21Dic/1563

MTC, una estafa de aquí a la China

Con la “medicina” alternativa, la paranoia farmacéutica y la occidentofobia orientalista de moda, es muy común oír hablar de los milagros de la “medicina” tradicional china (MTC). Y sí, realmente es artífice de milagros; el milagro consiste en sobrevivir a ella. Lejos de ser muy exagerado, este conjunto de disparatadas pseudoterapias además de no poseer ningún punto a su favor, posee múltiples en contra: desde muertes causadas por acupuntura hasta compuestos tóxicos y cancerígenos. Y por si fuera poco perjudicar a los humanos que recurren a ella, la medicina tradicional china va más lejos y llega a poner en jaque la existencia de una especie animal entera.

Si es viejo, es bueno.

Si le creemos a los artículos que circulan por la web, la MTC es un conjunto de prácticas medicinales desarrolladas en China durante milenios. Incluye remedios herbales, masajes, ejercicios y, por supuesto, acupuntura.  Como tantas otras nociones vitalistas precientíficas, se basa en la existencia de una “energía vital” (el Chi) y en que todas las enfermedades surgen de un “desbalance” entre la “energía negativa” (ying) y la “energía positiva” (yang).

Más allá del hecho de que es una falacia creer que algo al ser antiguo es bueno, en este caso hay que saber que en realidad, la MTC tal como la conocemos hoy, de milenario no tiene nada; más bien sólo tiene algunas décadas. El estudioso de la cultura china Paul Unschuld lo explicó en una entrevista del 2004:

[La MTC es] un sistema artificial de ideas y prácticas de atención de salud generados entre 1950 y 1973 por los comités en la República Popular de China, con el objetivo de reestructurar el vasto y heterogéneo patrimonio de la medicina tradicional china de manera tal que se ajustara al tipo de principios marxistas-maoístas, la democracia y la ciencia y la tecnología modernas sobre las que se iba a construir el futuro de la República Popular China.

En una entrevista más reciente, Unschuld manifestó:

Lo que se ofrece en nuestro país para los pacientes como MTC es una construcción que se ha creado en China en un escritorio de oficina que se ha alterado aún más en su camino hacia Occidente. Ya a principios del siglo 20, los reformadores y revolucionarios instaron a que la medicina tradicional en China debía ser abolida y que la forma occidental de medicina debía introducirse en su lugar. El pensamiento tradicional se veía como atrasado y se le responsabilizaba de la superioridad opresora de Occidente. La introducción de las ciencias naturales, la medicina y la tecnología occidentales también se pensaron más tarde, después de la fundación de la República Popular, como esenciales para hacer que el país fuera competitivo de nuevo. Dado que la medicina tradicional china no podía ser abolida totalmente entonces porque ofrecía el sustento para muchos ciudadanos, esta se redujo a un núcleo, que podía ser llevado casi en línea con la orientación científica de la futura sociedad comunista. En los años 50 y 60, una comisión especialmente designada había estado trabajando en esta tarea. El filtrado que crearon a partir de la tradición médica original, de ahí en adelante se llamaría MTC...

(Gracias a David Osorio de De Avanzada por popularizar dichas entrevistas)

El periodo de surgimiento y establecimiento de la MTC es esencial para comprender su impacto en occidente. En épocas de guerra fría, con el posmodernismo asentándose y el new-age cocinándose  es totalmente entendible el por qué este conjunto de supersticiones irracionales impactó de tal modo. Tanto como a comienzos de la década de los 60 como hoy, la idealización de lo oriental, lo anticientífico y alternativo estaba totalmente de moda.

El remedio peor que la enfermedad.

Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature (Combined DNA, toxicological and heavy metal analyses provides an auditing toolkit to improve pharmacovigilance of traditional Chinese medicine) concluyó que  el 92% de 26 compuestos utilizados en la MTC (siglas de medicina tradicional china) poseen contaminantes. En dicho estudio se realizó la detección de metales pesados, análisis toxicológico y secuenciación de ADN. El 50% de los remedios estudiados contenían medicamentos no declarados como diclofenac o paracetamol, se encontró uno con niveles de arsénico 10 veces superiores a los niveles aceptables y la mitad tenían ADN de animales o plantas no declaradas, incluyendo una especie de pantera en peligro de extinción.

