28May/112

Efectos secundarios de la superstición

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Publicado por:PabloDF.

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El astrólogo de mi hotel en Bombay […] es un hombre de negocios y […] atiende sobre todo a hombres de negocios. […] Un banquero […] le solía llevar, después de una comida opípara en el restaurante del hotel, a sus clientes importantes. […] Una vez revisó la palma de la mano de un señor que fue a pedir un crédito importante y creyó ver que el hombre no iba a vivir el tiempo suficiente para devolver toda la plata. El astrólogo se lo contó al banquero, que para eso le pagaba, y el banquero le negó el crédito. Unos meses después, el hombre, que sin el préstamo se fue a la quiebra, se pegó un tiro. El astrólogo había dado en el clavo —o lo había remachado.

Martín Caparrós, Dios mío. Un viaje por la India en busca de Sai Baba. 1era. ed., Buenos Aires, Planeta, 2011.

25May/114

Demoliendo los universales lingüísticos

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Publicado por:PabloDF.

Archivado en: Ciencia, Lingüística

ResearchBlogging.orgLas lenguas humanas no sólo consisten en sonidos agrupados, sino que tienen estructura: palabras formadas por raíces, prefijos, sufijos; frases formadas por grupos de palabras; oraciones formadas por frases encadenadas unas a otras. Las estructuras que rigen estos agrupamientos no aparecen al azar. Un paper de Michael Dunn examinó un subgrupo de estas estructuras, correspondientes al orden en que se organizan los componentes de la gramática, y llegó a conclusiones que derriban dos teorías rivales sobre el tema.

En castellano, como todos sabemos, las oraciones suelen tener una estructura Sujeto–Verbo–Objeto (SVO para abreviar). Hay variaciones, por supuesto, pero ése es el “orden dominante”. De la misma manera, el orden dominante entre un sustantivo y un adjetivo es Sust.–Adj. y no al revés. Además usamos preposiciones, es decir, palabras como a, por, para, desde, hacia, que como su mismo nombre lo dice van antes de aquello a lo que gobiernan.

En inglés el orden dominante en las frases nominales es Adjetivo–Sustantivo. Por lo demás el inglés es bastante similar al castellano: SVO, con preposiciones. En japonés, por otro lado, el orden dominante es SOV y las palabras equivalentes a nuestras preposiciones se colocan después y no antes de lo que modifican: postposiciones. En árabe, por contraste, el orden es VSO y los adjetivos siguen a los sustantivos (como en castellano). En castellano las frases genitivas, como los adjetivos, siguen al sustantivo (“el auto de mi padre”, “el objetivo de estas medidas”), mientras que en japonés ambos lo preceden.

Ejemplo de árbol sintáctico en japonés

Ejemplo de árbol sintáctico en japonés (simplificado), como el que describe la frase “Tomodachi no okaasan ga oishii kukkii wo tabesaseta” (“La madre de mi amigo me dio de comer galletitas deliciosas.”) Obsérvese el orden Sujeto-Objeto-Verbo, el uso de postposiciones para marcar sujeto y objeto, y la tendencia de poner los modificadores antes que los núcleos, la cual que hace que el árbol se ramifique hacia la izquierda (la frase literalmente se leería “amigo POSESIVO madre SUJETO deliciosas galletitas OBJETO hizo comer”). El español funciona casi exactamente al revés (con ramificación a la derecha).

Hace algunas décadas el lingüista Joseph Greenberg (1915–2001) recolectó datos de diversas lenguas y observó que casi todas mostraban ciertas correlaciones entre sus características estructurales. Por ejemplo, la mayoría de las lenguas con orden SOV usan postposiciones; en las lenguas VSO se usan preposiciones y el adjetivo sigue al sustantivo; en las lenguas que usan preposiciones las frases posesivas generalmente siguen al sustantivo. Estas correlaciones se consideraron tan robustas que hasta hoy se las conoce como universales lingüísticos (junto con otras características no condicionadas, como la distinción entre sustantivos y verbos).

