17Jul/131

¿En trance por usar la Ouija?

1 Comentario    

Publicado por:Maxim.

Etiquetado con: , , , ,
ouija

Hace unos días nos enterábamos de la noticia de que una chica de Concordia, Entre Ríos, tuvo una crisis nerviosa mientras jugaba con un grupo de amigas al conocido juego de la tabla Ouija. Los médicos que la atendieron diagnosticaron eso (una crisis nerviosa), pero algunos medios prefirieron usar palabras más llamativas y dijeron que ella había “entrado en trance” mientras jugaba, aunque nunca explicaron claramente qué es lo que eso significa para ellos.

Puedo decir que tuve la experiencia de usar en un par de oportunidades la otra versión, más casera, de la famosa tablita: el juego de la copa. También puedo decir que, durante todo el rato que duró el chateo con el más allá, ni por un instante creí que hubiera algún espíritu moviendo la copa. Era obvio que se trataba de un truco pensado por mis compañeros para reírse de otro de ellos, el más miedoso del grupo. (En parte, de eso se trata el escepticismo: de saber cuándo somos víctimas de una broma o un engaño.) La chica de la noticia no se dio cuenta, creía (o cree) en la existencia de espíritus, fantasmas y en la comunicación con los muertos. Esa credulidad y la broma de alguna de sus amigas seguramente fue lo que la llevó al hospital.

Sobre su origen

La tabla Ouija no es un instrumento de origen milenario creado por alguna cultura muy antigua para contactar espíritus. Fue creada y patentada en 1890 por Elijah Bond, un abogado, inventor y hombre de negocios de Maryland, Estados Unidos, y originalmente sólo se trataba de un juego de salón que consistía en ir deletreando palabras y formando frases. Esa patente hoy pertenece a la compañía Hasbro, la misma que vende muñecos de juguete y juegos de mesa.

La lápida dedicada en 2008 a Bond y su invento, y la patente original del mismo.

El juego se iba popularizando entre las clases sociales medias y altas, hasta que en 1912 una mujer llamada Pearl Pollard (ironías del destino que resultan graciosas en nuestro idioma, su marido se apellidaba Curran) afirmó que mientras lo usaba con una amiga un espíritu se contactó con ella. Según Pollard, se trataba de Patience Worth, una mujer fallecida en 1694, pero esto nunca pudo ser confirmado ni se encontró registro alguno de la existencia de esa mujer.

Pollard y Worth no sólo “charlaban” habitualmente, sino que “juntas” escribieron varios libros y cuentos, lo cual resultó bastante redituable a Pollard, una aspirante a cantante que hasta ese momento casi no contaba con ingresos.

De ahí en más, el uso de la tabla se fue popularizando entre los fans del espiritismo y otras prácticas ocultistas y entre los charlatanes que hacen dinero a costa de crédulos, dolientes y necesitados. Al mismo tiempo, los temerosos aconsejan no usarla para evitar traer espíritus “a este lado” o incluso ser poseídos por ellos. O entrar en “trance”, quizá.

Antecedentes

Un antecesor directo de la tabla Ouija y sus variantes es la técnica de escritura automática, usada principalmante durante la época victoriana por algunos médiums. Consistía en unas planchitas (o planchettes) de madera que tenían un agujero en una punta en donde se insertaba un lápiz. Gracias a las rueditas que tenía abajo, el espiritista que conducía la sesión deslizaba la tablita sobre una hoja de papel y el lápiz iba escribiendo o dibujando lo que, supuestamente, los espíritus le comandaban.

¿Se mueve?

El puntero Ouija (o la copa) se mueve por el tablero, señalando una letra tras otra y formando frases, contestando preguntas o formulando augurios. ¿Cómo puede ser? Las posibles explicaciones son básicamente dos. La más obvia es la que mencionaba más arriba: ya sea a modo de broma o como parte de un timo, uno de los participantes hace más fuerza que los demás y se encarga de mover el puntero en la dirección deseada. La segunda tiene que ver con el efecto ideomotor. Esto es, que uno de los participantes esté muy sugestionado e inconscientemente influya en el movimiento del puntero.

Qué dicen las religiones

En el cristianismo toda forma de magia, adivinación y espiritismo es condenada, ya que hablar con los muertos o ver el futuro “está reservado sólo para Dios”. Algo parecido manda creer el islam. Palabra más, palabra menos, las religiones coinciden en que no se debe jugar con esas cosas, porque se puede estar “abriendo camino para el demonio y no es de extrañar que la persona quede espiritualmente afectada”. Esto no impide que una mayoría de la gente crea en esa clase de comunicación. Las principales religiones siempre han criticado estos medios caseros para contactar a los fallecidos. ¿Será por temor a perder el monopolio del contacto con el más allá?

24Jun/137

¿Qué es la telepatía?

