29Nov/11Off

La Clínica Burzynski y su falso tratamiento contra el cáncer

Stanisław Burzyński es un polaco nacionalizado estadounidense. Es médico y tiene una clínica en Texas. Hace décadas descubrió unas sustancias producidas por el propio cuerpo y que, según afirma, tienen propiedades anticancerígenas. Las llamó antineoplastones y desde entonces ha estado aplicándolas a pacientes en estado grave, a los que cobra sumas considerables para hacer lo que él llama “ensayos clínicos”, ya que la FDA (organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos) no le otorga permiso para ofrecer su terapia con antineoplastones al mercado. En 34 años no ha conseguido publicar ni un solo trabajo que respalde los poderes curativos de esta terapia en ninguna revista científica. Muchos pacientes que se han curado gracias a él lo defienden en testimonios públicos, contra aquellos representantes del establishment médico y de las farmacéuticas que buscan descalificarlo. ¿Quién es realmente el Dr. Burzyński? ¡Un genio incomprendido, obviamente!

Clínica Burzynski

De más está decir que mi última frase es sarcástica. Burzyński es un vendehumo, un charlatán peligroso y un criminal, que ofrece una pseudoterapia alternativa sin respaldo científico a gente aquejada de una enfermedad mortal, sabiendo (porque a estas alturas ya es imposible que ignore lo que quizá podría disculpársele hace tres décadas) que no sirve y que incluso puede hacer más daño que la mera inacción (el tratamiento produce hipernatremia, exceso de sodio en sangre).

Fuera de algunas advertencias de la FDA, hasta hace poco la clínica de Burzyński seguía recaudando cientos de miles de dólares por cada paciente que caía en sus manos, sin ser expuesta como el fraude que es. Cuando Rhys Morgan, un blogger escéptico de apenas 17 años, decidió escribir un artículo sobre este tema, recibió al poco tiempo una serie de e-mails, de una agresividad in crescendo, de un tal Marc Stephens, conminándolo a retirar el post o prepararse para ser demandado, e incluyendo amenazas veladas a su familia. Stephens escribe de a ratos como un abogado, pero todo indica que no lo es, sino apenas un miembro del equipo de prensa o relaciones públicas de Burzyński.

El joven Morgan no se amilanó y pidió ayuda. La comunidad escéptica angloparlante respondió enseguida y se está encargando en estos mismos instantes de explicarle por demostración al Dr. Burzyński y a su desagradable esbirro lo que significa el Efecto Streisand. Tendremos que esperar a ver si el revuelo trasciende, como debería, de la blogósfera antipseudocientífica a los grandes medios, que son los que con frecuencia alimentan, con su nulo análisis crítico, a monstruos como la Clínica Burzyński.

Este caso no es de ninguna manera único. Hace pocos meses la multinacional de pseudo-medicamentos homeopáticos Boiron amenazó con demandar a Samuele Riva, un blogger italiano, por haberse burlado de la falta de ingredientes activos del Oscillococcinum (y de todos los preparados homeopáticos, por supuesto). Más serio aún fue el caso de Simon Singh, que fue de hecho demandado judicialmente por la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) porque osó hacer público lo que muchos practicantes de esta pseudoterapia afirman sólo ante los pacientes más crédulos. Boiron no llegó a cumplir su amenaza; la BCA lo hizo pero al poco tiempo tuvo que retirar la demanda. En ambos casos el Efecto Streisand (cuanto más intentes ocultar algo, más hablará la Internet sobre ello), gracias a la solidaridad de los escépticos, fue la  principal arma de aquellos a quienes los charlatanes trataron de amedrentar.

El post original de Rhys Morgan, The Burzynski Clinic, sigue ahí. Su continuación, donde detalla las amenazas (Threats from The Burzynski Clinic), también. La única cobertura en castellano que he leído hasta ahora (fuera de ésta) es de Angela, de Escéptica (Las amenazas de la Clínica Burzynski). La cantidad de posts en inglés dedicados al tema (y en solidaridad) crece a cada minuto. El tema pasó a Twitter bajo el hashtag #burzynski. El buen doctor tiene su propio artículo (y bastante detallado) en la Wikipedia en español, al igual que sus fabulosos antineoplastones.