Greenberg no propuso una explicación para estas correlaciones, limitándose a catalogarlas y establecerlas como hallazgo empírico. Su enfoque se suele caracterizar como funcionalista e implica que estas estructuras lingüísticas existen por variadas razones relacionadas con el uso práctico de la lengua por parte de sus hablantes como forma de interacción social, y con ciertas restricciones que ese uso impone al desarrollo de una lengua.

Noam Chomsky y Joseph Greenberg

Noam Chomsky y Joseph Greenberg

En el extremo opuesto se sitúa Noam Chomsky (1928–), cuya hipótesis formalista o de gramática generativa implica que existe una “gramática universal” con la que todos nacemos, y de la cual se puede generar la gramática de cualquier lengua (Steven Pinker se refirió a esto como “el instinto del lenguaje”). Para Chomsky existe una gramática innata constituida por una serie de módulos, que agrupan características que aparecen siempre juntas (similares a los universales de Greenberg), y un conjunto de parámetros que el cerebro del niño, a medida que se ve inmerso en la lengua de quienes lo rodean, va estableciendo inconscientemente para amoldar su gramática interna al formato particular de la gramática de su lengua materna. Por ejemplo, hay un parámetro que alterna entre head-first y head-last, relacionado con el orden del núcleo de una frase y sus modificadores (por ejemplo, el sustantivo y el adjetivo, o el verbo y sus argumentos —el sujeto y el objeto). Según Chomsky, el cerebro del niño que aprende a hablar activa los parámetros de su gramática de forma que coincidan con los de quienes le hablan; este proceso sencillo explica la rapidez de la adquisición del lenguaje, que sería imposible (según Chomsky) si la mente del infante fuera una tabula rasa y tuviera que comenzar desde cero. También implica que no se pueden separar ciertas características de otras: como interruptores maestros, cada parámetro “enciende” o “apaga” muchas cosas a la vez.

Dunn retomó el trabajo de Greenberg utilizando métodos de la genética de poblaciones para analizar, además de las correlaciones estructurales descubiertas por Greenberg, los parentescos entre las lenguas. Y descubrió que los “universales” de Greenberg no eran tan universales. Las correlaciones se mantuvieron bastante cuando se compararon lenguas emparentadas entre sí, pero se derrumbaron cuando se examinaron lenguas pertenecientes a familias distintas.

Al obviar las relaciones genéticas entre lenguas, Greenberg cometió el gravísimo error estadístico de no contar con las correlaciones entre entidades no independientes. Si todas las lenguas que tienen una característica X también tienen la característica Y, el dato es valioso, pero si además varias de esas lenguas están relacionadas entre sí, es muy posible que esa coincidencia estructural no se deba a la naturaleza intrínseca del lenguaje o a un criterio universal, sino a ese parentesco. Es como si tomáramos diez hijos varones de una persona morena y diez hijas mujeres de una persona de piel muy blanca y concluyéramos que el sexo masculino se correlaciona con la tez oscura y el femenino con la tez clara. Greenberg no era un idiota, desde luego, y no cometió una falla tan extrema, lo cual explica que sus “universales” hayan durado tanto como parte de la ortodoxia lingüística, hasta llegar a ser vistos casi como algo de sentido común.

Una explicación posible es que es difícil encontrar muchas lenguas bien estudiadas (una muestra útil para la comparación detallada que se requiere) y que a la vez no estén relacionadas genéticamente. El estudio de Dunn seleccionó lenguas de cuatro familias, que comprenden más de un tercio de las aproximadamente siete mil lenguas que se hablan hoy. Se eligieron ocho características de orden y se compararon modelos evolutivos con y sin correlación, es decir: para cada par de características se calculó la probabilidad de que las observaciones fueran el resultado de una evolución independiente de esas dos características, y la probabilidad de que, por el contrario, hubieran evolucionado en forma conjunta, teniendo en cuenta cuándo las lenguas comparadas eran de hecho parientes.

Se descubrió que en cada familia lingüística hay pares de características que han evolucionado juntas, pero que esos pares no son los mismos que en las otras familias, es decir, lo que Greenberg tomó como correlaciones universales son correlaciones intrafamiliares, muy probablemente producidas por una ascendencia común y no por tendencias intrínsecas al desarrollo del lenguaje. Esta dispersión también invalida la gramática modular de Chomsky: no parece haber “interruptores maestros”; muchas de las características que Chomsky considera acopladas entre sí —que según él deben estar presentes o ausentes en bloque en cada lengua— en realidad aparecen en forma independiente.

