28Jun/135

El síndrome del estudio único

Uno de los pilares de la ciencia es que todo conocimiento es provisorio y puede ser refutado por investigaciones posteriores. Esto no es un capricho, sino un reconocimiento de que la ciencia es una actividad humana y como tal está sujeta a errores, sesgos y problemas que hacen probables las conclusiones falsas. Además la realidad es compleja y observarla, aún más.

Para entender la naturaleza no basta con mirarla una sola vez. Para distinguir entre una nave extraterrestre y un reflejo de la cámara, por ejemplo, hace falta mirar el mismo evento desde varios ángulos. Con la evidencia científica pasa algo muy similar.

Los escépticos estamos familiarizados con el mantra de “correlación no implica causa”, es decir: que dos eventos A y B se den juntos no significa que A cause B. (Puede ser que B cause A, que ambos sean causados por otro evento C, que la asociación sea puramente accidental o que ni siquiera exista relación alguna entre ellos.) Pero si uno hace varios estudios distintos mirando a la relación entre A y B desde diferentes ángulos y ésta siempre aparece, entonces uno va ganando confianza en que efectivamente hay una relación causal.

Por ejemplo, uno puede ver que muchas personas que tienen una cierta dolencia también tienen una cierta bacteria en la sangre. Eso no significa necesariamente que la bacteria cause la enfermedad; podría ser que la enfermedad afecte el sistema inmune y esa bacteria se aproveche, o que la bacteria esté asociada a una cierta toxina que es la verdadera causa de la enfermedad. Pero si luego vemos que ratas sanas desarrollan la enfermedad luego de ser expuestas a la bacteria, que se curan cuando se les da antibióticos y que ninguna otra bacteria parece enfermarlas, entonces uno ya tiene buenas razones para inferir una relación causal.

En el medio de todo este proceso pueden aparecer resultados contradictorios. Quizás algún laboratorio no logra detectar la bacteria en el tejido de animales enfermos pero luego se descubre que era un error técnico. O quizás se ve que hay otra bacteria distinta que causa la misma enfermedad y se sugiere que en realidad es ésa la verdadera causa.

Muchos medios, incluso los especializados en ciencia, pueden sufrir de “Síndrome de Estudio Único”, una enfermedad particularmente virulenta que hace que cada nuevo estudio publicado sea tomado como definitivo. Publicaciones que apoyan las creencias previas se reportan como “Estudio confirma que…” y los que van en contra reciben títulos como “Refutada la teoría de…”.

Esto da lugar a hilarantes resultados como el que me encontré un día buscando sobre la hipótesis de la higiene:

hipótesis higiene

La hipótesis de la higiene: verdadera y falsa a la vez según el diario ABC

La hipótesis de la higiene es la idea de que la causa del aumento en las alergias y las enfermedades autoinmunes es que nos criamos en ambientes demasiado limpios. La noción básica es que la estimulación temprana por medio de gérmenes patógenos es necesaria para el correcto desarrollo del sistema inmune. Fue propuesta en 1989 por D. P. Strachan en un paper (Hay fever, hygiene, and household size) publicado en el British Journal of Medicine para explicar por qué había una relación inversa entre las enfermedades autoinmunes y la cantidad de hermanos. Las personas con muchos hermanos tienen menos riesgo de tener asma.

A pesar de que esta noción simple y en cierto modo intuitiva quedó como cierta en la cultura popular (“Ensuciarse hace bien” es el lema de una empresa de jabón en polvo), incluso siendo citada tácitamente en el videojuego Mass Effect, investigaciones posteriores demostraron que el mecanismo es mucho más complejo. No es de extrañar ya que nuestro sistema inmune es un enorme entramado de células especializadas que desafía la comprensión.

En una revisión sistemática de la literatura publicada por el Foro Científico Internacional sobre Higiene Hogareña se puede leer sobre las distintas líneas de evidencia que avalan la hipótesis de la higiene y las que la contradicen. Actualmente la relación lineal entre infecciones en la infancia y enfermedades autoinmunes es rechazada por la literatura científica, dando preferencia a otras teorías más sofisticadas que tienen en cuenta el tipo de infecciones y la variedad de gérmenes.

Este no el único caso. Otro ejemplo de fallas periodísticas es el infame tabloide británico The Daily Mail, que tiene la reputación de catalogar todo objeto inanimado como cancerígeno o anticancerígeno, encontrándose varios que previenen y causan cáncer al mismo tiempo.

Un uso menos inocente de este síndrome es la distorsión de la ciencia por grupos ideológicos. Se puede tener la certeza de que cada estudio que encuentre algún efecto secundario o ponga en duda la efectividad de alguna vacuna va a ser considerado por los grupos antivacunación como “prueba” de que las vacunas son dañinas. Los negacionistas del cambio climático proclaman a los gritos que se ha clavado “el último clavo en el ataúd del cambio climático” cada vez que sale algún artículo mostrando algún problema con algún aspecto de la climatología actual. En ambos casos se ignora la montaña de literatura científica que los contradice salvo citando algún que otro estudio para criticarlo.

