Re: Cambio Climático

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sebas
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De acuerdo: no se trata de creer o no en el Cambio Climático. Se trata, como dije, de creer o no en el Cambio Climático Producido Por El Hombre Que Nos Va A Llevar Al Desastre Si No Hacemos Algo Pronto Para Evitarlo, lo que ya es otra cosa. Es un paquete que contiene 5 ó 6 afirmaciones juntas; y conque cualquiera de ellas, una, fuera errónea, se cae todo el paquete –así que, Malena, si no una negacionista, sos por lo menos una "dudacionista" (?). Y el paquete que se viene en banda se llama Protocolo de Kyoto, que es lo que al cabo importa.

Siempre se dice que el tema se desvirtuó, se puso "muy politizado". A mi humilde entender, es un tema político desde el vamos. Pone en juego intereses, asignación de recursos, definición de políticas públicas, económicas, productivas, etc etc; si éste no es per se un tema político, no sé qué cosa lo sería.

Si se terminase imponiendo el dichoso protocolo, en mayor o menor medida, pero seguro, aplicaría un impulso recesivo en la economía mundial (que ya viene de por sí bastannnte jodidita). Para gente como ustedes y yo, verdaderos privilegiados, unos puntos de recesión podrían implicar, qué sé yo, que el viejo monitor de la PC deberá tirar un par de años más de lo planeado, y cosas por el estilo. Pero para los cientos de millones de humanos que hoy apenas sobreviven al día, podría significar la debacle. Y si fuera por una falsa alarma… Son cosas con las que no se jode, y que trascienden por mucho las meras ganas de ganar una discusión en un foro –¡como si eso hubiese suucedido alguna vez! :)

Con franqueza admito que mis conocimientos ni mi capacidad dan para que no me pierda en la maraña de gráficos que tiran de uno y otro lado. ¡Vean, vean como la temperatura va siguiendo al CO2! ¡Vean, vean cómo el CO2 va siguiendo a la temperatura! (y siempre es el mismo gráfico). Tengo dos posibilidades: me meto en la carrera de meteorología y en unos años les cuento, o sigo el debate entre expertos hasta donde me dé la mente, y tomo partido por la postura en la que identifico mi visión del mundo. Qué remedio.

Hace bastante tiempo, vienen chocando dos concepciones opuestas sobre la naturaleza. La visión que llamaré grimpís, que considera la naturaleza como un jarrón de fina porcelana china, que en cualquier momento los humanos, con nuestras zarpas embrutecidas por la codicia, vamos a estrolar el precioso tesoro y hacerlo añicos. No sé por qué; por reminiscencias bíblicas potenciadas por Hiroshima, tal vez, o por lo que fuere, es hoy la visión dominante. Yo pertenezco al bando minoritario: siento un profundo respeto, cabal, por la natura; pero respeto en serio; para mí no es una criaturita agonizante por nuestras negligencias, sino un mostro descomunal, ciego, sordo, imparable, mil millones de veces más poderoso que yo, al que si un día se le da por deshacerse de nosotros lo haría con tanta facilidad como quien se sacude la caspa del hombro.

¡Planeta, voy a salvarte! –y el planeta se recaga de la risa un buen rato y me manda a mudar de un pestañazo.

La idea de que seamos cualquier tipo de amenaza para la vida me resulta totalmente fuera de escala, de una arrogancia antropodelirante llevada al infinito. Insisto: podemos cagar nuestro entorno inmediato, y hasta podemos joderle la vida a unas pocas especies, si ya venían medio debiluchas y nos ensañamos particularmente con éllas. Pero… ¡Para la vida, para toda ella! Caramba, yo no logro ser una amenaza seria para unas hormigas que me aparecieron en casa, ni para unas plantitas empecinadas en germinar en las grietas de mi medianera…

Antes venía un tsunami y resultaba que era el castigo de los dioses por nuestros aberrantes pecados (garchar, etc). Hoy, el tsunami es el castigo por nuestros aberrantes pecados de vivir, desarrollarnos, producir; por atrevernos a andar en nuestros autitos, prender luces, criar ganado pedorrero: ¡condenados! ¡Os lo dije, impíos: pretendisteis dominar la naturaleza, y mirad lo que habéis logrado! –grita el Moisés lilito-ecologista desde la montaña.