El trabajo de Dunn parece robusto y sus conclusiones no son en absoluto descabelladas. Se le puede reprochar (como ha hecho Mark Liberman en Language Log) que se hayan tomado ocho características de a pares y no en todas las combinaciones posibles, lo cual quizá tenga que ver con el ingente volumen de datos que habría debido procesarse en ese caso. Liberman también opina que existe la posibilidad de que se estén tomando como básicas características que son en realidad derivadas de varios elementos subyacentes (algo similar a considerar características fenotípicas de un organismo, como la altura o el color del pelo, en vez de estudiar los múltiples genes que influyen de forma compleja en la determinación de esas características). Como en otras ocasiones, habrá que esperar que los defensores de las teorías afectadas examinen y critiquen este estudio.

ResearchBlogging.org Dunn, M., Greenhill, S., Levinson, S., & Gray, R. (2011). Evolved structure of language shows lineage-specific trends in word-order universals Nature, 473 (7345), 79-82 DOI: 10.1038/nature09923

18May/115

Pienso, luego dudo – Capítulo 11

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Publicado por:Elio Campitelli.

Archivado en: Podcast

El mundo comenzó sin humanos, y va a terminar sin ellos.
Claude Lévi Strauss (1908 - 2009)

Pienso, luego dudo es el podcast oficial del Círculo Escéptico Argentino. Es una dosis quincenal de escepticismo y ciencia en donde conversamos sobre nuevos descubrimientos y desarrollos científicos; nuevos inventos y fraudes pseudocientíficos; y cualquier cosa que encontremos interesante.

Para escuchar online, hacer click en PLAY:

Descargar este capítulo en MP3

Primer segmento. (descargar)

Segundo segmento. (descargar)

Tercer segmento. (descargar)

Música.

  • George Hrab - This are the ways the world will end (lazy sunday mix)

Escuchen su excelente podcast y si quieren el mp3 de este tema, pídanselo por mail. El tipo es un groso.

Para comentarios, críticas, opiniones, sugerencias sobre este capítulo, o recomendar temas y compartir noticias para el próximo capítulo, pueden ir al foro o utilizar el formulario de contacto.

Pienso, luego dudo – Capítulo 11 (link de descarga)
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15May/1120

Reunión escéptica en Buenos Aires el 28 de mayo.

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Publicado por:Elio Campitelli.

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Reunión fálica de la envidia del pene

Para quienes estén subscriptos a nuestro newsletter esto no es noticia pero el sábado 28 de mayo de 2011 nos encontramos en el restaurant Bellagamba (Rivadavia 2134) a las 3 de la tarde para tomar algo y charlar. El tema del día es el psicoanálisis pero nada nos impide hablar de lo que les guste más. Hay un evento creado en Facebook, entren e inviten a quienes quieran.

Resumiendo:

Sábado 28 de mayo a las 15:00 en Rivadavia 2134, Ciudad de Buenos Aires.

PD: por cada lector que no venga, Deepak Chopra va a escribir un artículo distorsionando la física cuántica.

13May/1110

La relatividad sigue firme

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Publicado por:PabloDF.

Archivado en: Física, Relatividad general

Una sonda de la NASA acaba de confirmar dos predicciones de la teoría de la relatividad general, que describe cómo la gravedad distorsiona el espaciotiempo. 

Las mediciones de alta precisión realizadas por la Gravity Probe B, lanzada en 2004, confirmaron dos aspectos de la teoría de Albert Einstein: el efecto geodético, también llamado precesión de de Sitter, y el arrastre referencial (frame dragging en inglés), también conocido como efecto de Lense–Thirring.

