21Dic/1563

MTC, una estafa de aquí a la China

Con la “medicina” alternativa, la paranoia farmacéutica y la occidentofobia orientalista de moda, es muy común oír hablar de los milagros de la “medicina” tradicional china (MTC). Y sí, realmente es artífice de milagros; el milagro consiste en sobrevivir a ella. Lejos de ser muy exagerado, este conjunto de disparatadas pseudoterapias además de no poseer ningún punto a su favor, posee múltiples en contra: desde muertes causadas por acupuntura hasta compuestos tóxicos y cancerígenos. Y por si fuera poco perjudicar a los humanos que recurren a ella, la medicina tradicional china va más lejos y llega a poner en jaque la existencia de una especie animal entera.

Si es viejo, es bueno.

Si le creemos a los artículos que circulan por la web, la MTC es un conjunto de prácticas medicinales desarrolladas en China durante milenios. Incluye remedios herbales, masajes, ejercicios y, por supuesto, acupuntura.  Como tantas otras nociones vitalistas precientíficas, se basa en la existencia de una “energía vital” (el Chi) y en que todas las enfermedades surgen de un “desbalance” entre la “energía negativa” (ying) y la “energía positiva” (yang).

Más allá del hecho de que es una falacia creer que algo al ser antiguo es bueno, en este caso hay que saber que en realidad, la MTC tal como la conocemos hoy, de milenario no tiene nada; más bien sólo tiene algunas décadas. El estudioso de la cultura china Paul Unschuld lo explicó en una entrevista del 2004:

[La MTC es] un sistema artificial de ideas y prácticas de atención de salud generados entre 1950 y 1973 por los comités en la República Popular de China, con el objetivo de reestructurar el vasto y heterogéneo patrimonio de la medicina tradicional china de manera tal que se ajustara al tipo de principios marxistas-maoístas, la democracia y la ciencia y la tecnología modernas sobre las que se iba a construir el futuro de la República Popular China.

En una entrevista más reciente, Unschuld manifestó:

Lo que se ofrece en nuestro país para los pacientes como MTC es una construcción que se ha creado en China en un escritorio de oficina que se ha alterado aún más en su camino hacia Occidente. Ya a principios del siglo 20, los reformadores y revolucionarios instaron a que la medicina tradicional en China debía ser abolida y que la forma occidental de medicina debía introducirse en su lugar. El pensamiento tradicional se veía como atrasado y se le responsabilizaba de la superioridad opresora de Occidente. La introducción de las ciencias naturales, la medicina y la tecnología occidentales también se pensaron más tarde, después de la fundación de la República Popular, como esenciales para hacer que el país fuera competitivo de nuevo. Dado que la medicina tradicional china no podía ser abolida totalmente entonces porque ofrecía el sustento para muchos ciudadanos, esta se redujo a un núcleo, que podía ser llevado casi en línea con la orientación científica de la futura sociedad comunista. En los años 50 y 60, una comisión especialmente designada había estado trabajando en esta tarea. El filtrado que crearon a partir de la tradición médica original, de ahí en adelante se llamaría MTC...

(Gracias a David Osorio de De Avanzada por popularizar dichas entrevistas)

El periodo de surgimiento y establecimiento de la MTC es esencial para comprender su impacto en occidente. En épocas de guerra fría, con el posmodernismo asentándose y el new-age cocinándose  es totalmente entendible el por qué este conjunto de supersticiones irracionales impactó de tal modo. Tanto como a comienzos de la década de los 60 como hoy, la idealización de lo oriental, lo anticientífico y alternativo estaba totalmente de moda.

El remedio peor que la enfermedad.

Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista científica Nature (Combined DNA, toxicological and heavy metal analyses provides an auditing toolkit to improve pharmacovigilance of traditional Chinese medicine) concluyó que  el 92% de 26 compuestos utilizados en la MTC (siglas de medicina tradicional china) poseen contaminantes. En dicho estudio se realizó la detección de metales pesados, análisis toxicológico y secuenciación de ADN. El 50% de los remedios estudiados contenían medicamentos no declarados como diclofenac o paracetamol, se encontró uno con niveles de arsénico 10 veces superiores a los niveles aceptables y la mitad tenían ADN de animales o plantas no declaradas, incluyendo una especie de pantera en peligro de extinción.

Lo cierto es que en este estudio no hay en definitiva, nada nuevo. Hace tiempo se tienen bien conocidos los peligrosos de la MTC. Por ejemplo, un estudio de 1977 (Lead poisoning from ingestion of Chinese herbal medicine.) ya reportaba el alto contenido de plomo de varios compuestos utilizados por esta.  Y hay más, un estudio publicado en Science Translational Medicine y en el que participaron investigadores de Estados Unidos, Singapur, China y Taiwán llegó a la conclusión de que la Aristolachia, planta frecuentemente utilizada en la MTC para el tratamiento de las heridas mal cicatrizadas, úlceras y supuraciones, produce mutaciones de genes y tumores, llegando a ser más cancerígeno que el mismísimo tabaco. Incluso uno de los investigadores la clasifico como “el mayor agente genotóxico descubierto hasta la fecha”. Merecidamente la Aristolachia fue prohibida en muchos lugares desde comienzos del 2000, incluyendo Estados Unidos y Taiwán.

Para colmo, como  si ingerir plomo o correr el riesgo de remplazar una ulcera por un tumor fuera poca cosa, los defensores acérrimos de la MTC en China se dan el gusto de publicar estudios autocomplacientes de pésima calidad que dificultan o impiden una acción inmediata en la prohibición de estos peligrosos productos.

La acupuntura, sus riesgos  y sus…. ¿beneficios?

Uno de los pilares de la MTC actual es la famosísima acupuntura (sí, la de las agujas clavadas en el cuerpo). La noción es que los desbalances en el ya mencionado Chi pueden revertirse si se clavan pequeñas agujas en la piel en puntos específicos llamados “meridianos”. Originalmente basados en nociones precientíficas, muchos defensores de la acupuntura actualmente intentan relacionar los meridianos con la anatomía del sistema nervioso.

Pero lejos de remitir a filosofías milenarias, fueron reposicionados a principio de los años 30 por el pediatra chino Cheng Dan’an, quien, al proponer que el efecto de las agujas era nervioso y no vascular, decidió acercarlos cerca de los nervios y lejos de las venas. En efecto, es muy posible que la acupuntura antigua fuera una forma de medicina similar a la sangría. De hecho, en palabras de Unschuld, originalmente, “carecía de cualquier elemento espiritual en sus fundamentos teóricos”.  Dan’an también es el responsable del uso de agujas finas y delicadas en vez de gruesos cilindros.

Antiguas agujas de acupuntura

Antiguas agujas de acupuntura

Fue esta acupuntura reformada la que ganó popularidad en la China comunista, luego de haber sido eliminada de la lista de medicinas reconocidas por el Estado en 1822 y prohibida desde 1929 hasta 1949 por ser altísimamente ineficaz y peligrosa.

Por si su dudoso origen fuera poco, la acupuntura erra desde la base. Y cuando una teoría ya parte de sostenerse sobre una “energía” primitivamente supersticiosa e inexistente –en este caso el Chi-, pocas esperanzas quedan de su eficacia. Al igual que con el resto de la MTC, China produjo una montaña de basura compuestas de artículos engañosos que "probaban" su supuesta eficacia. Esto hace pensar en uno de lo más recurridos argumentos de los defensores de las pseudociencias, el alegar que la ciencia “está manipulada por los intereses comerciales”. Todo parece mostrar, que los que más se esfuerzan por falsificar estudios son los mismos pseudocientíficos, que también tienen un millonario negocio que mantener (con la diferencia es que la medicina de verdad al menos cura). Tal vez el mejor ejemplo es el lobby de los homeópatas, que todos los años publican una pila de estudios basura que luego son refutados.

