Re: La cosmovisión científica

Inicio Foros Círculo Escéptico Argentino Artículos La cosmovisión científica Re: La cosmovisión científica

#34153

Anónimo

Realmente pido disculpas por no haber contestado antes; espero ahora responder a las objeciones de Leandro Yampolsky y otros.

Yo no afirmo que Bunge diga que exista una relación biyectiva; ni yo afirmo, a partir de Bunge, que sea una relación “biyectiva”, pues aclaré que “en parte, también será ontológica(…)”. Lo que yo dije es lo que cito sobre Bunge: que si bien ontología y método “… son distinguibles” no son “separables” (ídem). Yampolsky afirma que en el libro de Bunge no existe “una relación biyectiva” entre estos dos dominios. Sin embargo, yo no uso a Bunge, reitero, como apoyatura para probar que el método determina la ontología, sino sólo que “si bien son distinguibles” no son “separables”. Expliqué eso más arriba, cuando empiezo argumentando que el cientificismo puede caracterizarse como “aquel conjunto cuya propiedad fundamental es extrapolar una regla metodológica particular de la ciencia (reproducibilidad, intersubjetividad, matematizacion no trivial, predictibilidad) como criterio absoluto de existencia (para todo fenómeno posible del universo)”.

La objeción bien podría haber sido una proposición válida sobre el libro de Bunge, independientemente de que yo no la use como apoyatura. Pero no es así: Bunge escribió “A la Caza de la Realidad” para defender cuál es la metodología científica y la ontología derivable de ella. El racionalismo que cita Bunge es el racionalismo clásico; aclaremos que no es el método científico “actual”, sino el método racionalista clásico de Descartes, y los cartesianos posteriores, hasta racionalistas como Leibniz, inclusive. Bunge afirma que del racionalismo se siguen acepciones más o menos idealistas, porque según el método racionalista es posible demostrar o probar afirmaciones prescindiendo de la experiencia. Para Bunge, es falso que el método científico, los métodos científicos, sean compatibles con una ontología fenomenalista, como proponían los empiristas lógicos (o positivistas lógicos). Bunge destina toda una sección del libro a demostrar que el fenomenismo es una ontología no deducible del método científico, y que, por ende, tanto el fenomenismo como el racionalismo y el idealismo son disfuncionales al pensamiento científico. Tomar al azar las citas de Bunge puede dar a entender la inferencia incorrecta que hace Yampolsky, es decir, de que el “método no determina la ontología”, pero el fin y el propósito de “A la Caza de la Realidad” es demostrar todo lo contrario: que tanto el idealismo, el fenomenismo y el racionalismo son epistemologías y ontologías incompatibles con el método científico y lo que cabe derivar, deducir y experimentar con él. De modo que no sólo es falso que yo use como apoyatura a Bunge en una “mala interpretación” que asume la “biyección”, sino que, independientemente de ello, Bunge afirma que el método científico sí especifica una ontología, y esa no es ni la fenomenista, ni la idealista, etc. Inferir esas ontologías es un error, y Bunge explica, a su juicio, por qué lo es.

Hay una contradicción, además, en la objeción de Yampolsky, y es que una biyección sólo se da entre conjuntos, en el sentido precisamente matemático del término (en este caso, serían conjuntos de proposiciones fácticas, como dije en otro comentario). Más abajo Yampolsky sentenció que: “Hablar de conjunto por si solo no significa nada fuera de la matemática”. Pero si esto es cierto, entonces la objeción (fallida) en torno a la biyección no podía ni siquiera plantearse, puesto que “Hablar de conjunto por si solo no significa nada fuera de la matemática”, y yo me refierí a “conjuntos de proposiciones fácticas”. Eso torna contradictorias las objeciones, en sí mismas : se dice que no tiene sentido hablar de conjuntos fuera de la matemática, pero me objeta que yo digo que la ontología y el método, en ciencia fáctica, tienen una función de “biyección”. Y por cierto: sí es válido hablar de conjuntos fuera de la matemática, usándola como herramienta (como en casi toda la ciencia fáctica). Cf. Peregrin-Otero, Carlos. “Introducción a la Lingüística Transformacional”, editorial Siglo XX. Capítulo “Conjuntos”. Que es el uso que yo le doy.