Grupos antiabortistas muestran estudios sobre el inexistente síndrome post-aborto mientras ignoran el grueso de la literatura científica que no lo encuentra por ningún lado. Por su parte, grupos en contra de las uniones homosexuales suelen citar estudios puntuales para mostrar el daño que causa a los chicos el ser criados en una familia homoparental; sin embargo, una revisión de la literatura muestra que las diferencias son mínimas y por cada medida donde hay diferencias, hay 4 o más en las que son idénticas.

Los árboles y el bosque

Tanto en los casos de fallas inocentes como en los de selección deliberada de los datos, lo que está faltando es el contexto en el que se inserta cada nueva publicación. No es lo mismo una gota de arsénico en una taza de té que en el océano Pacífico.

Es por esto que no se puede confiar en los medios generalistas para informarse científicamente. Los medios especializados suelen hacer un mejor trabajo, entrevistando a científicos para que opinen sobre la importancia y relevancia de los nuevos supuestos descubrimientos. Muchas veces éstos responden que es algo nuevo que va en contra de todo lo conocido, por lo que debe ser replicado; lo cual sirve para darse una idea de la probabilidad de que sea verdad.

Pero tampoco se puede confiar en papers individuales. Si quiero saber si la hipótesis de la higiene es cierta y leyera uno o dos papers, podría encontrar sólo los trabajos que apoyan la teoría e ignoraría completamente los estudios que la contradicen. Lo mejor es leer revisiones sistemáticas, que tratan de buscar todas las publicaciones pertinentes a un tema y compararlas, evaluar la calidad de cada una y dar una idea de qué conclusiones se pueden sacar.

24Jun/137

¿Qué es la telepatía?

La telepatía es uno de los hipotéticos “fenómenos paranormales” de mayor popularidad entre los creyentes. Aunque etimológicamente la palabra significa algo así como “enviar sentimientos a distancia” (de tele- “lejos” y pathos “experiencia, sentimiento”), casi todas las personas piensan en la telepatía como la transmisión de pensamientos estructurados en palabras de manera similar a lo que ocurre en una línea telefónica, y como en ese caso, teniendo en cuenta que la comunicación puede cortarse, que las palabras pueden no oírse claramente, etc.

En esta visión, el cerebro humano actúa como una antena capaz de emitir y recibir pensamientos. El descubrimiento de que las neuronas se comunican y procesan señales por medio de impulsos eléctricos y de que la actividad eléctrica cerebral puede ser visualizada como ondas no hizo más que reforzar la idea de este mecanismo. El cerebro humano sería entonces como un generador de pensamientos en forma de electricidad acoplado a una antena transmisora/receptora. Según quién plantee la idea, se dirá que todos los seres humanos tenemos esta capacidad o bien que sólo algunos la tenemos, y específicamente que sólo algunos podemos “emitir” y que quizá no todos podamos “recibir” (lo cual surge intuitivamente y por nuestro conocimiento básico de cómo funcionan cosas como las emisoras de radio y televisión). Uno de los problemas de esta visión pseudocientífica de la telepatía es que, más allá de que el cerebro manifiestamente no tiene capacidad para emitir ondas a larga distancia, el supuesto campo telepático asociado a esas ondas debería seguir las mismas reglas que cualquier otro campo de fuerzas eléctricas, en particular, la que dictamina que su intensidad debe disminuir en proporción al cuadrado de la distancia desde la fuente; por el contrario, la mayor parte de quienes apoyan la creencia en la telepatía se refieren a ella implícita o explícitamente como una comunicación que no depende de la distancia.

Dejando de lado la barrera de la distancia, algunas personas creen que la telepatía puede ser impedida por otros factores, o que podemos despertar nuestra capacidad telepática haciendo o dejando de hacer ciertas cosas; por ejemplo, no hace mucho la cantante argentina Patricia Sosa explicó en una entrevista que había logrado comunicarse telepáticamente con extraterrestres luego de volverse vegetariana y que una guía espiritual le había advertido que comer carne bloqueaba la capacidad telepática. La meditación, la tranquilidad, la ausencia de distracciones también se citan como necesarias en los cientos o miles de instructivos para despertar la telepatía que circulan por la web. Notablemente, también se postula como necesario que tanto el emisor como el receptor crean en la telepatía o al menos tengan una mente abierta: «Si eres un escéptico y las puertas de tu mente están cerradas obtendrás muy pobres resultados.»

La fantasía y la ciencia ficción han recurrido a la telepatía, en todas estas variantes y otras, con frecuencia. Hasta el boom de la parapsicología en los años 1970 todavía era bastante posible incluir la telepatía entre las hipotéticas facultades ocultas de la mente humana que algún día la ciencia demostraría como reales. A partir de allí el concepto de la telepatía en la literatura se ha desplazado cada vez más hacia el campo de la ciencia ficción blanda y la fantasía.

La discusión sobre la transmisión de pensamientos permanece, sin embargo, alentada por los últimos desarrollos en el campo de las neurociencias experimentales. Somos capaces de detectar ciertos estados mentales usando electrodos adosados al cráneo; podemos incluso leer la mente de un individuo e identificar imágenes que está viendo, con un nivel de precisión escaso pero que probablemente aumente en el futuro cercano. Estas hazañas dependen de una tecnología de punta, cara y molesta (hablamos en ocasiones de literalmente taladrar el cráneo para pinchar el córtex cerebral con electrodos) y por lo tanto, aunque pueden servir como punto de partida para un relato de ciencia ficción sobre el futuro, quedan enteramente en el terreno de la fantasía si hablamos de telepatía hoy.