La evaluación empírica de la acupuntura se ve dificultada por la enorme cantidad de variedades existentes, por lo difícil que es desarrollar una intervención placebo, y porque China y Japón inundan la literatura científica con, literalmente, un 100% de estudios favorables.  Pero lo cierto es que la evidencia en su conjunto (incluyendo cientos de estudios sobre problemas específicos y meta-análisis randomizados de correcta metodología y revisados por pares) indica que no es más eficaz que el placebo.

A la falta de eficacia, hay que sumarle los riesgos. La acupuntura está posiblemente asociada con el contagio de infecciones por la mala costumbre de no usar guantes   (por ejemplo, Hepatitis C o Hepatitis B). Estudios de los efectos adversos encontraron casos de neumotórax, daños en la columna vertebral y argiria localizada. En otro estudio  de más de 200.000 pacientes, un 2% tuvo complicaciones que requirieron tratamiento, y en los últimos 45 años existen reportes de 85 muertes relacionadas con la acupuntura.

Ante estos números hay que tener en cuenta que los acupunturistas no reportan las complicaciones que se dan durante el tratamiento, por lo que hay que considerar que los registros son casi con certeza una subestimación de los riesgos de un tratamiento que no tiene ningún beneficio.

Los acupunturistas, además, caen tan bajo que recurren a entrometerse y jugar con la vida y la salud de inocentes animales.

Acupuntura-veterinaria

 

Ni ética médica, ni de ningún tipo

Como si someter a un perro a múltiples agujas fuera poco, la MTC va muchísimo más allá. En gran parte gracias a la creencia estúpida y completamente infundada de que los cuernos de rinoceronte poseen propiedades curativas para el tratado de fiebre y convulsiones (contrario al mito popular de que se cree que es un afrodisiaco), en Sudáfrica se matan cerca de 400 rinocerontes al año corriendo serios peligros de extinción. Se estima que quedan tan solo cerca de 23.000 ejemplares, y solo en el 2012 se llegaron a matar 455 especímenes.

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Consecuencias de la superstición.

Como modo de salvar a los rinocerontes de esta despreciable horda de magufos millonarios (los cuernos llegan a valer hasta 100.000 dólares), un grupo de biotecnólogos se propuso la genial idea de remplazar en el mercado con productos sintéticos los cuernos de esta amenazada especie.   De todas formas, el efecto placebo seguiría siendo el mismo.

La MTC da material como para completar varios tomos enciclopédicos, ya dentro de la misma la variedad de prácticas es aterradoramente amplia. Finalizaremos el análisis aquí aunque debe saberse que amerita otros varios artículos. La conclusión es clara, la MTC no es más que un copilado de pseudoterapias absurdas sin ningún tipo de evidencia a favor pero con pilas de evidencia en contra. Los estudios que la demuelen son tantos que se podrían usar de ladrillos para otra muralla china.

8Abr/1523

El Glifosato contra la OMS

Hace unas semanas la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), una agencia parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tiró una bomba al anunciar que el glifosato entra en la Categoría 2A de su sistema de clasificación. Esto significa que el glifosato sería “probablemente cancerígeno”.

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Este anuncio obviamente fue celebrado y malinterpretado en igual medida por grupos anti-transgénicos, quienes vinculan al herbicida con el uso de Organismos Genéticamente Modificados. Estos grupos hace tiempo que tratan de vincular al glifosato con todo tipo de enfermedades y, a pesar de que el informe de la IARC sólo menciona que hay “evidencia limitada” que lo relaciona con el linfoma no-Hodgkin, fue recibido como la confirmación de todos sus miedos.

Por ahora no tenemos el documento con los detalles de la decisión de la IARC. Lo único que hay publicado es un brevísimo artículo en The Lancet que brinda poca o nada información. En particular, las citas a la literatura primaria brillan por su ausencia.

El artículo, por ejemplo, menciona los resultados de varios estudios en animales pero no cita a ninguno. Esto es altamente problemático porque no permite que uno evalúe si la evidencia presentada es suficiente para sustentar la afirmación. Las pocas citas que sí hay, por desgracia, no son prometedoras. En el texto del artículo se lee:

Un estudio reportó una tendencia positiva de hemangiosarcoma en ratones machos

Sin embargo, la literatura científica que citan es un documento de 2004 emitido en conjunto por la FAO y la OMS que era en sí mismo una revisión de la literatura. Sobre hemangiosarcoma y otras enfermedades, dice que:

Dada la falta de relación dosis-respuesta, la falta de significancia estadística y el hecho de que las incidencias registradas en este estudio están en el rango normal, no se considera que estos cambios hayan sido causados por la administración de glifosato. En conclusión, la administración de glifosato a ratones CD-1 durante 104 semanas no produjeron signos de potencial carginogénico a ninguna dosis.

En otras palabras, la IARC cita un reporte de la OMS que contradice la afirmación que quiere sustentar. Más aún, el reporte también concluye que

El potencial genotóxico del glifosato ha sido extensamente estudiado tanto in vitro como in vivo (...). En vista de la ausencia de potencial carcinogénico en animales y la falta de genotoxicidad en tests estandarizados, esta Reunión concluye que el es poco probable que el glifosato represente un riesgo carcinogénico a los humanos.

Sobre la exposición en humanos, el informe cita un estudio que supuestamente “reportó incrementos en los marcadores de daño cromosómico en residentes en muchas comunidades luego de rociar formulaciones con glifosato”. Sin embargo, el trabajo citado concluye:

Los datos sugieren que el daño genotóxico asociado con rociar glifosato para el control de plantas ilícitas es pequeño y parece ser transitorio.

Muchas de las otras afirmaciones sobre estudios en animales son imposibles de corroborar o analizar ya que no se dan referencias. Según Sí, Quiero Transgénicos y otras fuentes, hay rumores de que la IARC tuvo en consideración favorable el infame estudio de Seralini, que fue retractado por su mala ciencia y luego republicado por razones ideológicas sin cambio alguno. Esto es difícil de chequear sin un reporte completo y bien citado pero sería, en mi opinión, un golpe de gracia al violar la Regla Seralini: “Si citas el estudio de 2012 sobre las ratas alimentadas con maíz Roundup Ready, simplemente pierdes el debate”.

En el informe presente también brillan por su ausencia múltiples estudios que concluyen que el glifosato es seguro. En 2012 una revisión sistemática de la literatura había concluido que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Este año, se publicó una revisión de estudios en animales que concluyó que “no hay evidencia de un efecto carcinogénico relacionado con el glifosato”.

Múltiples agencias reguladoras también contradicen las conclusiones del IARC. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE.UU. clasifica al glifosato en el Grupo E, que significa que no es carcinogénico en humanos. El Instituto Federal de Evaluación de Riesgo (BfR) de Alemania, por su parte, recientemente terminó el borrador de la re-evaluación del glifosato que concluye que “los datos disponibles no muestran propiedades carcinogénicas o mutagénicas del glifosato”.

El BfR emitió un comunicado sobre el anuncio de la OMS en donde afirman que “para la evaluación toxicológica de una sustancia se deben tener en cuenta todos los datos y no sólo una selección más o menos arbitraria de estudios”. Además reitera que el informe del Instituto, basado en más de 30 estudios epidemiológicos y miles de estudios en animales, concluye que no hay una relación significativa entre glifosato y cáncer.

Pero aún si tomáramos el anuncio de la IARC como válido, la realidad está lejos de los titulares tremebundos y los anuncios de validación por parte de grupos anti-transgénicos.

La IARC concluye que existe evidencia limitada en humanos que coloca el uso del glifosato como un factor de riesgo para el Linfoma No-Hodgkins. “Evidencia limitada” no es una caracterización muy impactante ni algo que parezca tan definitivo.