Ambos efectos son causados por el hecho de que la masa de cualquier cuerpo (en este caso la Tierra) deforma el espaciotiempo a su alrededor. En el efecto geodético, la presencia de la masa terrestre hace que el espacio se curve; la imagen tradicional usada para ilustrar esta curvatura es la de una bola pesada que se coloca sobre una lámina de goma tensada provocando un hundimiento de la misma. Cuando otro cuerpo pasa cerca de este hundimiento, su trayectoria tiende a curvarse hacia él. El arrastre referencial también es producido por la masa, pero se aplica a cuerpos rotatorios; la Tierra (en este caso) arrastra y “retuerce” consigo el espaciotiempo a su alrededor. La imagen más apropiada aquí es la de una bola introducida en un frasco de miel espesa, y que al girar enrosca en torno a sí la miel, líquida pero viscosa.

Giroscopio de la Gravity Probe B

Uno de los giroscopios de la Gravity Probe B, junto con sus rotores.

Para medir estos efectos, la GP-B utilizó giroscopios, que son cuerpos radialmente simétricos a los que se hace girar sobre su eje (un trompo es un giroscopio). Un giroscopio bien construido, una vez que se ha puesto a girar y en tanto no sea perturbado por fuerzas exteriores, siempre lo hace sobre el mismo eje, aunque esté dentro de un contenedor en movimiento (por ejemplo, un satélite en órbita). Eso significa que un giroscopio es un dispositivo ideal para ubicarse con exactitud sin referencias externas; de ahí que se haya utilizado el principio para construir brújulas (girocompases).

La relatividad general predice que la curvatura del espaciotiempo producida por la masa de un cuerpo desviará levemente los ejes de los giroscopios situados cerca de él, haciendo que los ejes precesionen (es decir, que giren a su vez lentamente).

El experimento consistió en hacer rotar los giroscopios a unas 5000 revoluciones por minuto, con sus ejes apuntados en dirección a la estrella IM Pegasi, y medir cuánto se desviaban por efectos relativistas a medida que la GP-B giraba en torno a la Tierra en una órbita polar a unos 640 km de altura. El resultado: los ejes precesionan (se mueven) 1,8 milésimas de grado por año en dirección norte–sur debido al efecto geodético (“inclinándose” hacia el pozo de gravedad de la Tierra) y 1,1 millonésimas de grado por año en dirección este–oeste debido al arrastre referencial (“llevados” por la rotación terrestre que arrastra el espaciotiempo consigo).

Gravity Probe B

El efecto total es minúsculo y es muy fácil perderlo entre las miles de influencias que pueden afectar el movimiento de los giroscopios. Por eso la comprobación de la GP-B no sólo es un hallazgo científico sino una proeza tecnológica: los cuatro giroscopios de abordo, hechos de cuarzo con una desviación de la forma esférica de no más de 40 átomos, están entre los objetos más perfectos producidos por el hombre.

Material adicional:

11May/1114

El poder del efecto placebo.

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Publicado por:Elio Campitelli.

Archivado en: Medicina

Un investigador enfrentándose al efecto placebo. No se preocupen, es un profesional.

¿Es ético que un medico recete un placebo a sus pacientes? Si le preguntás eso a un homeópata, un acupunturista u otro practicante de “medicina alternativa” (también conocida como “no-medicina”)… bueno, no sé que respondería ya que nunca hice la prueba. Pero es cierto que en su práctica profesional, estos profesionales basan sus carreras en administrar placebos a sus pacientes. Muchos no lo admitirán, defendiendo las virtudes de su versión preferida de medicina alternativa; pero otras personas -incluso expertos que reconocen que la homeopatía es agua- consideran que este tipo de tratamientos son una manera efectiva de usar el poder del efecto placebo.

Pero el efecto placebo es una bestia complicada de muchas cabezas como el Can Cerberos que guarda la puerta del Hades o la Hidra de Lerna que Heracles tuvo que matar en uno de sus trabajos. Usado en el contexto de los ensayos clínicos, el placebo significa cualquier tipo de intervención (pastillas, conversaciones, movimientos, masajes, etc…) que se utiliza para eliminar una gran cantidad de sesgos que invalidarían los resultados. Si el paciente sabe que no está recibiendo un verdadero tratamiento hay más chances de que deje el experimento, que busque un tratamiento paralelo, que adopte un estilo de vida diferente, etc… Pero tener un grupo placebo también sirve para controlar otros factores como la regresión a la media (la tendencia de una enfermedad a volver al promedio luego de estar en un extremo), la curación natural y la progresión natural de la enfermedad (un resfrío con tratamiento dura 7 días y sólo 1 semana sin él). Todo esto constituye el llamado "efecto placebo".