“No es claro entonces a que te referís por “cientificismo”.”> En realidad, está bastante desarrollado y la primera línea de mi primer texto lo define de un modo que juzgo acertado. También me expresé mucho sobre eso en muchas líneas de mis respuestas previas.

“Lo único que citaste fue para hacer criticas (falaces) sobre el significado de los términos “literal” y “la Ciencia”, pero nada que tuviera que ver con cientificismo”> Tienen mucho que ver con lo que es el cientificismo del artículo, desde luego que sí, y en modo alguno son falaces. Fundamentalmente, las metáforas del texto son la exposición de una ideología, no de un cuerpo de conocimientos obtenido por el método. Y ahí radica el problema.

“No me digas que rechazas el naturalismo (i.e. sostenes la existencia de objetos que están fuera de la Naturaleza, o sobrenaturales).”> Rechazo que la vida sea “un montón de átomos y reacciones físico-químicas”, esa es química de la vida, no la vida. Explicar qué entiendo por eso me desvía de mi argumentación. No, no creo que existan “objetos” “fuera” de la “naturaleza”, o “sobrenaturales”. Dudo de que el término “fuera de la naturaleza” tenga una referencia y denotación definida dentro de un cuerpo consistente de proposiciones. Creo que poco queda de la naturaleza en la ciencia hoy en día, porque más allá de la matemática no me es dado inferir qué es la “naturaleza”. Pero esto es para otro topic.

“En que te basas para hacer semejantes afirmaciones?”> Véase “Investigación sobre el significado y la verdad”, de Bertrand Russell, editado por Losada. También en el El Conocimiento humano: su alcance y límites, del mismo autor. De éste, hay dos ediciones, pero se consigue en librerías de viejo.

“Y? Que sea consenso de la mayoría (cómo se fundamenta esta afirmación?) no justifica que critiques una postura que nadie defendió con el objetivo de descalificar el texto original”> La postura sí se defendió, en una de sus formas, y no descalifico el texto, sino que lo refuto y someto a revisión. Con “consenso de la mayoría” me refiero a que es un tema de debate dentro de muchos planteamientos, desde Larry Laudan hasta el viejo Popper pasando por el querido Bertrand Russell, entre otros.

“yo te diría que dejes de leer a autores posmodernistas”> Esta inferencia es indirecta; curiosamente, se me acusó de “no fundamentar” antes mis “afirmaciones”, pero yo no cité a ningún autor “posmoderno”, ni comparto sus ideas. Que los autores posmodernos critiquen al “cientificismo” es algo bastante contingente; no convendría entender de eso que todo aquel que efectúe una critica sea posmoderno. Probablemente se dificulta la lectura porque uso muchos términos técnicos, pero hay muchos tipos de dificultad, y la dificultad no es oscuridad, ni mi texto es carente de sentido. Asumo por parte de mis interlocutores una mutua inteligibilidad; puede que, en este momento, pedagógicamente, sea un desastre, eso sí.

“Una noción mas apropiada es que una falacia Ad Hominem es cuando se pretende demostrar que una afirmación es falsa debido a quien sea el que la enuncie. No importa quien haga una afirmación para considerar si es verdadera o falsa.”

Eso también es una falacia ad hominem, pero mi definiendum también es cierto. Y es la que se aplica en nuestro caso, como manifestación del insulto para denostar lo que dice el otro, o su intento de participación: “posmoderno” es un ejemplo, en tu lenguaje, está empleado como insulto, y esa es su intención. La ironía también está dentro de la denostación, porque es un artilugio del Retórico, no del discurso lógico. Independientemente de eso, más arriba también se lo insinuó, “te aconsejo que vayas aca y hagas copy/paste, asi te ahorras un poco de tiempo”. La categorización –errónea- de “posmoderno” busca descalificarme por esa sola condición. De cualquier manera, la reflexión sobre esas palabras queda a cargo de cada uno, y hay que asumir lo que uno dice sin echarse atrás. La honestidad intelectual es parte del pathos del científico, como escribió Merton.