Y es que poner al glifosato en la categoría A2 no dice que realmente sea peligroso. La lista de cosas en la A2 es larga e incluye al mate caliente, las emisiones de frituras a alta temperatura, el trabajo por turnos y ser peluquero. Que sea “probable” sea cancerígeno no dice nada sobre en qué dosis o forma utilización. La evidencia en humanos evaluada por la IARC es de trabajadores del campo, que son quienes tienen mayor contacto y, por lo tanto, mayores riesgos. En palabras de Kate Guyton, de la IARC, “es su uso en agricultura el que tiene el mayor impacto; por el momento, es sólo algo de lo que que las personas deberían estar conscientes”.

En resumen, el informe de la IARC es casi imposible de evaluar y habrá que esperar a la reacción de la comunidad científica. Por el momento, sus conclusiones se contradicen con las de otras agencias reguladoras y no indican que el herbicida sea particularmente peligroso o sea responsable de malformaciones y otras vejaciones.

Finalmente, es interesante recordar la posición de la OMS sobre el uso y consumo de alimentos transgénicos:

No es probable que los alimentos genéticamente modificados actualmente disponibles en el mercado internacional presenten un riesgo para la salud humana. No se observó ningún efecto en la salud humana como resultado del consumo de estos alimentos por la población general en países donde fueron aprobados.

Si la OMS lo dice, debe ser verdad, ¿no?

16Ene/1533

No duermo… el glifosato me come

piojoIlustración:  Matt Suarez Holze

Parece imposible tener una discusión sobre los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) sin que surja el tema del glifosato. A pesar de que el uso o no de plantas transgénicas es independiente del uso o no de pesticidas, la retórica anti-transgénica suele unirlo todo. De esta forma, aún cuando queda establecido que los OGM no son dañinos y que no hay razón para tenerles más miedo que a cualquier otra variedad tradicional, se puede mover el poste y cambiar el eje de la discusión.

En particular, el hombre de la bolsa de los movimientos anti-transgénicos es el glifosato, quizás porque encaja en su narrativa que pone a Monsanto en el centro del eje del mal. Como tantas otras campañas anti-ciencia, el movimiento anti-transgénicos se aferra a un relato claro y conciso, con un villano bien pero bien malo al estilo película de Disney. Demonizar a una persona u organización es muy tentador porque nos hace creer que las cosas son más simples de lo que son en realidad; permite que nos veamos como como héroes de luz dentro de nuestra propia historia.

Pero el globo se pincha apenas uno empieza a indagar un poco. No sólo son falsos muchos mitos alrededor de Monsanto sino que tampoco las creencias populares sobre el glifosato resisten un análisis crítico. Para empezar, la patente del glifosato expiró hace unos 15 años y hace rato que no es monopolio de El Malvado. El malo de la película apenas tiene control sobre el producto.

También hay un problema histórico: el glifosato apareció en el mercado en 1974, mientras que las primeras variedades resistentes se comenzaron a vender recién luego de 1996. El glifosato fue usado durante 20 años antes de la aparición de los transgénicos con resistencia.

Los mata bien muertos

Pero estamos bailando alrededor de la cuestión principal. La objeción más importante sobre el glifosato es que es perjudicial para la salud. Y lejos de ser mentira, es completamente cierto.

El glifosato es un producto tóxico que se usa para matar plantas y no es raro que sea tóxico. Según la clasificación de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA), el glifosato está en la categoría 3 de una escala que va del 1 (más tóxico) al 4 (menos tóxico).

En ratas, la LD50 (la dosis que mata a la mitad de los individuos que la consumen) es de unos 5,6 g/kg, mientras que en cabras, conejos y ratones es mayor a 10 g/kg. En comparación, la cafeína tiene una LD50 de sólo 0,2 g/kg. Hay que tomar 30 veces más glifosato que cafeína para tener la misma probabilidad de morir. El insecticida hogareño tiene una toxicidad similar. Irónicamente, los agricultores orgánicos tienen permitido usar nicotina, cuya LD50 es de 0.001 g/kg, lo que significa que es 10.000 veces más tóxica que el glifosato.

Estudios sobre ingesta de grandes cantidades de glifosato (mayormente intentos de suicidio) muestran que la tasa de mortalidad es algo menor que un 10%. En un estudio observacional, un cuarto de los que ingirieron glifosato no presentaron síntomas y dos sextos sólo tuvieron síntomas leves. Y en otro estudio similar que comparó pesticidas muy diversos, se puede ver que el glifosato está lejos de ser el pesticida más tóxico en la actualidad.

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En resumen, es cierto que el glifosato es tóxico y puede matar, pero esto no es raro ya que esa es su función. Es un herbicida y, como tal, debe ser tratado con los recaudos necesarios. Particular cuidado deben tener los técnicos y aplicadores, quienes mantienen un contacto cotidiano con el producto en estado puro, sin diluir.

Pero, crucialmente, el glifosato está lejos de ser el pesticida más tóxico utilizado actualmente. ¿Por qué hay tanto revuelo en contra del glifosato y poco se dice, por ejemplo, sobre el paraquat que, como se ve en la tabla mata casi a la mitad de las personas que se intoxican?

Crónica de glifosato

Esto es relevante para la ingesta aguda, pero ¿qué hay de la exposición crónica? A pesar del mito popular, la evidencia hasta ahora indica que el glifosato no produce cáncer. Una revisión de la literatura científica de 2012 concluyó que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Por su parte, la EPA clasifica al glifosato dentro del grupo E, que significa que hay evidencia de que no produce cáncer en base a estudios con animales.

Y antes de que alguien salga a decir que la evidencia no es válida porque el estudio fue financiado por la malvada Monsanto, los datos originales provienen, en gran parte, de un estudio enorme denominado Estudio de Salud Agrícola (ESA) realizado por organizaciones estatales como la EPA o el Instituto Nacional del Cáncer. Un estudio publicado específicamente sobre cáncer y glifosato sólo encontró una débil asociación con mieloma múltiple.

Una revisión de las publicaciones usando esa base de datos no encontró ninguna asociación entre la exposición al glifosato y el cáncer aunque sí encontró asociación en 12 de los 32 pesticidas analizados. Todas las publicaciones relacionadas con la misma están listadas en la página del ESA.

De forma similar, otra revisión concluyó que no había un patrón consistente de enfermedades no cancerosas asociadas con el glifosato. Irónicamente, un estudio usando los datos del ESA encontró que tanto el paraquat como el glifosato estaban relacionados con menores síntomas de asma (que los autores hipotetizan que se debe a que quienes sufren de asma reducen su exposición a esos pesticidas).

Eso quiere decir que no hay base científica para vincular el uso de glifosato a supuestos aumentos de cáncer y otras enfermedades en distintos pueblos del país. Si los aumentos son reales, entonces es debido hacer investigaciones serias y rigurosas para identificar la causa (o causas). Culpar inmediatamente al glifosato es anti-científico y potencialmente muy peligroso, ya que puede significar gastar tiempo y recursos en atacar una supuesta causa que al final no es tal.

¿Significa esto que el glifosato es completamente seguro y sin efectos a largo plazo? No, por supuesto que no. Sus efectos deben ser monitoreados constantemente. Tampoco significa que deba ser rociado indiscriminadamente en cualquier contexto y sin tener precauciones para reducir la exposición de la población. En todo esto no es distinto que cualquier pesticida (sintético u orgánico) ni ningún otro producto químico tóxico.

Habiendo tantos pesticidas más tóxicos y con más problemas, ¿por qué el glifosato es el hombre de la bolsa de nuestra sociedad?

4Nov/143

Este post va a hacer que te rasques

piojoIlustración:  Matt Suarez Holze

Muchos de mis compañeros de trabajo creen en la homeopatía y tienen ideas muy elaboradas de cuánto hay que tomar de qué tintura y con cuánta dinamización. El otro día dos de ellos estaban charlando y la mujer (que llamaremos Graciela) dijo algo que me llamó la atención.