En resumen, el "efecto placebo" es la mejora que se observa en los sujetos experimentales aún sin recibir un tratamiento activo mientras que el "placebo" o "pastilla placebo" es la intervención inerte (pastillas de talco, charlas) que se le da a un paciente para compararlo con el grupo que recibe el tratamiento real.

Los lectores leales de mi blog (¡hola, mamá!) recordarán un estudio reciente que concluía que las pastillas placebo funciona aún cuando no se engaña al paciente sobre lo que está tomando. Recordarán también que mi impresión era que la mejora observada no era producto de la pastilla sino de otros factores en el efecto placebo que no son clínicamente relevantes. Pero más allá de las críticas, al comparar un grupo que recibía un placebo con uno que no recibía tratamiento los autores solucionaban un problema recurrente en este tipo de investigación. Muchos estudios, metaanálisis y revisiones sistemáticas lo que hacen es comparar los resultados del grupo placebo antes y después del experimento y notan cuanto mejoraron los pacientes. Pero con este método es imposible distinguir entre el efecto de la pastilla y el curso natural de la enfermedad, la relación paciente-terapeuta, o un montón de otras variables.

En el New England Journal of Medicine se publicó en 2001 una revisión sistemática que incluyó 130 ensayos clínicos y comparó los resultados del grupo placebo con los del grupo sin tratamiento. Una versión actualizada (pdf)  se publicó en Cochrane Reviews en 2004 y aunque hay algunas ligeras diferencias, sus conclusiones son esencialmente las mismas. A diferencia de la creencia popular de que el placebo es poderoso y clínicamente significativo, los autores concluyeron que:

No encontramos evidencia de que las intervenciones placebo en general tengan efectos clínicamente importantes. Un posible pequeño efecto en los resultados reportados por los pacientes, especialmente sobre el dolor, no pudieron ser distinguidos claramente del sesgo de confirmación y otros. Sugerimos que las intervenciones placebo no se utilicen fuera del contexto del ensayo clínico, también por razones éticas dado que el uso de placebos muchas veces involucra engañar al paciente.

Hay que notar que esta revisión no sólo analizó todos los ensayos en su conjunto, sino que también los dividió según el tipo de ensayo, el tipo de placebo, el tipo de medición y el tipo de enfermedad sin encontrar un subgrupo para el cual el efecto placebo sea particularmente útil, aunque no es posible descartar que ese sea el caso. El efecto positivo para el tratamiento del dolor no es nada extraño. Se trata de una medida extremadamente subjetiva y sujeta a una infinidad de sesgos; lo que es sorprendente es que sea tan pequeño (1/3 del efecto de una aspirina). Tampoco es de extrañar que en los ensayos con mediciones subjetivas el placebo funcionara mejor que en los que se utilizaban medidas objetivas. Sí, el paciente puede decirte que su espalda le duele menos pero, ¿puede caminar una mayor distancia sin gritar de dolor?

Conclusión.

El efecto placebo es poderoso, pero no por la sustancia placebo. Los sujetos experimentales tienden a entrar en los protocolos de investigación cuando están en sus peores condiciones, por lo que sólo por estadísticas esperaríamos encontrar una mejora en ellos. Además el cuerpo puede curarse solo, la persona puede acostumbrarse a sus padecimientos o incluso decirle al doctor lo que él quiere oír. Todo eso nada tiene que ver con los beneficios de tomar una pastilla y es irrelevante a la práctica clínica pero aún así están enredados en el efecto placebo como los cables de un par de auriculares. El supuesto beneficio de creer que uno está recibiendo un tratamiento es mucho menos importante de lo que la creencia popular sostiene, incluso hasta clínicamente insignificante.