Sea como fuere, la conversión de pensamientos en ondas de radio por parte de un implante cerebral, seguida por su transmisión y finalmente su decodificación en el cerebro de otra persona por medio de un implante receptor, no es lo que habitualmente se llama telepatía entre la gente que hoy cree en esta supuesta capacidad paranormal. Los creyentes buscan algo se pueda lograr sin intervenciones quirúrgicas: quizá, a lo sumo, algo como la apertura quirúrgica del Tercer Ojo según la narra el fraudulento “lama tibetano” Lobsang Rampa en su libro homónimo; algo simpático, que permita a los humanos hablar con sus gatos (como proclamaba ser capaz el susodicho); algo que no esté limitado por la distancia ni mediado por una de las cuatro fuerzas de la naturaleza, que tan enemigas de lo imposible resultan ser. Algo, especialmente, que no pueda medirse con facilidad en el laboratorio por requerir estados mentales particulares y la ausencia de molestos escépticos en las proximidades, o meramente por ser siempre espontáneo; algo que esté definido con suficiente vaguedad que incluya coincidencias como recibir una llamada telefónica de una persona justo después (o el día después, o dos días después) de pensar en ella o de soñar con ella o con un amigo de un amigo de ella.

Algo, en fin, que nos permita seguir soñando con esa comunicación pura y abierta que las palabras nos niegan.

20Jun/131

Ciencia de Mass Effect: el sistema inmune de los Quarians

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Publicado por:Elio Campitelli.

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Los quarians son mi especie favorita del universo ficticio del Mass Effect. Su desafortunada historia de prometeos involuntarios es un poderoso recordatorio de la importancia de la tolerancia y la diversidad, su biología basada en dextro-aminoácidos tiene interesantes implicaciones y sus problemas inmunológicos es un punto fértil para un análisis biológico.

Haciendo una breve recapitulación de la historia quariana para los despistados, originalmente del planeta Rannoch, los quarians son hábiles constructores y programadores. Para asistir en tareas básicas crearon a los geth, unos robots inteligentes con la capacidad de compartir información entre sí. Eventualmente (inevitablemente) los geth ganaron consciencia y luego de intentar eliminarlos, los quarians fueron exiliados de su propio planeta y obligados a vivir en el espacio en la flota migrante.

Trescientos años después, la vida en los ambientes estériles de las naves espaciales les generó un sistema inmunológico sumamente débil, por lo que debe utilizar trajes aislantes en todo momento. Los partos se hacen en ambientes controlados y los recién nacidos permanecen en una burbuja hasta que reciben su primer traje.

Un Geth y dos quarians en sus trajes protectores.

Un Geth y dos quarians en sus trajes protectores.

Algo muy interesante de la investigación científica es que muchas veces lo que parece ser obviamente absurdo termina siendo verdadero y lo que parece intuitivo resulta ser falso. Por ejemplo, en un post anterior mostré que el sistema de reproducción asari, que les permite tener descendencia con otras especies, no es del todo descabellado. Pero por otro lado, algo que parecería lógico o plausible, como la disminución de la función inmune al vivir en un ambiente esteril, en realidad es completamente absurdo.

Fallas básicas en la ciencia

Lo primero que cualquiera puede darse cuenta es que 300 años es menos que un pestañeo en términos evolutivos para una especie con un promedio de vida media similar a la de los humanos (150 años gracias a avances en la medicina). Es imposible que en menos de 3 generaciones los quarians hayan sufrido cambios en su ADN suficientemente significativos como para afectar su biología de manera tan dramática. Sea lo que sea que pase con su sistema inmune sólo puede ser una cuestión ambiental, que puede ser modificada en una generación. Sólo basta con poner a un quarian recién nacido en un ambiente no estéril y éste crecerá con un sistema inmune saludable.

Pero antes de eso hay algo aún más fundamental y es que no está para nada claro qué es lo que pasa con el sistema inmune de los quarians. Si bien en los diálogos y el codex se nos dice que éste es muy débil, esto no es consistente con un diálogo de Tali'Zorah que explica por qué los quarians tienen que cuidarse de todos los patógenos y no sólo los que pueden infectarlos a ellos.

Tali dice que al verse expuesto a un germen extraño, su sistema inmune reacciona causando fiebre, nausea, vómito y otros síntomas. Según ella es más parecido a una reacción alérgica aguda, no una enfermedad. Si un quarian tuviera contacto con, por ejemplo, varicela, no se enfermaría de varicela sino que desarrollaría síntomas de una reacción alérgica. Esta no es la primera vez en el Mass Effect que se usa el término "reación alérgica" sin demasiada explicación y probablemente de forma incorrecta.

Que un virus o bacteria humano no puede realmente infectar a un extraterrestre es claro. Salvo algunas excepciones (como la gripe o la rabia), los virus y bacterias que infectan a los animales no-humanos son inocuos para nosotros; simplemente no saben cómo infectarnos. Que un quarian se infecte con un microbio de la Tierra sería menos probable que un humano se contagie algo a una petunia. Pero el proceso que se explica en el juego tampoco tiene sentido.

Rudimentos de un sistema inmune

Es algo así pero con mucho menos Chris Rock.

Es algo así pero con mucho menos Chris Rock.