Ella comentó que siempre antes de tomar un remedio homeopático pone una cucharadita del remedio en un vaso de agua, “la dinamiza un poco”, agarra una cucharadita de esa dilución y repite el proceso un par de veces antes de tomarlo. Pero luego dijo, asombrada, que la hija de un conocido se pone gotitas del remedio directamente en la boca. Algo que, dice ella, “la haría pelota”. “Es increíble cómo cambia según el cuerpo de cada uno”, terminó.

Lo que es increíble es escuchar una discusión sobre la diferencia entre tomar agua directamente o tomar agua previamente diluía en agua. (Dejemos de lado que según los principios de la homeopatía la dilución extra debería potenciar el preparado haciendo que pegue aún más duro).

Pero más interesante es que yo le creo. Estoy seguro que si ella tomara el remedio homeopático sin diluir le ‘pegaría duro’, por decirlo de alguna forma. Pero no tiene nada que ver con el cuerpo de cada uno o, mejor dicho, sólo tiene que ver con una parte específica del cuerpo: la cabeza.

Así como las personas se pueden emborrachar tomando agua tónica siempre que crean que tiene vodka, no tengo la menor duda de que si Graciela tomara 10 gotitas de agua bajo la lengua creyendo que es un remedio homeopático “puro” sufriría efectos adversos.

Esto es lo que se llama “efecto nocebo”, que vendría a ser el lado oscuro del efecto placebo. Si el efecto placebo es la pluma que le daba confianza a Dumbo para poder volar, el efecto nocebo es el pelotudo que dice que las mujeres son malas en matemática, afectando su rendimiento en esta materia (y sí, tiene espada láser color roja y la cara desfigurada).

NOCEBO

El efecto nocebo está ampliamente documentado aunque, por desgracia, no tan estudiado como su contraparte del lado luminoso de la fuerza.

Por ejemplo, en ensayos clínicos los sujetos muestran más probabilidad de sufrir efectos secundarios de una medicación si el médico hace mucho hincapié en ellos. Los efectos secundarios afectan incluso a los sujetos en el grupo control que sólo reciben una píldora inocua.; hasta un 10% de los individuos en el grupo control deciden dejar el tratamiento a causa de efectos secundarios. En un ensayo un 80% del grupo control reportó sufrir insomnio, a pesar de no estar recibiendo el tratamiento.

Estúpidos sujetos experimentales, ¿no? No; esto nos pasa a todos y es menos esotérico de lo que parece. Me arriesgo a pensar que cualquiera sentiría náuseas y vómito si le dicen que un delicioso jugo de manzana que acaba de tomar era en realidad pis de elefante aún si fuera mentira (salvo a quién le guste el pis de elefante; en ese caso, las náuseas serán si se le dice que la deliciosa orina en realidad era jugo de manzana).

O sino, ¿te diste cuenta que cuando alguien habla sobre piojos, te empieza a picar la cabeza? ¿Y te diste cuenta que ahora mismo te estás rascando la cabeza?

Otro caso en el que el efecto nocebo aplica y tiene un fuerte efecto negativo sobre las personas es en el caso de la Sensitividad Química Múltiple. Las personas que sufren SQM sienten que son alérgicas a una multitud de químicos aún en muy bajas concentraciones. En algunos casos severos, las personas se desmayan con solo estar cerca una lata (hermética) que contenga un químico al que supuestamente son sensibles. Sin embargo, varios estudios encuentran que la exposición a los químicos no produce reacción alguna mientras la persona no sepa de qué químico se trate.

De la misma forma, tampoco los que sufren de Hipersensibiliad electromagnética. Personas que tienen síntomas que afectan negativamente su vida cuando creen estar expuestos a campos electromagnéticos aún muy por debajo de los límites permitidos. Sin embargo, este también es un caso de efecto nocebo ya que los estudios realizados hasta la fecha encuentran que los pacientes sólo presentan síntomas cuando creen que hay un campo electromagnético y no puede detectar la existencia de uno si no lo saben de antemano.

Pero que el origen de estas (y muchas otras) patologías esté entre las ojeras de quienes la padecen no desmerecen su sufrimiento y la necesidad de tratarlos para reducir su efecto negativo en su vida diaria. Después de todo, aunque uno no esté infestado de piojos, eso no quiere decir que quiera ir por la vida con picazón en la cabeza… ¡Dejá de rascarte!


Assefi, S., & Garry, M. (2003). Absolut(R) Memory Distortions: Alcohol Placebos Influence the Misinformation Effect Psychological Science, 14 (1), 77-80 DOI: 10.1111/1467-9280.01422

Schmader, T. (2002). Gender Identification Moderates Stereotype Threat Effects on Women's Math Performance Journal of Experimental Social Psychology, 38 (2), 194-201 DOI: 10.1006/jesp.2001.1500

Winfried Häuser, Ernil Hansen, Paul Enck (2012). Nocebo Phenomena in Medicine Dtsch Arztebl Int : 10.3238/arztebl.2012.0459

DASMUNSHI, J., RUBIN, G., & WESSELY, S. (2006). Multiple chemical sensitivities: A systematic review of provocation studies Journal of Allergy and Clinical Immunology, 118 (6), 1257-1264 DOI: 10.1016/j.jaci.2006.07.046

Röösli, M. (2008). Radiofrequency electromagnetic field exposure and non-specific symptoms of ill health: A systematic review Environmental Research, 107 (2), 277-287 DOI: 10.1016/j.envres.2008.02.003

29Oct/145

En casa de psicólogo, cuchillo de palo

5 Comentarios    

Publicado por:Elio Campitelli.

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La historia de la medicina es la historia del placebo. Durante miles de años los galenos de las distintas culturas no usaban los resultados debidamente analizados de experimentos científicos bien diseñados para sus recomendaciones médicas sino que se basaban en los argumentos de autoridad y las analogías con la naturaleza pero, principalmente, sus observaciones clínicas informales.

Los médicos de antaño no dudaban ni por un minuto que los enemas de humo eran un excelente tratamiento para los casos de ahogamiento; o que lo mejor para <inserte cualquier enfermedad> era una profusa sangría (y no de la que te pone en pedo). Todos estas recomendaciones médicas estaban fundadas en el antiguo arte de la observación clínica. En el diario de Gui Patin, por ejemplo, se puede leer, sobre el caso de un noble de siete años “quien cayó enfermo de una grave pleuresía por haberse sobrecalentado en el juego de pelota” que “lo sangraron trece veces, y sanó en quince días”. Ese era el fundamento de la ciencia médica de estos tiempos.

Pero tanto los desastrosos resultados y el lento avance de la medicina antes de la aplicación del método científico como los resultados de la ciencia psicológica nos demuestran que la observación de casos clínicos sólo puede servir como semillas para nuevas hipótesis, nunca como prueba. Nuestras habilidades para llegar a conclusiones correctas a partir de lo que vemos deja mucho que desear.

Uno pensaría que los psicólogos, tan al tanto de la fiabilidad de nuestras inferencias, deberían entonces ser los primeros en pedir a gritos la revolución experimental en su práctica clínica. Por desgracia, este no es el caso. Si un reciente artículo publicado en Perspectives on Psychological Science es indicativo de lo que sucede, todavía hay muchos psicólogos que se quedaron en la era de Freud y creen que pueden determinar su su tratamiento funciona con sólo ver a los pacientes.

Pero los autores detallan una taxonomía de 26 distintos sesgos y problemas metodológicos divididos en tres categorías que plagan a la observación clínica.

Mejoría ilusoria

Para empezar, somos malísimos observadores. Tenemos un “realismo ingenuo” que nos hace creer que todo es como lo vemos y nos urge a ignorar que nuestra percepción y nuestra selección de lo que percibimos está fuertemente marcada por nuestras nociones previas. Nos sentimos perfectamente justificados en opinar que “las pibas se embarazan para cobrar la Asignación Universal por Hijo” por ver lo que pasa en las villas a pesar de que no hay evidencia que indique eso.