De todas formas, este paper no está exento de críticas. A pesar de la gran cantidad de individuos en total (más de 7500 pacientes),  la sensibilidad estadística de sus métodos es demasiado baja para encontrar un efecto en cada enfermedad en particular. Además las enfermedades analizadas eran serias (hipertensión, tabaquismo, asma) y es probable que el efecto placebo aún de existir sea mínimo (yo agregaría, de todas formas, que tampoco se vió una mejoría significativa en insomnio y nauseas, condiciones muy fáciles de afectar mediante placebos).

Sí, estos resultados no son perfectos... pero nada en la ciencia lo es. La lección principal que hay que sacar de este estudio, en mi opinión, es que hay que reflexionar un poco más antes de alabar el poder del placebo y sobre todo mantener la mente abierta a que éste tenga otra cosa en común con la Hidra de Lerna y el Can Cerbero de Hades: son todas criaturas míticas.


ResearchBlogging.org Hróbjartsson, A., & Gøtzsche, P. (2001). Is the Placebo Powerless? New England Journal of Medicine, 344 (21), 1594-1602 DOI: 10.1056/NEJM200105243442106

6May/114

¿Encontrado el origen del lenguaje humano? (parte 2)

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Publicado por:PabloDF.

Archivado en: Ciencia, Evolución, Lingüística

ResearchBlogging.orgEn la primera parte de este artículo les presenté un paper que pretende demostrar, por medio de análisis estadísticos análogos a los que se usan en la genética de poblaciones, que el lenguaje humano se originó en el sudoeste de África y se expandió desde allí al resto del mundo dejando como rastro de esa expansión un efecto fundador serial, manifestado como una progresiva pérdida de diversidad fonémica desde el origen hacia los extremos. Es decir, muestra que la cantidad de fonemas de las distintas lenguas tiende a disminuir a medida que nos alejamos de África, siendo mínima en las Américas (especialmente en América del Sur) y en algunas islas como Hawaii: precisamente los últimos lugares donde llegó la colonización humana.

Diversidad fonémica promedio

Diversidad fonémica promedio (color más claro = mayor diversidad).

Ante una afirmación tan contundente como la del descubrimiento del origen de las lenguas inmediatamente me asaltaron dudas. No estoy capacitado para criticar la técnica estadística empleada, pero hasta donde puedo entenderlas, las correlaciones encontradas no son tan significativas, y las desviaciones permitidas son inmensas. De todas formas, me voy a concentrar en otros aspectos.

En primer lugar, y como todos bien sabemos, correlación no implica causación. Quizá la correlación encontrada es producto de una multitud de factores que incluyen, pero no agotan, el supuesto de la hipótesis. Una falla importante del modelo, si se trata de mostrar causación, es que prescinde totalmente del análisis diacrónico, es decir, la historia, con una sola excepción: el autor mencionó (y descartó correctamente, según parece) la posibilidad de que una ola migratoria humana hubiera repoblado vastas zonas del hemisferio norte luego del último máximo glacial, complicando y distorsionando las observaciones. Fuera de eso, sin embargo, el modelo no toma en cuenta las grandes migraciones y despoblaciones humanas, los episodios de conquista o limpieza étnica, el contacto entre culturas y lenguas, etc.

No parece que haya forma de hacerlo, tampoco. El registro escrito alcanza a pocos miles de años, y la ambición de reconstruir lenguas del pasado con un mínimo de confianza y rigor nos ha llevado, con dificultad, apenas poco más atrás. Investigar la forma de uso real de esas lenguas, la cantidad de personas que la hablaban, sus variaciones fonéticas y dialectales, etc., es considerado prácticamente imposible, al igual que la pretensión de reconstruir la lengua originaria del hombre (todavía hoy el santo grial de ciertas ramas de la pseudolingüística y de la lingüística especulativa).

A nivel lingüístico el modelo es simple quizá en demasía. El material de referencia utilizado, que es el World Atlas of Language Structures (WALS), no diferencia entre poblaciones monolingües y plurilingües, por no hablar de las poblaciones que viven en zonas de continuos dialectales y de las poblaciones “introducidas”, como los hablantes de español en América Central y del Sur, que en la escala de decenas de miles de años asumida por el modelo aparecen en su lugar actual en un abrir y cerrar de ojos (de cero hablantes a 400 millones en apenas 500 años).

