificados. Estos grupos hace tiempo que tratan de vincular al glifosato con todo tipo de enfermedades y, a pesar de que el informe de la IARC sólo menciona que hay “evidencia limitada” que lo relaciona con el linfoma no-Hodgkin, fue recibido como la confirmación de todos sus miedos.

Por ahora no tenemos el documento con los detalles de la decisión de la IARC. Lo único que hay publicado es un brevísimo artículo en The Lancet que brinda poca o nada información. En particular, las citas a la literatura primaria brillan por su ausencia.

El artículo, por ejemplo, menciona los resultados de varios estudios en animales pero no cita a ninguno. Esto es altamente problemático porque no permite que uno evalúe si la evidencia presentada es suficiente para sustentar la afirmación. Las pocas citas que sí hay, por desgracia, no son prometedoras. En el texto del artículo se lee:

Un estudio reportó una tendencia positiva de hemangiosarcoma en ratones machos

Sin embargo, la literatura científica que citan es un documento de 2004 emitido en conjunto por la FAO y la OMS que era en sí mismo una revisión de la literatura. Sobre hemangiosarcoma y otras enfermedades, dice que:

Dada la falta de relación dosis-respuesta, la falta de significancia estadística y el hecho de que las incidencias registradas en este estudio están en el rango normal, no se considera que estos cambios hayan sido causados por la administración de glifosato. En conclusión, la administración de glifosato a ratones CD-1 durante 104 semanas no produjeron signos de potencial carginogénico a ninguna dosis.

En otras palabras, la IARC cita un reporte de la OMS que contradice la afirmación que quiere sustentar. Más aún, el reporte también concluye que

El potencial genotóxico del glifosato ha sido extensamente estudiado tanto in vitro como in vivo (...). En vista de la ausencia de potencial carcinogénico en animales y la falta de genotoxicidad en tests estandarizados, esta Reunión concluye que el es poco probable que el glifosato represente un riesgo carcinogénico a los humanos.

Sobre la exposición en humanos, el informe cita un estudio que supuestamente “reportó incrementos en los marcadores de daño cromosómico en residentes en muchas comunidades luego de rociar formulaciones con glifosato”. Sin embargo, el trabajo citado concluye:

Los datos sugieren que el daño genotóxico asociado con rociar glifosato para el control de plantas ilícitas es pequeño y parece ser transitorio.

Muchas de las otras afirmaciones sobre estudios en animales son imposibles de corroborar o analizar ya que no se dan referencias. Según Sí, Quiero Transgénicos y otras fuentes, hay rumores de que la IARC tuvo en consideración favorable el infame estudio de Seralini, que fue retractado por su mala ciencia y luego republicado por razones ideológicas sin cambio alguno. Esto es difícil de chequear sin un reporte completo y bien citado pero sería, en mi opinión, un golpe de gracia al violar la Regla Seralini: “Si citas el estudio de 2012 sobre las ratas alimentadas con maíz Roundup Ready, simplemente pierdes el debate”.

En el informe presente también brillan por su ausencia múltiples estudios que concluyen que el glifosato es seguro. En 2012 una revisión sistemática de la literatura había concluido que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Este año, se publicó una revisión de estudios en animales que concluyó que “no hay evidencia de un efecto carcinogénico relacionado con el glifosato”.

Múltiples agencias reguladoras también contradicen las conclusiones del IARC. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE.UU. clasifica al glifosato en el Grupo E, que significa que no es carcinogénico en humanos. El Instituto Federal de Evaluación de Riesgo (BfR) de Alemania, por su parte, recientemente terminó el borrador de la re-evaluación del glifosato que concluye que “los datos disponibles no muestran propiedades carcinogénicas o mutagénicas del glifosato”.

El BfR emitió un comunicado sobre el anuncio de la OMS en donde afirman que “para la evaluación toxicológica de una sustancia se deben tener en cuenta todos los datos y no sólo una selección más o menos arbitraria de estudios”. Además reitera que el informe del Instituto, basado en más de 30 estudios epidemiológicos y miles de estudios en animales, concluye que no hay una relación significativa entre glifosato y cáncer.

Pero aún si tomáramos el anuncio de la IARC como válido, la realidad está lejos de los titulares tremebundos y los anuncios de validación por parte de grupos anti-transgénicos.

La IARC concluye que existe evidencia limitada en humanos que coloca el uso del glifosato como un factor de riesgo para el Linfoma No-Hodgkins. “Evidencia limitada” no es una caracterización muy impactante ni algo que parezca tan definitivo.

Y es que poner al glifosato en la categoría A2 no dice que realmente sea peligroso. La lista de cosas en la A2 es larga e incluye al mate caliente, las emisiones de frituras a alta temperatura, el trabajo por turnos y ser peluquero. Que sea “probable” sea cancerígeno no dice nada sobre en qué dosis o forma utilización. La evidencia en humanos evaluada por la IARC es de trabajadores del campo, que son quienes tienen mayor contacto y, por lo tanto, mayores riesgos. En palabras de Kate Guyton, de la IARC, “es su uso en agricultura el que tiene el mayor impacto; por el momento, es sólo algo de lo que que las personas deberían estar conscientes”.

En resumen, el informe de la IARC es casi imposible de evaluar y habrá que esperar a la reacción de la comunidad científica. Por el momento, sus conclusiones se contradicen con las de otras agencias reguladoras y no indican que el herbicida sea particularmente peligroso o sea responsable de malformaciones y otras vejaciones.

Finalmente, es interesante recordar la posición de la OMS sobre el uso y consumo de alimentos transgénicos:

No es probable que los alimentos genéticamente modificados actualmente disponibles en el mercado internacional presenten un riesgo para la salud humana. No se observó ningún efecto en la salud humana como resultado del consumo de estos alimentos por la población general en países donde fueron aprobados.

Si la OMS lo dice, debe ser verdad, ¿no?

22May/141

Sarampión contra la leucemia

A veces el teléfono descompuesto de la internet y los medios es sorprendente. Es capaz de convertir en noticia cualquier cosa y de distorsionar todo hasta que no se puede reconocer el hecho original como bien ilustra este comic de SMBC.

El día de hoy, se trata de una muy buenísima noticia que los medios reportaron horriblemente. La Clínica Mayo (una organización de práctica e investigación médica con sede en Rochester, Minnesota, EE.UU.) realizó un pequeño estudio preliminar en el que se usó un virus modificado para atacar el mieloma (un tipo de cáncer de la médula ósea) de cuatro personas, una de las cuales mostró una remisión total.

Sin embargo, hace unas horas una persona comentaba que en su círculo de amigos estaban hablando de una “vacuna contra la leucemia”.

sarampion-leucemia

El estudio es interesante y es una demostración de una metodología prometedora contra el cáncer llamada viroterapia, que consiste en utilizar virus oncolíticos que atacan preferencialmente las células cancerosas y destruyen el tumor. Se trata de un éxito de la ingeniería genética ya que se requieren un enorme conocimiento de la enfermedad a nivel molecular y de técnicas para modificar los virus.

Lo que se utilizó en este caso es una versión modificada del virus del sarampión a la que le gusta atacar células que expresan ciertas proteínas en su membrana. La gracia es que las células cancerosas del mieloma, por casualidad, expresan mucho de esta proteína, haciéndolas particularmente susceptibles al ataque de esta versión del sarampión.

Al recibir una inyección con altas dosis de este virus, éste se expande atacando particularmente a las células cancerosas y haciendo su trabajo de virus: reproducirse. Al morir, cada célula cancerosa dispersa una gran cantidad de nuevos virus que hacen lo suyo en las proximidades del tumor, destruyendo aún más células.

Me imagino que la idea “vacuna contra la leucemia” viene de que algunos medios reportaban erróneamente que el tratamiento consistía en altas dosis de la vacuna contra el sarampión, y el teléfono descompuesto hizo el resto. Para ponerlo en claro: no, lamentablemente la vacuna contra el sarampión no te va a curar el cáncer.

Hay que ser cautos

Siempre que la prensa nos muestra un poco de la investigación clínica hay que tener cuidado ya que se tiende a sensacionalizar cada nuevo estudio sin tener en cuenta el contexto. La frustrante realidad es que muchísimos tratamientos que en un principio parecen prometedores no cumplen con las expectativas. Existen muchos virus oncolíticos que al final no dieron resultados y este podría llegar a ser uno. Este es sólo un ¡emocionante! estudio preliminar.

Una de las desventajas de este tipo de terapias es que su efectividad se anula si el sujeto ya tiene inmunidad contra el virus en cuestión. En el caso del sarampión, se necesita que el paciente nunca lo haya tenido, no se haya vacunado o que la propia enfermedad haya destruido su sistema inmune. Cada tipo de cáncer sólo sería afectado por un virus determinado (en este caso se eligió el sarampión porque le gusta atacar la médula ósea) y se tendría que desarrollar un tratamiento para cada uno.