Este tipo de error entra en la primera categoría de sesgos: creer que el paciente mejoró cuando en realidad sigue igual o empeoró. Quizás el paciente salga del diván menos estresado por meterle los cuernos a la esposa, sí, pero luego de la terapia igual se va de trampas con los amigos. En cualquier caso, una supuesta mejora en el ánimo observada por el terapeuta no siempre está relacionada con una mejora en las condiciones objetivas del paciente como bien nos ilustra el siguiente testimonio:


(A partir del minuto 4:25)

Mejorías genuinas que nada tienen que ver con la terapia.

Aún estando en lo correcto sobre lo que creemos ver, en la vida diaria somos malísimos como científicos. Por ejemplo, en vez de considerar múltiples hipótesis que expliquen algo que vemos, rápidamente elegimos cuál es nuestra teoría y el resto del mundo puede irse al tacho. Entonces surgen expresiones como “El problema de Argentina son los corruptos” o “El problema de Argentina es la duplicación de registros” (escuchado por mis propios oídos) en vez de “Quizás el problema del país sean los corruptos, quizás la duplicación de registros o quizás alguna otra alternativa; habría que investigarlo a fondo para llegar a una conclusión”.

La razón por la cual esa persona (que, repito, es real) creía que estaríamos viviendo en un nuevo jardín del Edén si tan sólo dejáramos de duplicar los registros también tiene explicación psicológica. El hombre trabaja como consultor para empresas diseñando y pensando qué registros llevar y cómo hacerlo. Esto se llama “heurística de disponibilidad” y es lo que nos empuja a creer que lo que vemos todos los días es lo más relevante para explicar cualquier situación.

Por otro lado, si las cosas nos tocan de cerca, es aún peor. Queremos creer que controlamos la situación y, pese a toda la evidencia al contrario, preferimos pensar que tenemos un mínimo de injerencia en lo sucede a nuestro al rededor. No hace falta pensarlo mucho para reconocer que elegir el número en la lotería es ridículo ya que (siempre que no haya fraude en el medio) el número que sale es completamente aleatorio. Sin embargo, no sólo sujetos experimentales prefieren elegir ellos mismos el número para apostar, sino que incluso en un grupo repleto de escépticos, más de la la mitad prefirieron eso a dejarlo al azar.

Todo esto es muy relevante para el terapeuta que quiere determinar si su terapia da resultado. Aún cuando la depresión de su paciente se mejore porque al fin consiguió trabajo, el psicólogo va a tender a creer que su tratamiento fue la causa de la mejoría. Es la explicación que tiene más a mano y la que le da más sensación de control. Cualquier otra explicación que no le de la razón será sometida a la más ardua crítica y racionalización.

Mejorías genuinas relacionadas con cualquier terapia.

Finalmente, aún cuando un paciente tenga una mejora genuina y ésta esté relacionada con lo que pasa en la terapia, no significa que sea trivial determinar qué parte de la terapia fue la responsable de la mejoría. El sólo hecho de tener a alguien con quien hablar puede ser terapéutico para una persona, sin importar si el terapeuta aplica las técnicas más rigurosamente probadas o es el más chanta de los lacanianos.

Todo esto importa porque su suma hace que cualquier opinión sobre la efectividad de un tratamiento en base únicamente a la observación clínica sea más sospechoso que billete de tres pesos. La práctica clínica simplemente no cumple las buenas condiciones para hacer este tipo de juicios. Pero eso no es malo, el diván está para aplicar las terapias, no para evaluarlas.

Sin embargo, existen muchos psicólogos que se oponen a esta idea. A pesar de que estos problemas ya se conocían en tiempos de Freud y se usaban para desacreditar sus teorías basadas fundamentalmente en las observaciones de sus pacientes, todavía quedan muchos psicólogos que siguen creyendo estar por encima de todos los sesgos mencionados. Pero esto no es más que otro sesgo más y seguramente producto de un Complejo de Edipo mal resuelto.


Lilienfeld, S., Ritschel, L., Lynn, S., Cautin, R., & Latzman, R. (2014). Why Ineffective Psychotherapies Appear to Work: A Taxonomy of Causes of Spurious Therapeutic Effectiveness Perspectives on Psychological Science, 9 (4), 355-387 DOI: 10.1177/1745691614535216

15Oct/144

El elogio del éter

No es raro leer personas denigrando una teoría científica contemporánea diciendo que es “el éter del siglo XXI”. Muchas veces esta comparación se hace en relación a la materia oscura, esta misteriosa forma de materia que forma un cuarto de la energía del universo y que no sabemos qué es.

Yo creo que no sólo esto es falso en el caso de la materia oscura ya que sus propiedades son muy distintas de las del éter luminífero, sino que, peor aún, asume incorrectamente que la teoría del éter (el hipotético medio por el cual se transmitiría la luz) fue una idea ridícula de la física del siglo XIX que mejor olvidar; algo así como nuestros años de adolescencia con pelo largo y uñas pintadas de negro.

Pero así como no hay que avergonzarse por sus decisiones de estilo durante el secundario, yo sostengo que no hay que renegar el éter. Tanto el éter como las pulseras de tachas cumplieron su función y para se desechados requirieron una importante maduración del conocimiento pero para entender las razones detrás de estas nociones hay que conocer un poco sobre la tumultuosa adolescencia de la física.

La batalla de la luz

Durante varios siglos hubo un gran debate en la comunidad científica entre dos teorías rivales acerca de la naturaleza de la luz.

De un lado de la cancha estaban los que decían que la luz era una partícula. Liderados por el Newton (el famoso inglés), los campeones de la teoría corpuscular consideraban que en cada rayo de luz se escondía una infinidad de pequeñas ‘pelotitas’ que tenían características distintas según eran pelotitas azules, rojas, amarillas, etc… Esta teoría podía explicar una gran cantidad de observaciones, como la reflexión (entendible para cualquiera que haya jugado a los billares), la refracción y la división de la luz blanca en los colores del arcoíris.

Del otro lado estaba Huygens (un neerlandés no tan conocido) quien comandaba a la patota ondulatoria, quienes defendían la idea de que la luz era mejor entendida como una onda. En vez de pensarla como pequeñas bolitas cruzando el espacio, concebían a la luz eran como olas sobre el agua. Esta teoría podía explicar otros fenómenos que eran difíciles de encajar en la teoría corpuscular como la difracción y los fenómenos de interferencia. El problema de esta teoría era que, como analogía a las olas en el mar o el sonido en el aire, estas ondas lumínicas tenían que propagarse en un medio. El éter luminífero era ese hipotetizado medio; ese océano que transporta las olas lumínicas a través del espacio desde las estrellas más distantes hasta nuestros ojos.

Huygens[9]

Créditos: Apuntes de Óptica Astronómica por Enrique Campitelli (mi viejo)

Durante el siglo XVII, los instrumentos de medición no eran lo suficientemente precisos como para medir las predicciones de la teoría ondulatoria. Y esto, sumado a que Newton era más conocido y autoritativo –y, si se me permite, bastante forro con sus adversarios intelectuales– significó que su teoría corpuscular tuvo más éxito, fue más ampliamente adoptada y el éter no fue necesario. Gol para Newton.

Pero en la ciencia ningún partido dura sólo 90 minutos. A principios del 1800 Thomas Young (otro de los gigantes del pensamiento) revitalizó la teoría ondulatoria con su experimento de la doble ranura. Este gol a favor del nerlandés, sin embargo, significó el regreso del éter luminífero. Durante todo el siglo XIX la teoría ondulatoria se fue refinando más y más hasta que su formalización matemática en las ecuaciones de Maxwell en los ‘60 (del 1800) significaron un golazo de media cancha para el equipo ondulatorio.

