16Ene/1533

No duermo… el glifosato me come

piojoIlustración:  Matt Suarez Holze

Parece imposible tener una discusión sobre los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) sin que surja el tema del glifosato. A pesar de que el uso o no de plantas transgénicas es independiente del uso o no de pesticidas, la retórica anti-transgénica suele unirlo todo. De esta forma, aún cuando queda establecido que los OGM no son dañinos y que no hay razón para tenerles más miedo que a cualquier otra variedad tradicional, se puede mover el poste y cambiar el eje de la discusión.

En particular, el hombre de la bolsa de los movimientos anti-transgénicos es el glifosato, quizás porque encaja en su narrativa que pone a Monsanto en el centro del eje del mal. Como tantas otras campañas anti-ciencia, el movimiento anti-transgénicos se aferra a un relato claro y conciso, con un villano bien pero bien malo al estilo película de Disney. Demonizar a una persona u organización es muy tentador porque nos hace creer que las cosas son más simples de lo que son en realidad; permite que nos veamos como como héroes de luz dentro de nuestra propia historia.

Pero el globo se pincha apenas uno empieza a indagar un poco. No sólo son falsos muchos mitos alrededor de Monsanto sino que tampoco las creencias populares sobre el glifosato resisten un análisis crítico. Para empezar, la patente del glifosato expiró hace unos 15 años y hace rato que no es monopolio de El Malvado. El malo de la película apenas tiene control sobre el producto.

También hay un problema histórico: el glifosato apareció en el mercado en 1974, mientras que las primeras variedades resistentes se comenzaron a vender recién luego de 1996. El glifosato fue usado durante 20 años antes de la aparición de los transgénicos con resistencia.

Los mata bien muertos

Pero estamos bailando alrededor de la cuestión principal. La objeción más importante sobre el glifosato es que es perjudicial para la salud. Y lejos de ser mentira, es completamente cierto.

El glifosato es un producto tóxico que se usa para matar plantas y no es raro que sea tóxico. Según la clasificación de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA), el glifosato está en la categoría 3 de una escala que va del 1 (más tóxico) al 4 (menos tóxico).

En ratas, la LD50 (la dosis que mata a la mitad de los individuos que la consumen) es de unos 5,6 g/kg, mientras que en cabras, conejos y ratones es mayor a 10 g/kg. En comparación, la cafeína tiene una LD50 de sólo 0,2 g/kg. Hay que tomar 30 veces más glifosato que cafeína para tener la misma probabilidad de morir. El insecticida hogareño tiene una toxicidad similar. Irónicamente, los agricultores orgánicos tienen permitido usar nicotina, cuya LD50 es de 0.001 g/kg, lo que significa que es 10.000 veces más tóxica que el glifosato.

Estudios sobre ingesta de grandes cantidades de glifosato (mayormente intentos de suicidio) muestran que la tasa de mortalidad es algo menor que un 10%. En un estudio observacional, un cuarto de los que ingirieron glifosato no presentaron síntomas y dos sextos sólo tuvieron síntomas leves. Y en otro estudio similar que comparó pesticidas muy diversos, se puede ver que el glifosato está lejos de ser el pesticida más tóxico en la actualidad.

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En resumen, es cierto que el glifosato es tóxico y puede matar, pero esto no es raro ya que esa es su función. Es un herbicida y, como tal, debe ser tratado con los recaudos necesarios. Particular cuidado deben tener los técnicos y aplicadores, quienes mantienen un contacto cotidiano con el producto en estado puro, sin diluir.

Pero, crucialmente, el glifosato está lejos de ser el pesticida más tóxico utilizado actualmente. ¿Por qué hay tanto revuelo en contra del glifosato y poco se dice, por ejemplo, sobre el paraquat que, como se ve en la tabla mata casi a la mitad de las personas que se intoxican?

