29Oct/145

En casa de psicólogo, cuchillo de palo

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Publicado por:Elio Campitelli.

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La historia de la medicina es la historia del placebo. Durante miles de años los galenos de las distintas culturas no usaban los resultados debidamente analizados de experimentos científicos bien diseñados para sus recomendaciones médicas sino que se basaban en los argumentos de autoridad y las analogías con la naturaleza pero, principalmente, sus observaciones clínicas informales.

Los médicos de antaño no dudaban ni por un minuto que los enemas de humo eran un excelente tratamiento para los casos de ahogamiento; o que lo mejor para <inserte cualquier enfermedad> era una profusa sangría (y no de la que te pone en pedo). Todos estas recomendaciones médicas estaban fundadas en el antiguo arte de la observación clínica. En el diario de Gui Patin, por ejemplo, se puede leer, sobre el caso de un noble de siete años “quien cayó enfermo de una grave pleuresía por haberse sobrecalentado en el juego de pelota” que “lo sangraron trece veces, y sanó en quince días”. Ese era el fundamento de la ciencia médica de estos tiempos.

Pero tanto los desastrosos resultados y el lento avance de la medicina antes de la aplicación del método científico como los resultados de la ciencia psicológica nos demuestran que la observación de casos clínicos sólo puede servir como semillas para nuevas hipótesis, nunca como prueba. Nuestras habilidades para llegar a conclusiones correctas a partir de lo que vemos deja mucho que desear.

Uno pensaría que los psicólogos, tan al tanto de la fiabilidad de nuestras inferencias, deberían entonces ser los primeros en pedir a gritos la revolución experimental en su práctica clínica. Por desgracia, este no es el caso. Si un reciente artículo publicado en Perspectives on Psychological Science es indicativo de lo que sucede, todavía hay muchos psicólogos que se quedaron en la era de Freud y creen que pueden determinar su su tratamiento funciona con sólo ver a los pacientes.

Pero los autores detallan una taxonomía de 26 distintos sesgos y problemas metodológicos divididos en tres categorías que plagan a la observación clínica.

Mejoría ilusoria

Para empezar, somos malísimos observadores. Tenemos un “realismo ingenuo” que nos hace creer que todo es como lo vemos y nos urge a ignorar que nuestra percepción y nuestra selección de lo que percibimos está fuertemente marcada por nuestras nociones previas. Nos sentimos perfectamente justificados en opinar que “las pibas se embarazan para cobrar la Asignación Universal por Hijo” por ver lo que pasa en las villas a pesar de que no hay evidencia que indique eso.

Este tipo de error entra en la primera categoría de sesgos: creer que el paciente mejoró cuando en realidad sigue igual o empeoró. Quizás el paciente salga del diván menos estresado por meterle los cuernos a la esposa, sí, pero luego de la terapia igual se va de trampas con los amigos. En cualquier caso, una supuesta mejora en el ánimo observada por el terapeuta no siempre está relacionada con una mejora en las condiciones objetivas del paciente como bien nos ilustra el siguiente testimonio:


(A partir del minuto 4:25)

Mejorías genuinas que nada tienen que ver con la terapia.

Aún estando en lo correcto sobre lo que creemos ver, en la vida diaria somos malísimos como científicos. Por ejemplo, en vez de considerar múltiples hipótesis que expliquen algo que vemos, rápidamente elegimos cuál es nuestra teoría y el resto del mundo puede irse al tacho. Entonces surgen expresiones como “El problema de Argentina son los corruptos” o “El problema de Argentina es la duplicación de registros” (escuchado por mis propios oídos) en vez de “Quizás el problema del país sean los corruptos, quizás la duplicación de registros o quizás alguna otra alternativa; habría que investigarlo a fondo para llegar a una conclusión”.