Simplificando aún más, ya que diferentes fuentes dan diferentes cifras de consonantes, vocales y tonos, el WALS utiliza rangos numéricos (del tipo “pequeño, moderadamente pequeño, promedio, moderadamente grande, grande”) para cuantificar la diversidad fonémica, con lo cual se recorta considerablemente una información ya difìcil de evaluar. La población que habla cada lengua se considera concentrada en el punto donde se tomó la muestra.

Es importante entender que las lenguas no se comportan como especies animales. Una lengua no evoluciona por selección natural, o al menos eso parece; los cambios lingüísticos parecen responder a una combinación de mutación y deriva al azar con ciertas restricciones que responden a factores físicos y psicológicos, pero que no comprendemos bien. El cambio lingüístico es mucho más rápido que el cambio genético y aunque los cambios se “fijan” con facilidad, casi ninguna lengua se estabiliza en una forma (no hay ningún equivalente a los “fósiles vivientes” como cucarachas, tiburones y tortugas; a lo más, hay unas pocas lenguas marcadamente conservadoras como el islandés).

El número 100 en algunas lenguas indoeuropeas

El número 100 en algunas lenguas indoeuropeas. La posición y longitud de las flechas no es significativa. El asterisco * indica una forma reconstruida (es decir, inferida pero sin registro histórico).

El paper no exagera la analogía de la difusión lingüística con la expansión de caracteres genéticos. Sin embargo, asume implícitamente que los inventarios de fonemas se comportan como genomas en ciertos aspectos. Pero un genoma está formado de unidades fisicoquímicas discretas de un repertorio muy limitado (cuatro nucleótidos), mientras que un inventario fonémico consta de decenas de unidades (10 como mínimo, más de 100 en algunas lenguas), cada una de las cuales puede ser analizada como combinación de varias características (por ejemplo, la vocal española o puede caracterizarse como vocal posterior media redondeada, mientras que la i es una vocal anterior alta no redondeada). Esta complicación añadida, más la velocidad y facilidad con que se producen cambios, hace que un estudio de diversidad fonémica que no tenga en cuenta siquiera aproximadamente las tendencias históricas (lingüística diacrónica) resulte una simplificación excesiva. Las formas en que un trozo de ADN puede cambiar son limitadas; las formas en que cambia un repertorio de fonemas son multitud.

Para contrarrestar estas críticas, en el estudio se citan fuentes que afirman que “las palabras comunes y algunos fonemas” pueden persistir “durante decenas de milenios”, y que el nivel de diversidad fonémica dentro de una familia lingüística es muy estable. Esto es altamente sospechoso, ya que para períodos anteriores a la invención de la escritura (hace seis mil años) sólo podemos reconstruir sistemas fonémicos aproximadamente, y los registros históricos con que contamos no son tan completos. El misterio se aclara al constatar que una de las fuentes citadas es un paper en el cual se extrapolan ciertas tendencias históricas de los últimos siglos miles de años hacia el pasado, y el otro es uno donde se concluye que el uso del tono lingüístico es estable porque está en cierta medida determinado genéticamente, correlacionándose con los genes involucrados en el desarrollo cerebral ASPM y Microcephalin.

En este trabajo y otros de Atkinson hay múltiples referencias a líneas de investigación que se basan todas en aplicar análisis estadísticos filogenéticos a la lingüística, con el objetivo final de reconstruir relaciones entre lenguas utilizando características comunes, igual que se hace con los genes. Los resultados son impresionantes, pero los métodos utilizados no son necesariamente los adecuados y son proclives a errores impredecibles (por ejemplo, la atracción de ramas largas). Se pueden llegar a ver correlaciones donde no las hay, o interpretar una cosa por otra (por ejemplo, relación genética entre lenguas que no tienen un ancestro común pero se han influenciado entre sí durante mucho tiempo). Los estudios citados suelen ser bastante recientes y quizá no han recibido suficiente atención. Espero con ansiedad que alguien confirme o refute estos hallazgos, que por ahora no parecen ser concluyentes.