Profesor Xavier

La telepatía es uno de los hipotéticos “fenómenos paranormales” de mayor popularidad entre los creyentes. Aunque etimológicamente la palabra significa algo así como “enviar sentimientos a distancia” (de tele- “lejos” y pathos “experiencia, sentimiento”), casi todas las personas piensan en la telepatía como la transmisión de pensamientos estructurados en palabras de manera similar a lo que ocurre en una línea telefónica, y como en ese caso, teniendo en cuenta que la comunicación puede cortarse, que las palabras pueden no oírse claramente, etc.

En esta visión, el cerebro humano actúa como una antena capaz de emitir y recibir pensamientos. El descubrimiento de que las neuronas se comunican y procesan señales por medio de impulsos eléctricos y de que la actividad eléctrica cerebral puede ser visualizada como ondas no hizo más que reforzar la idea de este mecanismo. El cerebro humano sería entonces como un generador de pensamientos en forma de electricidad acoplado a una antena transmisora/receptora. Según quién plantee la idea, se dirá que todos los seres humanos tenemos esta capacidad o bien que sólo algunos la tenemos, y específicamente que sólo algunos podemos “emitir” y que quizá no todos podamos “recibir” (lo cual surge intuitivamente y por nuestro conocimiento básico de cómo funcionan cosas como las emisoras de radio y televisión). Uno de los problemas de esta visión pseudocientífica de la telepatía es que, más allá de que el cerebro manifiestamente no tiene capacidad para emitir ondas a larga distancia, el supuesto campo telepático asociado a esas ondas debería seguir las mismas reglas que cualquier otro campo de fuerzas eléctricas, en particular, la que dictamina que su intensidad debe disminuir en proporción al cuadrado de la distancia desde la fuente; por el contrario, la mayor parte de quienes apoyan la creencia en la telepatía se refieren a ella implícita o explícitamente como una comunicación que no depende de la distancia.

Dejando de lado la barrera de la distancia, algunas personas creen que la telepatía puede ser impedida por otros factores, o que podemos despertar nuestra capacidad telepática haciendo o dejando de hacer ciertas cosas; por ejemplo, no hace mucho la cantante argentina Patricia Sosa explicó en una entrevista que había logrado comunicarse telepáticamente con extraterrestres luego de volverse vegetariana y que una guía espiritual le había advertido que comer carne bloqueaba la capacidad telepática. La meditación, la tranquilidad, la ausencia de distracciones también se citan como necesarias en los cientos o miles de instructivos para despertar la telepatía que circulan por la web. Notablemente, también se postula como necesario que tanto el emisor como el receptor crean en la telepatía o al menos tengan una mente abierta: «Si eres un escéptico y las puertas de tu mente están cerradas obtendrás muy pobres resultados.»

La fantasía y la ciencia ficción han recurrido a la telepatía, en todas estas variantes y otras, con frecuencia. Hasta el boom de la parapsicología en los años 1970 todavía era bastante posible incluir la telepatía entre las hipotéticas facultades ocultas de la mente humana que algún día la ciencia demostraría como reales. A partir de allí el concepto de la telepatía en la literatura se ha desplazado cada vez más hacia el campo de la ciencia ficción blanda y la fantasía.

La discusión sobre la transmisión de pensamientos permanece, sin embargo, alentada por los últimos desarrollos en el campo de las neurociencias experimentales. Somos capaces de detectar ciertos estados mentales usando electrodos adosados al cráneo; podemos incluso leer la mente de un individuo e identificar imágenes que está viendo, con un nivel de precisión escaso pero que probablemente aumente en el futuro cercano. Estas hazañas dependen de una tecnología de punta, cara y molesta (hablamos en ocasiones de literalmente taladrar el cráneo para pinchar el córtex cerebral con electrodos) y por lo tanto, aunque pueden servir como punto de partida para un relato de ciencia ficción sobre el futuro, quedan enteramente en el terreno de la fantasía si hablamos de telepatía hoy.

Sea como fuere, la conversión de pensamientos en ondas de radio por parte de un implante cerebral, seguida por su transmisión y finalmente su decodificación en el cerebro de otra persona por medio de un implante receptor, no es lo que habitualmente se llama telepatía entre la gente que hoy cree en esta supuesta capacidad paranormal. Los creyentes buscan algo se pueda lograr sin intervenciones quirúrgicas: quizá, a lo sumo, algo como la apertura quirúrgica del Tercer Ojo según la narra el fraudulento “lama tibetano” Lobsang Rampa en su libro homónimo; algo simpático, que permita a los humanos hablar con sus gatos (como proclamaba ser capaz el susodicho); algo que no esté limitado por la distancia ni mediado por una de las cuatro fuerzas de la naturaleza, que tan enemigas de lo imposible resultan ser. Algo, especialmente, que no pueda medirse con facilidad en el laboratorio por requerir estados mentales particulares y la ausencia de molestos escépticos en las proximidades, o meramente por ser siempre espontáneo; algo que esté definido con suficiente vaguedad que incluya coincidencias como recibir una llamada telefónica de una persona justo después (o el día después, o dos días después) de pensar en ella o de soñar con ella o con un amigo de un amigo de ella.

Algo, en fin, que nos permita seguir soñando con esa comunicación pura y abierta que las palabras nos niegan.