16May/135

Médica católica “descubre” que el “gen gay” no existe

A medida que la autoridad doctrinaria de los ministros religiosos disminuye, como resultado de la secularización de la sociedad, se hace cada vez más difícil para éstos defender puntos de vista que chocan contra la realidad y el sentido común. Queda, entonces, recurrir a la ciencia para buscar en ella una validación de esas opiniones que antes bastaba declarar como creencias obligatorias. Un caso especialmente molesto para ciertos creyentes ha sido la constatación científica de que la homosexualidad no es una enfermedad psicológica o psiquiátrica ni una especie de deformidad, sino una variante minoritaria pero normal de la sexualidad humana.

Las estrategias de contraataque ante ese golpe han variado. En general los creyentes más devotos y las corrientes religiosas menos —digamos— sofisticadas simplemente niegan la autoridad de la ciencia o la descalifican como instrumento de ideologías demoníacas. Pero otro importante sector religioso reclama aún, y fabrica a su medida, validación académica y científica (o más bien pseudocientífica). Existe todo un ecosistema de think tanks, ONGs pretendidamente “civiles”, asociaciones médicas y psicológicas, universidades confesionales, etc., además de profesionales individuales, que canalizan o producen “hallazgos” científicos que validen falacias como, por ejemplo, que la homosexualidad está asociada con el consumo de drogas y la depresión o con la pedofilia, que los anticonceptivos orales aumentan el riesgo de infección por HIV o que el aborto produce en la mayoría de las mujeres un “síndrome post-aborto”.

Jason Collins - The Gay Athlete - Sports IllustratedHay que reconocerles a estas organizaciones académicas y grupos activistas que al menos se toman un cierto trabajo en engañar y engañarse. Porque también hay algunos que ni siquiera se esfuerzan. Tal es el caso de la Dra. Maíta García Trovato, una psiquiatra peruana que aparece citada en estos días por los medios católicos clamando triunfante que ha descubierto que no existe un “gen gay” o gen que determine la homosexualidad, y por lo tanto es falso que la homosexualidad sea innata, lo cual autoriza (en su visión) a tratar la homosexualidad como una desviación o enfermedad moral. ¿Cómo lo “descubrió”? A causa de la salida del closet de Jason Collins, basquetbolista de los Boston Celtics. Resulta que Collins es gay pero tiene un hermano gemelo que no lo es. Esto “demuestra”, según García Trovato, que no se nace gay, porque para eso debería haber un “gen gay”, y entonces ambos hermanos, genéticamente idénticos, deberían tener la misma orientación sexual.

Parece increíble que haya que aclarar esto, pero aquí va. No existe un “gen gay”. Como casi la totalidad de las características humanas que consideramos importantes, la homosexualidad no está 100% determinada genéticamente. En eso tiene razón García Trovato. A partir de allí todo lo que dice es una simplificación burda de la cuestión que, francamente, resulta muy difícil de creer que no sea intencional. Los estudios realizados hasta ahora han mostrado que la homosexualidad tiene un componente genético importante; que muy probablemente haya un componente ambiental, dado por la exposición a hormonas durante la gestación; que la orientación sexual se define muy pronto en la vida y que no es susceptible de cambio; y que las técnicas usadas para intentar cambiarla son casi siempre inútiles y a veces dañinas, por lo que no es ético recomendarlas.

Ningún científico serio ha manifestado jamás creer que existe un “gen gay”, una especie de interruptor en un trozo pequeño de ADN que enciende o apaga una orientación sexual. De hecho casi nada (fuera de lo más trivial) en el cuerpo humano es producto exclusivamente de un gen.

Además de eso, hasta el menos atento puede darse cuenta de que los gemelos “idénticos” suelen no ser tan idénticos en realidad, y lo son cada vez menos a medida que envejecen. Las influencias ambientales pueden hacer que de dos gemelos “idénticos” uno sea más alto que el otro, por ejemplo, y sin embargo nadie puede negar que la altura tiene un componente genético importante. ¿Podemos, modificando las influencias ambientales, lograr que un gemelo sea más alto que otro? Sí, si supiéramos hacerlo, probablemente sí; pero para eso tendríamos que hacer experimentos con humanos in utero. De la misma manera podríamos, quizá, manipular la futura orientación sexual de un ser humano. Pero esa manipulación está prohibida, y no sólo por la doctrina eclesiástica: no sería ético realizarla, incluso con resultados garantizados, porque la homosexualidad no es una enfermedad o deformidad, de manera que no hay por qué “corregirla”.

