Re: Millones de dólares del gobierno de Perón, invertidos en pseudociencia

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Hace poco ví esto en el History Channel la historia se llama Proyecto Huemul. A Richter se le dio todo lo que necesitaba para llevar a cabo su “investigación”, hasta la isla Huemul cerca de Bariloche rodeada de guardias tipo Alcatraz donde no podía entrar nadie. El proyecto era super secreto.

Algunos científicos, entre ellos Enrique Gaviola y José Balseiro lograron desenmascararlo. Al fin y al cabo, gracias a este chanta se pudo desarrollar en materia nuclear el país.

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Gaviola, Richter y la central atómica de Perón

En marzo de 1951, ante una selecta concurrencia de funcionarios y periodistas, Juan Domingo Perón hizo un anuncio que recorrería rápidamente todo el mundo: “El 16 de febrero de 1951, en la planta piloto de energía atómica en la isla Huemul, de San Carlos de Bariloche, se llevaron a cabo reacciones termonucleares bajo condiciones de control en escala técnica”, cita Sergio Cerón en su trabajo.

Y amplía: “El entonces presidente argentino informaba el desarrollo de un proceso original para producir energía atómica mediante una reacción de fusión nuclear, que no partía del uso del uranio, era no contaminante y barata. Parecía abrirse la puerta a la utopía de una fuente inagotable de energía que reemplazaría para siempre a los combustibles de origen fósil. La estructura de poder económico, político y militar del mundo, de confirmarse el anuncio, se vería sacudida en sus entrañas”.

Perón presentó a la concurrencia al profesor Ronald Richter, de 42 años, austríaco, nacionalizado argentino, director de los ensayos, quien confirmó las aseveraciones de Perón: “Yo controlo la explosión, la hago aumentar o disminuir a mi deseo. Cuando explota una bomba atómica sin control hay una destrucción espantosa. Yo he conseguido controlar la explosión para que la misma se produzca en forma lenta y gradual”.

En otra respuesta afirmaba: “Usted se sorprendería mucho si supiera cuál es el material que se usa; pero como otros tienen supersecretos, nosotros también los tenemos. Tenemos que conservar los secretos de nuestros amigos para que ellos conserven los nuestros. No mantenemos el secreto por razones armamentistas, sino simplemente por razones económicas e industriales, puesto que además del espionaje para la guerra existe el espionaje económico, y la Argentina deberá proteger el secreto”.

Este fue el comienzo de lo que pronto se llamaría el caso Richter porque cuando se hizo el anuncio las reacciones de fusión controladas no eran posibles. Entre el escepticismo primero y la ironía más tarde, el mendocino Enrique Gaviola ayudó a desenmascarar al científico austríaco.

“Richter contactó con Perón y fue contratado por su gobierno para producir una bomba atómica”, resume Torres. “Pero al pasar los años y no obtener resultados se nombró una comisión de científicos notables quienes comprobaron que no se habían realizado las cosas prometidas. Al parecer Richter no era un farsante total, sino que había prometido más de lo que podría hacer. En todo el mundo se decía que en la Isla Huemul, en el Lago Nahuel Huapi, se estaba construyendo una bomba atómica”, explica el epistemólogo Juan Manuel Torres.

El especialista relata que “después se descubrió el bluff, ya que no se había hecho lo que se esperaba de Richter y de su grupo a pesar de la construcción de instalaciones y del gasto de enormes sumas de dinero. Eso enturbió todo el plan de la energía atómica en Argentina. Gaviola fue uno de los científicos que puso al tanto al gobierno de que lo se estaba haciendo en la Isla Huemul no era correcto; él fue uno de los que denunciaron a Richter ya que se había sobreestimado lo que éste podía realmente concretar. Todo pasó luego al olvido”.

Sin embargo, a pesar de esto, “Gaviola logró interesar a las autoridades acerca del uso de la energía nuclear como fuente de energía y como herramienta básica en la investigación médica en un momento en que muy pocos sabían de energía nuclear y menos de la tecnología necesaria. Por eso, él es uno de los precursores de la CNEA. El llamó la atención sobre esto y en ese sentido, José Balseiro, uno de sus discípulos, terminó de convencer al país sobre la importancia de su desarrollo. Hoy Argentina cuenta con un grupo de científicos muy bien formados y es de los pocos países que tiene energía nuclear”, subraya Torres, profesor de la UTN y la UNCuyo.