La razón por la cual esa persona (que, repito, es real) creía que estaríamos viviendo en un nuevo jardín del Edén si tan sólo dejáramos de duplicar los registros también tiene explicación psicológica. El hombre trabaja como consultor para empresas diseñando y pensando qué registros llevar y cómo hacerlo. Esto se llama “heurística de disponibilidad” y es lo que nos empuja a creer que lo que vemos todos los días es lo más relevante para explicar cualquier situación.

Por otro lado, si las cosas nos tocan de cerca, es aún peor. Queremos creer que controlamos la situación y, pese a toda la evidencia al contrario, preferimos pensar que tenemos un mínimo de injerencia en lo sucede a nuestro al rededor. No hace falta pensarlo mucho para reconocer que elegir el número en la lotería es ridículo ya que (siempre que no haya fraude en el medio) el número que sale es completamente aleatorio. Sin embargo, no sólo sujetos experimentales prefieren elegir ellos mismos el número para apostar, sino que incluso en un grupo repleto de escépticos, más de la la mitad prefirieron eso a dejarlo al azar.

Todo esto es muy relevante para el terapeuta que quiere determinar si su terapia da resultado. Aún cuando la depresión de su paciente se mejore porque al fin consiguió trabajo, el psicólogo va a tender a creer que su tratamiento fue la causa de la mejoría. Es la explicación que tiene más a mano y la que le da más sensación de control. Cualquier otra explicación que no le de la razón será sometida a la más ardua crítica y racionalización.

Mejorías genuinas relacionadas con cualquier terapia.

Finalmente, aún cuando un paciente tenga una mejora genuina y ésta esté relacionada con lo que pasa en la terapia, no significa que sea trivial determinar qué parte de la terapia fue la responsable de la mejoría. El sólo hecho de tener a alguien con quien hablar puede ser terapéutico para una persona, sin importar si el terapeuta aplica las técnicas más rigurosamente probadas o es el más chanta de los lacanianos.

Todo esto importa porque su suma hace que cualquier opinión sobre la efectividad de un tratamiento en base únicamente a la observación clínica sea más sospechoso que billete de tres pesos. La práctica clínica simplemente no cumple las buenas condiciones para hacer este tipo de juicios. Pero eso no es malo, el diván está para aplicar las terapias, no para evaluarlas.

Sin embargo, existen muchos psicólogos que se oponen a esta idea. A pesar de que estos problemas ya se conocían en tiempos de Freud y se usaban para desacreditar sus teorías basadas fundamentalmente en las observaciones de sus pacientes, todavía quedan muchos psicólogos que siguen creyendo estar por encima de todos los sesgos mencionados. Pero esto no es más que otro sesgo más y seguramente producto de un Complejo de Edipo mal resuelto.


Lilienfeld, S., Ritschel, L., Lynn, S., Cautin, R., & Latzman, R. (2014). Why Ineffective Psychotherapies Appear to Work: A Taxonomy of Causes of Spurious Therapeutic Effectiveness Perspectives on Psychological Science, 9 (4), 355-387 DOI: 10.1177/1745691614535216

6Ago/139

El aborto y el riesgo de suicidio, o la falsificación de un estudio científico

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Publicado por:PabloDF.

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Hace bastante escribí un dossier en tres partes sobre la pseudociencia y las falacias pretendidamente científicas propagadas por Sexo Seguro, una organización anti-derechos reproductivos que no es más que una fachada de la Iglesia Católica. Sigo sus tuits, que son habitualmente consignas en un loop, sin fuente ni signo alguno de que tengan en cuenta lo que los demás les comentamos, y así llegué a ver esta rara gema:

sexoseguro-tw-alediener

Muy bien argumentada la respuesta de @AleDiener a un inconforme sobre el aborto http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog… … …

La referencia es a una columna escrita por una tal Alejandra Diener en el portal noticioso mexicano Animal Político, en respuesta a alguien que la cuestionó por su postura antiabortista. Diener es Maestra en Ciencia de la Familia por la Universidad Anáhuac y licenciada en Economía por la Universidad Iberoamericana. (Ambas son instituciones católicas. La Anáhuac es regenteada por la Legión de Cristo, orden fundada por el sacerdote y pederasta serial Marcial Maciel. La Iberoamericana es propiedad de la Compañía de Jesús.)