El sistema inmunológico es complejo, increíblemente complejo. En preparación para este artículo comencé a leer sobre él para informarme más allá de las cuestiones básicas que uno aprende en el secundario y realmente me voló la cabeza. Es un maravilloso sistema de órganos, células especializadas, proteínas y químicos que tiene que funcionar en armonía.

El sistema inmune se divide en dos partes: el sistema inmune innato y el adaptativo. Ambos fueron objeto de el Premio Nobel de Medicina o Fisiología de 2011.

El primero consiste en barreras físicas que dificultan las infecciones (la piel, la mucosa, los ácidos gástricos, y mucho más) y células generalistas que pueden reconocer entre grupos generales de patógenos (bacterias, hongos, virus) y eliminarlos más o menos eficientemente pero sin especificidad. Son la primera línea de defensa y está constantemente activo, buscando y matando los microbios antes de que puedan siquiera desencadenar síntomas.

El segundo se compone de una serie de células especializadas que pueden identificar el microbio específico que nos invade y desplegar un ataque extremadamente eficiente. Y no sólo no perdona, sino que tampoco olvida: el sistema inmune adaptativo tiene memoria. "Recuerda" los microbios que nos infectaron en el pasado para que la próxima vez atacarlos mucho más rápido.

Así es como funcionan las vacunas. Según el tipo de vacuna, se nos inyecta una versión menos virulenta, o muerta, o sólo partes del microorganismo para que se monte una reacción inmune y la próxima vez que entremos en contacto con él no nos enfermemos o suframos sólo síntomas menores.

Una respuesta inmune es el accionar de este vasto sistema de células en contra de algún germen patógeno que logra infectarnos. Al principio, el sistema inmune innato ataca con químicos tóxicos y la zona infectada se inflama y se llena de líquido. Si la infección resiste este primer ataque, el sistema inmune adaptativo llega al lugar, reconoce al invasor y comienza a crear anticuerpos específicos, más eficientes y dirigidas. Esta reacción no sólo daña al microbio sino también a nuestras propias células, por lo que nuestro cuerpo tiene que hacer un análisis costo-beneficio. La reacción inflamatoria no debería causar más daño de lo que podría causar el microbio.

Coordinando todo este ejército, hay células reguladoras que aumentan o disminuyen el ataque y que también tienen que estar en proporciones exactas. Demasiadas células de uno u otro tipo causarían una respuesta inmune muy pobre o demasiado fuerte.

En las enfermedades alérgicas, lejos de estar debilitado, el sistema inmune se encuentra sobreactivado. Reacciona ante partículas que no causan daño (pólen, pelo de gato, lactosa) desencadenando una respuesta inume. Esto sucede cuando todas las partes que conforman el sistema inmune no se encuentran bien reguladas, aunque los detalles todavía no están claros.

Por lo tanto, la declaración de Tali de que sus síntomas son causados por una “reacción alérgica” sólo tendría sentido si su sistema inmune está sobreactivado o desregulado.

A decir verdad, esto último probablemente sea lo que tenían en mente los escritores. La historia de los quarians seguramente está inspirada en la Hipótesis de la Higiene, la idea de que el aumento en las alergias y enfermedades autoinmunes se explica, al menos en parte, porque nos criamos en un ambiente demasiado limpio.

El juego limpio

La hipótesis de la higiene es la idea de que la causa del aumento en las alergias y las enfermedades autoinmunes es que nos criamos en ambientes demasiado limpios. La noción básica es que la estimulación temprana por medio de gérmenes patógenos es necesaria para el correcto desarrollo del sistema inmune. Fue propuesta por David P. Strachan en un breve artículo publicado en 1989 en el British Medical Journal al observar una relación inversa entre la fiebre del heno y eczema y la cantidad de hermanos.

Starchan propuso que esta observación podría ser explicada “si las alérgicas fueran prevenidas por infecciones en la primera infancia transmitidas por el contacto antihigiénico con hermanos mayores o adquiridas prenatalmente por la madre infectada por el contacto con sus hijos mayores”.

A pesar de que esta noción simple y en cierto modo intuitiva quedó como cierta en la cultura popular (“Ensuciarse hace bien” es el lema de una empresa de jabón en polvo), investigaciones posteriores demostraron que el mecanismo es mucho más complejo. No es de extrañar ya que nuestro sistema inmune es un enorme entramado de células especializadas que desafía la comprensión.

En una revisión sistemática de la literatura publicada por el International Scientific Forum on Home Hygiene se puede leer sobre las distintas líneas de evidencia que avalan la hipótesis de la higiene y las que la contradicen. Actualmente esta relación simplista entre infecciones en la infancia y enfermedades autoinmunes es rechazada por la literatura científica, dando preferencia a otras teorías más sofisticadas que tienen en cuenta el tipo de infecciones y la variedad de gérmenes. Según éstas el problema no es que estemos expuestos a pocos virus y bacterias sino que no estamos expuestos a los virus y bacterias específicos que son beneficiosos o que no estamos expuestos a una diversidad suficiente de patógenos.

¿En qué quedamos?

Llegamos a la conclusión de que tiene más sentido decir que el sistema inmune de los quarians está sobreactivado más que debilitado. Obviamente –y esto ya es una constante en esta serie de artículos– los escritores del Mass Effect no tienen por qué atenerse a la exactitud científica.