Lo cierto es que en este estudio no hay en definitiva, nada nuevo. Hace tiempo se tienen bien conocidos los peligrosos de la MTC. Por ejemplo, un estudio de 1977 (Lead poisoning from ingestion of Chinese herbal medicine.) ya reportaba el alto contenido de plomo de varios compuestos utilizados por esta.  Y hay más, un estudio publicado en Science Translational Medicine y en el que participaron investigadores de Estados Unidos, Singapur, China y Taiwán llegó a la conclusión de que la Aristolachia, planta frecuentemente utilizada en la MTC para el tratamiento de las heridas mal cicatrizadas, úlceras y supuraciones, produce mutaciones de genes y tumores, llegando a ser más cancerígeno que el mismísimo tabaco. Incluso uno de los investigadores la clasifico como “el mayor agente genotóxico descubierto hasta la fecha”. Merecidamente la Aristolachia fue prohibida en muchos lugares desde comienzos del 2000, incluyendo Estados Unidos y Taiwán.

Para colmo, como  si ingerir plomo o correr el riesgo de remplazar una ulcera por un tumor fuera poca cosa, los defensores acérrimos de la MTC en China se dan el gusto de publicar estudios autocomplacientes de pésima calidad que dificultan o impiden una acción inmediata en la prohibición de estos peligrosos productos.

La acupuntura, sus riesgos  y sus…. ¿beneficios?

Uno de los pilares de la MTC actual es la famosísima acupuntura (sí, la de las agujas clavadas en el cuerpo). La noción es que los desbalances en el ya mencionado Chi pueden revertirse si se clavan pequeñas agujas en la piel en puntos específicos llamados “meridianos”. Originalmente basados en nociones precientíficas, muchos defensores de la acupuntura actualmente intentan relacionar los meridianos con la anatomía del sistema nervioso.

Pero lejos de remitir a filosofías milenarias, fueron reposicionados a principio de los años 30 por el pediatra chino Cheng Dan’an, quien, al proponer que el efecto de las agujas era nervioso y no vascular, decidió acercarlos cerca de los nervios y lejos de las venas. En efecto, es muy posible que la acupuntura antigua fuera una forma de medicina similar a la sangría. De hecho, en palabras de Unschuld, originalmente, “carecía de cualquier elemento espiritual en sus fundamentos teóricos”.  Dan’an también es el responsable del uso de agujas finas y delicadas en vez de gruesos cilindros.

Antiguas agujas de acupuntura

Antiguas agujas de acupuntura

Fue esta acupuntura reformada la que ganó popularidad en la China comunista, luego de haber sido eliminada de la lista de medicinas reconocidas por el Estado en 1822 y prohibida desde 1929 hasta 1949 por ser altísimamente ineficaz y peligrosa.

Por si su dudoso origen fuera poco, la acupuntura erra desde la base. Y cuando una teoría ya parte de sostenerse sobre una “energía” primitivamente supersticiosa e inexistente –en este caso el Chi-, pocas esperanzas quedan de su eficacia. Al igual que con el resto de la MTC, China produjo una montaña de basura compuestas de artículos engañosos que "probaban" su supuesta eficacia. Esto hace pensar en uno de lo más recurridos argumentos de los defensores de las pseudociencias, el alegar que la ciencia “está manipulada por los intereses comerciales”. Todo parece mostrar, que los que más se esfuerzan por falsificar estudios son los mismos pseudocientíficos, que también tienen un millonario negocio que mantener (con la diferencia es que la medicina de verdad al menos cura). Tal vez el mejor ejemplo es el lobby de los homeópatas, que todos los años publican una pila de estudios basura que luego son refutados.

La evaluación empírica de la acupuntura se ve dificultada por la enorme cantidad de variedades existentes, por lo difícil que es desarrollar una intervención placebo, y porque China y Japón inundan la literatura científica con, literalmente, un 100% de estudios favorables.  Pero lo cierto es que la evidencia en su conjunto (incluyendo cientos de estudios sobre problemas específicos y meta-análisis randomizados de correcta metodología y revisados por pares) indica que no es más eficaz que el placebo.

A la falta de eficacia, hay que sumarle los riesgos. La acupuntura está posiblemente asociada con el contagio de infecciones por la mala costumbre de no usar guantes   (por ejemplo, Hepatitis C o Hepatitis B). Estudios de los efectos adversos encontraron casos de neumotórax, daños en la columna vertebral y argiria localizada. En otro estudio  de más de 200.000 pacientes, un 2% tuvo complicaciones que requirieron tratamiento, y en los últimos 45 años existen reportes de 85 muertes relacionadas con la acupuntura.