Como con todas las “curas para el cáncer”, no hay milagro. Sólo es el incansable trabajo de científicos y médicos que paso a pasito logran mejores y mejores tratamientos.

8Oct/1356

Péptido RjLB-14 de Labiofam, ¿cura para el cáncer o falsas ilusiones?

Frascos del medicamento de Labiofam que todavía no fue testeado.

Cancer

“Al parecer han logrado dar con la cura contra el cáncer…” comienza la presentadora en un video de la siempre confiable agencia de noticias RT en la siguiente escena, un niño corretea por su casa, supuestamente curado de un cáncer en el cerebro gracias a un nuevo tratamiento natural. ¿Será que en la isla tropical se ha desarrollado un tratamiento revolucionario?

Empezando por lo primero, no existe ni puede existir “la cura contra el cáncer” porque “el cáncer” no es una sola enfermedad sino un conjunto de más de 200 enfermedades que involucran crecimiento celular desregulado. Tienen diversas causas, pronósticos y tratamientos. Hablar de una “cura contra el cáncer” es tan ridículo como hablar de una “cura contra las infecciones”.

Pero volviendo al caso particular, no hay que creer nada hasta ver las publicaciones científicas, los estudios en animales, los ensayos clínicos. Por desgracia, en este caso no hay nada. El compuesto supuestamente está basado en el "péptido RjLB-14", que quizás exista aunque una búsqueda en Google no de otros resultados que las noticias relacionadas con este supuesto tratamiento. De hecho, la base de datos de estudios médicos Pubmed no encuentra nada con ese nombre. Tampoco se encuentra nada en Google Scholar.

Incluso en la propia página de Labiofam no parece haber casi nada. Lo único que hay es una mención en el programa del congreso que motiva la noticia, organizado por ellos mismos para promover éste y otros supuestos avances para el combate del cáncer. Tampoco pude encontrar nada en la web del congreso ni en en la revista de la empresa. Lo único que existe es un artículo de divulgación que no cita fuentes ni datos.

Ante la falta de información, lo único que se puede hacer es especular.

En el video, por ejemplo, vemos a una mujer tomando el supuesto compuesto con un vaso (minuto 2). Sin embargo, si el medicamento realmente es un péptido, es poco probable que la vía oral sea la adecuada. Los péptidos son cadenas cortas de aminoácidos, los bloques que forman las proteínas. Y al igual que las proteínas, los péptidos son degradados por el sistema digestivo. Sólo una mínima parte llega a la sangre intacta.

Esto no significa que sea imposible que funcione, ya que existen algunos péptidos que sí sobreviven a la digestión. Además puede ser que la supuesta droga esté formada a partir del misterioso péptido pero que no tenga esa naturaleza. Imposible decirlo ya que no hay nada publicado.

Otra razón para desconfiar es la fuente de la información. Labiofam no sólo promueve este supuesto tratamiento sino que también es la orgullosa vendedora de toda una gama de productos de dudosa calidad como prebióticos, alimentos funcionales y cremas de belleza (“naturales”, obviamente) así como de un producto homeopático basado en veneno de escorpión para el tratamiento contra el cáncer (recordemos que la homeopatía no funciona). Para colmo, tiene una (breve) sección de Testimonios, algo que, al menos en Argentina, está prohibido por la Ley 17.132, está en contra del Código de Ética de la Asociación Médica Argentina y no es un reemplazo de la evidencia científica.

Para enturbiar la cosa aún más, si uno quiere comprar dicho preparado homeopático, el sitio web lo lleva a una página de compras generales llamada Mall Habana. Ahí, además de sartenes, heladeras y un “Chorizo Vela Bravo” uno puede comprar el Vidatox 30CH por la módica suma de US$157, casi 1000 pesos argentinos.

Es curioso que el sitio mallhabana.com y labiofamcuba.com no sólo tengan el mismo nombre registrante como se puede ver en el Whois de cada uno sino que también tengan el mismo contacto administrativo: Exclusivas Latinoamericanas. Esto no significa necesariamente que las mismas personas estén detrás de ambas páginas, sólo que se usó el mismo servicio de hosting. Sin embargo, no deja de ser extraño que Mall Habana tenga una sección específica para Labiofam donde sólo aparece el Vidatox o que en la barra lateral haya un link directo para comprarlo sin importar en qué rubro nos encontremos.

Pero el video de RT da muchas más razones para preocuparse. A los 4 minutos el locutor informa que “los gerentes [de Labiofam] están seguros de que el próximo año, tras finalizar las pruebas de toxicología se podrán realizar exámenes clínicos en humanos”. La falta de estudios básicos también es confirmada por un artículo publicado hace pocos meses en Cuba Debate.

Este punto es indignante. Están comercializando un medicamento que ni siquiera pasó por las pruebas básicas de seguridad. Camionetas con el logo de la farmacéutica transportan bolsas repletas de frascos con la etiqueta “Solución de Origen Natural” que no han probado ser efectivos.

Frascos del medicamento de Labiofam que todavía no fue testeado.

Frascos del medicamento de Labiofam que todavía no fue testeado.

En definitiva, mi conclusión provisoria es que no hay nada detrás de esto. A menos que en el futuro aparezca la evidencia empírica que apoye la efectividad de esta molécula (y, antes de eso, saber de qué molécula se trata), por ahora esto no es más que espejitos de colores. Este “péptido RjLB-14” puede ser una más de las tantas moléculas prometedoras en la lucha contra el cáncer, o uno más de los tantos casos de charlatanería y falsas esperanzas.

22Jul/1312

Tratamiento Crescenti: $200.000 de multa por irregularidades en ensayo clínico

crescenti
Este es el artículo 2 de 2 de la serie Tratamiento Crescenti

El “Tratamiento Inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti®” es un supuesto medicamento para el cáncer que se vende por lo menos desde 2005, sin que exista evidencia de efectividad o seguridad. Se basa en oligoelementos y veneno de víbora de cascabel muda (Lachesis muta) y el sitio web que lo promociona afirma que tiene “excelentes resultados” en pacientes con cáncer y enfermedades relacionadas con el sistema inmune. También vincula a una página en Facebook que publica agradecimientos de pacientes, en violación (sino en letra, al menos en espíritu) del artículo 20 inciso 14 de la Ley 17.132 y del Código de Ética Médica.

Como documenté en un artículo anterior, el tratamiento de Crescenti carece de estudios clínicos que avalen su efectividad o su seguridad. Sólo existe un ensayo clínico de fase I (con pacientes saludables para determinar que el medicamento es seguro) que se está realizando desde 2008.

Este único ensayo clínico, además, le valió a Crescenti en 2010 una advertencia de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) por irregularidades, como consta en la Disposición Nº 3114/10. La disposición “instruye sumario” al Dr. Crescenti y la firma WALNI S.A. y resuelve

… que la participación del doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI como investigador en futuros estudios clínicos estará supeditada a la suscripción de una carta compromiso cuyo contenido y alcance será determinado para cada caso por la Dirección de Evaluación de Medicamentos.

Las irregularidades incluyen el uso de un consentimiento informado distinto al aprobado, no contratar un servicio de internación ante eventuales reacciones adversas, mal etiquetado de los frascos, incumplimiento de los criterios de exclusión y problemas con el monitoreo.

Pasos para aprobar un medicamento. Al método Crescenti le falta mucho pero igual lo vende.

Tres años después, como se puede leer en la Disposición Nº 1002/13 (emitida en febrero de este año), se impone una multa de $50.000 al Dr. Crescenti y de $150.000 a la firma WALNI S.A.

La disposición resulta una lectura entretenida ya que enumera las irregularidades y luego el descargo de Crescenti. Esto nos permite esencialmente escuchar sus argumentos y, más allá de que la Dirección de Evaluación de Medicamentos (DEM) “informó que de los descargos no surgen nuevos elementos técnicos ni información adicional que permitan modificar las observaciones realizadas”, cada uno puede evaluar su defensa.

Como es común, algunas fallas son casi administrativas y no tan relevantes. Por ejemplo, ante la falta de constancia de que el medicamento haya sido administrado por un médico entrenado y los pacientes hayan quedado bajo observación luego de recibir la dosis, Crescenti argumenta que “en el acto de la infusión participó una enfermera matriculada, estando presente en todos los casos él mismo, controlando que cada voluntario permaneciera dos horas en el centro”. Yo no dudo que el medicamento haya sido administrado por una enfermera y puedo creer que él estuvo presente; sin embargo, sigue siendo cierto que no hay constancia de ello.

Otras fallas son más serias. La falta de un servicio de internación en el caso de que el medicamento produjera alguna reacción adversa sería una violación ética bastante importante, en mi opinión, ya que significaría que la salud de los participantes podía correr riesgo. El descargo de Crescenti, en este caso, consiste en argumentar que no estaba obligado a proveer el servicio y que “caso de haberse producido una emergencia, había un compromiso de responsabilidad” por su parte.