Paradójicamente, el sexo y procreación con extraterrestres resulta científicamente más plausible que los problemas inmunológicos de los quarians. O, al menos, está mejor explicado y con menos inconsistencias.

17Jun/1312

Las dietas ácidas, la leche y la osteoporosis

Hace un tiempo ya, tanto la prensa como la población en general a través de las redes sociales, han estado afirmando que existe una asociación hipotética entre el consumo de productos lácteos y la acidosis metabólica, es decir la disminución del pH. Esta asociación teórica se basa en la idea de que la proteína y los fosfatos de la leche y los productos lácteos son productores de ácidos, que causan la acidificación de nuestro organismo y las llamadas enfermedades modernas.

En otro artículo comenté un poco sobre el mito de las dietas ácidas y alcalinas, y cómo en realidad lo que comes no altera el pH de tu organismo. Pero vamos a profundizar un poco más al respecto y hablar específicamente sobre los productos lácteos. Cabe aclarar que no consumo lácteos, salvo en alguna pizza. Personalmente siento agrado cuando las personas se preocupan por la salud pública y entre esas medidas se promueve mejorar la calidad de vida a través de cambios en la alimentación y la actividad física. Pero como ya hemos visto varias veces, la desinformación general y la velocidad con que la misma fluye a través de internet es impresionante.

Y no me resulta extraño, porque para poder comprender qué pasa cuando el organismo funciona mal, primero hay que comprender como el organismo funciona en situaciones de normalidad. Para esto los estudiantes de Medicina deben cursar una materia llamada Fisiología Humana, que es enorme, y a pesar de cursarse en el lapso de un año, a veces los conocimientos adquiridos no parecen suficientes.

Con esto quiero decir que debemos tener cuidado al momento de analizar textos de esta índole, ya que es muy probable que caigamos en el error de creer por falta de conocimiento. Por lo tanto, voy a tratar de explicar esto de la forma más amena posible.

Para empezar, la evidencia científica no apoya ninguna de esas ideas, ya que ni la leche ni los lácteos son productores de ácidos, ni nuestros cuerpos se acidifican por la dieta, y tampoco hay evidencia que apoye una relación de causalidad entre consumo de lácteos y las enfermedades modernas.
Dentro de estas ideas encontramos algunas como:

La leche y los productos lácteos no son saludables porque producen pérdida de calcio por la orina y acelera la decepción de calcio de los huesos. Se ha demostrado los países que consumen mayor cantidad de productos lácteos, proteína animal y calcio tienen altas tasas de osteoporosis y fractura de cadera.

Según un sistema de clasificación de los alimentos muy citado por los defensores de esta teoría, se define a la leche como un producto ligeramente ácido, basándose en que la leche contribuye con fosfatos y sulfatos iónicos, que son ácidos. Una porción de estos ácidos son excretados por orina y de esta manera parece que el consumo de leche y proteínas (dieta ácida) conduce a la excreción de ácidos causando un deterioro de la salud ósea. Este supuesto perjuicio para la salud del hueso se debería a la observación de que una mayor excreción de ácidos en la orina está asociada con una mayor concentración de calcio en la misma.

En primer lugar, la evidencia no apoya la idea de que el fosfato y el sulfato sean perjudiciales para la salud ósea, porque a pesar de que la cantidad de calcio excretado por la orina aumente cuando se incrementa la excreción neta de ácidos, es más importante que el balance del calcio no se modifique. Un equipo multidisciplinario de científicos de la Universidad de Calgary realizó una revisión sistemática y meta-análisis de los estudios que trataban sobre cómo la dieta y los suplementos podían alterar la excreción de ácidos o álcalis y cómo ésta a su vez alteraba el balance y la excreción de calcio por orina. El meta-análisis puso de manifiesto que el aumento de la excreción de ácido en dietas hiperproteicas se asoció con una mayor excreción urinaria de calcio. Sin embargo, cuando el balance de calcio (calcio corporal total) fue examinado, no se encontraron relaciones entre la excreción de ácido y el balance de calcio. Por lo tanto, la evidencia no apoya las afirmaciones de que los alimentos que producen excreción de ácidos son perjudiciales para el balance de calcio, a pesar de la mayor aparición de calcio en la orina.

colaagua

(Fig. 1) Excreción neta de ácido por orina (mEq H+) después de la ingestan de tres bebidas: agua destilada, leche o bebida de cola sin cafeína. Fuente: Heaney et al. Carbonated beverages and urinary calcium excretion. Am J Clin Nutr 74:343–347, 2001.

En segundo lugar, los productos lácteos no son productores de ácidos. Un estudio sobre la excreción neta de ácido después de la ingesta de leche demostró que la leche es alcalinizante de la orina en comparación con la bebida de cola y el agua (Fig. 1). Lo más interesante de este estudio es que el agua utilizada era agua destilada, o sea que no podía aportar ni álcalis ni ácidos, a diferencia del aumento de la acidez producida por aporte de ácido fosfórico de la bebida de cola. Mientras que en otro estudio, una comparación de la excreción neta de ácidos producida por la leche común y la leche de soja mostró que no había diferencias entre ambas.