Ante estos números hay que tener en cuenta que los acupunturistas no reportan las complicaciones que se dan durante el tratamiento, por lo que hay que considerar que los registros son casi con certeza una subestimación de los riesgos de un tratamiento que no tiene ningún beneficio.

Los acupunturistas, además, caen tan bajo que recurren a entrometerse y jugar con la vida y la salud de inocentes animales.

Acupuntura-veterinaria

 

Ni ética médica, ni de ningún tipo

Como si someter a un perro a múltiples agujas fuera poco, la MTC va muchísimo más allá. En gran parte gracias a la creencia estúpida y completamente infundada de que los cuernos de rinoceronte poseen propiedades curativas para el tratado de fiebre y convulsiones (contrario al mito popular de que se cree que es un afrodisiaco), en Sudáfrica se matan cerca de 400 rinocerontes al año corriendo serios peligros de extinción. Se estima que quedan tan solo cerca de 23.000 ejemplares, y solo en el 2012 se llegaron a matar 455 especímenes.

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Consecuencias de la superstición.

Como modo de salvar a los rinocerontes de esta despreciable horda de magufos millonarios (los cuernos llegan a valer hasta 100.000 dólares), un grupo de biotecnólogos se propuso la genial idea de remplazar en el mercado con productos sintéticos los cuernos de esta amenazada especie.   De todas formas, el efecto placebo seguiría siendo el mismo.

La MTC da material como para completar varios tomos enciclopédicos, ya dentro de la misma la variedad de prácticas es aterradoramente amplia. Finalizaremos el análisis aquí aunque debe saberse que amerita otros varios artículos. La conclusión es clara, la MTC no es más que un copilado de pseudoterapias absurdas sin ningún tipo de evidencia a favor pero con pilas de evidencia en contra. Los estudios que la demuelen son tantos que se podrían usar de ladrillos para otra muralla china.

7Dic/1117

La magia de la apitoxina

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Publicado por:PabloDF.

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Dr. Roberto Grand

Dr. Roberto Grand (nota en diario El Ciudadano)

Leo hace pocos días una nota sobre un médico rosarino, el Dr. Roberto Grand, que practica la apiterapia, es decir, terapia basada en productos derivados de las abejas. De hecho en la nota habla casi exclusivamente de apitoxinoterapia, el uso medicinal de la toxina del veneno de abeja. El profesional en cuestión parece bastante serio, no un charlatán, y no vende sin más una panacea, pero en lo que cuenta hay varios puntos oscuros y saltan varias alarmas. Esto me motivó a examinar con atención sus afirmaciones sobre los efectos de la apitoxina. (En el podcast nº 22, grabado poco después, charlé de esto un buen rato con mi compañero escéptico Daneel Olivaw.)

Dice el buen doctor que en un estudio hecho sobre apicultores en Alemania (no hay referencia) se descubrió que casi ninguno había padecido jamás de ciertas enfermedades (cinco en total, la última siendo el cáncer) porque el hecho de ser picados por abejas con frecuencia mayor a lo habitual los protegió. Si tal estudio existe, si estuvo bien hecho, si dio esos resultados (nótense los condicionales acumulados), todavía nos queda la duda de si se descubrió un vínculo causal entre picaduras de abeja y protección contra enfermedades. ¿Hubo un grupo control (personas no picadas por abejas habitualmente)? ¿Se contabilizaron las picaduras de abeja? ¿Se les dijo a los apicultores que se los estaba estudiando, y para qué? ¿Cuánto tiempo duró el estudio?

El Dr. Grand también afirma que en Estados Unidos “están usando apitoxina para tratar la esclerosis múltiple”. Efectivamente la están usando, lo que no quiere decir que esté funcionando. La cosa continúa, probablemente, por la misma razón que otros tratamientos pseudomedicinales que no son mejores que un placebo pueden ser seguidos y defendidos por terapeutas y pacientes durante años. Los estudios científicos pertinentes, por lo menos, no han mostrado que tengan eficacia.

El asunto empieza a desbarrancarse cuando Grand saca a colación la “medicina alopática” (en el artículo escriben “halopática”), diciendo que él no pretende ponerse en contra de ella ni mucho menos, sino complementarla. Ahora bien, lo contrario de alopático es homeopático, pero de hecho esta distinción sólo la hacen los que practican o al menos dan crédito a la homeopatía y a otras “medicinas” alternativas, complementarias, o como se llamen (esa ambigüedad sería tema para otro artículo). La homeopatía es magia simpática, no medicina, y lo que comúnmente se denomina “medicina alternativa” es la que no funciona, así que si lo demás es alopático, entonces alopático significa “que funciona”. Ocurre que más allá de la definición formal,  “medicina alopática” equivale retóricamente a otras expresiones del tipo de “medicina oficial”, con la cual se aparta y descalifica discretamente a la medicina basada en evidencia como algo cerrado y dogmático: vale decir, la expresión es un hombre de paja.*

Sea como fuere, el uso de la apitoxina según lo describe el Dr. Grand es definitivamente “alopático” (por ejemplo, se ataca una inflamación con una sustancia que estimula la producción de corticoesteroides, los cuales actúan como antiinflamatorio).