Esto, en mi opinión, es porque Crescenti sabe que su preparación no produce efectos adversos agudos por haber estado durante años vendiendo este producto sin estar autorizado.

Claro que eso es evidencia anecdótica. Pero también lo es lo que le pasó a una amiga que le diagnosticaron cáncer de hígado a su abuelo. La tía parece que desde hace rato que estaba al tanto del Método Crescenti y a pesar de las reticencias de resto de la familia, decidió sacar un turno.

En el Instituto la atendió un oncólogo empleado del Instituto que, sin siquiera haber visto al paciente ni haber ordenado ningún estudio, le recetó un medicamento que fue vendido en el lugar. Esto sería una violación del artículo 20 inciso 15 de la Ley 17.132 si no fuera porque el preparado de Crescenti no está registrado como “medicamento” sino como “alimento”.

Crescenti vende dos versiones de su “medicamento”: una versión oral y otra inyectable. Es esta última la protagonista de la multa, mientras que la versión oral es la que le fue recetada al abuelo de esta chica y que está registrada como alimento.

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"Complejo antioxidante" del Dr. Crescenti.

El frasco contiene, según dice en la folletería, un “complejo antioxidante” con selenio, manganeso y zinc. No hay mención alguna del veneno de víbora. Lo preocupante es que la dosis recomendada (5 cucharadas de té de 25 ml cada una) contiene 100µg de selenio, lo que representa casi un 300% de la Ingesta Diaria Recomendada, aunque está por debajo del límite tolerable de unos 400µg.

¿Sirve de algo tanto selenio? Una revisión de la literatura científica concluye que no: “A la fecha la literatura médica no provee bases para ninguna recomendación a favor o en contra de la suplementación de selenio en pacientes con cáncer. Hay que tener en cuenta los peligros potenciales de suplementar un mineral traza.” Estos riesgos no son nada despreciables.

Tomar altas dosis de selenio en un corto tiempo causa fuertes síntomas gastrointestinales y neurológicos, síndrome de distrés respiratorio agudo, infarto de miocardio, falla renal, falla cardíaca, e incluso la muerte en algunos casos.

Y esto es probablemente lo que experimentó el abuelo de mi amiga. Creyendo que que era algo “natural” y “homeopático”, tomó el doble de la dosis recomendada y se descompuso. Sentía asco por la comida, vomitaba, se encontraba muy débil. Llamaron a un médico y cuando llegó, mi amiga le comentó lo que estaba tomando y, en palabras de ella, “un poco más y me tira el frasco por la cabeza”, le dijo que era “veneno” y que tenía que dejar de tomarlo inmediatamente.

Esta anécdota no la sirve para demostrar que el tratamiento es dañino, sino para mostrar que las anécdotas no sirven como evidencia. Este caso no va a ser publicado en la página de agradecimientos a Crescenti y con seguridad hay muchos otros similares.

Pero en general, a menos que se tome mucho más de la dosis recomendada, el preparado de Crescenti probablemente sea relativamente seguro. Sin embargo, se trata de un medicamento recetado para enfermos con cáncer, una dolencia cuyo tratamiento puede ser muy largo y además Crescenti recomienda empezar a tomarlo incluso antes de la radioterapia. Según el National Institute of Health, el consumo a largo plazo de suplementos de selenio aumenta la probabilidad de contraer diabetes tipo 2 y la recurrencia del cáncer de piel. Además tener mucho selenio en el cuerpo podría, irónicamente, aumentar el riesgo de muerte por cáncer.

Para peor, el registro de eventos adversos probablemente se vea dificultado por la similitud de los síntomas del envenenamiento por selenio con los efectos secundarios de la quimioterapia, como náuseas, falta de apetito, pérdida de cabello y debilidad.

La familia de mi amiga decidió que dejara de tomar el “compuesto antioxidante” y eventualmente los síntomas desaparecieron. Esto sucedió alrededor de marzo de este año. Sólo unos meses después de que la ANMAT multara a Crescenti en parte por no contar con un servicio de internación en caso de presentarse reacciones adversas, una persona sufría una intoxicación causada por su medicamento.

Da para pensar.

3Jun/134

¿Por qué el “a mí me funciona” no es suficiente?

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La gente con frecuencia ofrece testimonios de cómo alguna medicina alternativa “realmente a mí me funcionó”. Las personas que afirman esto no consiguen entender que no tienen ninguna base para afirmar que “funcionó”. Lo único que realmente pueden afirmar es que observaron una mejora después del tratamiento. ¿No podría ser una falsa suposición de que la correlación temporal significa causalidad?

Tales observaciones son tan solo un punto de partida: necesitamos hacer ciencia para averiguar lo que significan esas observaciones y descubrir qué funcionó y qué no; de esta manera comprenderemos mejor la naturaleza y a nosotros mismos. La ciencia es el único modo de corregir nuestros errores de percepción y de atribución.

“La ciencia es una forma de tratar de no engañarnos a nosotros mismos. El primer principio es que uno no debe engañarse y que la persona más fácil de engañar es uno mismo.” (Richard Feynmann)

Recibo muchos comentarios del tipo de “A mi tía/hermano/primo/madre/perro le funcionó, lo vi con mis propios ojos.” Pero eso no cumple ni siquiera con el mínimo de evidencia, ¿o acaso alguien espera que le crea simplemente porque él lo dice? ¿Me creerían si les digo que vi un unicornio rosado que defeca arco iris? Creo que no.

Podemos decir que ver algo con tus propios ojos no prueba que es verdad y no excluye la necesidad de comprobación científica, ya que somos máquinas fallidas para percibir la realidad. Sí: no somos perfectos y nos equivocamos.

Con esto quiero decir que no podemos hacer la suposición de que algo funciona y confiar en alguien que aparenta saber o ser importante, porque nos podemos equivocar. Es más, ¡nos hemos equivocado gran parte de la historia! Tratamientos basados en sanguijuelas, tomar tu propia orina, rezar, tratamiento con mercurio y plomo ¡y un larguísimo etcétera de equivocaciones!

Un ejemplo de esto son las sangrías. Durante muchos años los médicos utilizaron sanguijuelas y bisturís para liberar a los pacientes de su sangre “contaminada con toxinas”. Ellos “sabían” que la sangría funcionaba. Todo el mundo lo decía. Cuando tenías fiebre y el doctor te practicaba una sangría, mejorabas. Todo el mundo conocía a algún amigo o familiar que había estado a las puertas de la muerte hasta que la sangría le curó. Los médicos contaban los éxitos por miles. La gente atribuía grandes cosas a estas terapias, cuando en realidad los pacientes se habían curado a pesar de ella y no gracias a ella. Hoy sabemos que la sangría hace más mal que bien.

Otro ejemplo mas reciente, es que los médicos solían realizar una operación para enfermedades cardiovasculares en la que abrían el pecho y anudaban arterias de la caja torácica para desviar más flujo sanguíneo hacia el corazón. Supuestamente tenían una impresionante tasa de éxito del 90%. Un doctor muy listo llamado Leonard Cobb quería asegurarse de que fuera cierto, por lo que realizó un experimento en el que únicamente hizo la incisión en el pecho y lo volvió a cerrar sin haber hecho realmente nada. Sorprendentemente descubrió que ¡la misma cantidad de pacientes mejoraba tras la falsa cirugía! Los médicos dejaron de realizar dicha operación. Así es: nos equivocamos y no somos buenos analizando la realidad.

Pero,  ¿cómo puede tanta gente estar tan equivocada? ¿Cómo podían creer que algo había ayudado cuando realmente había causado más daño que bien? Hay toda una serie de razones por las que la gente puede acabar creyendo que un tratamiento inefectivo funciona.

