30Abr/157

La 440 Hz: La frecuencia Goebbels

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Publicado por:Gustavo Garay y Elio Campitelli.

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Existe una teoría conspirativa bastante perpetuada en internet, la cual afirma que el ministro de propaganda nazi Joseph Goebels impulsó la estandarización universal de la afinación musical en La=440 Hz. La afirmación es que, previo a este supuesto hecho, la afinación era La=432 Hz la cual:

Vibra en los principios de la media de oro PHI y unifica las propiedades de la luz, tiempo, espacio, materia, gravedad y el magnetismo con la biología, el código del ADN y la conciencia. La afinación natural a 432 Hz tiene efectos profundos en la consciencia y también en el nivel celular de nuestro cuerpo.

Por lo tanto, el malvado ministro de propaganda nazi nos ha prohibido disfrutar de los beneficios inconmensurables de escuchar música afinada con patrón La=432 Hz.

goebbelsIlustración:  Matt Suarez Holze

¿Qué es el La=440Hz?

El oído humano es capaz de percibir frecuencias sonoras que vibran entre 20 y 20.000 veces por segundo (el Herz o Hz) . Este espectro audible lo dividimos en 10 secciones llamadas octavas. La octava es el intervalo entre dos sonidos de tal manera que uno tiene el doble de frecuencia que el otro y que corresponde a las doce notas de una escala musical cromática.

Esta definición de las octavas es relativa, por lo que para que distintos instrumentos sean compatibles, tienen que afinarse teniendo en cuenta una nota de referencia. Históricamente se ha utilizado la nota musical “LA” de la tercera octava. Y afinar a “La=440 Hz” significa que esa nota vibra 440 ciclos por segundo, produciendo un sonido determinado y consistente entre instrumentos.

Si bien el La=440 Hz es la afinación más usada actualmente, esto no es más que una convención. No sólo no tiene por qué ser así ahora, sino que a lo largo de la historia, la frecuencia de referencia fue increíblemente variada.

Antes del siglo XX, la afinación era increíblemente errática. Se cree que los primeros órganos en la Alemania medieval tenían afinaciones que podían llegar al La=567 Hz mientras que a principios del 1500, en ese mismo país estos instrumentos estaban afinados a un La=377 Hz. No había ningún estándar y tanto compositores como músicos tenían que adaptarse a las afinaciones de cada lugar.

Durante el siglo XVIII la afinación solía ser bastante grave para estándares actuales.  Se conserva un  diapasón de horquilla (que no se desafina con el paso del tiempo) inglés de 1720 que afinaba el LA en 380 Hz. Mientras que Bach, el padre de la música, tenía sus órganos afinados en 480 Hz, una diferencia de 4 semitonos en la misma época. Se ha encontrado también un diapasón de Händel del año 1740 afinado en 422,5 Hz, mientras que uno de 1780 estaba afinado en 409 Hz. Mozart, por su parte, favorecía la afinación en 422 Hz.

Pero esta costumbre cambió bastante y el siglo XIX experimentó una clara tendencia alcista en la afinación. Esto se debía a nuevas técnicas de fabricación de instrumentos y, principalmente, a salones de conciertos cada vez más grandes que podían sostener sonidos más agudos y brillantes. Las orquestas competían entre ellas para lograr el sonido más brillante y esta carrera armamentista se evidencia en los diapasones que se conservan de la época. Uno de 1815 del Semperoper da un La=423,2 Hz, mientras que uno de once años después producía 435 Hz. Se conserva un diapasón en el teatro La Scala de Milán que produce un La de 451 Hz.

Esta tendencia a notas cada vez más agudas era producto de críticas principalmente por parte de los cantantes que se debían esforzar y podrían dañar su voz. Entonces el gobierno francés dictó una ley el 16 de febrero de 1859 en el que establecía el La=435 Hz.

El camino al 440

Aparentemente el estándar de La=440 Hz parece haber surgido de un malentendido. En 1896, La Sociedad Filarmónica de Londres decidió adoptar el estándar francés pero erróneamente interpretó que el La=435 Hz se refería a la frecuencia del instrumento a una temperatura de 15°C que, a la temperatura normal de 20°C se transforma en La=439 Hz por la diferencia en la densidad del aire.

Pero el estándar que conocemos actualmente no se logró hasta los ‘40. Gracias a la radio, el público era expuesto simultáneamente a muy diversas grabaciones y la industria de la radiodifusión entonces hizo esfuerzos para conseguir una verdadera estandarización. Éstos fueron exitosos en 1939 cuando en una conferencia internacional en Londres, se estableció el La=440 Hz como el estándar internacional y la BBC comenzó a transmitir en esa afinación. Un número que probablemente sea un punto medio entre la tendencia alcista del momento y los usos de siglos pasados, pero sospechosamente cerca del dudoso 440 de la Sociedad Filarmónica.