Bien: esa visión apocalíptica del hombre, que sigue presente, que cala hasta en lo mejorcito del ámbito científico –vean a Sagan cuando mete la paradoja de Fermi en la ecuación de Drake, calculando que (no me acuerdo bien la relación, pero pongamos) 3 de cada 4 especies inteligente terminan autodestruyéndose en una guerra nuclear; o Hawking, que dijo hace poco que a la humanidad le queda ¡¡¡un siglo de vida!!!— es el substrato filosófico en el cual el CCAC (Cambio Climático Antropogénico Catastrófico, de ahora en más) puede prender con facilidad, en un campo de la ciencia que está en pañales (hasta no hace mucho, era común decir que si el servicio meteorológico predijo día soleado, mejor llevá el paraguas; recién en los últimos años la empezaron a pegar más o menos bien… de acá a tres días, no pidamos más).

Por supuesto que un castor puede alterar un ecosistema. El de la Laguna de Cochicó, pongamos. Ok. De ahí a afirmar que esa alteración va a repercutir en el ecosistema del delta del Meh Kong… eso ya me resulta bastante más difícil de comprar. Ahora: cuando encima aparece un tipo que dice que puede predecir esa repercusión, munido de un software simulador, ya me toman para el churrete.

6000 millones de primates con fuego (6700, para ser más exactos) desparramados es una cifra que impresiona, cómo que no. Ahora: cuando uno va comparando con la cantidad de peces, de gusanos, de insectos, de ácaros, de bacetrias, de vegetales, la cifra pierde toda espectacularidad. Y cuando se tiene en cuenta la superficie terrestre, el volumen de la atmósfera, el volumen del mar, de la biomasa misma… terminás comprendiendo que este mundo posee apenas una dosis homeopática (hehe) de humanidad.

Admito no cazar una de meteorología, ni de química, ni de biología, ni de estadísticas, no sé otrogarle validez o ver los puntos flacos de un gráfico o de una serie de ecuaciones; y albergo la sospecha de que todo material que se blande es al menos en parte operación; hay una pugna y cada bando, como siempre fue y será en el campo que sea, opera. ¿Alguna vez siguieron un polémica entre economistas? Jamás se entiende nada, todos dicen algo opuesto al otro, todos operan flagrantemente, y, por cierto: jamás se cumple ni la menor predicción de ninguno de ellos. Y vale para todos: tanto para los que ideológicamente me gustan como para los que no. Por eso, no voy a ponerme acá a pelar argumentos ajenos que apenas entiendo. Pero cuando hablan los escépticos del CCAC, oh, oigo mi música; la reconozco al dedillo. Rocanrol, nena. Cuando hablan sus afirmadores… oigo canto gregoriano, death metal, no sé qué. Por principo, tiendo a confiar más en Penn & Teller y sus invitados que en Al Gore y Grimpís.

Insisto: si nosotros, los descreídos, tuviéramos razón… Europa, Japón, etc. podrán darse, o creen poder (o creían hasta hace un par de años, muehehe) darse el lujo de retrotraer el desarrollo y la actividad económica, just in case. Allá ellos. Acá, en el tercer mundo, definitivamente no.

Lo que el mundo necesita es más reactores nucleares, y no pedorros molinillos ni pedorros  paneles solares. Hace falta mucho más desarrollo, y –sobre todo– que sea muchísimo más equitativo que hasta ahora. Hace falta sacar de la miseria a un cuarto o un tercio o la mitad de la población mundial. Ésa es la prioridad, para mí (y no save the planet, que no necesita que nadie lo salve y menos que menos yo dejando de usar bolsitas de nylon o desenchufando lo aparatos para que no gaste electricidad el led que queda siempre encendido –juro haber visto una nota que recomendaba expresamente hacer eso, to save the planet, mon dieu). Y el Protocolo de Kyoto no sería precisamente lo que se dice una ayuda contra la miseria, sino una carga más. Y la puta que lo parió. Saludos para todos.