“Que tiene que ver el aspecto sintáctico? Por “sin sentido”, obviamente, me refería al aspecto semántica, es decir, que lo que vos dijiste no significaba nada”> El significado está determinado por la sintaxis y la semántica, y lógicamente, depende muchísimo de la forma lógica, que es un aspecto sintáctico de la oración. El “sin sentido”(o sea el aspecto lógico de la oración) no se plantea en términos “semánticos”, sino en el ámbito de la “forma lógica”. Tiene muchísimo, casi todo “que ver”. Podemos leer líneas con palabras y sintagmas que no comprendamos, y que estén bien formadas sintácticamente, lo cual las hace inteligibles, independientemente de que el otro interlocutor no las comprenda. En “la perinación infrectosa romanea los ornates en el costero” (un verbalismo que puede gustar o no) se puede saber lo que dice a partir de las categorías sintácticas: el artículo definido en femenino, “perinación” concuerda en numero con el artículo, y “romanea” también, así que debe ser el verbo de la oración que concuerda con el sustantivo. Luego viene el objeto directo, que se puede inferir por rasgos sutiles también, y finalmente el complemento introducido por la preposición “en”. Todos esos son rasgos sintácticos que determinan el significado de la oración, dentro del ámbito de la estructura ahormacional. Y el otro es la forma lógica, que es una zona sintáctica. Así, el “sin sentido” lógico se plantearía en términos de sintaxis, no de “semántica”. Que no se comprenda un discurso –en este caso, el mío- no es óbice para declarar que no “tiene sentido”. De hecho, ni siquiera los discursos “sin sentido” carecen de él: están generados también por otro tipo de reglas lingüísticas que es posible modelizar bastante bien, aunque estén libres de contradicciones. En términos científicos, no es fácil decir qué tiene sentido y no lo tiene, y es mucho más complejo todavía delimitar los principios de lo que es el “sentido”. Nuevamente, entraríamos en territorios diferentes al tema.

Carmen dijo: “Algoritzmi: ¿Puede ser que confundes alguna noción zarpada de un cientificismo con un fisicalismo extremo?”> Mi respuesta es: no, si nos atenemos a la definición que da Bunge.

Pero, tal y como lo caractericé yo, muchos fisicalistas, pese a diferenciarse de los materialistas, tienen puntos en común y el carácter que yo entiendo como “cientificismo”, distinto al de Bunge (y expuesto en los comentarios previos) también aparece en ellos.

Sólo soy metafísico en el sentido de que admito la matemática como parte fundamental (aunque no sé qué tan fundamental, no soy capaz de hallar la respuesta) y que ella no se deriva ni se deduce de los datos de los sentidos: es a priori, formal, y hasta tautológica. Tu propuesta la tomo; me pareces un usuario muy templado y admirable, si te comparo con las respuestas del resto.

Otros lectores se han explayado sobre lo que es “la síntesis” y “el sentido”. Que escribí mucho, etcétera. Pero cuando uno quiere o intenta hacer un discurso con términos técnicos, como hice en mi caso, esas sentencias no son sintetizables ni se pueden resumir: debe emplear, por mor de la rigurosidad, los términos y los principios del cálculo inferencial, más el conjunto de términos fácticos de la disciplina desde la cual aborda el problema. Esto sorprenderá a mucha gente que fue educada en las escuelas con la creencia de que todo “texto” tiene un “resumen”. Explicar por qué esto no se sostiene una vez más me llevaría por sendas que no cabe recorrer ahora.

Pido disculpas por el insólito retraso y me retiro de esta sección, básicamente porque no he encontrado un clima de debate promisorio, como cabria esperar de un grupo “escéptico” y muchas de las objeciones(aunque dificilmente puede catalogarse así) de lectores a mi reseña. El usuario “Carmen”, en cambio, si tiene pathos de cientista. Pero ya nos veremos todos en otros artículos, supongo.

Agradezco tanto a las personas que se molestaran en leerme como a aquellos que no me leyeron, y también, a aquellos que, leyéndome, juzgaron que un texto que uno no quiere comprender “carece de sentido” o que es “posmoderno”. Hasta la próxima ocasión.