Re: La cosmovisión científica

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Anónimo

Los cientificistas cometen un error al confundir algo que es una regla metodológica particular de la ciencia (exigir reproducibilidad, intersubjetividad, etc.) con un criterio absoluto de existencia. Es decir, sacan del tiesto lo que es una regla de juego epistemológica y la convierten en una verdad metafísica. Que los criterios metafísicos de la ciencia sean tan de sentido común que cualquier persona sensata tenga que aceptarlos, como parece suponerse en muchos discursos de estos debates, yo lo encuentro dudoso. No ha sido así históricamente, lo que demuestra fácticamente que la ciencia tiene poco que ver con el sentido común, pero eso nos llevaría muy lejos, y hay un argumento más inmediato: que en realidad, cualquier persona sensata vive según unos criterios metafísicos que no son los de la ciencia. Admite conceptos como “culpa”, “dignidad”, “justicia” de los que no hay rastro, ni puede haber, en el mundo cientificista para el que los únicos “hechos” son los “hechos científicos”. Así que, si admite esos conceptos, el cientificista resulta que vive, en la práctica, en un mundo igual de acientífico que la persona religiosa. Yo no confundo los límites de mi percepción con los límites de la realidad. Lo que llamamos “objetividad” no es producto de la imparcialidad del hombre de ciencia individual, sino del carácter social o público del método científico y que puede definirse la objetividad como la intersubjetividad del método científico; dicho de otro modo, la ciencia en aras de poder mantener su objetividad sólo puede y debe utilizar un conocimiento articulable, el único intersubjetivo, uno que sea expresable verbalmente (o matemáticamente o en cualquier lenguaje) pero de ahí no se sigue que todo conocimiento sea articulable en términos estrictamente científicos. De hecho tenemos “certezas” de otros tipos de conocimientos, y si la ciencia afirma que todo conocimiento es conocimiento objetivo lo hace porque la ciencia maneja definiciones nominalistas, no esencialistas, es decir, como dijo Popper, la definición “un potro joven es un caballo joven” vendría ser la respuesta a “¿qué nombre se le da a un caballo joven?” y no a aquella otra [tan cara a Aristóteles, Platón, etc.] que pregunta “¿qué es un potro?(las premisas como estas: ¿qué es la vida? ¿qué es la gravedad?”, las cuales no desempeñan papel alguno en la ciencia. Considérese el conocimiento tácito de andar en bicicleta. Un joven aprende a montar en bicicleta tratando de mantener el equilibrio moviendo el manillar al lado hacia el que comienza a caerse y causando de esta forma una fuerza centrífuga que tiende a mantener derecha la bicicleta, todo ello sin que prácticamente ningún ciclista sea consciente ni conozca los principios físicos en los que basa su habilidad; lo que el ciclista, por contra, más bien utiliza es su sentido del equilibrio, que de alguna forma le indica de un modo no verbal, no tangible, no intersubjetivo de qué manera ha de comportarse en cada momento para no caerse. Así tenemos en el ciclista un ejemplo y un uso de conocimiento tácito. Pero, en cierto modo, me da igual cómo se intersubjetivizan nuestros conocimientos, no quería resaltar tanto eso como que sabemos que existen conocimientos no articulables (el ejemplo del ciclista que “sabe” cómo mantenerse en equilibrio) y por tanto existen conocimientos válidos sobre la realidad que no admiten su validación científica, que son, en suma, “revelados”. Que estos conocimientos no sean accesibles a la comunidad, no sean intersubjetivizables y sin embargo sí apelen a realidades nos debería volver contrarios a afirmar que todo conocimiento de lo real que no sea intersubjetivizable no es verdadero, contrarios a afirmar que lo que no está bajo ningún medio accesible al conocimiento es más probable que no exista en vez de existir. La ciencia hace unos supuestos metodológicos (reproducibilidad, intersubjetividad, etc.). Los hechos que pueden calzarse dentro de esa horma son los “hechos científicos”. Para algunos, esta regla de juego epistemológica se extrapola a una afirmación metafísica: los únicos “hechos” son los científicos, y el único conocimiento válido es el que proporciona la ciencia. Grave error.

El peor problema para el progreso fáctico y lógico del conocimiento científico, son los mismos evangelistas autoproclamados “científicos” que juzgan a la ciencia como una suerte de esperanza gloriosa que desciende del cielo y les otorga el canon de la moral, de la virtud y del progreso social, la “vela en la oscuridad”. Reemplazar las necesidades imaginarias en un individuo puede traer como consecuencia una represión que se cuela de otro modo informativo y encubierto, aún más peligroso que el precedente(verbigracia, toda esa metafísica tácita). Puedo decir, por mi propia experiencia privada, y creo que es un hecho cierto a nivel social, que la mayoría de los científicos son personas con una mínima empatía social, sin conciencia emocional del sufrimiento de la gente y de sus esperanzas, temores y deseos más vehementes. Se refugian en una cápsula abstracta, pues, como ya dijo Ernesto Sábato, “no hay muchos sitios donde ocultarse en un paraboloide”. Si la ciencia quiere ser ciencia, a mi juicio, primero debe terminarse esa superstición infiltrada dentro del cuerpo de cientistas autoproclamados, tácitamente por supuesto, motores absolutos de la sociedad actual. Mientras tanto, la irracionalidad o la religión o la pseudociencia estarán y crecerán dentro de la misma ciencia, perjudicándola nefastamente. En la medida que el positivista se considere objetivo y perfectible, en la medida que el positivista pretenda un conocimiento del mundo externo, antes tendrá que haber conocimiento de sí mismo. El hombre se lanza a conocer el universo, pero ignora que dentro suyo tiene, tal vez, todo un universo extra por conocer. Tenemos una visión del mundo científica a la que recurrimos cuando queremos parecer serios e intelectuales, pero luego vivimos en un mundo de sentido común. Y ese mundo de sentido común (en el que nos preocupamos por nuestros hijos, nos ofende que nos menosprecien, nos hace gracia un chiste, nos indigna la injusticia, lloramos con una película, sentimos pena por la patata o por la fragilidad de la vida…) no tiene nada que ver con la ciencia. Ese mundo está hecho de significados y valores y no de átomos y partículas. Más arriba algunos mencionan que la vida es “un montón de átomos y reacciones físico-químicas”, lo cual es una forma de naturalismo falaz. Si esto fuese cierto, deberíamos ver a la sociedad y los individuos, grupos y demás habitos gregarios como partes de la “Naturaleza”, y, consecuentemente, omite mencionar sus rasgos específicos o no naturales, así como la diversidad de las organizaciones sociales. Hoy en día, más que evolución biológica, existe variedad y cambio cultural, no codificado en genes sino en endoculturaciones por medio del lenguaje y procesos semioticos. Somos efectivamente animales, pero económicos, políticos y culturales. La vida no depende sólo de un conjunto de causalidades naturales como un conjunto complejo del cual la causalidad natural es sólo una.