En tercer lugar, la afirmación “las tasas de fractura por osteoporosis son mayores en los países que consumen más productos lácteos, calcio y proteína animal” se hace comparando unas culturas con otras, y hacer una suposición de que la causa de las diferencias en las tasas de fracturas de hueso se deben a las diferencias dietéticas es una conclusión bastante sesgada. Además hay otros factores de riesgo importante para la osteoporosis y la fractura de cadera que no se relacionan con lo que consumen las diferentes culturas, como las diferencias genéticas, la cantidad de trabajo físico, posiblemente la cantidad de luz solar a la que uno se expone (síntesis de vitamina D), entre otros. La variación en cualquiera de estos factores podría explicar las diferencias en la tasas de fractura, por lo que no es correcto suponer que los lácteos producen estas patologías sin haber tenido en cuenta antes la observación de los otros factores.

osteoporosis

La evidencia apoya que los factores de riesgo más importantes para la osteoporosis y la fractura de cadera son el sedentarismo y la escasa ingesta de calcio durante la vida. De hecho, una persona que vive en una gran ciudad de Asia, donde la actividad física es quizás similar a la de las culturas occidentales, tiene tasas de fractura casi idénticos que la de los países industrializados.

Si bien las observaciones funcionan como disparadores para hacerse preguntas y realizar estudios, no es correcto asumir sobre las causas de un fenómeno basándose únicamente en observaciones, especialmente cuando estas están basadas en algo con tantas variables como la cultura, ya que en estos casos no se consideran los estilos de vida y otros factores que podrían ser la causa de este fenómeno observado.

Este error se puede resumir en la frase “Correlación no implica causalidad”.

Me veo obligado a agregar que según un informe emitido recientemente por la Escuela de Salud Pública de Harvard,  el calcio es importante pero la leche no es la mejor fuente de calcio y una gran ingesta de éste está asociada al cáncer de próstata y cáncer de ovario; la leche además posee altos niveles de grasas saturadas y posiblemente las hormonas que contiene sean perjudiciales para la salud. Esto se vio reforzado en la publicación de su último “Plato de la alimentación saludable y la Pirámide Nutricional Saludable”.

Para finalizar, una revisión sistemática y meta análisis sobre la teoría de que  la dietas ácidas producen enfermedad ósea concluye que “La asociación causal entre la dieta ácida y la osteoporosis no está apoyada por la evidencia y no hay evidencia de que una dieta alcalina sea protectora de la salud ósea”.

En conclusión, la evidencia de mejor calidad revela que tanto la leche como los productos lácteos no causan acidosis metabólica. Por otra parte, los productos lácteos no producen ácidos en el metabolismo y nuestros organismos no se acidifican por la dieta moderna. Además, la evidencia no apoya las asociaciones entre el alto consumo de leche y productos lácteos con osteoporosis, cuando se tienen en cuenta factores importantes como la actividad física.

8Jun/132

Una introducción a la parapsicología

Lo que se conoce como parapsicología es un campo amplísimo y con una larga historia. Aquí sólo daremos un breve pantallazo sobre el origen de la moderna parapsicología y su creador; el resto lo iremos desarrollando en otros artículos.

El término “parapsicología” no es demasiado nuevo. Lo acercó al público durante los años 1930 el botánico y luego estudiante de psicología Joseph Banks Rhine (más conocido simplemente como J. B. Rhine), pero el inventor de la palabra (Parapsychologie) fue el filósofo alemán Max Dessoir, en 1889.

Rhine publicó en 1934 un libro sobre lo que hoy conocemos como “paranormal”, cuyo título era, sí, un término acuñado por él: Extrasensory Perception (“percepción extrasensorial”, en inglés designado habitualmente por las siglas ESP). Junto con su compañero Karl Zener, Rhine creó la primera metodología estándar para la investigación de los fenómenos paranormales.

[Zener es hoy recordado por las cartas que inventó para testear los supuestos poderes de telepatía o visión a distancia. Se trata de cartas de gran tamaño que tienen en uno de sus lados un dibujo de un círculo, un cuadrado, una cruz (+), una estrella de cinco puntas o tres líneas ondeadas, que el sujeto debe adivinar sin ver (algunos lectores quizá recuerden la escena del comienzo de Cazafantasmas en la que el libidinoso parapsicólogo Peter Venkman emplea estas cartas en un test algo heterodoxo, castigando los —supuestos— errores de adivinación del sujeto masculino con choques eléctricos).]

Con Rhine a la cabeza, la parapsicología pretendía estudiar científicamente fenómenos como la telepatía, la precognición y la telequinesis. Para esto fundó, en 1957, la Asociación Parapsicológica, que vino a tomar la posta de antiguas organizaciones como la Sociedad Americana para la Investigación Psíquica (fundada en 1884) y su inspiración británica, la Sociedad para la Investigación Psíquica (Londres, 1882). Si a fines del siglo XIX el interés estaba en el hipnotismo, la fuerza vital, las materializaciones y los eventos que ocurrían en las sesiones de espiritismo, a mediados del siglo XX se buscaba no sólo estudiar otros tipos de supuestos eventos o poderes psíquicos, sino hacerlo en un ambiente controlado y con procedimientos investigativos específicos.

La parapsicología terminó dándole cabida también a la reencarnación, las “experiencias cercanas a la muerte” y las apariciones, pero siempre —al menos en principio— desligándose de la visión espiritualista de los mismos.