Crónica de glifosato

Esto es relevante para la ingesta aguda, pero ¿qué hay de la exposición crónica? A pesar del mito popular, la evidencia hasta ahora indica que el glifosato no produce cáncer. Una revisión de la literatura científica de 2012 concluyó que no hay “un patrón de asociación positivo indicando una relación causal entre incidencia total de cáncer ni ningún cáncer específico y la exposición al glifosato”. Por su parte, la EPA clasifica al glifosato dentro del grupo E, que significa que hay evidencia de que no produce cáncer en base a estudios con animales.

Y antes de que alguien salga a decir que la evidencia no es válida porque el estudio fue financiado por la malvada Monsanto, los datos originales provienen, en gran parte, de un estudio enorme denominado Estudio de Salud Agrícola (ESA) realizado por organizaciones estatales como la EPA o el Instituto Nacional del Cáncer. Un estudio publicado específicamente sobre cáncer y glifosato sólo encontró una débil asociación con mieloma múltiple.

Una revisión de las publicaciones usando esa base de datos no encontró ninguna asociación entre la exposición al glifosato y el cáncer aunque sí encontró asociación en 12 de los 32 pesticidas analizados. Todas las publicaciones relacionadas con la misma están listadas en la página del ESA.

De forma similar, otra revisión concluyó que no había un patrón consistente de enfermedades no cancerosas asociadas con el glifosato. Irónicamente, un estudio usando los datos del ESA encontró que tanto el paraquat como el glifosato estaban relacionados con menores síntomas de asma (que los autores hipotetizan que se debe a que quienes sufren de asma reducen su exposición a esos pesticidas).

Eso quiere decir que no hay base científica para vincular el uso de glifosato a supuestos aumentos de cáncer y otras enfermedades en distintos pueblos del país. Si los aumentos son reales, entonces es debido hacer investigaciones serias y rigurosas para identificar la causa (o causas). Culpar inmediatamente al glifosato es anti-científico y potencialmente muy peligroso, ya que puede significar gastar tiempo y recursos en atacar una supuesta causa que al final no es tal.

¿Significa esto que el glifosato es completamente seguro y sin efectos a largo plazo? No, por supuesto que no. Sus efectos deben ser monitoreados constantemente. Tampoco significa que deba ser rociado indiscriminadamente en cualquier contexto y sin tener precauciones para reducir la exposición de la población. En todo esto no es distinto que cualquier pesticida (sintético u orgánico) ni ningún otro producto químico tóxico.

Habiendo tantos pesticidas más tóxicos y con más problemas, ¿por qué el glifosato es el hombre de la bolsa de nuestra sociedad?

7Ene/153

La importancia de no respetar las ideas

3 Comentarios    

Publicado por:Elio Campitelli.

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La violencia es el ultimo recurso del incompetente
Salvor Hardin
Primer Alcalde de la Ciudad de Términus

Hoy a las 11:30, hora local, un brutal atentado a la revista francesa Charlie Hebdo dejó al menos 12 muertes y 10 heridos. Los atacantes se identificaron como miembros de Al Qaeda y parecen haber sido motivados por la continua caricaturización del profeta Mahoma por parte del semanario.

El Círculo Escéptico Argentino desde su fundación decidió limitar sus temas al escepticismo científico y dejar, aunque es una realidad que la mayoría de los miembros y seguidores son ateos o no-creyentes de algún tipo, la crítica religiosa en manos de otras agrupaciones. En ese sentido, lo que pasó en Francia no entra dentro de nuestra esfera de incumbencia.

Sin embargo, hay una importante intersección entre este hecho y la práctica habitual de la ciencia. Tanto en los debates sociales como en los científicos hay una máxima que debe ser respetada: el libre intercambio de ideas. La supresión forzada de las ideas es algo completamente inaceptable.

El diálogo abierto es una condición casi indispensable para la práctica científica y el pensamiento crítico. La exposición a ideas distintas a las nuestras es la única forma de reducir nuestros propios sesgos y evitar crearse una cámara de eco en donde todos están de acuerdo y no hay ímpetu para avanzar en el conocimiento.