Aún hoy en día no se tiene la garantía de escuchar un espectáculo musical y que se encuentre afinado en 440 Hz.  Muchas orquestas eligen tocar la obra con la afinación con la que la tocaba el compositor (en los casos en los que esta información se tiene) mientras que otras afinan tomando como patrón el “La” del oboísta principal solista, o de acuerdo al órgano que se encuentra en el lugar. Ya que, mientras que todos los músicos utilicen el mismo patrón, no interesa cual sea el elegido, la música sonara afinada y hermosa, debido a que ésto tiene más que ver con intervalos de sonidos, que con patrones iniciales de afinación. Por lo tanto, resulta más práctico afinar la orquesta tomando como referencia el instrumento más difícil de afinar.

Conclusión

La afinación a lo largo de la historia nunca fue 432, más bien fue casi cualquier número entre 400 y 480. Los patrones de afinación dependían de muchos factores: las voces de los cantantes, las cuerdas volátiles de los primeros violines, la difícil afinación de los órganos (que requieren que se les corte los tubos), etc.

Actualmente los pianos o los oboístas solistas son los que dictan la afinación. Por lo tanto vemos que el esfuerzo de estandarizar una afinación universal no tuvo nada que ver con Goebels, quien debería haber viajado al pasado y haber colocado con malicia todos los diapasones en 432 Hz, para luego hacer su maldad de estandarizar a 440Hz y así arruinar nuestras mentes hasta el día de hoy a través de los sonidos impuros. Sino que fue un gran avance para la música, sobre todo para la construcción de instrumentos.

Este “La a 440hz” pudo haber sido cualquier otro número, no hay nada especial en él . De hecho, muchas orquestas, sobre todo europeas, siguen afinando en otros patrones sin ningún tipo de inconveniente. Es solo un estándar, no es una obligación ni una ley, por lo tanto, si te gusta el La=432 Hz o cualquier otro número, no hay ningún problema, sólo se debe tener la decencia de avisarle al resto de los músicos que tocarán con uno.

También se hace la afirmación de que la música tocada a 430Hz es más placentera para el humano ya que “vibra como la naturaleza”. Esta afirmación es relativamente fácil de poner a prueba con doble ciego. Ya se hizo, y resulta que una afinación más aguda resulta menos agradable mientras que no hay cambio alguno para afinaciones más graves.

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Por último, podemos ver que muchas veces se adjunta a esta conspiración una imagen de la “geometría” que produce la vibración de 432 Hz que es hermosa y magnánima, comparada a la horrible y despreciable de 440 Hz. Bueno, en tal caso, los invito a ver como el La=440 Hz también produce hermosas formas geométricas en este genial video.

8Abr/1523

El Glifosato contra la OMS

Hace unas semanas la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), una agencia parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tiró una bomba al anunciar que el glifosato entra en la Categoría 2A de su sistema de clasificación. Esto significa que el glifosato sería “probablemente cancerígeno”.

Glyphosate-2D-skeletal

Este anuncio obviamente fue celebrado y malinterpretado en igual medida por grupos anti-transgénicos, quienes vinculan al herbicida con el uso de Organismos Genéticamente Modificados. Estos grupos hace tiempo que tratan de vincular al glifosato con todo tipo de enfermedades y, a pesar de que el informe de la IARC sólo menciona que hay “evidencia limitada” que lo relaciona con el linfoma no-Hodgkin, fue recibido como la confirmación de todos sus miedos.

Por ahora no tenemos el documento con los detalles de la decisión de la IARC. Lo único que hay publicado es un brevísimo artículo en The Lancet que brinda poca o nada información. En particular, las citas a la literatura primaria brillan por su ausencia.

El artículo, por ejemplo, menciona los resultados de varios estudios en animales pero no cita a ninguno. Esto es altamente problemático porque no permite que uno evalúe si la evidencia presentada es suficiente para sustentar la afirmación. Las pocas citas que sí hay, por desgracia, no son prometedoras. En el texto del artículo se lee:

Un estudio reportó una tendencia positiva de hemangiosarcoma en ratones machos

Sin embargo, la literatura científica que citan es un documento de 2004 emitido en conjunto por la FAO y la OMS que era en sí mismo una revisión de la literatura. Sobre hemangiosarcoma y otras enfermedades, dice que:

Dada la falta de relación dosis-respuesta, la falta de significancia estadística y el hecho de que las incidencias registradas en este estudio están en el rango normal, no se considera que estos cambios hayan sido causados por la administración de glifosato. En conclusión, la administración de glifosato a ratones CD-1 durante 104 semanas no produjeron signos de potencial carginogénico a ninguna dosis.