  1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural. Muchas enfermedades se autolimitan; el proceso de curación natural del cuerpo devuelve la salud a la gente después de un tiempo. Un resfriado normalmente desaparece en una semana. Para averiguar si un remedio para el resfriado funciona, hay que llevar un registro de éxitos y fracasos en un número de pacientes suficientemente grande como para averiguar si realmente se recuperan más rápido con el remedio que sin él.
  2. Muchas enfermedades son cíclicas. Los síntomas de cualquier enfermedad fluctúan a lo largo del tiempo. La gente con artritis tiene días malos y días buenos. El dolor empeora por un tiempo y luego mejora por cierto otro tiempo. Si utilizas homeopatía cuando el dolor está fuerte, probablemente estaba a punto de mejorar de todos modos, así que la homeopatía se lleva un crédito que no merece. Esto es lo que se conoce como regresión a la media.
  3. Todos somos sugestionables. Si nos dicen que algo va a dolernos, es más probable que duela. Si nos dicen que algo nos hará sentir mejor, probablemente lo hará. Todos conocemos esto: por eso besamos los raspones y apapachamos a nuestros hijos. Cualquier cosa que nos distraiga de pensar en nuestros síntomas es probable que ayude. En los estudios científicos que comparan un tratamiento real con pastillas placebo, una media del 35% de la gente dice que se siente mejor después de tomarlas. El verdadero tratamiento debe hacerlo mejor si queremos creer que es realmente efectivo.
  4. Puede haber recibido dos tratamientos y el tratamiento equivocado se llevó el crédito. Si tu médico te da una pastilla y además te tomas un remedio casero, puedes darle el crédito al remedio casero. O quizás ha habido otro cambio en tu vida al mismo tiempo que ha ayudado en el tratamiento de la enfermedad y éste es la verdadera razón por la que has mejorado.
  5. El diagnóstico o el pronóstico original pueden haber sido incorrectos. Mucha gente ha sido supuestamente curada de cáncer cuando en realidad jamás tuvo un cáncer. Los médicos que le dicen a un paciente que sólo tiene 6 meses de vida están sólo estimando y pueden estimar mal. Lo mejor que pueden hacer es decir que el paciente medio con esa enfermedad vive 6 meses – pero la media significa que la mitad de la gente vive más tiempo.
  6. Una mejora de ánimo temporal puede confundirse con una cura. Si un practicante te hace sentir optimista y esperanzado, puedes creer que te sientes mejor cuando la enfermedad realmente no ha cambiado.
  7. Las necesidades psicológicas pueden afectar nuestro comportamiento y percepciones. Cuando alguien quiere creer algo con suficiente ahínco, puede convencerse a sí mismo de que ha sido ayudado. Se sabe de gente que ha negado los hechos – negarse a ver que un tumor sigue aumentando. Si han invertido tiempo y dinero, no quieren admitir que fue desperdiciado. Vemos lo que queremos ver; recordamos las cosas del modo en que queremos que hubieran pasado. Cuando un médico está intentando sinceramente ayudar a un paciente, el paciente siente una especie de obligación social de satisfacer al médico mejorando.
  8. Confundimos correlación con causalidad. Simplemente porque un efecto sigue a una acción, eso no significa necesariamente que la acción causase el efecto. Cuando el gallo canta y a continuación sale el sol, nos damos cuenta de que no es el cacareo lo que ha hecho que el sol aparezca. Pero cuando tomamos una pastilla y entonces nos sentimos mejor, suponemos que fue la pastilla lo que nos hizo sentir mejor. No nos paramos a pensar que podemos habernos sentido mejor por alguna otra razón.

Así que hay un montón de maneras de equivocarnos. Afortunadamente, hay una manera en que podemos finalmente acertar: mediante las pruebas científicas. No hay nada misterioso o complicado sobre la ciencia, es simplemente un juego de herramientas de sentido común para comprobar cosas. (El resultado de usar esas herramientas puede desafiar el sentido común, pero ése es otro asunto.) Si crees que has perdido peso y te subes a una báscula para comprobarlo, eso es ciencia. Si crees que se te ha ocurrido una mejor manera de plantar zanahorias y compruebas tu idea plantando dos filas lado a lado, una con el método viejo y otra con el nuevo, y miras qué fila produce mejores zanahorias, eso es ciencia.
Para comprobar medicinas, podemos organizar un gran número de pacientes en dos grupos iguales y darle a un grupo el tratamiento que queremos comprobar y al otro un placebo, como una pastilla de azúcar. Si el grupo que recibió el tratamiento activo va significativamente mejor, entonces el tratamiento probablemente funciona realmente. Es sencillo... Este método se puede aplicar tanto al estudio de los fármacos convencionales como con disciplinas que se basen en entidades invisibles e indetectables.

Por cierto, ¿donde están los casos negativos de las medicinas alternativas? ¿Alguna vez leíste sobre los casos que no funcionaron, los pacientes que murieron y los fraudes?

13May/1390

El mito de las dietas ácidas y alcalinas

Alimentación ácida / Alimentación alcalina

Si bien hace tiempo que circulan cadenas de e-mail sobre la temática de las supuestas alternativas para curar el cáncer mediante una dieta alcalinizante, una nueva viralización en las redes sociales me motivó a redactar este artículo. Existen dos puntos a analizar:

  1. La viralización está hecha bajo el nombre de una institución que está a la vanguardia de la investigación del cáncer: el Hospital Johns Hopkins.
  2. El mito de la dieta ácida/alcalina.

Está por toda la web, pero aquí les dejo este artículo para que lo lean ustedes mismos.

El primer punto está aclarado y muy bien argumentado en la página web oficial de la institución, donde se lee claramente:

«La información falsamente atribuida a Johns Hopkins llamada “ACTUALIZACIÓN ACERCA DEL CÁNCER” describe propiedades de las células del cáncer y sugiere maneras de prevenirlo. Johns Hopkins no publicó esta información que viene frecuentemente como un archivo adjunto de un e-mail y tampoco respalda su contenido. El e-mail también tiene el nombre de nuestra institución mal escrito como “John” Hopkins, pero la manera correcta de escribirlo es “Johns” Hopkins. Para más información acerca del cáncer, por favor lea la información en nuestro sitio web o visite la página del Instituto nacional del cáncer (National Cancer Institute) www.cancer.gov. Por favor ayúdenos a combatir la propagación de este engaño divulgando este comunicado.»

Por lo tanto, este artículo está enfocado en el punto 2.

Recuerdo cuando hace unos pocos años creía en esto de la dieta ácida/alcalina... Como estudiante de medicina magufo en ese momento, estaba fascinado con la idea y me dediqué a investigar más. Sin dudas, el resultado fue uno de los “clicks” más importantes que me llevaron a volcarme hacia el escepticismo científico.

Para los que no están al tanto, estamos hablando de la creencia de que ciertos alimentos pueden producir un cambio en el pH de los fluidos corporales como la sangre, causando estados de acidificación o alcalinización que influirían en la producción o curación del cáncer. Pueden ver los detalles en este artículo sobre “La causa primaria del cáncer”, en cuyas conclusiones se puede leer:

  • Las células sanas viven en un entorno alcalino y oxigenado, lo cual permite su normal funcionamiento.
  • Las células cancerosas viven en un ambiente extremadamente ácido y carente de oxígeno.

En ese momento leí varias cosas que me llamaron la atención y recuerdo muy bien lo que pensé, que fue algo así:
1) ¿¿¿Un científico recibió el premio Nobel por descubrir la causa primaria del cáncer??? ¿Cómo nunca me enteré de eso?
2) La acidez expulsa el oxígeno de la célula. Mmm, no tiene sentido, pero será una explicación básica supongo.
3) Privar a una célula de 35% de su oxígeno durante 48 horas puede convertirlas en cancerosas. Sigo sin poder creer que nunca me hayan enseñado esto en la facultad. ¡Qué fantástico! ¡Las “farmafias” siempre haciendo de las suyas!
4) Una vez finalizado el proceso de la digestión, los alimentos de acuerdo a la calidad de proteínas, hidratos de carbono, grasas, minerales y vitaminas que otorgan, generarán una condición de acidez o alcalinidad al organismo. Pero en el estómago todo se vuelve ácido y en el duodeno todo es alcalino...  ¿?
5) Curiosamente todos estos alimentos nombrados, son ANTIFISIOLÓGICOS. Nuestro organismo no está diseñado para digerir todo esto! ¿Diseñado? Esto se está poniendo raro.

Evidentemente, todas las afirmaciones de este artículo van en contra de los conocimientos que nos ha aportado el estudio de la fisiología humana. Esto me llevó a investigar un poco más... Pero vayamos por partes y comencemos con lo que podríamos llamar “la causa primaria de este delirio”.

Aparentemente todo surgió con la manipulación de la información de un premio Nobel de Fisiología o Medicina llamado Otto Heinrich Warburg, galardonado por “el descubrimiento de la naturaleza y modo de acción de la enzima respiratoria”, que significó un hito en la comprensión bioquímica de numerosos procesos orgánicos y que algunos consideran como el más original y productivo del siglo XX. Esta enzima es una parte de la cadena de oxidación que se da en la mitocondria para obtener energía en forma de ATP, la “moneda” energética de la célula, a partir de la glucosa mediante un proceso llamado Ciclo de Krebs. Para que este proceso ocurra se necesita oxígeno. Esta forma de metabolizar la glucosa se denomina glucólisis aeróbica.