En mi caso personal, yo considero que mi exposición a las pseudociencias fue, es y será fundamental para mi aprendizaje de la ciencia:

[G]racias a la homeopatía, acupuntura y otras pseudomedicinas aprendí lo que es un ensayo clínico doble ciego con control de placebo. También fue gracias a ellas me curtí en mis primeras lecturas de papers científicos, aprendí a buscarlos y lograr pasar las barreras de pago. También entendí la estructura del efecto placebo con mucha más profundidad de lo que hubiera pensado. Conceptos como regresión a la media, sesgos experimentales ahora son parte de mi lenguaje cotidiano.

Pero esta no es la actitud que tienen quienes valoran más sus propias creencias que el proceso que los llevó a ellas (lo importante es el camino). Ellos van a tomar cualquier medida con tal de que sus creencias no sean desafiadas por nadie que no las comparta. El caso de los asesinos franceses es extremo, claro está, pero anteriormente el mismo semanario había sido objeto de una demanda por parte de la Gran Mesquita de París y la Unión de Organizaciones Islámica de Francia.

Los defensores de pseudociencias y pseudomedicinas también tienen un largo historial de ejercitar el músculo legal para silenciar a sus críticos en vez del músculo cerebral para refutarlos. En todos esos casos, cabe recordar las palabras citadas al inicio del post.

En este mismo blog hablamos de las amenazas legales de Burzynski y de Boiron en contra de bloggers independientes. Ambos casos no llegaron a nada y, por suerte, no lograron más que hacerlos quedar mal.

A la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) no le bastó sólo con amenazar y efectivamente demandó a Simon Singh, quien los había criticado por “promover alegremente tratamientos falsos”. Aunque la BCA perdió el caso miserablemente y la demanda inspiró un movimiento para modificar las leyes de difamación inglesas, los costos monetarios y de tiempos fueron enormes para Singh.

Actualmente Steven Novella está en el medio de una situación similar. Tanto él como la Sociedad para la Medicina Basada en Ciencia actualmente están siendo demandados por el Dr. Edward Tobinick. Se trata de un médico que promueve un tratamiento sin evidencia comprobada y que en su demanda califica a sus críticos como “competidores comerciales” y a los artículos publicados por Novella como “publicidad”. De esta manera logra saltearse las protecciones a la libertad de expresión que existen en EE.UU.

Otro caso reciente fue el de la compañía CrossFit, que inició una demanda contra científicos que publicaron un paper científico crítico sobre su régimen de ejercicios. En vez de contraatacar en la literatura científica, la empresa inició acciones legales acusando de falsear datos.

Algunos van más allá de amenazas legales y realizan amenazas físicas. Mike Adams es el dueño de NaturalNews, un sitio que promueve nociones de pseudomedicina y conspiraciones. Recientemente publicó una nota en la cual acusó a los defensores de los transgénicos de “promover un genocidio”, los comparó con los colaboracionistas nazis y parafraseó al gobierno alemán diciendo que “planear y realizar la matanza de quienes participan en crímenes atroces contra la humanidad” es una obligación moral. En la misma nota que realizó esa apelación a la persecución y asesinato, publicó una lista de los “colaboradores de Monsanto” que él mismo había hecho.

En otras palabras, lo que hizo Mike Adams fue un llamado a la violencia junto con un listado de nombres.

Peor es la situación de Sanal Edamaruku. El escéptico indio, famoso por retar a un gurú tántrico a que lo matara usando sólo magia (obviamente sin éxito alguno), ahora está autoexiliado en Finlandia luego de recibir amenazas de muerte directas y demandas judiciales por parte de grupos católicos por haber refutado un supuesto milagro de una estatua sangrante.

Un colega de Edamaruku, Narenda Dabhollkar, por su parte, no tuvo tanta suerte. Luego de acumular una larga lista de enemigos y amenazas de muerte en su vida de activista racionalista, fue asesinado en agosto de 2013.

La lista podría seguir y abarca un gran abanico de acciones. Desde amenazas vacías hasta asesinatos y masacres, todos son casos más o menos extremos de intentos de suprimir las críticas y callar la disidencia de parte del incompetente.