Re: CI & dios

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#31256

saibaba
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Me parece que las estadísticas así planteadas son muy superficiales.

Hay que ir a un análisis psicosocial más profundo.

Por ejemplo, toda mi infancia creí en Dios porque mi madre me lo inculcó.

Ese tipo de cosas se pasan de generación en generación.

Después uno tiene que “rebelarse” contra sus padres y dejar de creer en aquello que representa “lo más puro, sabio, moral y perfecto imaginable”.

Además hay otros problemas.

Por ejemplo, una persona “estructura” su vida, sus valores morales, muchas de sus decisiones y puntos de vista, en torno de ese gran centro que es la religión.

Dejar de creer en Dios significa dejar un estilo de vida.

¿Y en qué basa uno su moral después de eso?

¿Es un “todo vale”? ¿Basta de amor al prójimo? ¿Me lanzo al libertinaje sexual? ¿Me meto en revoluciones comunistas?

O sea, hay que empezar de nuevo, a menos que hayas sido siempre ateo.

Obviamente hablo de mi caso en particular. Dejar las creencias religiosas significa abandonar un paradigma completo de pensamiento, abandonar todo un estilo de vida, y además construir una moralidad a partir de “nada”.

Está el difícil tema de aceptar la brevedad y finitud de la vida.

Son cosas duras, todas llevan tiempo y energía, y animarse a un cambio semejante no lo hace cualquiera.

En lo que a mí se refiere, mi cambio se debió a cuestiones más bien de tipo personal.

Puede haber influido la afinidad con las ciencias exactas y todo eso, pero no creo que eso haya quitado a Dios de mi cabeza.

Pienso que fue una cuestión de “edad”. A cierta edad me ví a mi mismo esperando del Cielo respuestas que nunca llegaban, así que “me aburrí” de Dios y “lo desactivé”.

En resumen, lo que pienso es esto:

(1) La sociedad es un “medio” (un océano) donde abunda la religiosidad. Nuestro entorno es religioso en su mayoría. Incluso aquellos que no van a misa, ni cumplen los preceptos, medio que se crispan cuando alguien cuestiona la existencia de Dios. Es un tema algo tabú.

(2) A todos nos toca nacer en ese “medio religioso”, y entonces la probabilidad de “pescar” creencias es alta, es cosa natural, viene ya con la “corriente” o con la “inercia social de la historia”.

(3) Los motivos de que haya personas ateas son diversos, y hay que notar el grado de influencia recibido en la niñez, u otro tipo de factores. Pienso que esta influencia se desparrama de igual modo que cualquier otra pasión social, como las inclinaciones políticas, o las preferencias de un equipo de fútbol, y un largo etc.

(4) Algunos nacen ateos y otros se hacen. Y otros se cubren de nuevas creencias por necesidad de un consuelo o solución a sus problemas personales.

Yo pienso en la gente que se arrima a la (putísima forra) Iglesia Universal.

¿Por qué lo hacen? Imagino este cuadro mental: una cierta persona, por las mismas encrucijadas de la vida, se ve obligada a buscar respuestas más profundas o complejas sobre la vida en general.

Como no encuentra esas respuestas en sí misma, ni en aquellas personas o actividades culturales que acostumbra, se “prende” a la primer cosa idiota que “aparenta ser profunda”, y que al mismo tiempo “es capaz de entender” el discurso que lleva.

No le voy a pedir a “Martita, fan de la cumbia villera” que se ponga a analizar a Nietzche a ver si “emboca” alguna respuesta. Sino que al primer perejil que le hace un chamuyo “convincente” que algún tipito bien trajeado dice, mi personaje Martita se arrima y entra como un yobaca.

En el fondo estoy diciendo que una persona con poca cultura (no con bajo CI) es más susceptible a entrar en las creencias que están más de moda últimamente.

No obstante, a las creencias tradicionales somos todos susceptibles, por el mismo peso de la tradición.


Lo difícil es explicar cómo han nacido las creencias religiosas, y cómo es que han evolucionado a su gran grado de complejidad, y se han dado el lujo de perdurar.

Se puede entender por qué perduran, ya que en cierto modo las religiones cumplen una función social, intentan mantener un acervo moral, o un control de poder por vías distintas al tradicional (gobernantes).

Pero no veo nada claro cómo es que alguna vez un mono concibió “un más allá”.

El pensamiento mágico quizá sea más misterioso que la magia misma.

Puede haber iniciado con acumulación de meras supersticiones, a las cuales todos somos más o menos susceptibles.