Asociación Argentina de Apiterapia

Logo de la Asociación Argentina de Apiterapia

Pero no hay mucho misterio aquí: Grand es presidente de la Asociación Argentina de Apiterapia (AAAT), la cual en su sitio web promueve el uso de los productos apiterápicos en homeopatía, con lo cual su vinculación con la pseudociencia es clara. El doctor además afirma practicar la “apipuntura” (que es exactamente lo que parece: inyectar toxina de abeja en los puntos tradicionales de acupuntura). El sincretismo y el eclecticismo no son malas prácticas en sí, pero sólo si se amalgaman disciplinas del mismo valor. La apiterapia es a priori una incógnita. De la apipuntura podemos suponer que no dará mejores ni peores resultados que la apiterapia convencional, si acaso; para la apiterapia homeopática, en cambio, no hay esperanza alguna, como no la hay para ninguna sustancia en la cual no haya componente medicinal activo.

La AAAT recomienda el uso de apitoxina para tratar la insuficiencia arterial y las neuropatías en pacientes diabéticos insulinodependientes, en los cuales, según se afirma, la apitoxina también protege “los órganos que habitualmente se dañan en los diabéticos como riñones y retinas”, además de mejorar el sueño y el estado de ánimo y controlar la hipertensión. En las transcripciones de charlas dadas por médicos apiterapeutas figura también la supuesta utilidad de la apitoxina en el tratamiento del SIDA, el cáncer (cualquier cáncer, aparentemente), el lupus, el reuma… No he podido encontrar ni una sola referencia académica a estas variadísimas propiedades, aunque todas ellas, y muchas más, figuran prominentemente en decenas de sitios web que promocionan tratamientos apiterápicos.

No voy a extenderme más (aunque el tema da para mucho). La apitoxina es claramente una sustancia natural muy interesante, y no parece prudente descartarla como útil para la medicina, pero lo que está ocurriendo aquí es claramente que un grupito de entusiastas, sin medios para realizar estudios clínicos controlados (seamos generosos y supongamos que los harían si tuvieran recursos), se han montado sobre un negocio fabuloso de “medicina alternativa” que podría funcionar en algunos casos puntuales pero de ninguna manera debería ser considerado una panacea. Si por ellos fuera, sólo faltaría que la “medicina oficial” dejara el camino libre a la maravillosa apitoxina para curarlo todo. ¡Ojalá fuera tan fácil!

 

* Este párrafo fue editado y corregido. El autor cayó inadvertidamente en la trampa de los pseudocientíficos que dividen falazmente la medicina en categorías que no tienen sentido. Sólo hay un tipo de medicina: la que funciona, con mayor o menor eficacia, curando o aliviando las dolencias humanas. Mis disculpas al lector y gracias por su comprensión.

20Sep/1118

Conducir bajo los efectos del placebo

Imaginemos que estamos haciendo un ensayo clínico para probar el efecto del alcohol en la capacidad de manejo. Nuestra hipótesis (y quizás el alcohol tenga algo que ver en ello) es que 2 pintas de cerveza van a mejorar el control al volante. Para decidir si mejora o no la capacidad de manejo hacemos que los sujetos realicen pruebas antes y después de la intervención, y además les damos a completar un cuestionario para que auto-evalúen qué tan bien manejaron.

No hace falta ser un genio para imaginar los resultados. Uno de los efectos del alcohol es una sensación de confianza; uno cree que está haciendo observaciones extremadamente profundas sobre la vida, el universo y todo lo demás, pero en realidad está balbuceando oraciones semi-coherentes. Así, las medidas subjetivas de manejo probablemente sean muy positivas, quizás culpando al otro conductor por el choque en cadena o afirmando que, en efecto, ese poste iba a toda velocidad. Las medidas objetivas obviamente van a contar otra historia, con una clara disminución de los reflejos y un aumento en el riesgo de colisiones. Conclusión: los borrachos manejan mal pero creen que lo hacen bien.