Como consecuencia de esta brutal paliza propiciada por la teoría ondulatoria, el éter luminífero fue aceptado como un hecho. Ante la aceptación general de que la luz era una onda, no había otra conclusión posible que postular que esa onda debía propagarse a través de algo. Ese algo tenía que estar en todo el universo ya que de otra forma no podríamos ver estrellas a años luz de distancia. Lejos de ser un invento ridículo o un capricho de físicos ociosos, el éter era un elemento necesario de una teoría respetada e increíblemente exitosa.

Aún así, para esta época, estaba claro que el éter estaba en problemas. Sus propiedades resultaban cada vez más implausibles: tenía que ser extremadamente rígido para trasmitir la onda lumínica, pero a la vez debía fluir libremente en el espacio; además tenía que ser perfectamente transparente, y carecer de viscosidad para no influir en la órbita de los planetas. No sólo eso, sino que el las propias ecuaciones de Maxwell, gran éxito de la teoría ondulatoria, eran en cierta forma contrarias a la existencia del éter por demostrar que la velocidad de la luz era constante; algo que no sucede con otro tipo de ondas, como el sonido o las olas del mar cuya velocidad cambia si nos movemos con respecto al medio.

En este punto parecería que la caricatura del éter como una etapa olvidable de la adolescencia de la física es correcta, pero yo no creo que así sea. Simplemente la ciencia estaba siguiendo su curso, encontrando más y más agujeros en una teoría que en principio parecía necesaria; una crisis al estilo de Kuhn. Es muy fácil juzgar a los defensores del éter sabiendo cómo terminó la historia, pero yo desafío a cualquiera a nacer en el siglo XIX e inventar la noción de que una onda se puede desplazar en el vacío. La idea de que toda onda necesita un medio es razonable y no podemos culpar a los grandes científicos del pasado por no darse cuenta de que la luz era una excepción.

Y para demostrar que sabían lo que hacían, los físicos ya estaba remangados e inmersos en la difícil tarea de medir los efectos del éter. Uno pensaría que medir algo que está en todas partes tendría que ser una papa, pero uno tras otro los distintos e ingeniosos intentos para detectar esta escurridiza substancia fallaron miserablemente.

eterqepdEn 1887, Michelson y Morley famosamente fallan en detectar al éter y, aunque el debate continuó por varios años, en general se considera que este experimento fue el que puso el anteúltimo clavo en el ataúd del famoso éter luminífero. El clavo final, el entierro y el velatorio fueron responsabilidad respectivamente de las transformaciones de Lorenz, que ofrecieron una explicación a los resultados negativos de Michelson que mantenía la existencia del éter, la relatividad especial, que generó la misma explicación que Lorenz sin necesidad del éter, y, finalmente, la Navaja de Occam, que dijo que si no hacía falta postular un ente para explicar lo que observamos, entonces no tenemos por qué creer en su existencia.

Pero si bien este es el final del camino para el éter luminífero, la épica batalla entre ondas y partículas no termina acá. A pesar de que el éter estuviera en problemas y eventualmente sufriera una muerte agonizante, la teoría ondulatoria de la luz siguió en vigencia durante todo el siglo XIX.

También en 1887 se descubre el efecto fotoeléctrico, sólo explicable desde la teoría corpuscular, y la pelota se acercó peligrosamente al arco de Huygens. Luego, ni bien comenzado el siglo XX, luego de que sus profesores le dijeran que en la física “lo esencial ya está todo descubierto”, Max Planck rompe todo y redescubrió la esencia de la física al fundar la física cuántica. Entre otras cosas, esto significó que la luz se dividía en “cuantos” de energía sospechosamente similares a los corpúsculos de Newton. Esa rápida sucesión de tanto para la teoría corpuscular dejó la cancha en un estado de honesta confusión.

Para los años 20, la teoría corpuscular parecía haber agarrado un segundo aire. Aparecían más y más fenómenos que la teoría ondulatoria no podía explicar. Al efecto fotoeléctrico se le sumaba la radiación de cuerpo negro, el efecto Compton, la producción de luz por colisión de partículas, la absorción y emisión de luz de los átomos y una larga lista que, con buena razón, ponían nervioso al espíritu de Huygens.

Sin embargo, en 1924 aparece en la cancha un jugador que pateaba para los dos lados. Luis de Broglie decide irse por la suya y postular que la luz es una onda y la luz es una partícula; es una “ondícula”. Todos esos siglos de confusión se debieron a que el universo es más complejo de lo que pensamos.

La luz, entonces, se comporta como partícula bajo ciertas condiciones y como ondas en otras. Eventualmente la física cuántica determinó que esta dualidad onda-partícula vale también para toda la materia y energía del universo. Marche premio Nobel para de Broglie y declárese empate. Archívese.

Más respeto que soy tu éter.

Quien se ría del éter por sus propiedades aparentemente mágicas y antiintuitivas, ¿qué tiene para decir de la física actual que permite meter un coche en un garage más chico que el mismo? ¿O que hace que el tiempo pase más lento si nos movemos rápido? ¿Realmente es más loco pensar en un éter luminífero que permea todo el cosmos que pensar que un electrón puede interactuar con sigo mismo y estar en dos lugares al mismo tiempo?

Es más, el campo de Higgs no es tan distinto a un éter con la única diferencia que el primero fue confirmado con el descubrimiento del Bosón de Higgs en 2012.

El éter, en mi humilde opinión, no fue un capítulo olvidable de la historia de la ciencia ni mucho menos un fracaso de la física. Fue un elemento que cumplió su función mientras las observaciones eran compatibles con su existencia y que para ser desechado necesitó nada menos que una reformulación total de nuestra idea del espacio y el tiempo protagonizada por la teoría de la relatividad.

22May/141

Sarampión contra la leucemia

A veces el teléfono descompuesto de la internet y los medios es sorprendente. Es capaz de convertir en noticia cualquier cosa y de distorsionar todo hasta que no se puede reconocer el hecho original como bien ilustra este comic de SMBC.

El día de hoy, se trata de una muy buenísima noticia que los medios reportaron horriblemente. La Clínica Mayo (una organización de práctica e investigación médica con sede en Rochester, Minnesota, EE.UU.) realizó un pequeño estudio preliminar en el que se usó un virus modificado para atacar el mieloma (un tipo de cáncer de la médula ósea) de cuatro personas, una de las cuales mostró una remisión total.

Sin embargo, hace unas horas una persona comentaba que en su círculo de amigos estaban hablando de una “vacuna contra la leucemia”.

sarampion-leucemia

El estudio es interesante y es una demostración de una metodología prometedora contra el cáncer llamada viroterapia, que consiste en utilizar virus oncolíticos que atacan preferencialmente las células cancerosas y destruyen el tumor. Se trata de un éxito de la ingeniería genética ya que se requieren un enorme conocimiento de la enfermedad a nivel molecular y de técnicas para modificar los virus.

Lo que se utilizó en este caso es una versión modificada del virus del sarampión a la que le gusta atacar células que expresan ciertas proteínas en su membrana. La gracia es que las células cancerosas del mieloma, por casualidad, expresan mucho de esta proteína, haciéndolas particularmente susceptibles al ataque de esta versión del sarampión.

Al recibir una inyección con altas dosis de este virus, éste se expande atacando particularmente a las células cancerosas y haciendo su trabajo de virus: reproducirse. Al morir, cada célula cancerosa dispersa una gran cantidad de nuevos virus que hacen lo suyo en las proximidades del tumor, destruyendo aún más células.

Me imagino que la idea “vacuna contra la leucemia” viene de que algunos medios reportaban erróneamente que el tratamiento consistía en altas dosis de la vacuna contra el sarampión, y el teléfono descompuesto hizo el resto. Para ponerlo en claro: no, lamentablemente la vacuna contra el sarampión no te va a curar el cáncer.