Warburg fue un gran científico y los resultados de muchas de sus investigaciones constituyen pilares en la química orgánica y la fisiología humana. Pero sus investigaciones sobre el cáncer fueron menos fructíferas. Observó que las células cancerígenas podían reproducirse sin oxígeno y lanzó la hipótesis de que la privación de oxígeno era la causa de la enfermedad. Según esta teoría, las células corporales que “no utilizan” oxígeno no desarrollarían cáncer, pero hoy sabemos que existen células que tampoco lo hacen y no son células cancerosas: los glóbulos rojos y las células de la córnea, el cristalino y ciertas regiones de la retina.
Warburg también observó que los tejidos cancerosos crecían en medios ácidos, es decir en medios con un pH menor al del organismo (7,4) y que las células normales metabolizaban la glucosa de forma distinta a las células cancerígenas. Lo que lo motivó a escribir “Metabolismo de los tumores” (Stoffwechsel der Tumoren).

Posteriormente, en 1956, redactó un artículo para la revista Science que tituló “El origen de las células cancerosas”, dando indicios de lo que se venía, para luego presentar 10 años más tarde su trabajo “La causa primaria del cáncer y su prevención” en la reunión de premios Nobel en Alemania.

Estas ideas fueron bien recibidas y calaron. Según él había que introducir en la dieta varias enzimas respiratorias, como vitaminas B y hierro, lo que ayudaría a prevenir la aparición del cáncer, anexándose así a los tratamientos mediante megadosis de vitaminas propuestos por otro ganador del premio Nobel (Química), Linus Pauling, que dió nacimiento a la “medicina” ortomolecular. Hoy esta teoría sólo tiene interés histórico.

Fue un muy interesante razonamiento teniendo en cuenta los conocimientos de ese momento. Pero lo que sabemos hoy en día es que la ausencia de oxigeno en las células tumorales se debe a su elevada tasa de crecimiento: unas 200 veces más que las células normales.

Para transformar la glucosa en energía, la célula debe realizar una serie de pasos sistemáticos, en donde si falta un componente, todo falla. Inicialmente la glucosa se transforma en una sustancia llamada ácido pirúvico, o piruvato, el cual puede seguir dos caminos:

  • Cuando hay oxígeno, se realiza la glicólisis aérobica, que es lo que sucede en la gran mayoría de nuestras células con algunas excepciones (como mencionamos más arriba). El piruvato ingresa a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa, donde participan las enzimas que Warburg descubrió.
  • Pero cuando no hay oxígeno nos encontramos en un un estado de hipoxia, por lo que el piruvato no puede ingresar a la mitocondria y es transformado en ácido láctico, o lactato. Este compuesto puede transformarse en piruvato e ingresar a la mitocondria para sufrir la fosforilación oxidativa si disponemos de oxígeno nuevamente.

El primer camino genera mucha energía, mientras que el segundo no. Pero esto no hace a uno mejor que el otro; son simplemente unos fantásticos mecanismos de adaptación a diferentes estados celulares. Por ejemplo, cuando hacemos una actividad física intensa —una carrera de 100 metros llanos o escapar de un león (¿?)—, la demanda de oxígeno para producir energía aumenta tanto que a veces no puede ser satisfecha, por lo que la célula debe valerse de la energía aportada por la glicólisis anaeróbica, por más pequeña que sea. Esta situación hace que aumente la concentración de lactato en la célula, que es expulsado hacia el exterior (este compuesto ácido hace que sintamos esa “quemazón” en los músculos).

En los tumores pasa exactamente lo mismo: las células cancerosas tienen un metabolismo tan alto que necesitan elevadas cantidades de oxígeno para funcionar. Al no poder satisfacer esa necesidad, realizan glicólisis anaeróbica para obtener su energía. Esto es conocido como Efecto Warburg, el cual lleva a una producción enorme de ácido láctico y la creación de un microentorno ácido.
Como podemos ver, esta acidificación no es entonces producto de la dieta, sino del metabolismo del cáncer. Además, la acidificación o alcanilización nunca ocurren en nuestro cuerpo -en situaciones normales-, ya que el pH es celosamente mantenido en un rango muy estrecho de entre 7,35 y 7,45 y salirse del mismo puede resultar en la muerte de la persona.

Recientemente se ha elaborado una hipótesis del origen del cáncer basándose en el Efecto Warburg, según la cual una alteración en la ruta de producción de energía provocaría una acumulación de formas reactivas de oxígeno que causarían a su vez un daño en el material genético de la célula, desembocando en la producción de cáncer.

Así que no crean que es importante si los alimentos son ácidos o alcalinos, ya que el medio interno del estómago es tan ácido que ningún alimento puede cambiar su acidez, y todos los alimentos que salen de ahí son ácidos. Luego entran al duodeno, donde las secreciones del páncreas e hígado neutralizan los ácidos del estómago y convierten los alimentos en alcalinos. La modificación de la dieta no puede cambiar la acidez de cualquier parte del cuerpo, con excepción de la orina.

Los promotores de estos productos dicen que las células cancerosas no pueden vivir en un ambiente alcalino y eso es cierto, pero tampoco puede ninguna de las otras células del cuerpo. Con todo esto no quiero decir que la dieta no sea importante, nada más lejos de la realidad.

Lamentablemente todavía sabemos muy poco sobre el cáncer. El cáncer no es una sola enfermedad ni tiene un origen único, sino que es un grupo de enfermedades multicausales. Muchas cosas en nuestros genes, nuestro estilo de vida y el medio ambiente que nos rodea pueden aumentar o disminuir el riesgo de padecer cáncer. Por lo tanto, en estos momentos podemos tomar medidas preventivas al respecto y así disminuir la probabilidad de contraerlo.

El estudio Alimentación, nutrición, actividad física y la prevención del cáncer: una perspectiva global publicado por la World Cancer Research Fund y el American Institute for Cancer Research, recomienda:

  • Manténgase tan delgado como le sea posible, dentro de los rangos normales de peso.
  • Haga entre 30 y 60 minutos de actividad física moderada diariamente, como caminar.
  • Evite las bebidas endulzadas y la comida chatarra.
  • Si es madre, amamante durante por lo menos 6 meses.
  • No coma más de medio kilo de carne roja por semana y evite las carnes procesadas.
  • Limite la ingesta de bebidas alcohólicas a una medida diaria, en las mujeres, y a dos, en los varones.
  • Coma 5 porciones diarias de frutas y hortalizas.
  • Limite el consumo de sal a 6 gramos diarios; evite ingerirla como conservante.
  • Evite los suplementos dietarios, a excepción del ácido fólico durante el embarazo.
  • Si sobrevive al cáncer, siga recomendaciones nutricionales de un profesional, realice actividad física y mantenga un peso adecuado.

9Mar/1329

Hugo Chávez, ¿inoculado de cáncer?

Nicolás Maduro

En una muestra más de por qué es importante la lucha contra las pseudociencias, el vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, pronunció un discurso en el que retomó la sospecha del recientemente difunto Hugo Chávez de que, con la tecnología suficiente, puede enfermarse a una persona específica con cáncer. Yendo más allá de aquellas declaraciones de Chávez —y de lo recomendable— Maduro lanzó la denuncia de que el cáncer que terminó costando la vida al presidente pudo haber sido inoculado.

Si toleramos en silencio que los diarios, revistas y programas de TV anuncien y publiciten terapias milagrosas, medicinas alternativas y curas sanadores, entonces no nos podremos sorprender de que un político diga semejante barrabasada, dando una clara muestra de que no sabe lo que es el cáncer, cómo se origina o lo que significa inocular.

El cáncer no es una sola enfermedad, sino un un conjunto de enfermedades cuyo factor común más saliente es la aparición de células malignas de crecimiento anormal, que puede afectar a los distintos órganos o tejidos del cuerpo, pudiendo formarse o no tumores. Pueden contraer cáncer personas de ambos sexos y de cualquier edad (aunque la incidencia es mayor en adultos). Casi todos los tipos de cáncer tienen tratamiento y muchos tienen cura.

El cáncer no es algo nuevo ni un producto de la modernidad, ya que se encontraron registros de cáncer en momias egipcias y peruanas de más de 5000 años de antigüedad y el papiro de Edwin Smith también describe varios casos. Hipócrates, hace más de 2000 años, fue el primero en usar la palabra carcinoma para describir a los tumores.

El cáncer suele comenzar en una sola célula, que en un momento dado se torna tumoral. Esto es causado por la interacción entre factores genéticos del paciente (oncogenes) y agentes carcinógenos externos, que pueden ser:

  • Físicos: como las radiaciones ultravioleta e ionizantes;
  • Químicos: como los asbestos (prohibidos pero todavía presentes en materiales de construcción), algunos componentes del humo de tabaco, las aflatoxinas (contaminantes de los alimentos) o el arsénico (contaminante del agua);
  • Biológicos: como las infecciones causadas por determinados virus, bacterias o parásitos.

Son muchas las formas en que una persona puede contraer cáncer, sin necesidad de que venga la CIA a inoculárselo. Y de todas formas, ¿es esto posible?