En otras palabras, la IARC cita un reporte de la OMS que contradice la afirmación que quiere sustentar. Más aún, el reporte también concluye que

El potencial genotóxico del glifosato ha sido extensamente estudiado tanto in vitro como in vivo (...). En vista de la ausencia de potencial carcinogénico en animales y la falta de genotoxicidad en tests estandarizados, esta Reunión concluye que el es poco probable que el glifosato represente un riesgo carcinogénico a los humanos.

Sobre la exposición en humanos, el informe cita un estudio que supuestamente “reportó incrementos en los marcadores de daño cromosómico en residentes en muchas comunidades luego de rociar formulaciones con glifosato”. Sin embargo, el trabajo citado concluye:

Los datos sugieren que el daño genotóxico asociado con rociar glifosato para el control de plantas ilícitas es pequeño y parece ser transitorio.

Muchas de las otras afirmaciones sobre estudios en animales son imposibles de corroborar o analizar ya que no se dan referencias. Según Sí, Quiero Transgénicos y otras fuentes, hay rumores de que la IARC tuvo en consideración favorable el infame estudio de Seralini, que fue retractado por su mala ciencia y luego republicado por razones ideológicas sin cambio alguno. Esto es difícil de chequear sin un reporte completo y bien citado pero sería, en mi opinión, un golpe de gracia al violar la Regla Seralini: “Si citas el estudio de 2012 sobre las ratas alimentadas con maíz Roundup Ready, simplemente pierdes el debate”.

En el informe presente también brillan por su ausencia múltiples estudios que concluyen que el glifosato es seguro. En 2012 una revisión sistemática de la literatura había concluido que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Este año, se publicó una revisión de estudios en animales que concluyó que “no hay evidencia de un efecto carcinogénico relacionado con el glifosato”.

Múltiples agencias reguladoras también contradicen las conclusiones del IARC. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de EE.UU. clasifica al glifosato en el Grupo E, que significa que no es carcinogénico en humanos. El Instituto Federal de Evaluación de Riesgo (BfR) de Alemania, por su parte, recientemente terminó el borrador de la re-evaluación del glifosato que concluye que “los datos disponibles no muestran propiedades carcinogénicas o mutagénicas del glifosato”.

El BfR emitió un comunicado sobre el anuncio de la OMS en donde afirman que “para la evaluación toxicológica de una sustancia se deben tener en cuenta todos los datos y no sólo una selección más o menos arbitraria de estudios”. Además reitera que el informe del Instituto, basado en más de 30 estudios epidemiológicos y miles de estudios en animales, concluye que no hay una relación significativa entre glifosato y cáncer.

Pero aún si tomáramos el anuncio de la IARC como válido, la realidad está lejos de los titulares tremebundos y los anuncios de validación por parte de grupos anti-transgénicos.

La IARC concluye que existe evidencia limitada en humanos que coloca el uso del glifosato como un factor de riesgo para el Linfoma No-Hodgkins. “Evidencia limitada” no es una caracterización muy impactante ni algo que parezca tan definitivo.

Y es que poner al glifosato en la categoría A2 no dice que realmente sea peligroso. La lista de cosas en la A2 es larga e incluye al mate caliente, las emisiones de frituras a alta temperatura, el trabajo por turnos y ser peluquero. Que sea “probable” sea cancerígeno no dice nada sobre en qué dosis o forma utilización. La evidencia en humanos evaluada por la IARC es de trabajadores del campo, que son quienes tienen mayor contacto y, por lo tanto, mayores riesgos. En palabras de Kate Guyton, de la IARC, “es su uso en agricultura el que tiene el mayor impacto; por el momento, es sólo algo de lo que que las personas deberían estar conscientes”.

En resumen, el informe de la IARC es casi imposible de evaluar y habrá que esperar a la reacción de la comunidad científica. Por el momento, sus conclusiones se contradicen con las de otras agencias reguladoras y no indican que el herbicida sea particularmente peligroso o sea responsable de malformaciones y otras vejaciones.

Finalmente, es interesante recordar la posición de la OMS sobre el uso y consumo de alimentos transgénicos:

No es probable que los alimentos genéticamente modificados actualmente disponibles en el mercado internacional presenten un riesgo para la salud humana. No se observó ningún efecto en la salud humana como resultado del consumo de estos alimentos por la población general en países donde fueron aprobados.

Si la OMS lo dice, debe ser verdad, ¿no?