Hay que ser cautos

Siempre que la prensa nos muestra un poco de la investigación clínica hay que tener cuidado ya que se tiende a sensacionalizar cada nuevo estudio sin tener en cuenta el contexto. La frustrante realidad es que muchísimos tratamientos que en un principio parecen prometedores no cumplen con las expectativas. Existen muchos virus oncolíticos que al final no dieron resultados y este podría llegar a ser uno. Este es sólo un ¡emocionante! estudio preliminar.

Una de las desventajas de este tipo de terapias es que su efectividad se anula si el sujeto ya tiene inmunidad contra el virus en cuestión. En el caso del sarampión, se necesita que el paciente nunca lo haya tenido, no se haya vacunado o que la propia enfermedad haya destruido su sistema inmune. Cada tipo de cáncer sólo sería afectado por un virus determinado (en este caso se eligió el sarampión porque le gusta atacar la médula ósea) y se tendría que desarrollar un tratamiento para cada uno.

Como con todas las “curas para el cáncer”, no hay milagro. Sólo es el incansable trabajo de científicos y médicos que paso a pasito logran mejores y mejores tratamientos.

8Abr/144

La salud de las dietas vegetarianas

Existe un artículo que está circulando desde principio de año y la cadena RT Noticias se ha encargado de masificar. Como para variar, RT Noticias ha dado un título sensacionalista a su artículo afirmando que "Los vegetarianos son menos sanos y viven peor que los consumidores de carne". En él, se hace referencia a una investigación llamada "Nutrición y Salud - La Asociación entre la conducta alimentaria y varios parámetros de salud: Un Estudio de Muestra" (acceso gratuito), publicada en enero del 2014 en la revista PLoS One. Se trata de una encuesta realizada en Austria con el objetivo de evaluar el estatus de salud de la población que seguía diferentes dietas. noticiaveggie En la introducción del paper se hace un análisis del consenso científico actual sobre los beneficios de la dieta vegetariana en la salud y después una revisión de algunos estudios que han demostrado lo contrario. En el apartado materiales y métodos se detalla el criterio de inclusión: un grupo vegetariano, un grupo "carnívoro" que consume muchas frutas y verduras, un grupo "carnívoro" que consume menos carne y otro grupo "carnívoro" que consume mucha carne. Podríamos resaltar que el término "carnívoro" está mal utilizado, ya que los seres humanos somos omnívoros oportunistas. Finalmente, en la discusión de los resultados se lee que la investigación encontró que los vegetarianos tienen mayor prevalencia de enfermedades crónicas y trastornos mentales.

Sin embargo, en la conclusión los autores remarcan en letra negrita que los resultados arrojados son limitados debido a que es un estudio de tipo transversal. Esto quiere decir que el método utilizado no es el más adecuado para evaluar el impacto de una dieta en la salud de una persona, ya que esta modalidad sólo analiza a la salud en un determinado momento y no a lo largo del tiempo (estudio longitudinal). Esto hay que compararlo con la preponderancia de la evidencia surgida de otros estudios que muestran que las dietas vegetarianas son tanto o más saludables que las dietas que incluyen moderada cantidad de carne como se atestigua en la introducción de este mismo artículo y por la posición de la Asociación Estadounidense de Dietética:

Es la postura de la Asociación Estadounidense de Dietética que las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas, y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y en el tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la niñez y la adolescencia, así como para deportistas.

Revisando un poco más a fondo el paper, nos podemos encontrar con una falla metodológica: incluye dentro del grupo vegetariano a los comedores de pescado. Según la definición de la Sociedad Vegetariana, una persona vegetariana es “alguien que sigue una dieta de cereales, legumbres, frutos secos, semillas, verduras y frutas con o sin el uso de productos lácteos y huevo”. Pero los investigadores hicieron lo siguiente:

En total, se preguntó a 15.474 individuos, de 15 años o más, en entrevistas asistidas por computadoras (CAPI; 54,7% mujeres; tasa de respuesta: 63,1%) Mientras que 0,2% de los entrevistados eran vegetarianos puros (57,7% mujeres), 0,8% reportaron ser vegetarianos que consumen leche y huevos (77,3% mujeres), y 1,2% vegetarianos que consumen pescado y/o huevos y leche (76,7% mujeres).

Lo anterior se traduce a que, de un total de 15.474 individuos encuestados, sólo el 1% vegetarianos por definición (0,2% vegetarianos estrictos + 0,8% ovolacteovegetarianos), mientras que el 1,2% consumían pescado y no correspondían a la clasificación de vegetarianismo. Estos 3 subgrupos fueron incluidos en el grupo vegetariano, dando un total de 343 individuos que luego se redujo a 330 para hacer el análisis estadístico. Entonces de los 330 individuos que se tomaron, 150 eran vegetarianos de verdad y 180 consumían pescado. Es decir, más de la mitad de los "vegetarianos" del estudio consumían pescado.

La verdadera enfermedad

El verdadero problema que presenta el reporte de este estudio es el del serio Síndrome de Estudio Único. No caben duda de que la población encuestada presentaba esas condiciones, no se discute eso. Pero se trata de un estudio transversal y para evaluar el impacto de una dieta sobre la salud es necesario hacer estudios longitudinales. Además, para establecer conclusiones que vayan en contra del consenso científico actual se requieren de evidencias, y muchas. Algo que claramente no aporta esta investigación debido a su mal diseño experimental. Otro ejemplo de desinformación realizada por los medio de comunicación de un estudio limitado.

5Abr/140

Un meteorito casi choca a un paracaidista ¿o es fake?

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Publicado por:Ezequiel Del Bianco.

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meteoro paracaidista

Ayer se publicó el video de unos paracaidistas volando con sus trajes de wingsuit, y frente a la cámara cae una roca que especulan es un meteorito. El video lleva tres millones y medio de visitas y fue replicado en medios de todo el mundo. Pero ¿podría realmente ser un meteorito? O técnicamente un meteoroide, como se llaman las rocas espaciales que todavía no tocaron Tierra.

Estuvimos debatiendo al respecto en la página del Círculo Escéptico Argentino, y hoy el astrofísico y documentarista Phil Plait escribió un artículo sacando algunas conclusiones:

Asumiendo que el video es falso:

-No parece haber sido agregado con software, por las características del objeto en sí y su trayectoria. Y por aparecer en dos cámaras distintas, desde distintos puntos de vista, y con trayectorias que coinciden. Aunque no se puede descartar.

-Sería difícil que lo hayan arrojado desde el avión, porque pasaron varios segundos desde el salto hasta la caída, y el avión ya estaría lejos. En caso de volver, debería haber tenido mucha puntería. Y habría sido muy peligroso.

-También es peligroso que lo haya arrojado otro paracaidista fuera de cámara. Y el video fue grabado hace dos años, es improbable que alguien haga una broma de esta magnitud y se la guarde tanto tiempo.

-Algunos mencionaron que podría haber estado dentro del paracaídas y se soltó al abrirse. Pero parece como mínimo extraño que hayan pasado por alto una roca de entre 2 y 20Kg en el momento de plegarlo y meterlo en la mochila. Y además, se lo ve cayendo a una velocidad (aunque minúscula para un objeto astronómico) notoriamente superior al del paracaidista.

 

Paracaidista casi golpeado por un meteorito en Youtube

 En caso de que sea real:

-Las rocas espaciales tienen velocidades de entre 11 y 72 Kilómetros por segundo (sí, por segundo), y por esa razón se sobrecalientan y muchos explotan o se desintegran en las altas capas de la atmósfera (a 30Km de altura).

Pasada esa etapa, los fragmentos restantes adquieren una velocidad terminal que podría ser de 300Km/h, como se especula fue en el video.