Inocular es transmitir una enfermedad a una persona sana usando tejido externo enfermo. Por ejemplo, cuando nos vacunamos, nos estamos inoculando con una cepa debilitada de una enfermedad para obligar a nuestro organismo a generar anticuerpos y así quedar inmunizados. Esto es muy improbable para el cáncer: nuestro sistema inmune reconocería de inmediato los agentes extraños y los atacaría. (Esto sólo dejaría de ocurrir si la persona estuviera inmunodeprimida. Por eso, en pacientes sometidos a trasplantes hay que tener cuidado que el dador no tenga cáncer, ya que al estar el receptor inmunodeprimido, se han documentado casos de inóculos de cáncer. Chávez no estaba, que sepamos, recibiendo ningún trasplante antes de enfermarse.)

¿Cuál es la diferencia entre Maduro diciendo que a Chávez lo mató la CIA usando cáncer inoculable y los charlatanes de siempre asegurándonos que podemos librarnos de un tumor comiendo guanábana o tomando bicarbonato? Sólo la significación política, que incluye el uso político que se le pueda dar a esta mentira. Un charlatán común no suele tener una audiencia de millones ni una investidura comparable a la de un vicepresidente.

No existe el más mínimo indicio de que el cáncer de Chávez haya sido causado por algo distinto a alguno de los factores habituales. El gobierno venezolano ocultó celosamente la información sobre la enfermedad, alimentando las especulaciones, pero nada hay de raro en que una persona contraiga cáncer, como tampoco es extraño que se produzca una recaída, ni que esa recaída termine siendo fatal si el paciente, en vez de descansar, se dedica nada menos que a llevar adelante una campaña presidencial.

Sabemos que el gobierno de Estados Unidos ha intentado muchas veces asesinar a líderes extranjeros. Jamás hemos sabido que lo hiciera “inoculando” un cáncer o que esté involucrado en la muerte de Chávez. Ante afirmaciones como las de Maduro deberíamos oponer un mínimo de escepticismo, para no caer en especulaciones montadas sobre la nada.

30May/12125

El tratamiento Inmunomodulador del Dr. Crescenti

Este es el artículo 1 de 2 de la serie Tratamiento Crescenti

Hace más o menos un mes estuvimos charlando con Alejandro Agostinelli sobre este fenómeno new age llamado Claudio María Domínguez. Alejandro, quien coordinó la investigación que culminó en el informe “Por amor al Dinero”, nos decía que lo más peligroso no es tanto lo que él dice sino a quienes promueve. Interesado por quiénes eran, decidí darme una vuelta por la página web de Domínguez y mirar sus anunciantes.

Así es como llegué a la web del Instituto de Inmuno Oncología Dr. Ernesto J. V. Crescenti y su “tratamiento inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti®”. En un sitio web de aspecto muy profesional nos habla de su “tratamiento inmunomodulador” y nos afirma que, basados “en los resultados obtenidos durante mas de 20 años de investigación” pueden afirmar que “que el tratamiento inmunomodulador del Dr. Ernesto José Vicente Crescenti® es lo más cercano al tratamiento ideal”.

Muchas afirmaciones, pocas pruebas

Es difícil saber  exactamente en qué consiste el “método Crescenti®”. El sitio web habla mucho de antioxidantes, activación del sistema inmune, y demás vaguedades que hacen  imposible saber de qué se trata. En su apartado “Quiénes somos” nos cuenta la historia de su descubrimiento (énfasis mío):

Hay que remontarse al año 1986, luego de haber intervenido quirúrgicamente a una paciente de avanzada edad, cuya patología era cáncer de colon con múltiples metástasis hepáticas, y luego de realizarle una hemicoloctomía [sic] derecha, en el acto quirúrgico, el Doctor Ernesto J. V. Crescenti decidió efectuar un tratamiento distinto a los utilizados hasta aquel momento. El tratamiento empleado fue la combinación de elementos homeopáticos, obteniendo una muy buena respuesta terapéutica.

(De hecho lo que Crescenti dice haber hecho fue una hemicolectomía.) Ya sabemos que los remedios homeopáticos carecen por completo de substancias activas así que esto nos haría pensar que el “método Crescenti®” son pastillas de nada (en otro lado nos asegura que se administra por vía oral). Sin embargo, en una animación con mucha jerga médica que más que aclarar, ofusca, se nos dice que el tratamiento consiste en la inyección de Selenio, Manganeso, Zinc y “lachesis muta” (serpiente de cascabel muda). Por “lachesis muta” espero que quisieran decir “veneno de lachesis muta”, porque no creo que esta gente esté inyectando víboras en sus pacientes.

Intrigado por estas inconsistencias, decidí preguntarles directamente mediante su formulario de contacto, expresamente preguntando por el veneno. A las pocas horas recibí una respuesta del Dr. Máximo Croci que reproduzco sin corrección:

De acuerdo a recientes incestigaciones en cultivos de tejidos y modelos animales se ha comprobado que la asosciacionde Zn, Se Y Mn es efectiva en la estimulacion de la respuesta inmune, el efecto antioxidante y la inhibicion del crecimiento tumoral. El tratamiento del Dr Crescenti combina una serie de oligoelementos que separadamente tienen potentes efectos inmunoestimulantes y catalizadores de poderosas reacciones biológicas relacionadas con el control del estado oxidativo celular, es decir en la regulación de los radicales libres de oxígeno como el peróxido de hidrógeno o el anionsuperoxido. Los oligoelementos catalizan la acción de enzimas tales como la catalsa, superoxido dismutasa dependiente de manganeso y glutatión peroxidasa relacionada con el selenio.

La respuesta completa del Dr. Croci también está envuelta en mucha jerga médica que parece diseñada para confundir más que aclarar y no me dijo nada sobre la “muda”. Es curioso que hable de las “incestigaciones” en cultivos de tejidos y modelos de animales, pero no haga referencia a ensayos clínicos con humanos.

En efecto, los supuestos “20 años de investigación” de los cuales alardean en su página aparentemente no alcanzaron para realizar ni siquiera un solo ensayo clínico. En la sección de Trabajos Publicados se nos presenta una larga serie de publicaciones muy poco impresionantes para el ojo que sabe lo que busca. Muchos trabajos in vitro, presentaciones en conferencias, publicaciones sin ninguna relación con el tratamiento y las infaltables publicaciones “fantasma” que sólo existen en su página web.

Un medicamento no aprobado

Ante tal conspicua falta de evidencia, cabe preguntarse cómo el Dr. Crescenti puede afirmar tantos resultados específicos. Dicen: “El tratamiento ha demostrado tener una gran capacidad de modular la actividad antioxidante de las células y tejidos”, “La suma de estos efectos produce un notable incremento en la sobrevida y en la calidad de vida de los pacientes oncológicos, lográndose en algunos casos una remisión completa de la enfermedad" y “es lo mas cercano al tratamiento ideal” ¿Cómo pueden saber esto? ¿Acaso hay alguna publicación que no aparece en su sitio web? No. El Dr. Croci me aclara que no existe ningún ensayo con humanos:

El compuesto en su forma inyectable esta siendo objeto de un estudio clinico en ANMAT que como sabra es muy largo y aun no esta terminado.

Esto es cierto. Si uno va a la página del ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnologías Médicas) y hace una consulta en su listado de ensayos clínicos con el nombre de “crescenti” en el campo de Investigador se encuentra con un ensayo clínico Fase I que está “Autorizado” desde 2008. Pero buscando más sobre Crescenti en la web del ANMAT uno puede encontrarse con la Disposición 3114/10 en la cual la Dirección de Evaluación de Medicamentos informa de irregularidades en ese ensayo clínico y el ANMAT resuelve

… que la participación del doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI como investigador en futuros estudios clínicos, estará supeditada a la suscripción de una carta compromiso cuyo contenido y alcance será determinado para cada caso por la Dirección de Evaluación de Medicamentos.

Además se “instruye sumario a la firma WALNI S.A. y al doctor ERNESTO J.V. CRESCENTI”. Las irregularidades incluyen:

  • Utilización de una versión del consentimiento informado no aprobada por el Comité de Docencia.
  • Falta de contratación de un servicio de internación eventual ante la posibilidad de efectos adversos.
  • Falta de observación de los pacientes luego de la administración de la droga.
  • El etiquetado de los frascos no incluye la dosis de producto ni su fórmula.
  • Incumplimiento con los criterios de exclusión.
  • Delegación del plan de monitoreo a una persona que es parte del instituto.
  • Un informe de monitoreo en el cual consta que fue una visita no presencial pero que se observan detalles de verificaciones que sólo pueden realizarse en visitas presenciales.
  • Falta de verificación de los requisitos establecidos por el ANMAT previo al inicio del estudio.