Atkinson, Q. (2011). Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa Science, 332 (6027), 346-349 DOI: 10.1126/science.1199295

4May/1114

¿Encontrado el origen del lenguaje humano? (parte 1)

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Publicado por:PabloDF.

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ResearchBlogging.org El 15 de abril fue publicado en Science un paper titulado “La diversidad fonémica apoya un modelo de efecto fundador en serie de la expansión del lenguaje desde África”.* Su abstracto puede traducirse así:

La diversidad genética y fenotípica humana decrece con la distancia desde África, tal como lo predice un efecto fundador en serie en el que sucesivos cuellos de botella demográficos durante la expansión del rango habitado reducen progresivamente la diversidad, lo cual apoya la teoría del origen africano de los humanos modernos. Aquí demuestro que el número de fonemas usados en una muestra mundial de 504 idiomas también es clinal y concuerda con un modelo de efecto fundador serial de expansión con origen inferido en África. Este resultado, que no se explica por la historia demográfica más reciente, la diversidad lingüística local o la no-independencia estadística dentro de las familias lingüísticas, apunta a la existencia de mecanismos paralelos para la diversidad genetica y la diversidad lingüística y apoya la teoría de un origen africano de las lenguas humanas modernas.

Diversidad fonémica promedio

Diversidad fonémica promedio (más claro = mayor).

Para entender de qué estamos hablando tenemos que comenzar explicando ciertos términos clave. Un fonema no es sencillo de definir, pero (para nuestros fines y por ahora) podemos decir que es un sonido de los que forman el repertorio de un idioma y que los hablantes diferencian de otros sonidos. El autor del paper consideró los tonos, además de las vocales y consonantes, como fonemas. La diversidad fonémica es una medida del tamaño del repertorio de fonemas.

Efecto fundador” es un término de la genética de poblaciones. Cuando una especie coloniza una zona geográfica, suele ocurrir que sólo unos pocos individuos abandonan su hogar original. Estos pocos fundan una nueva población y se reproducen entre sí. Como es lógico, su diversidad genética es menor que la de la población original. Cuando esto se produce repetidas veces (repetidas olas de colonización de territorios nuevos), la diversidad genética disminuye con la distancia al origen de la expansión. Esto es un efecto fundador serial.

Efecto fundador

Efecto fundador: la diversidad de la población más reciente es mucho menor a la de la original.

El paper propone que algo similar al efecto fundador sucedió con la expansión del lenguaje, y que el origen del mismo fue una franja del suroeste de África, apoyándose en datos estadísticos sobre muchas lenguas actuales que muestran una progresiva disminución de la diversidad fonémica a medida que nos alejamos de África. Se sabe (por estudios independientes) que la diversidad fonémica tiende a ser menor en poblaciones más pequeñas, y esto se tiene en cuenta. También se tiene en cuenta que la diversidad fonémica no es una variable independiente dentro de cada familia de lenguas.

Luego de los análisis correspondientes, el paper concluye que el lenguaje humano debió originarse en el sudoeste africano y que el mismo se expandió a través de grupos pequeños de hablantes que salían de su área y colonizaban otra, perdiendo diversidad fonémica en el proceso, para luego crecer durante un tiempo y enviar nuevas partidas de colonización pequeñas a zonas aledañas, repitiéndose el proceso de pérdida de fonemas en las lenguas a lo largo del camino que lleva desde África hasta Europa occidental por un lado, y hasta Asia y de allí hasta América (de norte a sur) por el otro. Este efecto fundador serial lingüístico se vería reflejado en el día de hoy en el gradiente de diversidad fonémica decreciente que se encontró al estudiar las lenguas modernas.

No estoy capacitado para juzgar las técnicas estadísticas empleadas para el estudio. Es posible criticarle, a primera vista, que la significación encontrada para la correlación que sirve de base a la hipótesis es bastante baja y que los márgenes de error parecen excesivos. Pero hay dudas más profundas. Las mismas serán tema de la segunda parte de este artículo.

 

* Atkinson, Q. (2011). Phonemic Diversity Supports a Serial Founder Effect Model of Language Expansion from Africa Science, 332 (6027), 346-349 DOI: 10.1126/science.1199295