Ahora publicamos los resultados de esta experiencia en el New England Journal of Medicine (NEJM) y luego encontramos un editorial que dice algo como esto:

¿Qué aprendemos de este estudio? Los autores concluyeron que los reportes de los pacientes eran “poco confiables” ya que dijeron haber manejado mejor cuando en realidad lo hicieron peor – es decir, las experiencias subjetivas simplemente son falsas ya que ignoraron los hechos objetivos medidos por la prueba de manejo. ¿Pero es esta la interpretación correcta? Son las experiencias subjetivas lo que llevó a los sujetos a la academia de manejo en primer lugar. Vinieron porque manejaban mal y se sentían inseguros al volante, no porque tenían una disminución de los reflejos y aumento en el riesgo de colisiones. El hecho de que sintieran que manejaron mejor nos presenta una pregunta. ¿Qué es el resultado más importante, la medición objetiva o la subjetiva, la percepción del conductor o la del profesor de manejo?

Un sinsentido, ¿no? Bueno, algo casi idéntico fue lo que publicó el NEJM acompañando un paper comparando los efectos de diversos placebos con una droga de efectividad comprobada

No es secreto que uno de mis “temas” es el efecto placebo. Ya lo he discutido en un post anterior concluyendo que lo más probable es que el efecto placebo no sea de verdadera relevancia clínica. El diseño de este estudio lo comenté en el Capítulo 16 de Pienso, luego Dudo pero lo voy a repetir acá para quien no quiera tener que descargarse un archivo de audio y escucharlo… y además para rellenar un poco el post.

Se trató de un ensayo clínico en el que se evaluaban 4 intervenciones para el control del asma: Abuterol (una droga con efectividad comprobada), un inhalador placebo, acupuntura placebo (osea, acupuntura), y sin tratamiento. Las variables que se midieron fueron -y esto es importante- capacidad pulmonar medida mediante un aparato especial (FEV1) por un lado y el reporte subjetivo del paciente mediante una escala del 0 (sin mejoría) al 10 (muchísima mejoría). Una variable es una medición objetiva mientras que la otra es completamente subjetiva y, de hecho, no permite que el paciente diga que empeoró.

Sabiendo lo que sabemos sobre el efecto placebo lo esperable es que las medidas subjetivas muestren una gran mejoría aún sin tratamiento activo mientras que las objetivas apenas se inmuten. Y, alabado sea Sagan, eso fue exactamente lo que ocurrió:

En cuanto a la experiencia del paciente, en todos los casos en los que el tipo creía estar recibiendo un tratamiento efectivo, expresó la misma mejoría. El Abuterol tiene un poco más de efecto pero la diferencia no es estadísticamente significativa. Pero en lo que respecta a las mediciones objetivas -la capacidad pulmonar- la droga activa tuvo muchísima más efectividad que el resto de las intervenciones. Es de notar que aún el grupo que no recibió ninguna intervención mejoró y lo hizo a igual magnitud que los grupos placebo. Si no hacer nada es tan efectivo como un placebo… entonces podemos concluir que un placebo es tan efectivo como no hacer nada.

A mí me parece que el placebo es la borrachera de la medicina (frase robada inspirada en el excelente Mark Crislip). Te hace creer que estás mejor cuando en realidad es una ilusión. En este caso los pacientes con asma se podrían sentir mejor luego de una sesión de placebos pero su situación en realidad no había mejorado; su capacidad pulmonar seguía igual.

Un ocultamiento de los síntomas como ese no puede terminar en nada bueno. “No se preocupe por ese extraño bulto en su hernia, mientras usted se sienta bien y relajado, todo va a estar bien” o “Naaaa, sólo me tomé unas birras, puedo manejar lo más tranquilo”.

30Dic/10100

La verdad de la acupuntura.

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Publicado por:Elio Campitelli.

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earms La acupuntura funciona, según afirman sus practicantes, restaurando el balance de la energía vital () mediante la inserción de agujas en lugares específicos del cuerpo llamados meridianos. Se originó en la antigua China pero actualmente existen incontables tradiciones y versiones, cada una con distintas agujas, formas de manipularlas y diferentes meridianos. Hay acupuntura china, japonesa, coreana, vietnamita, alemana (según la cual, los meridianos se encuentran en la oreja) y -más novedosa- electroacupuntura. Como tantas otras mal llamadas “medicinas alternativas”, se le atribuye toda clase de aplicaciones terapéuticas.