El núcleo empíricamente chequeable de lo que dice Diener contra el aborto se encuentra en el párrafo siguiente:

El aborto está generando un verdadero problema de salud pública, ya que la mujer que aborta padece trastornos mentales que las lleva incluso hasta el suicidio (Association between parity and risk of suicide among parous women. Chun-Yuh Yang PhD MPH www.cmaj.ca), mujeres que no puedan hacerse cargo de sus familias o que ni siquiera puedan continuar con sus vidas a causa del trastorno ocasionado por este drama de la eliminación de un ser humano en su vientre.

Aunque no se habla del síndrome post-aborto, casi se da por sobreentendido. El SPA correspondería a un conjunto de problemas psicológicos que padecerían casi todas las mujeres luego de interrumpir un embarazo. El SPA es una invención, un mito de la academia “pro vida” (puede comprobarse fácilmente que casi las únicas referencias al mismo ocurren en páginas apologéticas católicas y publicaciones de instituciones académicas ligadas a la Iglesia); ninguna organización científica del mundo ha encontrado evidencia de que exista ni lo reconoce como diagnóstico (véase por ejemplo este paper de la Harvard Review of Psychiatry y este reporte de la APA, mencionados en este post de Médico crítico). Pero Diener, en vez de hablar en términos generales, señala específicamente un estudio sobre “la relación entre la paridad y el riesgo de suicidio en mujeres” (paridad es la cantidad de hijos que ha tenido una mujer).1

El estudio, que existió y fue realizado por investigadores independientes, observó registros de 1,3 millones de mujeres taiwanesas a lo largo de casi tres décadas y halló que, corrigiendo por otros factores, el riesgo de suicidio de una mujer disminuye al aumentar su número de hijos. Esto es muy interesante, pero el problema para el argumento de Diener es que el aborto ni se menciona.

Hay varios motivos por los cuales un mayor número de hijos podría correlacionarse con un menor riesgo de suicidio. La depresión se correlaciona tanto con el riesgo de suicidio como con una tendencia a tener menos hijos. Tener una gran familia a su alrededor puede hacer que una mujer se sienta más valorada. Las causalidades no están establecidas y los autores del estudio lo reconocen, así como la imposibilidad de controlar otras variables que posiblemente influyan en la decisión de tener hijos (por ejemplo, el desempleo).

Alejandra Diener, como todos los columnistas “expertos” que publican contenido pseudocientífico al servicio de una ideología o religión, sabe que la inmensa mayoría de sus lectores jamás buscará confirmación independiente de lo que ellos afirman, especialmente si se trata de una publicación con una línea editorial afín a su propia ideología. Lamentablemente el mismo caso se da cuando académicos de esta calaña son llamados a exponer ante quienes hacen las leyes que regulan temas fundamentales, como el derecho al matrimonio, al divorcio, al acceso a la anticoncepción o al aborto.

Si no fuera por esto último, este artículo no pasaría de ser una válvula de escape para mi síndrome de SIWOTI2. Como están las cosas, esto no es simplemente alguien que miente por internet, sino alguien que representa un modelo de académico falaz que puede influir de forma decisiva en las políticas de salud de un país entero. Dejo aquí, entonces, mi granito de arena.

 

1 Association between parity and risk of suicide among parous women. Chun-Yuh Yang, PhD MPH. doi:10.1503/cmaj.090813

2 SIWOTI: Someone Is Wrong On The Internet (“Alguien Está Equivocado En Internet”), aunque en este caso debería más bien ser SILOTI: Someone Is Lying On The Internet (“Alguien Está Mintiendo En Internet”).

 

Nota: Este post es una versión revisada y aumentada de un artículo en mi blog, Alerta Religión, titulado “Aborto y riesgo de suicidio según la católica mentirosa Alejandra Diener”, publicado el día 3 de agosto de 2013.