-Según un análisis de la Red de Meteoritos de Noruega, podría ser un trozo de meteorito rocoso que explotó minutos antes, de hecho es reconocible una cara redondeada y una plana producto de la fractura, pero ¿por qué no hay reportes ni rastros del evento?

El astrofísico noruego Pål Brekke estuvo trabajando en el análisis del video casi desde el principio, y cree que es real. La razón por la que lo mantuvieron oculto es porque primero querían encontrarlo, según comenta en su Twitter. "Fue muy difícil mantenerlo en secreto durante dos años, pero finalmente lo hicimos público porque necesitamos ayuda en la búsqueda", le dijo Anders Helstrup -el paracaidista- a Universe Today.

Plait recuerda que según las leyes de Noruega, uno puede reclamar la propiedad de un meteorito que encuentre en el suelo, y se venden a precios interesantes en Ebay. Pero este no es uno cualquiera, es el primero de la historia capturado en cámara durante su dark flight, el vuelo oscuro luego de haber desacelerado y no ser más incandescente. Y fue captado por dos cámaras desde el aire, y casi mata a un paracaidista en vuelo. La historia que tiene detrás podría elevar su precio hasta las estrellas. Los noruegos tienen por delante una búsqueda del tesoro.

"¿Podría el video ser un fake? Seguro, hoy en día se puede falsificar cualquier cosa. Pero me parece improbable, y todas las pruebas parecen consistentes. Después de verlo varias veces y pensarlo bien, mi conclusión es que es mucho más probable que sea cierto a que no lo sea", afirma el escéptico Phil Plait.

La historia podría confirmarse si se encuentra la roca espacial, pero sino, y si nadie admite que fue una falsificación bien orquestada, va a permanecer siendo un interesante y curioso misterio.

24Feb/147

Los libertarios y la desinformación climática: casos de ejemplo

Climate Change Reconsidered II, reporte del NIPCC para el año 2013.

En el primer artículo de esta serie presentamos el tema de cómo los think tanks conservadores/libertarios de Estados Unidos actúan como financiadores y propaladores de desinformación y mala ciencia sobre el calentamiento global. Vamos a examinar dos casos particulares: el de Patrick Michaels, del Cato Institute, y el del NIPCC, financiado por el Heartland Institute.

Patrick Michaels es director del Centro para Estudio de la Ciencia del Cato Institute, una de las organizaciones “promotoras del libre mercado” más conocidas a nivel mundial. Michaels es el encargado de vender al público, y sobre todo a los políticos, la idea de que el cambio climático es 1) natural, no antropogénico, y 2) no tan grave como para justificar que el malvado gobierno limite la cantidad de gases de invernadero que las industrias emiten a la atmósfera.

Michaels no niega los estudios científicos realizados, pero los relativiza, cuando no los distorsiona. Tiene una tendencia a borrar datos incómodos que viene desde tiempo atrás. Baste con un ejemplo notorio. En 1988 un climatólogo, James Hansen, presentó un estudio con tres escenarios de emisión de gases de invernadero: uno con crecimiento exponencial (A), otro con crecimiento lineal reducido (B), y otro que suponía un decrecimiento rápido (C). Cuando, diez años después, Michaels debió testificar ante el Congreso durante el debate por el Protocolo de Kyoto, presentó el estudio de Hansen borrando los escenarios más moderados (B y C), mostrando a Hansen como un alarmista que había estimado un incremento de la temperatura cuatro veces superior al que se había producido realmente cuando en realidad sus proyecciones fueron sorprendentemente certeras si se compara con el escenario de emisiones correcto. Estados Unidos finalmente se negó a ratificar el Protocolo de Kyoto gracias, en parte, al lobby de Michaels y otros como él.

En 2012 Michaels, a través del Cato Institute, publicó una refutación de un reporte de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) sobre el impacto del cambio climático en el que ignora hallazgos bien documentados sobre la evolución del clima en el siglo XX, argumenta falazmente que si el cambio climático no es antropogénico no hay razón para contrarrestarlo y, entre otras cosas, niega que los problemas de salud pública causados por las olas de calor sean tales porque podemos adaptarnos a ellas.

Las medidas de control del cambio climático afectarían especialmente a las empresas que contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Michaels reconoce que un 40% del dinero que recibe proviene de petroleras, cuyos ingresos dependen de que las empresas sigan consumiendo combustibles fósiles y emitiendo GEI. El conflicto de intereses es clarísimo.

Nuestro siguiente ejemplo es el NIPCC (Nongovernmental International Panel on Climate Change). El NIPCC es la contrapartida “no gubernamental” del IPCC, organización que aúna a miles de climatólogos y otros expertos y que representa el consenso científico sobre la realidad del cambio climático. El NIPCC reúne a “científicos y académicos” que no están afiliados a ningún gobierno y por lo tanto son objetivos e independientes de cualquier presión. Excepto que el NIPCC es financiado por el Heartland Institute, otra organización “independiente”, que produce materiales para consumo de lobbistas y legisladores, además de financiar conferencias negacionistas.

El Heartland Institute, que describe su misión como la de “descubrir, desarrollar y promover soluciones de libre mercado a problemas sociales y económicos”, es a su vez financiado por cuantiosas donaciones de la petrolera ExxonMobil (la mayor de las empresas que contribuyen a la causa negacionista, por lejos) y de fundaciones privadas sin fines de lucro, como la Seid Foundation, la Bradley Foundation y la Walton Family Foundation, todas ellas fundadas por individuos con tendencias libertarias y antiestatistas, y contribuyentes habituales de causas que van desde la eliminación de controles a las emisiones contaminantes de las fábricas hasta la abolición de las escuelas públicas.

Con los aportes de estos donantes, el HI le pagó 11.600 dólares al mes al presidente del NIPCC, Craig Idso, en 2012, y aportó 388.000 dólares al NIPCC para la producción de varias ediciones de sus “hallazgos” contra el calentamiento global. Los otros co-autores del reporte 2011 del NIPCC (Fred Singer y Robert Carter) fueron bien recompensados también.

De hecho, casi todos los nombres importantes del NIPCC perciben dinero del Heartland Institute o de otras organizaciones similares, que se ocupan de canalizar hacia legisladores y formadores de opinión las donaciones de empresas petroleras o mineras de carbón como Peabody Energy, o de grupos como la American Petroleum Association.

El lector dirá que ser financiado por una empresa contaminante o por una fundación de derecha no es relevante y que nos hemos movido fuera del terreno científico, y es cierto. Pero eso no quita relevancia al hecho innegable de que las publicaciones negacionistas sólo alcanzan a un público influyente porque son financiadas por estos actores. De lo contrario deberían buscar lugar en publicaciones respetables, donde no pasarían los filtros. El material producido por el NIPCC no es de gran calidad; es sesgado, selectivo y repite datos erróneos largamente refutados. Considera sólo trabajos de sus propios investigadores (a diferencia de las revisiones, mucho más amplias, del IPCC) y en ocasiones se contradice a sí mismo: una de sus tesis, por ejemplo, es que el Período Cálido Medieval fue más cálido que hoy debido a las emisiones naturales de gases de invernadero, mientras que otra, a la vez, mantiene que las emisiones de hoy no causan calentamiento porque el clima no es tan sensible a dichas emisiones.

El propósito de estos artículos no ha sido más que introducir al lector en la complicada maraña de los redes de desinformación y propaganda anti-calentamiento mantenidas por el dinero de la derecha estadounidense, en la forma que hoy se conoce como “libertaria”. Hemos dado un panorama de la evidencia existente sobre el calentamiento global y sobre su negación. Es imposible resumir una o la otra en pocas páginas; ambas están documentadas ampliamente, aunque no en castellano, y los temas tratados son de gran complejidad. Lo presentado aquí es apenas una muestra. Los animamos a leer nuestras fuentes para saber más.

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