Más allá de esto, la droga en su versión inyectable no está aprobada por el ANMAT mientras que la versión oral se comercializa como un “suplemento dietario” aprobado por el INAL (que regula alimentos, no medicamentos). Mandé dos mails y llamé dos veces al ANMAT para pedir más información pero no recibí respuesta alguna.

La historia de un medicamento

¿Qué significa que el “método Crescenti®” sólo tenga estudios en animales y placas de Petri para argumentar efectividad? Echemos un vistazo a qué nos dice la Fundación de Estudios Farmacológicos y de Medicamentos, cuyo Comité Independiente de Ética aprobó el ensayo clínico del “método Crescenti®”. En su revista “Mientras Espero” tiene una sección en la que nos explica cómo un medicamento llega a ser aprobado para su uso.

Primero se realizan estudios preclínicos con animales y cultivos de tejidos. Este tipo de estudios dan información sobre la toxicidad y el potencial efecto terapéutico además de dar pistas sobre su absorción en el cuerpo. Luego, si estos experimentos sugieren que el medicamento puede ser efectivo, empieza la fase clínica. Se empiezan con ensayos Fase I, con pequeñas cantidades de voluntarios sanos para evaluar tolerancia. Los ensayos Fase II son similares pero se comienza a administrar a pacientes enfermos. Esta fase sirve para determinar las dosis seguras y potencialmente efectivas; esto es muy importante ya que un medicamento administrado en dosis sub-óptimas puede resultar inefectivo o peligroso. Recién luego de que el medicamento salga victorioso de todas estas investigaciones se puede pasar a la Fase III. Los ensayos Fase III se realizan en grandes cantidades de personas, comparando el efecto con el placebo y asegurándose de que los investigadores no sepan quién recibe el medicamento y quién recibe el placebo (para evitar sutiles sesgos). Al  finalizar todo el proceso, los resultados son presentados a las autoridades sanitarias que deciden si autorizar el medicamento o no.

De todos estos pasos, el “método Crescenti®” sólo llegó a la fase preclínica. El Instituto Inmuno Oncológico del Dr. Crescenti está comercializando un tratamiento que no fue evaluado en humanos. Está vendiendo como efectivo y seguro un tratamiento que, en el mejor de los casos, es experimental. El Dr. Crescenti afirma que su tratamiento puede curar el cáncer (“remisión completa de la enfermedad”) cuando lo único que puede saber es su efecto en ratas de laboratorio y cultivos de células.

¿Es posible?

Dada esta completa falta de evidencia, en principio podríamos dejarlo ahí. Dejando de lado si el mecanismo propuesto por el “método Crescenti®” es razonable o no, actualmente no hay evidencia que justifique su comercialización. Sin embargo, no deja de ser interesante preguntarse si algo así podría funcionar. Para esto me comuniqué con Juan Ángel Bisceglia (farmacéutico y becario del CONICET, aunque no especialista en oncología) sobre su opinión profesional.

Según él, los oligoelementos que mencionan efectivamente participan de los procesos de protección oxidativa, pero no “catalizan la acción de enzimas” sino que forman parte de las mismas. “Las enzimas son los catalizadores y los metales son necesarios para su funcionamiento, así como la casi totalidad de las vitaminas que incorporamos en la dieta o mediante suplementos”, corrige Bisceglia .

Hay que tener en cuenta que el Selenio, Zinc y Manganeso no son más que micronutrientes, elemenos que el organismo necesita en pequeñas cantidades y que son parte de una dieta saludabe. En este sentido, el “método Crescenti®” no sería muy diferente que un suplemento vitamínico. A menos que haya una deficiencia particular de estos micronutrientes particulares, no está claro que suplementarlos haría alguna diferencia.

La American Cancer Society, un excelente recurso para informarse sobre el cáncer, tiene un documento con guías para mantener una buena nutrición durante el tratamiento contra el cáncer. Distintos síntomas (falta de apetito, dolores en la boca, vómitos, etc...) pueden dificultar la buena nutrición de la persona con cáncer por lo que no resultaría improbable que estén bajo mayor riesgo de deficiencias dietarias. En mi opinión, esto debería evaluarse en cada caso particular y suplementar los nutrientes que sean necesarios para cada caso.

En cuanto a la acción del veneno de lachesis muta, la cosa es más interesante. Una de las características de las células cancerosas es su habilidad para escapar del sistema inmune. Según Bisceglia,

El veneno de Lachesis, al que el Dr. no hace referencia, seguramente generará una fuerte respuesta inmune (esencialmente dirigida hacia el propio veneno) y no es ilógico pensar que pueda modificar el status inmune del paciente (de hecho hay un antecedente interesante: el bacilo tuberculoso atenuado vivo -BCG- se utiliza en el tratamiento del cáncer de vesícula -posteriormente a la cirugía- con mejores resultados que otros tratamientos tradicionales debido a su capacidad de estimular al sistema inmune contra las células de tumores vesiculares), pero esto también debe ser rigurosamente probado por medio de experimentos controlados.

Cabe recordar que la única versión aprobada (aunque como alimento) es la administrada por vía oral.

El veneno de Lachesis es de naturaleza proteica, y sería MUY raro (no digo imposible) que posea algún efecto por vía oral, ya que la mayoría de las proteínas se degradan en el estómago. Una combinación proteica que sea igualmente efectiva por vía oral e inyectable sería más bien una excepción que la regla.

Es una distinción para la cual el Español no ayuda pero hay una diferencia entre la ponzoña (en inglés, venom) y el veneno (en inglés, poison). Mientras que un animal venenoso es aquel que es nociva cuando se la ingiere, se habla de animal ponzoñoso cuando para causar daño, éste tiene que inyectar sus toxinas. Las serpientes pertenecen a esta segunda categoría. De hecho, tomar veneno de serpiente es, en general, inocuo a menos que se tengan lastimaduras en la boca o el estómago (¡no prueben esto en casa!) ya que, como dice Bisceglia, las proteínas que forman el veneno pueden degradarse como cualquier otra.

Para resumir, le dejo la palabra a Bisceglia:

El "mecanismo de acción" que proponen es, al menos, PLAUSIBLE. Que sirva para todo tipo de cáncer es, desde un punto de vista escéptico, al menos IMPROBABLE, ya que la relación con el sistema inmune no es igual para todos los tumores. Tampoco son iguales todas las drogas usadas en quimioterapia, por lo que la cosa hace ruido. En general hay que desconfiar de lo que sirve para todo, sobre todo en sistemas biológicos.
(...)
La relación entre oxidación celular, fallas del sistema inmune y cáncer es totalmente general. Es como si te dijera "hay un tratamiento maravilloso que mata a todos los microorganismos y que sirve para curar todas las enfermedades infecciosas" o, más exagerado, "tengo un chaleco anti-balas que detiene CUALQUIER proyectil". Quiero decir que aunque la explicación suene lógica, no puede ser considerada válida hasta que se hagan los estudios correspondientes...
(...)
Un animal o tejido es un modelo y la extrapolación directa a seres humanos sin una evidencia firme de que sea válida es un acto irresponsable. También es ilegal llamar medicamento a aquello que no sea aprobado por ANMAT (hay una serie de figuras legales para eso).

(Agradezco a Juan Bisceglia por su colaboración. Aprovecho para aclarar que cualquiera puede comunicarse con nosotros mediante nuestro formulario de contacto para ser contactado si necesitamos alguna opinión profesional)

Una larga trayectoria

Crescenti está comercializando este producto al menos desde el 2005, como atestigua una publicación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires de ese año en la cual el Dr. Carlos Gherardi (Jefe de la División Terapia Intensiva del Hospital de Clínicas de Buenos Aires) se lamenta de la situación y critica a los organismos reguladores por no tomar cartas en el asunto en dos artículos. Dice (énfasis mío):

Hace años que vemos en televisión por cable propaganda sobre un producto para tratar el cáncer que del doctor Crescenti, que no está aprobado por ANMAT. En ella se habla de inmunopatologías, en un lenguaje supuestamente médico que induce abiertamente a la mentira, y ningún organismo regulador ha tomado cartas en el asunto.
Parece una obviedad decir que no se puede autorizar o permitir la publicidad de un producto farmacológico no aprobado por el organismo competente del Ministerio de Salud. Pero ello no lo es en nuestro país, donde desde hace años se asiste a la difusión diaria, en más de una banda horaria y en distintos canales de cable, de un tratamiento oncológico basado en un producto constituido por un extracto de veneno de serpiente (lachesis muta) y oligoelementos. Este artículo, que se presenta como resultado de una investigación científica inmunooncológica, clínica y experimental, no está aprobado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Sin embargo, ningún organismo regulador oficial ha procedido a prohibir que continúe publicitándose.

Envié un mail a la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires para más información pero por desgracia no recibí respuesta alguna.