Debido a tal multiplicidad de variedades y la cantidad de afecciones que pretende tratar, es virtualmente imposible hacer estudios definitivos para cada una de sus aplicaciones. Pasa algo parecido que con la astrología, en la cual cuando un estudio no encuentra correlación entre personalidad y signo según una tradición particular, los practicantes de otras variantes pueden decir que no se trataba de la verdadera astrología. Sin embargo, se han realizado numerosos experimentos para probar si la acupuntura funciona. Los resultados, junto con la plausibilidad previa permiten establecer una conclusión con bastante confianza.

Antes de investigar si un tratamiento funciona es necesario definirlo. Existen dos características principales de la acupuntura: hay que insertar agujas en la piel y hay que hacerlo en lugares específicos. Esta definición puede usarse para desarrollar acupuntura “falsa” para usar como control en los ensayos clínicos. Esta acupuntura “placebo” tiene dos formas básicas: agujas que no penetran la piel (generalmente escarbadientes) o insertar agujas en puntos lejos de los meridianos.

Una revisión sistemática de la literatura de la efectividad de la acupuntura para controlar el dolor analizó 13 ensayos clínicos y encontró que no había diferencia significativa entre cualquier modalidad de acupuntura “falsa” y la acupuntura “verdadera”. Por otro lado notó que los resultados eran muy heterogéneos, con algunos ensayos que mostraban un gran efecto y otros ninguno, y que éstos no dependían del tipo de acupuntura “falsa” que se realizaba. Estas conclusiones concuerdan con otra revisión que encontró un pequeño efecto pero sin relevancia clínica y que probablemente sea causado por problemas en el doble ciego.

En su conjunto, la literatura científica muestra que la acupuntura funciona igual sin importar si no se clavan las agujas o si éstas se insertan en puntos específicos. Esto equivale a decir que la aspirina funciona igual si no se toma la pastilla o si ésta contiene sólo talco. En otras palabras: no funciona. Pero no es raro encontrar artículos periodísticos que afirman que un nuevo estudio encontró que la acupuntura funciona. En general, estos estudios o tienen serias fallas metodológicas (sin doble ciego o control de placebo) o realmente muestran un efecto nulo pero los autores lo distorsionan para decir que la acupuntura funciona, aún cuando es acupuntura “placebo”.

Cabe mencionar que incluso sitios que promueven la acupuntura admiten que no hay evidencia de su funcionamiento. El NCCAM (Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa) es un cuerpo de investigación creado en los EE.UU. con el propósito explícito de validar las mal llamadas medicinas alternativas. En un bizarro ejercicio de doblepensar aceptan que no hay evidencia científica que corrobore su eficacia pero, al mismo tiempo y en la misma página, aconsejan cómo encontrar un acupunturista calificado. Algo parecido sucede en el sito de la Clínica Mayo, donde explica que “Muchos estudios concluyeron que la acupuntura tiene un pequeño o ningún efecto más allá del tratamiento falso usado por algunos participantes –el grupo control” mientras que en la misma página la recomienda para todo tipo de dolencias y enfermedades.

Los riesgos de la acupuntura son potencialmente serios. Existe probabilidad de infecciones o hematomas locales, pero uno generalmente puede sentirse relativamente seguro si el acupunturista utiliza medidas apropiadas de desinfección. Sin embargo, ha habido casos de daños a órganos internos (especialmente los pulmones) porque el practicante insertó las agujas muy profundamente. Hay varios reportes de neumotórax causado por acupuntura y al menos un caso de muerte por perforación pulmonar. Una mujer murió cuando su acupunturista perforó su corazón. Es difícil evaluar cuán riesgosa es la acupuntura porque no existen buenos datos sobre la preponderancia de eventos adversos. Un estudio concluyó que “los ensayos clínicos de acupuntura para tratamiento del dolor no satisfacen íntegramente la guía de reporte de eventos adversos de CONSORT” pero que “existen reportes de eventos adversos serios en la literatura científica”. Pero aún cuando si complicaciones fueran raras, si se realiza un análisis costo beneficio, cualquier riesgo, por mínimo que sea, es demasiado grande para un tratamiento que no es efectivo.

Algo indirecto pero no menos real, es el riesgo de utilizar una modalidad pseudomédica en vez de un verdadero tratamiento. Esto es verdad para todas las medicinas alternativas y no es la excepción con la acupuntura. Tampoco es trivial el riesgo de que los acupunturistas recomienden el uso de otras medicinas sin validación científica desde medicinas herbales (que pueden llegar a ser toxicas) hasta homeopatía.