En general, la cantidad de hallazgos positivos de la parapsicología ha ido en relación inversa al rigor de los procedimientos. Rhine era, probablemente, un investigador honesto, pero cuando los escépticos comenzaron a revisar sus experimentos se dieron cuenta rápidamente de que había múltiples maneras en que los sujetos podían engañarse y/o engañar al investigador. Esto resulta bastante sencillo de detectar cuando se tiene el entrenamiento adecuado, como observaba James Randi (escéptico y mago de profesión), entrenamiento que los científicos generalmente no tienen. Rhine mismo descubrió a veces a sus ayudantes falseando los resultados (¿para complacerlo a él, para ganarse el reconocimiento?), pero —según Martin Gardner, autor de Modas y falacias en el nombre de la ciencia, obra seminal del movimiento escéptico contemporáneo— nunca aceptó dar sus nombres. Los numerosos hallazgos reportados en la obra de Rhine nunca fueron duplicados.

La parapsicología tuvo sus días de gloria en los años 1970 y ’80, con múltiples institutos de investigación, journals y cátedras en prestigiosas universidades. Increíblemente, la Asociación Parapsicológica consiguió incluso un lugar dentro de la AAAS (Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia), que retiene. En los últimos tiempos algunas de esas cátedras notables han ido quedando vacantes y varios de esos journals han dejado de publicar, esencialmente porque no hay nada que reportar sino más experimentos con efectos nulos, poco significativos y de mala calidad. Eso no ha significado el fin de la parapsicología, claro está, que sigue vergonzosamente congregando a “profesionales” en colegios y asociaciones, además de absorber fondos de investigación en universidades de unos cuantos países desarrollados. Tampoco ha extinguido la creencia popular en fenómenos paranormales, ni ha impedido que “investigadores” autodidactas continúen buscando sus llaves perdidas en el rincón iluminado donde ya saben que no están, ni que charlatanes de todo pelaje tomen el campo, ya sin pretensiones de rigor científico, para vender esas creencias al público ávido de misterios.

3Jun/134

¿Por qué el “a mí me funciona” no es suficiente?

La gente con frecuencia ofrece testimonios de cómo alguna medicina alternativa “realmente a mí me funcionó”. Las personas que afirman esto no consiguen entender que no tienen ninguna base para afirmar que “funcionó”. Lo único que realmente pueden afirmar es que observaron una mejora después del tratamiento. ¿No podría ser una falsa suposición de que la correlación temporal significa causalidad?

Tales observaciones son tan solo un punto de partida: necesitamos hacer ciencia para averiguar lo que significan esas observaciones y descubrir qué funcionó y qué no; de esta manera comprenderemos mejor la naturaleza y a nosotros mismos. La ciencia es el único modo de corregir nuestros errores de percepción y de atribución.

“La ciencia es una forma de tratar de no engañarnos a nosotros mismos. El primer principio es que uno no debe engañarse y que la persona más fácil de engañar es uno mismo.” (Richard Feynmann)

Recibo muchos comentarios del tipo de “A mi tía/hermano/primo/madre/perro le funcionó, lo vi con mis propios ojos.” Pero eso no cumple ni siquiera con el mínimo de evidencia, ¿o acaso alguien espera que le crea simplemente porque él lo dice? ¿Me creerían si les digo que vi un unicornio rosado que defeca arco iris? Creo que no.

Podemos decir que ver algo con tus propios ojos no prueba que es verdad y no excluye la necesidad de comprobación científica, ya que somos máquinas fallidas para percibir la realidad. Sí: no somos perfectos y nos equivocamos.

Con esto quiero decir que no podemos hacer la suposición de que algo funciona y confiar en alguien que aparenta saber o ser importante, porque nos podemos equivocar. Es más, ¡nos hemos equivocado gran parte de la historia! Tratamientos basados en sanguijuelas, tomar tu propia orina, rezar, tratamiento con mercurio y plomo ¡y un larguísimo etcétera de equivocaciones!

Un ejemplo de esto son las sangrías. Durante muchos años los médicos utilizaron sanguijuelas y bisturís para liberar a los pacientes de su sangre “contaminada con toxinas”. Ellos “sabían” que la sangría funcionaba. Todo el mundo lo decía. Cuando tenías fiebre y el doctor te practicaba una sangría, mejorabas. Todo el mundo conocía a algún amigo o familiar que había estado a las puertas de la muerte hasta que la sangría le curó. Los médicos contaban los éxitos por miles. La gente atribuía grandes cosas a estas terapias, cuando en realidad los pacientes se habían curado a pesar de ella y no gracias a ella. Hoy sabemos que la sangría hace más mal que bien.

Otro ejemplo mas reciente, es que los médicos solían realizar una operación para enfermedades cardiovasculares en la que abrían el pecho y anudaban arterias de la caja torácica para desviar más flujo sanguíneo hacia el corazón. Supuestamente tenían una impresionante tasa de éxito del 90%. Un doctor muy listo llamado Leonard Cobb quería asegurarse de que fuera cierto, por lo que realizó un experimento en el que únicamente hizo la incisión en el pecho y lo volvió a cerrar sin haber hecho realmente nada. Sorprendentemente descubrió que ¡la misma cantidad de pacientes mejoraba tras la falsa cirugía! Los médicos dejaron de realizar dicha operación. Así es: nos equivocamos y no somos buenos analizando la realidad.