Pero tampoco este es el primer tratamiento contra el cáncer más que cuestionable que promueve el Dr. Crescenti. A pesar de que el Dr. Croci me asegurara que “el tratamiento Hansi no tiene nada que ver con el nuestro”, el mismo Crescenti fue uno de sus creadores junto a Juan José Hirschmann. El HANSI (Homeopático Activador Natural del Sistema Inmune) es una supuesta cura del cáncer que usa elementos homeopáticos para activar el sistema inmune. ¿Suena conocido?

El HANSI además parece deber su origen al “método Canovas®”. Otro tratamiento “inmunomodulador” que, como el de Crescenti, utiliza lachesis muta. Un artículo publicado en la difunta revista “El Ojo Escéptico” por el Dr. Ernesto Gil Deza nos dice que:

En 1993 el laboratorio Canovas afirma que el Hansi en realidad está fundado en un producto homeopático para tratamientos veterinarios: CANOVAS 200, el cual le fue provisto al Sr. Hirschmann quien a su vez lo solicitó para un “amigo con cáncer”.

También hay sitios de medicina “naturista” que directamente no hacen distinción y hablan del “método Crescenti®”, “hasta hace un tiempo llamado HANSI, a su vez derivado de investigaciones del Dr. Canovas”. Y es que el veneno de cascabel muda no es extraño en la homeopatía y nos da a sospechar de que el “método Crescenti®” no está tan alejado del HANSI como se nos quiere hacer creer.

El Hansi surgió a la notoriedad en 1990, cuando el médico Ernesto Crescenti aseguró haber logrado resultados en una paciente con cáncer gracias a una medicación obtenida de los cactus por el botánico Juan Hirschmann. El supuesto remedio fue primero prohibido por la Secretaría de Salud nacional y sus impulsores fueron enjuiciados, y después sobreseídos provisionalmente, por infracción a normas de salud pública.

Esto nos dice un artículo de Página/12 de 1999 a propósito del descubrimiento de frascos contaminados tanto del “método HANSI” como del “método del doctor Crescenti”. En las ampollas inyectables se encontraron hongos y bacterias que podían ser mortales para personas que, como los pacientes de quimioterapia, se encuentran inmunosuprimidos.

¿Cuál es el peligro?

Considerando estos problemas con contaminación, no se puede decir que el “método Crescenti®” sea inocuo y esté libre de riesgos. A los riesgos asociados con la administración de cualquier medicamento (no existe tal cosa como una intervención 100% segura) hay que sumarle los de una inyección mensual. Si efectivamente están inyectando veneno de cascabel en sus pacientes tampoco se podría descartar el peligro en personas con alergias. Además si Crescenti sigue tan descuidado como en 1999, también habría que preocuparse por la posibilidad de infecciones. El tema es que, al no existir ensayo alguno en humanos, es imposible evaluar los riesgos de esta intervención.

Y eso es sin contar los daños indirectos. El Dr. Crescenti le afirma a pacientes con cáncer que su tratamiento puede curarlos. En comunicación con el Dr. Croci, me aseguró que el tratamiento “sería más efectivo aún, si se comienza a tratar antes de la quimioterapia”. Esto es peligrosísimo. ¿Qué pasa si un paciente comienza con el “método Crescenti®” y comienza a sentirse mejor sólo por sugestión o casualidad y decide que no necesita empezar con el tratamiento convencional?

Ante todo esto, en mi opinión el accionar de las autoridades es deplorable. Ya desde 2005 que hay personas reclamando sobre este tratamiento en particular y no pasa nada. Además el acceso desigual a la información es vergonzoso. Mientras los promotores de tratamientos de efectividad incierta responden en pocas horas, ni el ANMAT ni la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires respondieron mis correos enviados hace semanas. Mientras el Dr. Crescenti anda por ahí diciendo que puede curar el cáncer, la agencia que se supone que debe servir de información a la población no puede responderme ni siquiera si este medicamento está aprobado. El sitio del Dr. Crescenti tiene videos y links a testimoniales en Facebook, pero el formulario del ANMAT que supuestamente sirve para buscar productos aprobados, directamente no funciona.

¿Qué pasaría si yo fuera un paciente con cáncer en vez de un blogger interesado en hacer una investigación? ¿Cómo haría para obtener información confiable y adecuada? ¿Qué conclusión podría sacar alguien que no sabe sobre las etapas de la evaluación de medicamentos?

Conclusión

Resumiendo, el Instituto de Inmuno Oncología Dr. Ernesto J. V. Crescenti está vendiendo un tratamiento que no está aprobado por el ANMAT y que no fue evaluado en ensayos clínicos con humanos. Está diciendo esencialmente que puede curar el cáncer basándose en experimentos en ratas y cultivos celulares, un acto irresponsable y potencialmente peligroso.

29Nov/11Off

La Clínica Burzynski y su falso tratamiento contra el cáncer

Stanisław Burzyński es un polaco nacionalizado estadounidense. Es médico y tiene una clínica en Texas. Hace décadas descubrió unas sustancias producidas por el propio cuerpo y que, según afirma, tienen propiedades anticancerígenas. Las llamó antineoplastones y desde entonces ha estado aplicándolas a pacientes en estado grave, a los que cobra sumas considerables para hacer lo que él llama “ensayos clínicos”, ya que la FDA (organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos) no le otorga permiso para ofrecer su terapia con antineoplastones al mercado. En 34 años no ha conseguido publicar ni un solo trabajo que respalde los poderes curativos de esta terapia en ninguna revista científica. Muchos pacientes que se han curado gracias a él lo defienden en testimonios públicos, contra aquellos representantes del establishment médico y de las farmacéuticas que buscan descalificarlo. ¿Quién es realmente el Dr. Burzyński? ¡Un genio incomprendido, obviamente!

Clínica Burzynski

De más está decir que mi última frase es sarcástica. Burzyński es un vendehumo, un charlatán peligroso y un criminal, que ofrece una pseudoterapia alternativa sin respaldo científico a gente aquejada de una enfermedad mortal, sabiendo (porque a estas alturas ya es imposible que ignore lo que quizá podría disculpársele hace tres décadas) que no sirve y que incluso puede hacer más daño que la mera inacción (el tratamiento produce hipernatremia, exceso de sodio en sangre).

Fuera de algunas advertencias de la FDA, hasta hace poco la clínica de Burzyński seguía recaudando cientos de miles de dólares por cada paciente que caía en sus manos, sin ser expuesta como el fraude que es. Cuando Rhys Morgan, un blogger escéptico de apenas 17 años, decidió escribir un artículo sobre este tema, recibió al poco tiempo una serie de e-mails, de una agresividad in crescendo, de un tal Marc Stephens, conminándolo a retirar el post o prepararse para ser demandado, e incluyendo amenazas veladas a su familia. Stephens escribe de a ratos como un abogado, pero todo indica que no lo es, sino apenas un miembro del equipo de prensa o relaciones públicas de Burzyński.

El joven Morgan no se amilanó y pidió ayuda. La comunidad escéptica angloparlante respondió enseguida y se está encargando en estos mismos instantes de explicarle por demostración al Dr. Burzyński y a su desagradable esbirro lo que significa el Efecto Streisand. Tendremos que esperar a ver si el revuelo trasciende, como debería, de la blogósfera antipseudocientífica a los grandes medios, que son los que con frecuencia alimentan, con su nulo análisis crítico, a monstruos como la Clínica Burzyński.

Este caso no es de ninguna manera único. Hace pocos meses la multinacional de pseudo-medicamentos homeopáticos Boiron amenazó con demandar a Samuele Riva, un blogger italiano, por haberse burlado de la falta de ingredientes activos del Oscillococcinum (y de todos los preparados homeopáticos, por supuesto). Más serio aún fue el caso de Simon Singh, que fue de hecho demandado judicialmente por la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) porque osó hacer público lo que muchos practicantes de esta pseudoterapia afirman sólo ante los pacientes más crédulos. Boiron no llegó a cumplir su amenaza; la BCA lo hizo pero al poco tiempo tuvo que retirar la demanda. En ambos casos el Efecto Streisand (cuanto más intentes ocultar algo, más hablará la Internet sobre ello), gracias a la solidaridad de los escépticos, fue la  principal arma de aquellos a quienes los charlatanes trataron de amedrentar.

El post original de Rhys Morgan, The Burzynski Clinic, sigue ahí. Su continuación, donde detalla las amenazas (Threats from The Burzynski Clinic), también. La única cobertura en castellano que he leído hasta ahora (fuera de ésta) es de Angela, de Escéptica (Las amenazas de la Clínica Burzynski). La cantidad de posts en inglés dedicados al tema (y en solidaridad) crece a cada minuto. El tema pasó a Twitter bajo el hashtag #burzynski. El buen doctor tiene su propio artículo (y bastante detallado) en la Wikipedia en español, al igual que sus fabulosos antineoplastones.