El mito del “gen gay” nunca fue más que un mito. Regocijarse por haberlo “refutado”, empleando además un ejemplo falaz, es propio de pseudocientíficos deshonestos con una agenda ideológica a los que más vale no dar crédito (ni prensa).

6May/130

La isla de los parientes cercanos

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Publicado por:PabloDF.

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Hace unos días me sorprendió un titular en la sección de teléfonos celulares de Slashdot: In Iceland, Tap Cellphones To Avoid Incest . Resulta que unos estudiantes de la Universidad de Islandia en Reykjavík desarrollaron una aplicación “anti-incesto” para el sistema operativo Android. Se llama Sifjaspellsspillir (¡en islandés todo suena a nombre de volcán!) y funciona así: si dos personas la tienen instalada, un toque basta para que los celulares compartan uno con otro los datos genealógicos de sus respectivos dueños, y la aplicación emitirá una alerta si los usuarios están —posiblemente— demasiado emparentados para propósitos reproductivos.

Familia islandesa

Islandia, una gran familia.

Más allá de las previsibles bromas sobre celulares que se aparean, Sifjaspellsspillir demuestra una de las facetas biológicamente interesantes de vivir en una isla. Islandia fue colonizada en el siglo IX por una pequeña cantidad de celtas y escandinavos; no hubo mucha inmigración desde entonces y la población actual, de unos 320.000 habitantes, es sumamente homogénea a nivel genético. (La lengua islandesa refleja también esta particularidad: en parte gracias al aislamiento, en parte debido a una planificación conservadora, ha cambiado tan poco que los islandeses pueden leer su literatura clásica —escrita del siglo X al XIII— en el original sin demasiada dificultad, cosa imposible en cualquier otra lengua europea.)

La homogeneidad genética causada por la endogamia significa que si uno toma dos islandeses cualesquiera es muy probable que sean parientes, como mucho, de sexta o séptima generación. Esta distancia es bastante segura y además los islandeses tienden a conocer bien a sus antepasados, pero evidentemente alguien debió pensar que nunca está de más cuidarse.

Sifjaspellsspillir fue el resultado de un concurso promovido por deCODE, una empresa que mantiene la base de datos genealógica Íslendingabók, donde están todos los datos filiatorios de los islandeses que se han podido hallar y verificar desde mil cien años a esta parte. (Los islandeses no sólo aman la genealogía, también son muy obsesivos con sus registros.) Íslendingabók es precisamente la fuente de consulta de la aplicación.

Fundada por un islandés en 1996, deCODE se propuso encontrar genes que puedan predisponer a distintas enfermedades. Islandia es el campo ideal para esta tarea. En una población más diversa es muy difícil determinar la responsabilidad de un gen determinado en una dolencia particular, porque un gen no tiene un efecto único y exclusivo sino que interactúa con muchos otros. Pero en Islandia, una variación en un gen resalta mucho más sobre el fondo comparativamente homogéneo de los demás.

deCODE planeaba ganar dinero con el desarrollo de terapias genéticas, obviamente. Cuando empezó a tener problemas financieros, en 1998, la farmacéutica estadounidense La Roche-Hoffmann ofreció pagar 200 millones de dólares por el derecho a desarrollar drogas basadas en los hallazgos de deCODE, que había logrado que el gobierno le diera acceso a los registros de salud de toda la población. A ciertas personas no les cayó demasiado bien que una empresa extranjera fuera a tener acceso a sus datos genéticos personales y encima hacer dinero con ellos. Así que, para seducir a los islandeses y convencerlos de compartir su información genética, deCODE les prometió a los que le entregasen una muestra de sangre que cualquier medicamento desarrollado gracias a los datos recopilados estaría disponible gratis para ellos hasta que caducase la patente. Eso hizo desde 2003 en adelante, ofreciendo entretanto servicios de screening genético. No le fue bien: en 2009 presentó quiebra, y poco después fue comprada casi en su totalidad por otra empresa.

Pese a esta desagradable parte de la historia, deCODE realizó varios descubrimientos importantes, como por ejemplo el gen que produce la proteína LTA4H o leucotrieno-A4-hidrolasa, la cual promueve la inflamación y la acumulación de colesterol en las paredes de los vasos sanguíneos, siendo éstos factores de riesgo de los ataques cardíacos. Hoy en día deCODE es una de muchas realizando esta tarea, pero gracias a la particular historia de Islandia, la isla donde todos son parientes cercanos, pudo ser la pionera.