Pero,  ¿cómo puede tanta gente estar tan equivocada? ¿Cómo podían creer que algo había ayudado cuando realmente había causado más daño que bien? Hay toda una serie de razones por las que la gente puede acabar creyendo que un tratamiento inefectivo funciona.

  1. La enfermedad puede haber seguido su curso natural. Muchas enfermedades se autolimitan; el proceso de curación natural del cuerpo devuelve la salud a la gente después de un tiempo. Un resfriado normalmente desaparece en una semana. Para averiguar si un remedio para el resfriado funciona, hay que llevar un registro de éxitos y fracasos en un número de pacientes suficientemente grande como para averiguar si realmente se recuperan más rápido con el remedio que sin él.
  2. Muchas enfermedades son cíclicas. Los síntomas de cualquier enfermedad fluctúan a lo largo del tiempo. La gente con artritis tiene días malos y días buenos. El dolor empeora por un tiempo y luego mejora por cierto otro tiempo. Si utilizas homeopatía cuando el dolor está fuerte, probablemente estaba a punto de mejorar de todos modos, así que la homeopatía se lleva un crédito que no merece. Esto es lo que se conoce como regresión a la media.
  3. Todos somos sugestionables. Si nos dicen que algo va a dolernos, es más probable que duela. Si nos dicen que algo nos hará sentir mejor, probablemente lo hará. Todos conocemos esto: por eso besamos los raspones y apapachamos a nuestros hijos. Cualquier cosa que nos distraiga de pensar en nuestros síntomas es probable que ayude. En los estudios científicos que comparan un tratamiento real con pastillas placebo, una media del 35% de la gente dice que se siente mejor después de tomarlas. El verdadero tratamiento debe hacerlo mejor si queremos creer que es realmente efectivo.
  4. Puede haber recibido dos tratamientos y el tratamiento equivocado se llevó el crédito. Si tu médico te da una pastilla y además te tomas un remedio casero, puedes darle el crédito al remedio casero. O quizás ha habido otro cambio en tu vida al mismo tiempo que ha ayudado en el tratamiento de la enfermedad y éste es la verdadera razón por la que has mejorado.
  5. El diagnóstico o el pronóstico original pueden haber sido incorrectos. Mucha gente ha sido supuestamente curada de cáncer cuando en realidad jamás tuvo un cáncer. Los médicos que le dicen a un paciente que sólo tiene 6 meses de vida están sólo estimando y pueden estimar mal. Lo mejor que pueden hacer es decir que el paciente medio con esa enfermedad vive 6 meses – pero la media significa que la mitad de la gente vive más tiempo.
  6. Una mejora de ánimo temporal puede confundirse con una cura. Si un practicante te hace sentir optimista y esperanzado, puedes creer que te sientes mejor cuando la enfermedad realmente no ha cambiado.
  7. Las necesidades psicológicas pueden afectar nuestro comportamiento y percepciones. Cuando alguien quiere creer algo con suficiente ahínco, puede convencerse a sí mismo de que ha sido ayudado. Se sabe de gente que ha negado los hechos – negarse a ver que un tumor sigue aumentando. Si han invertido tiempo y dinero, no quieren admitir que fue desperdiciado. Vemos lo que queremos ver; recordamos las cosas del modo en que queremos que hubieran pasado. Cuando un médico está intentando sinceramente ayudar a un paciente, el paciente siente una especie de obligación social de satisfacer al médico mejorando.
  8. Confundimos correlación con causalidad. Simplemente porque un efecto sigue a una acción, eso no significa necesariamente que la acción causase el efecto. Cuando el gallo canta y a continuación sale el sol, nos damos cuenta de que no es el cacareo lo que ha hecho que el sol aparezca. Pero cuando tomamos una pastilla y entonces nos sentimos mejor, suponemos que fue la pastilla lo que nos hizo sentir mejor. No nos paramos a pensar que podemos habernos sentido mejor por alguna otra razón.

Así que hay un montón de maneras de equivocarnos. Afortunadamente, hay una manera en que podemos finalmente acertar: mediante las pruebas científicas. No hay nada misterioso o complicado sobre la ciencia, es simplemente un juego de herramientas de sentido común para comprobar cosas. (El resultado de usar esas herramientas puede desafiar el sentido común, pero ése es otro asunto.) Si crees que has perdido peso y te subes a una báscula para comprobarlo, eso es ciencia. Si crees que se te ha ocurrido una mejor manera de plantar zanahorias y compruebas tu idea plantando dos filas lado a lado, una con el método viejo y otra con el nuevo, y miras qué fila produce mejores zanahorias, eso es ciencia.
Para comprobar medicinas, podemos organizar un gran número de pacientes en dos grupos iguales y darle a un grupo el tratamiento que queremos comprobar y al otro un placebo, como una pastilla de azúcar. Si el grupo que recibió el tratamiento activo va significativamente mejor, entonces el tratamiento probablemente funciona realmente. Es sencillo... Este método se puede aplicar tanto al estudio de los fármacos convencionales como con disciplinas que se basen en entidades invisibles e indetectables.

Por cierto, ¿donde están los casos negativos de las medicinas alternativas? ¿Alguna vez leíste sobre los casos que no funcionaron, los pacientes que murieron y los fraudes?